La muerte del pulpo Paul, o la consagración del periodismo gilipollas

La muerte del pulpo Paul merece hoy en el diario El Mundo, que es -de los que he visto- el que más espacio dedica a la noticia, una información y un obituario más extenso que el de la actriz Mariana Rey, que el periódico madrileño califica de «gran dama del teatro portugués». Es una prueba más de cómo la información banal gana terreno en la prensa y va camino de adueñarse de ella, como hizo hace ya tiempo con una televisión generalista que no hay por dónde cogerla. Ayer, hablaron de la muerte del cefalópodo en los informativos de La Primera, Antena 3, Cuatro, Telecinco y La Sexta; hoy, muchos periódicos dan la noticia volviendo a repetir la memez de que el animal «acertó a lo largo del torneo no sólo el desenlace de los encuentros que disputó la selección alemana, sino también la final entre España y Holanda». Y El Mundo llega a atribuir la colocación de deuda pública española y un repunte del Ibex 35 en los días previos a ese partido a que el pulpo pronosticó el triunfo de La Roja.
Algunos noticieros televisivos dieron ayer la información como apertura a pesar de que, como recuerda Álex Parrado, «un tsunami se cobraba la vida de al menos 108 personas en Indonesia, se recrudecía el conflicto entre Marruecos y la autoproclamada República Árabe Saharaui Democrática (RASD) por la muerte de un niño a manos del ejército marroquí y Garzón recurría el auto de las escuchas de Gürtel». Era lo esperado, que no lo lógico, después de las conexiones en directo que hicieron las cadenas españolas durante el Mundial con el acuario donde vivía el animal para transmitir en directo sus desayunos: a falta de tarot, sus cuidadores metían en el tanque del animal dos cajas de plástico cerradas, cada una con un mejillón y con la bandera de cada nación cuyas selecciones se enfrentaban, y el recipiente que el pulpo abría primero corrrespondía al futuro vencedor del partido.
Carlos Montes, alcalde de O Carballiño, posa con una figurilla de bronce de un pulpo junto al tanque del 'cefalópodo adivino' en Oberhausen. Foto: Efe.Cuatro meses después, muchos medios han vuelto a repetir las mismas tonterías que entonces, hablando de un pulpo adivino como si fuera lo más normal del mundo. ¡Y no será porque en nuestro país no haya expertos que puedan desmontar en segundos todo este montaje! Ya en julio, Javier Sainz, director de Getxo Aquarium, dijo lo que todos sabemos: que Paul no es adivino, que los que le indicaban qué mejillón elegir son sus cuidadores y que, además, aunque tenga el mismo nombre, este pulpo no era el mismo que vaticinó la victoria de España en la Eurocopa de 2008 porque, por su tamaño, cuando saltó a la fama no tenía más de nueve meses. Vamos, que los responsables del acuario de Oberhausen mintieron desde el principio para conseguir publicidad gratis, algo que han logrado con creces. Esta información ha estado durante meses al alcance de cualquiera; pero el periodismo gilipollas ha seguido, y sigue, a lo suyo, como demostraron ayer los telediarios y hoy muchos periódicos.
No se pierdan el grotesco vídeo de La Primera de TVE, con mención especial a Carlos Montes, alcade de O Carballiño (Orense), quien viajó en julio hasta Oberhausen para posar junto al tanque del pulpo Paul con la estatuilla en bronce que acreditaba al cefalópodo como Amigo Predilecto del municipio por haber predicho la victoria de España sobre Holanda en la final del Mundial de Fútbol. Luego algunos querrán que les tomen en serio…

Mahmud Ahmadineyad contra el pulpo Paul

Mahmud Ahmadineyad y el pulpo Paul. Foto: Reuters.
Mahmud Ahmadineyad considera al pulpo Paul un símbolo de «todo lo que está mal en Occidente», informaba hace un par de días The Daily Telegraph, haciéndose eco de lo que el presidente iraní había dicho en un discurso. «Aquéllos que creen en este tipo de cosas [que se toman en serio el poder vidente del cefalópodo] no pueden ser los líderes de las naciones mundiales que aspiran, como Irán, a la perfección humana, basándose en el amor de todos los valores sagrados», sentenció. Y acusó al pulpo del acuario de Oberhausende «difundir la superstición y la propaganda occidental», cuando precisamente el que no tiene ninguna culpa aquí de nada es el animal, usado tramposamente por sus cuidadores para conseguir publicidad gratuita con motivo del Mundial de Fútbol.
La comedia mediática sobre el pulpo Paul ya no es una pantomima protagonizada por periodistas frívolos y políticos mediocres, los primeros ansiosos por echar mano de cualquier cosa con tal de llenar páginas y minutos de radio y televisión, y los segundos por sacarse la foto con un invertebrado que, el pobre, no puede escaparse de ellos. Ahora, es el líder de un país que puede tener en cualquier momento la bomba atómica quien ocupa el centro de la pista con tonterías como que el cefalópodo alemán simboliza la decadencia de Occidente. Seamos serios: los políticos que han hecho el ridículo en esta historia han sido principalmente -si no, únicamente- los españoles, destacando sobre todos el alcade de O Carballiño, Carlos Montes, cuya relevancia en el panorama internacional es…
¡Manda narices, además, que un fanático religioso como Ahmadineyad intente desacreditar a sus enemigos políticos por sus creencias irracionales! Porque no hay ninguna diferencia entre tener fe en un pulpo vidente o en un dios todopoderoso. En esencia, estamos hablando de lo mismo, de creencias irracionales, si bien está socialmente mejor vista la segunda que la primera cuando debería ser al contrario. ¿Por qué? Pues porque, por lo menos, los pulpos existen y, además, no se les pueden achacar los millones de muertos que cuentan en su haber todas las divinidades que en el mundo han sido. Incluida, por supuesto, la que está en el origen de «los valores sagrados» que invoca Ahmadineyad, inspiradores de matanzas como las del 11-S y el 11-M, entre otros crímenes contra la Humanidad.

El pulpo Paul y la política gilipollas

Carlos Montes, alcalde de O Carballiño, posa con una figurilla de bronce de un pulpo junto al tanque del 'cefalópodo adivino' en Oberhausen. Foto: Efe.El alcalde de O Carballiño (Orense), Carlos Montes, ha posado hoy en Oberhausen junto al tanque del pulpo Paul con la estatuilla en bronce que acredita al cefalópodo como Amigo Predilecto del municipio por haber predicho la victoria de España sobre Holanda en la final del Mundial de Fútbol, según ha informado la agencia Efe, que ha enviado dos despachos y tres fotos dedicados a tan imprescindible noticia.
La decisión de nombrar al famoso pulpo Amigo Predilecto de la localidad orensana fue tomada el 12 de julio con el apoyo de los tres partidos con representación municipal: el PSOE, el BNG y el PP. «La visita del alcalde de O Carballiño al pulpo Paul despierta gran interés en toda Alemania», titula ridículamente la web del Ayuntamiento gallego a mayor gloria del regidor socialista. Si fuera alemán, no pararía de reírme, como deben estar haciendo desde hace semanas los responsables del acuario Vida Marina de Oberhausen. Como soy español, siento vergüenza ajena. Y no me importa que el viaje del sonriente alcalde de O Carballiño a Alemania se lo haya pagado un empresario local. Que, con la que está cayendo, unos responsables municipales malgasten su tiempo -y, por tanto, el dinero de los contribuyentes- en una patochada así debería inhabilitarlos automáticamente para cualquier cargo público y hacerles objeto de escarnio. No es así: les reímos las gracias y, en justa correspondencia, ellos se ríen de nosotros.

Así informó la web del Ayuntamiento de O Carballiño de la visita de su alcalde al pulpo Paul.

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El pulpo Paul, en Punto Radio Bilbao

Fernando L. Frías, Mauricio-José Schwarz, Almudena Cacho y yo hablamos el 13 de julio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, del pulpo Paul, en la trigésima tercera entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

El pulpo Paul y el periodismo gilipollas

Definitivamente, algunos periodistas se han vuelto gilipollas y, además, están decididos a contagiar su idiotez al público sea como sea. El pulpo Paul, supuesto predictor de los resultados de la selección alemana de fútbol en el Mundial, lo ha demostrado. Tengo en estos momentos ante mí un veintena de despachos de agencia sobre el animal, a cada cual más tonto. En uno de ellos, un colega me descubre que «en realidad el cefalópodo no hace predicciones», conclusión a la que ha llegado tras consultar a un biólogo peruano que «se mostró escéptico sobre las dotes de vidente del mediático pulpo». ¡Impresionante!
Lo de Paul empezó como una broma, una simpática maniobra publicitaria del acuario Vida Marina de Oberhausen, y en eso tenía que haber quedado. Es cierto que algunos medios se lo toman a cachondeo, pero la desproporción del tiempo y el espacio dedicados al animalito me hace dudar de muchos otros. No entiendo, por ejemplo, que varias cadenas de televisión hayan conectado esta mañana en directo con el tanque del molusco para ver qué mejillón prefería, el de la caja con la bandera holandesa o el de la que tenía la española, y que le hayan dedicado amplios reportajes en sus informativos. Y la misma perplejidad me produce la cobertura que al almuerzo del bicho han dado medios impresos, digitales y radios. ¿Acaso no hay noticias? No digo noticias más importantes, sino simplemente noticias.
Reporteros gráficos esperando a que Paul se pronuncie sobre el resultado de la final del Mundial. Foto: Reuters.
Paul no predice el futuro. Es una obviedad, lo sé; pero parece obligado recordarlo cuando algunos periodistas, en su alocada carrera hacia el más absurdo todavía, recurren a biólogos para intentar explicar por qué el pulpo ha preferido en las dos últimas ocasiones el mejillón de la caja con la bandera española. Ningún ser vivo adivina el futuro y quien diga lo contrario miente. Incluidos, por supuesto, todos esos adivinos que se ganan la vida engañando a incautos con consultas telefónicas o de cualquier otro tipo cuando, si de verdad vieran el porvenir, vivirían en un paraíso tropical gracias a su pelotazos en la Bolsa o los juegos de azar.
El pulpo alemán ha acertado hasta ahora el 100% de los resultados sobre los que se ha pronunciado en este Mundial, esgrimen los defensores de sus poderes extraordinarios. Presupongamos que no ha habido ni trampa ni cartón. ¿Y qué? Paul tiene en cada elección una probabilidad de éxito del 50%, y la serie -seis partidos hasta el momento- es demasiado corta como para significar nada. ¿O es que si usted tira una moneda al aire cinco veces y acierta las cinco si va a ser cara o cruz se considera un vidente? Cuantas más veces se sometan a prueba las habilidades del cefalópodo, más se aproximará su porcentaje de aciertos al 50%, al azar. Claro que para entonces nadie hablará ya de él ni preguntará al biólogo de guardia, TVE se olvidará de que es un servicio público y no emitirá sus vaticinios en directo, como ha hecho hoy, y Cuatro encontrará otra chorrada con la que abrir su informativo.
A Paul le han salido en las últimas horas competidores por todas partes, según me he enterado gracias al imprescindible servicio de Efe y los informativos de Telecinco y Cuatro. Así, en Singapur está el periquito Mani, en Holanda la pulpo Pauline y en Turquía el pulpo Maradona, entre otros. Yo me quedo con el reno Patxi, la mascota vidente de El Correo TV: ¿que los juguetes mecánicos no tienen poderes paranormales? Si no me creen, pidan a un juguetero que les explique por qué Patxi ha elegido en la prueba de rigor la bandera española y no la holandesa.