La ministra Ana Mato y la medicina natural, y el chupacabras, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes pasado en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de la ministra Mato y la medicina natural y del chupacabras, en la trigésima novena entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

Reinaldo Ríos, a la caza del chupacabras en Puerto Rico: la agencia Efe promociona la ufología más chiflada

El ufólogo Reinaldo Ríos. Foto: Efe.Reinaldo Ríos es uno de los más destacados exponentes de la ufología más chiflada. Ha organizado para este domingo una caza del chupacabras en la isla de Vieques (Puerto Rico), y la agencia Efe le dedicó anteayer un amplio y entregado despacho como si lo que sostiene tuviera algún fundamento. Este ufólogo ya montó, en diciembre de 2010, una batida a la caza de una gárgola a la que atribuía muertes de animales al sur de Puerto Rico. Le acompañó en aquella ocasión José Soto, alcalde de Canovanas, una de las localidades en las que debutó en el verano de 1995 el chupacabras, ser  que chuparía la sangre a sus víctimas -preferentemente, cabras- y de cuya existencia nunca se ha encontrado prueba alguna.
En 1996, el chupacabras saltó hasta la Península Ibérica, donde Bruno Cardeñosa, Javier Sierra e Iker Jiménez le achacaron las muertes de decenas de ovejas en la comarca vizcaína de Las Encartaciones y en Valle de Tabladillo, Segovia. La Ertzaintza atribuyó los ataques al ganado vizcaíno a perros asilvestrados y los pastores segovianos, al lobo; pero los tres vendedores de misterios españoles sacaron a pasear al monstruo imaginario en las revistas esotéricas para hacer caja, que es de lo que se trata en estos casos.
Los ufólogos como Ríos, Cardeñosa, Sierra y Jiménez nunca han presentado ni una prueba de que las muertes de ganado no se deban a depredadores vulgares y corrientes, como constatan las necropsias oficiales. Sin embargo, eso no les ha desanimado a la hora de decir todo tipo de tonterías. Así Jorge Martín, hasta noviembre de 1995 un oscuro perseguidor de extraterrestres portorriqueño, fue el primero en hablar del chupacabras como una mascota de los tripulantes de los ovnis o un producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres.
‘Comecogollos’ y ‘comepanties’
'Tracking the chupacabra: the vampire beast in fact, fiction, and folklore', de Benjamin Radford.Ríos quiere desde hace tiempo construir un ovnipuerto en Puerto Rico, lo que ya debería desacreditarle a ojos de cualquier periodista. Pero organiza una partida de caza del chupacabras en colaboración con la alcaldesa de Vieques, Evelyn Delerme, y consigue que una agencia como Efe se haga eco acríticamente de sus bobadas, que incluyen la duda acerca de sí el autor de los ataques a animales en la pequeña isla es el chupacabras o a una gárgola.
Si a usted le queda alguna duda sobre la irrealidad del chupacabras -que únicamente actúa en entornos de habla hispana-, léase Tracking the chupacabra: the vampire beast in fact, fiction, and folklore (Persiguiendo al chupacabras: la bestia vampiro en la realidad, la ficción y el folclore. 2011). En este magnífico libro, a cuya preparación dedicó cinco años, Benjamin Radford desmonta el mito y apunta a la película Species como la inspiradora de la demoniaca apariencia del monstruo.
Por cierto, Ríos podría recordar que, desde los años 70, han hecho también de las suyas en Puerto Rico el vampiro de Moca el comecogollos, que devoraba los plataneros, y el comepanties, insaciable consumidor de las medias dejadas a secar en los colgadores.

Iker Jiménez mezcla dos ‘no-misterios’ y crea otro falso: el de la pantera fantasma que mata ovejas en Vizcaya

Se cogen dos sucesos no relacionados, se mezclan en la coctelera del misterio y ya hay un nuevo enigma cuartomilenario. Iker Jiménez y Carmen Porter se inventaron ayer, en Cuatro, el misterio de la pantera fantasma que mata ovejas en Vizcaya. Lo hicieron en cuatro minutos a partir de la mezcla de dos sucesos separados por años y decenas de kilómetros: la muerte de ovejas en la comarca de Las Encartaciones por ataques de cánidos en 1996 y la visión de un extraño felino en la de Uribe Kosta en 2003. Menos mal que estaba viento el programa Pedro Luis Gómez Barrondo, compañero del Círculo Escéptico, que, si no, no me hubiera enterado de este nuevo hito en el periodismo del misterio.
Fotograma del vídeo de la pantera fantasma grabado en Vizcaya en 2003. Sin referencias, bien puede tratarse de un gato. Foto: 'El Correo'.Según Jiménez, a lo largo de la última década, «la denuncia de casos de felinos salvajes también llegó a nuestro país. Lo que están viendo -explicaba ayer en Cuarto milenio– son decenas de ovejas atacadas por un extraño animal en la comarca de Las Encartaciones de Vizcaya. Varias personas, incluida la Policía autónoma vasca, aseguraron haber visto una pantera negra de grandes dimensiones. Ésta es la fotografía -decía mostrando la imagen que ven junto a estas líneas-. El lugar, Lemoiz; el año, 2003. Y, como en Reino Unido, el nerviosismo, las búsquedas con perros y el temor de los vecinos no se hicieron esperar».
Luego, Porter explicaba cómo fue en Lemoiz y Armintza, hace ocho años, donde hubo gente que empezó a decir que había visto «un gato muy grande que, incluso, ha pasado muy cerca, que ha matado ganado», y cómo los rastreos no dieron resultado. «Será dos años después, en Gorliz, cuando un vecino va, con su sobrino de 14 años, a ver a un familiar que estaba ingresado en un hospital y se encuentra de frente con esto -enseñando la misma foto-, con este animal que él decía que era gigantesco, que le llegaba por las rodillas, que tenía una cola muy alargada y que, claro, le temblaban las piernas teniéndolo delante. Al parecer, en un gesto, el animal se asusta y sale corriendo. Se adentra en el bosque». Porter recordaba cómo uno de los ertzainas se había adentrado en la arboleda y abierto fuego contra la fiera. Según la periodista, «creen que lo hieren», pero no se encuentran restos. «Y había habido muchas matanzas de ganado en la zona», puntualizaba Jiménez. «Algunas; no muchas», corregía su esposa, quien añadía que, en una semana, llegaron a ver a la pantera en localidades que distan 70 kilómetros entre sí. ¿Impresionante? Sí, ¡y casi todo falso!
El chupacabras en Euskadi
Reportaje de Bruno Cardeñosa en la revista 'Año cero' en 1996, en el que atribuye las muertes de ovejas en Vizcaya a ataques del chupacabras.Durante el verano de 1996, alimañas mataron a decenas de ovejas en la comarca de Las Encartaciones, al oeste de Vizcaya. La Ertzaintza apuntaba en su informe de los hechos a la presencia de «cánidos asilvestrados o no controlados» y cómo un ganadero había visto en las inmediaciones «un perro grande y oscuro». Sin embargo, Bruno Cardeñosa y Javier Sierra, colegas de Jiménez y Porter, achacaron las muertes a misteriosos animales. Cardeñosa visitó la zona como colaborador de la revista Año Cero y concluyó que los ataques habían sido obra del chupacabras.
Sierra, enviado por Más Allá a Vizcaya, habló con las mismas personas que su colega y llegó a diferentes conclusiones; aunque también misteriosas. «Según pude comprobar durante mi rastreo a lo largo de la sierra de Las Encartaciones -escenario natural entre Burgos y Vizcaya donde se ha concentrado el mayor número de agresiones-, durante estos meses se han mezclado al menos dos clases bien diferentes de agresiones: las ya tradicionales atribuibles a perros asilvestrados y las muertes con agujeros. En estas últimas, y a diferencia de lo que sucede con el chupacabras caribeño, el agresor no desangra totalmente a sus víctimas». El ahora novelista de éxito añadía que un portavoz de la Ertzaintza le había informado de que la mayoría de los casos se referían a «mordeduras de perros», que sólo uno de los animales había fallecido por un pinchazo en el cuello y que, en ningún caso, había aparecido el cuerpo seco, sin sangre. Año y medio después, Iker Jiménez achacaba al chupacabras la muerte de decenas de ovejas en Valle de Tabladillo, Segovia, aunque los pastores de la zona culpaban al lobo.
En abril de 2003, agentes de la Ertzaintza y guardas forestales buscaron durante días por la comarca de Uribe Kosta a un gran felino después de que una mujer dijo haber visto una pantera a través de la ventana del baño de su casa, en Lemoiz. «Al principio pensé que era un perro, pero por los gestos enseguida me di cuenta de que se trataba de otra cosa», declaró a El Correo. La testigo grabó al animal en un vídeo del que se extrajo la imagen que Jiménez y Porter enseñaron ayer en la tele. Dos años más tarde, en octubre de 2005, un agente de la Policía autónoma disparó en una arboleda de Gorliz contra lo que creía que era un gran felino, después de que un hombre que paseaba por la zona con su sobrino de 14 años creyera ver una pantera. «Avanzó despacio unos cinco metros, se paró, volvió la cabeza y nos miró muy fijamente. Le brillaban los ojos como a un demonio. Después salió corriendo y se introdujo en el pinar. Nos quedamos paralizados, a mí me temblaban las piernas», contaba el protagonista en El Correo. Y se montó la habitual operación de caza y captura de la fiera sin que se diera con ella. Es más, como en 2003, los expertos no encontraron ningún rastro que apoyara la posible existencia de un gran felino en la zona, la pantera fantasma tampoco atacó a ningún animal y un portavoz de la Etzaintza explicó que el agente «disparó contra algo que se movía detrás de unos matorrales, sin saber si era la pantera, un perro o un gato. Lo que sí está claro es que no se encontraron rastros de sangre». Vamos, que nadie pudo confirmar que por Gorliz se hubiera paseado un gran felino.
Ya ven: Iker Jiménez y Carmen Porter cogen dos hechos asilados en el tiempo y el espacio -Uribe Kosta está a decenas de kilómetros de Las Encartaciones con el Gran Bilbao de por medio-, los mezclan convenientemente olvidando las explicaciones racionales -que los ataques a ovejas fueron de perros salvajes y que la pantera de Lemoiz y Gorliz nunca existió-, y ya hay nuevo enigma cuartomilenario al canto, el de la pantera fantasma que mata ovejas en Vizcaya. Por cierto, que alguien le explique al misteriólogo de Cuatro que el tigre de Tasmania, a pesar de su nombre, se parecía más a un lobo -de hecho, se le conoce como el lobo marsupial- que a un gran felino.

El terror de las cabras

La videocámara de un coche patrulla grabó hace tres semanas al chupacabras a la carrera por un camino de tierra de Texas. Ha sido, de momento, la última aparición de un monstruo desconocido para el ser humano hasta marzo de 1995, cuando debutó en Puerto Rico: mató a ocho ovejas, una vaca y un toro en Orocovis, en el centro de la isla. Los cuerpos de los animales presentaban mordeduras en cuello y patas. La Policía y las autoridades sospechaban que los ataques habían sido obra de perros asilvestrados; pero algunos lugareños decían haber visto algo raro. En agosto, la matanza de 150 animales de granja en Canóvanas, al nordeste de la isla, desató la histeria. Los cadáveres no tenían, según los ganaderos, ni gota de sangre: aparentemente, había sido extraída por unos pequeños orificios. Medio país se lanzó entonces a la caza de un animal que, por su inclinación por las cabras y sus tendencias vampíricas, fue bautizado como chupacabras.
El monstruo de origen portorriqueño sigue siendo hoy en día un enigma. Poco se sabe de él, más allá de sus gustos gastronómicos. No está claro si es bípedo o cuadrúpedo; si es un cánido o una mezcla de canguro y gris -el extraterrestre cabezón típico-; si tiene manos palmeadas o garras; si es peludo o de piel de reptil; si mide 60 centímetros o 1,5 metros; si chupa la sangre al estilo de Drácula o usa para ello una lengua aguijón… A pesar de las numerosas batidas organizadas tras los ataques de Canóvanas, nunca se ha capturado un ejemplar ni se ha dado con restos de él. Ni siquiera hay una foto decente del monstruo. Y eso que pronto traspasó los límites de la pequeña isla caribeña y se expuso abiertamente al mundo.
Salto trasatlántico
Jorge Martín era un ufólogo prácticamente desconocido fuera de Puerto Rico hasta que se cruzó en su camino el chupacabras en noviembre de 1995. Fue quien primero habló de él como de una mascota de los tripulantes de los platillos volantes o el producto de experimentos genéticos terrestres o extraterrestres. Gracias a Martín, el monstruo dejó de ser una superstición campesina y se convirtió en un personaje que protagonizaba camisetas, llaveros y portadas de revistas. Menos de dos años después de su primer ataque, Fox Mulder y Dana Scully se enfrentaban al chupacabras en El mundo gira, episodio de Expediente X estrenado en Estados Unidos el 12 de enero de 1997. Para entonces, la bestia ya hacía de las suyas fuera de Puerto Rico.
El monstruo saltó a México, Costa Rica y Estados Unidos (Florida) a principios de 1996. Su primera víctima humana fue Teodora Ayala Reyes, una mujer de 25 años del Estado mexicano de Sinaloa que mostró a todo el país por televisión unas marcas en el rostro y el cuello que parecían quemaduras. Lo había predicho el alcalde de Canóvanas, José Soto, cuando organizó las primeras batidas en octubre de 1995: «Hoy ataca animales, pero mañana podría atacar a la gente». Los dictámenes científicos apuntaban en México a que los causantes de los ataques eran coyotes, felinos o perros asilvestrados; pero el terror se apoderó de las comunidades campesinas cuyo ganado aparecía muerto de la noche a la mañana.
La llegada del indeseado visitante a España no se demoró. Entró en la Península por el País Vasco durante el verano de 1996, según revelaron en las revistas Año Cero y Más Allá los periodistas esotéricos Bruno Cardeñosa y Javier Sierra. La prueba era medio centenar de ovejas muertas en la comarca vizcaína de Las Encartaciones. Año y medio después, su colega Iker Jiménez achacaba a la bestia la muerte de decenas de ovejas en Valle de Tabladillo, Segovia.
Un monstruo hispano
Con la excepción de los ataques registrados en Brasil, el chupacabras actúa sólo en comunidades donde se habla español, incluso en Estados Unidos. Es un monstruo genuinamente hispano, un producto de la superstición campesina portorriqueña. «Parece ser un fenómeno caribeño, especialmente de las islas hispanas. Es parte de nuestro folclore. Es interesante que no se encuentre en las islas angloparlantes, y que sólo migre a lugares donde la población hable español», dice Marvette Pérez, conservadora del Museo Nacional de Historia Americana de la Institución Smithsoniana, y de origen portorriqueño.
No se trata del primer ser misterioso que sale de las selvas de Puerto Rico. Al contrario. El chupacabras es el último de una larga estirpe. Todo comenzó con el vampiro de Moca, que en los años 70 chupaba la sangre a animales de granja y a quien salió un hijo vegetariano, el comecogollos, que devoraba plataneros. El tercer miembro del linaje fue conocido como comepanties, por ser un insaciable consumidor de las medias que las mujeres ponían a secar en los colgadores. Lo del comepanties parece demasiado hasta para quienes creen en los poderes de Rappel, ¿pero a qué se debe el éxito del chupacabras cuando, a fin de cuentas, hace lo mismo que su bisabuelo?
A que en su momento su existencia vino bien en unos países -Puerto Rico y México- a los políticos para desviar la atención sobre asuntos realmente graves. «Desde que apareció la fiebre del chupacabras, los sufridos mexicanos tuvieron otro tema de plática diaria, y luego, cuando se le restó gravedad, lo transformaron en un factor x, un recurso para el albur facilón y el chiste bobo, como representar a Carlos Salinas, que absorbe mucho del descontento popular», apuntaba en 1996 el sociólogo mexicano Roger Bartra. Quienes viven de escribir sobre fantasmas y hombrecillos verdes vieron en vulgares ataques de alimañas acciones de seres misteriosos. En España, por ejemplo, las muertes de ovejas registradas en Vizcaya y Segovia se debieron a perros asilvestrados o a lobos; pero llevaron al monstruo a la portada de las revistas esotéricas. Y en América ha pasado lo mismo. El chupacabras grabado por la Policía en Texas parece ser un ejemplar de un raro tipo de coyote que ya ha sido tomado otras veces por el monstruo de hábitos vampíricos.

La revista

Fortean Times: La más divertida revista sobre lo paranormal. Todo tiene cabida en ella, con el mérito de que acoge en sus páginas trabajos serios que desmontan presuntos misterios, algo a lo que son alérgicas las publicaciones esotéricas españolas.
Publicado originalmente en el diario El Correo.