Resuelto el misterio de la piedra que apareció de la nada en Marte junto a ‘Opportunity’

Isla Pináculo e Isla Stuart, la roca de la que formaba parte hasta que la rompió una rueda de 'Opportunity'. Foto: NASA.¡Se ha resuelto el misterio de la piedra que, a principios de enero, apareció de la nada en Marte junto a Opportunity! Tal como sospecharon desde el primer momento Steve Squyres, científico jefe de la misión, y su equipo, llegó allí después de haber salido disparada al pisarla una de las ruedas del todoterreno de la NASA. “Imágenes recientes muestran la piedra que originalmente golpeó la rueda del rover un poco cuesta arriba desde donde está Isla Pináculo [así fue bautizada la enigmática roca]”, explicó ayer James Rice, investigador del Instituto de Ciencias Planetarias (PSI) y miembro del equipo de la misión.
El 8 de enero, Opportunity, que lleva diez años en Marte, fotografió al borde del cráter Endeavour una piedra, con forma de donut relleno, que no estaba allí el 26 de diciembre. Pocos días después, Squyres anunciaba que la NASA esperaba solucionar el enigma en unos días. Por de pronto, habían descubierto que la roca no se parecía a nada que hubieran visto antes. Según los primeros análisis, “es muy rica en azufre y en magnesio, y tiene el doble de manganeso que cualquier otra piedra que hayamos analizado en Marte. No sabemos lo que todo esto significa. Estamos completamente confundidos, y todo el mundo en el equipo está discutiendo y peleando sobre ello. ¡Estamos pasándolo de maravilla!”. El toque friki lo puso a finales de enero, Rawn Joseph, un neuropsicólogo partidario de la panspermia que demandó a la NASA en un tribunal californiano porque, en su opinión, la piedra era un ser vivo.
“Cuando Isla Pináculo fue sorprendentemente descubierta el intervalo de tiempo en el que apareció se calculó en algún momento entre los soles 3.528 y 3.540, un periodo de doce soles o días marcianos. Seguí analizando las imágenes de la región y descubrí que el intervalo de tiempo para la aparición de esta interesante roca era en realidad de sólo 4 soles, entre los soles 3.536 y 3.540. Esto fue importante porque nos permitió reducir la región de búsqueda del origen de la piedra y los movimientos del todoterreno podían haber sido responsables del hecho”, detalló ayer Rice.
La piedra con forma de donut, visible en la foto de la derecha, no aparecía doce días antes en imágenes del lugar. Fotos: NASA.Tras analizar la roca, Opportunity se alejó de ella un poco. Entonces, “pudimos ver cuesta arriba una piedra volcada con el mismo raro aspecto. Condujimos hasta ella. Pudimos ver las rodadas [del todoterreno]. De ahí es de donde había venido Isla Pináculo”, concluyó Ray Arvidson, investigador principal adjunto de la misión. La roca que pellizcó una rueda de Opportunity, de la que salió despedida Isla Pináculo, ha sido llamada Isla Stuart.
La ya no misteriosa piedra, de unos 4 centímetros de diámetro -al principio, se dijo que tenía el tamaño de un puño-, se habría formado, según los científicos, en un entorno acuoso. “Puede haber sido justo bajo de la superficie hace relativamente poco tiempo. O a mayor profundidad hace más tiempo y, por casualidad, que la erosión haya arrastrado el material que la cubría y que la haya hecho accesible a nuestras ruedas”, indica Arvidson.

Es una roca, responde la NASA a una demanda por ocultar la existencia de un organismo vivo en Marte

Una roca es una roca. Es lo que ha venido a responder la NASA a la demanda judicial interpuesta la semana pasada por Rhawn Joseph contra ella por ocultar pruebas de vida en Marte. Partidario de la panspermia y autor de un libro, Astrobiology: the origins of life and the death of darwinism (2011), en el que sostiene que «la evolución de la vida estaba genéticamente predeterminada y precodificada», el demandante, que de formación es neuropsicólogo, ha hecho todas sus contribuciones astrobiológicas en la página web del Journal of Cosmology, que se presenta como una revista seria, pero es una especie de Más Allá de científicos chiflados. Se trata del mismo sitio en el cual, en septiembre, un grupo de investigadores británicos publicó el descubrimiento de microbios alienígenas en la atmósfera terrestre, un hallazgo del que nunca más se ha sabido, ni se sabrá.
La piedra con forma de donut, visible en la foto de la derecha, no aparecía doce días antes en imágenes del lugar. Fotos: NASA.Joseph demandó a la NASA en un tribunal californiano el lunes de la semana pasada porque, en su opinión, la piedra que fotografió Opportunity al borde del cráter Endeavour el 8 de enero, y que no estaba allí el 26 de diciembre, es un ser vivo. Steve Squyres, científico jefe de la misión, y su equipo manejan dos posibles hipótesis para la roca misteriosa: que saliera por los aires hasta el lugar por el impacto de un meteorito o que una de las ruedas del todoterreno la pisara y saliera despedida. El demandante considera que «la explicación de la NASA es extravagante, absurda, ignorante y poco más que pensamiento mágico. Una roca o un meteoro no crece en tamaño. Una roca es incapaz de moverse por su propia voluntad».
Según el astrobiólogo aficionado, lo que se ve en la foto tomada el 8 de enero es un ser vivo. Asegura  que «reconoció de inmediato la estructura en forma de cuenco» como algo parecido a un hongo, «un organismo compuesto que consiste en colonias de líquenes y cianobacterias, y que en la Tierra se conoce como Apothecium«. Y reclama a la agencia que lo fotografíe al detalle. «La negativa a sacar fotos cercanas desde varios ángulos, la negativa a tomar imágenes microsópicas de la muestra, la negativa a hacer públicas fotos en alta resolución, es algo inexplicable, imprudentemente negligente y extraño. Cualquier adulto inteligente, adolescente , niño, chimpancé, mono, perro e incluso roedor con un mínimo de curiosidad se acercaría, investigaría y examinaría de cerca una estructura en forma de cuenco que aparece a pocos metros delante de él cuando doce días antes no estaba ahí. Pero no la NASA y su equipo del todoterreno, que se han negado a tomar hasta un primer plano «.
Isla Pináculo, del tamaño de un puño y la apariencia de un donut relleno, intriga a los científicos, además de por su origen, por su composición. «Es muy rica en azufre y en magnesio, y tiene el doble de manganeso que cualquier otra piedra que hayamos analizado en Marte. No sabemos lo que todo esto significa. Estamos completamente confundidos, y todo el mundo en el equipo está discutiendo y peleando sobre ello. ¡Estamos pasándolo de maravilla!”, dijo Squyres hace dos semanas. De lo que no tienen dudas los investigadores es de que es una piedra, como ha dejado claro Bob Jacobs, portavoz de la NASA, en una breve declaración hecha a la revista Popular Science:

«Se trata de un asunto legal en curso y estamos limitados en lo que podemos discutir sobre él. Sin embargo, la NASA ha estado compartiendo públicamente la investigación en curso sobre la roca llamada Isla Pináculo desde que publicó las imágenes del todoterreno de exploración de Marte Opportunity a principios de este mes [se refiere a enero]. La roca, que la NASA está estudiando para entender mejor su composición química, fue también objeto de amplia discusión durante una conferencia de prensa en televisión de la NASA el 22 de enero. Como hacemos con todas nuestras misiones de investigación científica, la NASA continuará discutiendo los nuevos datos respecto a la roca, y otras imágenes e información según vaya disponiendo de nuevos datos».

La piedra es una piedra. Excepto para Rhawn Joseph y, posiblemente, Enrique de Vicente.

Una roca que no tenía que estar ahí

La piedra con forma de donut, visible en la foto de la derecha, no aparecía doce días antes en imágenes del mismo lugar de Marte. Fotos: NASA.

Diez años después de haber llegado a Marte para una misión de tres meses, el todoterreno Opportunity sigue explorando el planeta rojo, enviando información y planteando incógnitas. La última es la aparición de la nada, al borde del cráter Endeavour, de una roca del tamaño de un puño. Se ve en una  foto tomada por la Cámara Panorámica del rover el sol 3540 (8 de enero), pero no estaba ahí el sol 3528 (26 de diciembre). La NASA usa el término sol para referirse al día marciano, que dura 24 horas, 39 minutos y 35,244 segundos.
Steve Squyres, científico jefe de la misión, reconoció, en el acto conmemorativo de los diez años de Opportunity en Marte, que los  miembros de su equipo están intrigados por la presencia de Isla Pináculo, como han bautizada la piedra. Comparando imágenes anteriores con las últimas recibidas, la descubrieron donde no tenía que haber nada. «Parece blanca desde los bordes hacia el centro, y tiene una depresión en el centro que es de color rojo oscuro. Tiene la apariencia de un donut relleno».
Por si surgir de la nada fuera poco, la roca no se parece a nada que los responsables de la misión hayan visto antes. Según los primeros análisis, «es muy rica en azufre y en magnesio y tiene el doble de manganeso que cualquier otra piedra que hayamos analizado en Marte. No sabemos lo que todo esto significa. Estamos completamente confundidos, y todo el mundo en el equipo está discutiendo y peleando sobre ello. ¡Estamos pasándolo de maravilla!». ¿Pero de dónde ha venido?
Squyres y su equipo manejan dos posibles hipótesis para la roca misteriosa: que saliera por los aires hasta el lugar por el impacto de un meteorito o que una de las ruedas del todoterreno la pisara y saliera despedida. Esperan tener una respuesta en unos días. Lo que sí saben es que la piedra está boca abajo y la parte que ha quedado a la vista «no ha estado expuesta a la atmósfera marciana en miles de millones de años», por lo que es un auténtico «un golpe de suerte».
Meteoro marciano
El meteoro marciano fotografiado por 'Spirit' en 2004. Foto: NASA.Spirit, el gemelo de Opportunity que dejó de funcionar en 2010, fotografió el 7 de marzo de 2004 un punto brillante que atravesaba el cielo marciano sobre el cráter Gusev. Los científicos manejaron desde el principio dos posibles explicaciones: o era un meteoro, o uno de los siete ingenios humanos que orbitaban entonces el planeta rojo ya fuera de servicio.
En junio de 2005, Franck Selsis, del Centro para la Investigación Astronómica de Lyon; Mark Lemmon, de la Universidad Texas A&M; Jérémie Vaubaillon, del Observatorio de París; y James Bell, de la Universidad de Cornell, anunciaron en la revista Nature que habían «identificado el primer meteoro marciano y su cometa originario». Después de analizar detenidamente la imagen y probar modelos, concluían que la trayectoria, orientación y forma de la estela encajaban con la de un meteoro originado por los restos del cometa Wiseman-Skiff que el planeta rojo atraviesa periódicamente y provocan las Cefeidas marcianas.

‘¿Esta vivo Marte?’: una jornada sobre astrobiología y el planeta rojo, el 25 de noviembre en Bilbao

Cartel anunciador de la jornada '¿Está vivo Marte?', que se celebrará en Bilbao el 25 de noviembre.El astrofísico Agustín Sánchez Lavega, el ingeniero aeronáutico Javier Gómez-Elvira y el microbiólogo Ricardo Amils hablarán, el 25 de noviembre en Bilbao, sobre la búsqueda de vida en el planeta rojo, en el marco de la jornada ¿Está vivo Marte?, que se celebrará en el salón de actos de la Biblioteca de Bidebarrieta (c/ Bidebarrieta, 4). «Si en algún sitio del Sistema Solar ha habido una esperanza para la vida, es en Marte. Es el planeta mejor explorado y, hasta la fecha, no tenemos ninguna prueba de que haya restos fósiles de vida ni vida actual», indica Sánchez Lavega, director del Grupo de Ciencias Planetarias y del Máster en Ciencia y Tecnología Espacial de la Universidad del País Vasco (UPV).
El acto empezará a las 19 horas. Tras la presentación, Sánchez Lavega, catedrático de física aplicada en la Escuela Técnica Superior de Ingeniería de Bilbao, aproximará a los asistentes hasta el planeta rojo con una intervención titulada «Un mundo de incógnitas». A las 19.15 horas, tomará la palabra Gómez-Elvira, director del Centro de Astrobiología (CAB), quien disertará sobre «La exploración de Curiosity«. Y, a las 20 horas, Amils, catedrático de microbiología de la Universidad Autónoma de Madrid, hablará sobre «La búsqueda de vida». El encuentro acabará con una mesa redonda que comenzará a las 20.35 horas.
¿Está vivo Marte? es un acto organizado por el Aula Espazio GelaBidebarrieta Kulturgunea y el diario El Correo, en colaboración con la Diputación de Vizcaya, la UPV y el Círculo Escéptico. La entrada es libre hasta completar el aforo.

«Todos somos marcianos», dice el químico y biólogo Steven Benner

«Las pruebas apuntan a que, en realidad, todos somos marcianos, a que la vida empezó en Marte y llegó a la Tierra en una roca», dirá hoy el químico y biólogo Steven Benner en la conferencia Godschmidt, un encuentro anual organizado de la Asociación Europea de Geoquímica y la Sociedad Geoquímica que ha reunido en Florencia a más de 4.000 científicos. El investigador estadounidense, director del Instituto Westheimer para la Ciencia y la Tecnología, basa su argumentación en que una forma oxidada del molibdeno, que supone que desempeñó un papel clave en la aparición de la vida, pudo no estar disponible en la Tierra primitiva porque había muy poco oxígeno, pero sí estar presente en el planeta rojo. Y añade que «estudios recientes han mostrado que todavía podrían darse en Marte las condiciones aptas para el desarrollo de la vida».
Steven Benner. Foto: Universidad de Florida.Benner no es un excéntrico, aunque suela referirse a sí mismo como «un biólogo sintético chiflado hasta cierto punto». Exprofesor de la Universidad de Florida, es uno de los pioneros de la biología sintética, investiga en formas alternativas de ADN, en los orígenes y en los límites de la vida, y fue uno de los expertos que mostraron su escepticismo en Science cuando la NASA anunció el hallazgo de vida basada en el arsénico, descubrimiento que al final fue refutado. «Mi trabajo consiste en averiguar qué tipo de señales serían detectables si no nos encontramos con la vida tal como la conocemos en la Tierra o un hombrecillo verde con una pistola de rayos que nos dispara», explicaba en 2005 a The New York Times. O, lo que es lo mismo, ¿cómo reconoceríamos la vida si no es como nos la esperamos?
La investigación cuyos resultados presenta hoy en Florencia aborda dos paradojas que, en su opinión, trasladarían a Marte el origen de la vida terrestre, la del alquitrán y la del agua:

1. La paradoja del alquitrán parte del hecho de que los seres vivos estamos hechos de materia orgánica; pero, si añades energía -calor o luz- a moléculas orgánicas y te olvidas de ellas, no crean vida, sino que se convierten en algo parecido a alquitrán o aceite. «Ciertos elementos, como el boro y el molibdeno, parecen ser capaces de controlar la propensión de los materiales orgánicos a convertirse en alquitrán, por lo que creemos que los minerales que los contienen fueron fundamentales al comienzo de la vida», indica el científico, quien destaca que «el análisis de un meteorito marciano mostró recientemente que hubo boro en Marte y, ahora, creemos que también la forma oxidada del molibdeno».

2. La paradoja del agua cuestiona cómo la vida pudo abrirse paso en un entorno, en principio, hostil. «El agua se considera esencial para la vida. Como lo son biopolímeros como el ARN, el ADN y las proteínas. Sin embargo, para los biopolímeros que conocemos, el agua es un agente corrosivo. Cualquier escenario de los orígenes debe gestionar la aparente necesidad para la vida de una sustancia (el agua) que es inherentemente tóxica para la vida», dice Benner. ¿Cómo pudo prosperar la vida en un planeta como la Tierra primitiva, que es probable que estuviera totalmente cubierto de agua? Toda esa agua no sólo habría corroído el ARN, la que se cree que fue la primera de esas moléculas en aparecer, sino que, también, habría impedido la formación de las necesarias concentraciones de boro, que únicamente se dan hoy en lugares tan secos como el Valle de la Muerte, explica el científico. El Marte primitivo también tenía agua, pero contaría con más superficie seca que la Tierra.

Para Benner, la solución a estas paradojas es que la vida surgió en Marte y luego viajó hasta la Tierra embutida en un meteorito. No es el primer científico que lo plantea desde que, en agosto de 1996, investigadores estadounidense creyeron haber encontrado fósiles en un meteorito marciano caído en la Antártida hace 13.000 años y Bill Clinton dio una rueda de prensa anunciando el hallazgo. “Habla de la posibilidad de vida”, dijo de la roca ALH 84001 el entonces presidente de Estados Unidos. Como aficionado a la ciencia ficción, me pregunté entonces si aquel meteorito no nos hablaba también de la posibilidad de un trasvase de vida entre dos mundos. ¿Y si fuéramos marcianos? Supongo que fuimos muchos los que nos lo preguntamos desde la curiosidad… y la ignorancia científica. Años después, comprobé que había habido científicos qué se hacían esa pregunta con conocimiento de causa.
Richard Zare, físico químico de la Universidad de Stanford, fue quizás el primero en sugerir dentro de la comunidad científica si todos somos marcianos y, por extensión, si unos hipotéticos marcianos actuales no podrían tener un origen terrestre. «¿Podría la vida sobrevivir a un viaje interplanetario de millones de años atrapada en una roca como ALH 84001? Soprendentemente, la respuesta podría ser sí», dice el astrónomo Donald Goldsmith en The hunt for life on Mars (La caza de vida en Marte, 1997). El físico y divulgador Paul Davies comparte esa opinión y la idea del posible viaje interplanetario de la vida. «Marte y la Tierra no están aislados en cuarentena. Intercambian materiales de manera regular en forma de rocas expulsadas por impactos y, aunque el tráfico de Marte a la Tierra supera con mucho el que va en sentido inverso, a lo largo de la historia astronómica deben haber acabado en Marte grandes cantidades de materiales terrestres, en buena parte infestados de microbios. La mayor parte de los pasajeros habrán perecido en el viaje, pero no todos. Si hace mucho tiempo Marte se parecía a la Tierra mucho más que en la actualidad, al menos algunos de esos polizones terrestres podrían haber prosperado en su nuevo hogar. Y, a la inversa, es del todo posible que la vida  terrestre no se haya originado en la Tierra, sino que provenga de Marte», escribe Davies en Un silencio inquietante (2010).
El debate lleva abierto años, y Benner lo anima ahora con su investigación. «Es una suerte que acabaramos aquí, tan cierto como que la Tierra ha sido el mejor de los dos planetas para mantener la vida. Si nuestros hipotéticos antepasados marcianos hubieran permanecido en Marte, podría no haber una historia que contar», advierte. Si es así, cuando el hombre pise Marte, habrá vuelto a casa y se hará realidad el final de Crónicas marcianas (1950), la extraordinaria historia de la colonización marciana obra Ray Bradbury:

«Llegaron al canal. Era largo y recto y fresco, y reflejaba la noche.
-Siempre quise ver un marciano -dijo Michael-. ¿Dónde están, papá? Me lo prometiste.
-Ahí están -dijo papá, sentando a Michael en el hombro y señalando las aguas del canal.
Los marcianos estaban allí. Timothy se estremeció.
Los marcianos estaban allí, en el canal, reflejados en el agua: Timothy y Michael y Robert y papá y mamá.
Los marcianos les devolvieron una larga, larga mirada silenciosa desde el agua ondulada…»