Cuando Franco se apareció entre las caras de Bélmez

La cara de Bélmez de Franco, junto a un sello con el retrato del dictador.

Hombres y mujeres de nula fe, hubo participantes en el Foro Internet Meeting Point (FIMP) 2010 que fueron incapaces de ver el sábado el rostro de Francisco Franco en una cara fotografiada en 1986 en el suelo de la casa de María Gómez Cámara, en Bélmez de la Moraleda, por Gabriel Naranjo, miembro del Círculo Escéptico. Yo lo achaqué a que los rasgos no se distinguían con tanta claridad en las pantallas de televisión como en la del ordenador, así que he decidido traerles aquí al dictador en cemento y sello -no se me asusten- para que saquen sus propias conclusiones.

La prensa se hizo eco de la aparición del Franco de Bélmez en agosto de 1990. “Yo qué sé si se parece al Caudillo o no. Es como esa otra: dicen que se parece a la Preysler, pero yo no sé nada”, declaraba la mujer a Fernando Jáuregui, quien aseguraba que, “efectivamente, allí [en el suelo de la casa] había un rostro que tenía un aire al fallecido dictador”. El mismo reportaje se publicó en las revistas Diez Minutos, Lecturas y Semana. Todo era posible en el caso de las caras de Bélmez, uno de los misterios más cutres de la parapsicología, originado por una mancha de grasa en el suelo de cemento de una cocina y que, ahora, quiere relanzar un alcalde socialista, Pedro Justicia, que va a destinar 587.000 euros de fondos europeos a la construcción de un museo que perpetuará el fraude.