El primer libro contra Iker Jiménez (y Carmen Porter): un ajuste de cuentas

Espero que Antonio Luis Moyano no me califique nunca de «entrañable amigo» porque, en su libro Iker, el mago del misterio, casi siempre que dice eso de alguien es porque después le va a dar estopa. ¡Y de qué modo! Cuando me enteré de que la obra estaba a punto de salir a la venta, escribí a partir de la información facilitada por la editorial una nota titulada: «El primer libro contra Iker Jiménez: ¿un ajuste de cuentas?». Después de haber leído la obra, que llegará a las librerías el 10 de noviembre, me ha quedado claro que los signos de interrogación de esa entrada sobraban y que, además, tenía que haber añadido al victimario de Moyano a Carmen Porter, a quien casi siempre cita como en el titular de este recensión: entre paréntesis y subordinada a su marido, en lo que interpreto como una muestra de desprecio. «En ninguna de las páginas de este libro se ha pretendido reprochar a Iker Jiménez (y Carmen Porter) de mentir o de cometer fraude ni se ha cuestionado en ningún momento su profesionalidad» (p. 19), dice Moyano en el prólogo de la obra. Lo que uno se encuentra después es todo lo contrario.
Portada de 'Iker, el mago del misterio', de Antonio Luis Moyano.«Anticipándose a lo que sería su exitosa trayectoria profesional, y como si fuera un presagio de lo que después serían Milenio 3 y Cuarto milenio, uno no puede dejar de imaginarse a un adolescente Iker copiando en los exámenes y plagiando las respuestas del compañero de al lado» (p. 59), dice Moyano cuando se remonta a los inicios del protagonista como vendedor de misterios. Cuando explica por qué no podemos fiarnos de su programa de televisión, puntualiza: «Siempre habrá quien piense que el hecho de que se hayan desvelado algunas incorrecciones (y en este libro sólo se menciona un minúsculo porcentaje), no significa que TODO [en mayúsculas en el original] lo que cuenta Iker Jiménez tenga que ser necesariamente fraudulento. Por supuesto que no; del mismo modo que tampoco puede negarse la existencia de los Reyes Magos por más que en la Cabalgata de Navidad el rey Baltasar nos recuerde sospechosamente a un concejal del Ayuntamiento pintado de negro» (página 169).
Más adelante, en un capítulo dedicado al triángulo de las Bermudas, firma la siguiente sentencia: «Lástima que, por mucho que les pese a sus incondicionales seguidores, resulte más fácil localizar a un pingüino haciendo footing en el desierto del Gobi que encontrar un dato exacto (uno sólo) en todo lo que nos cuenta la esposa de Iker Jiménez…» (p. 259). Advierte en un caso de un edificio maldito: «Un visionado desapasionado del reportaje sobre el Hospital de la Atalaya es suficiente para que cualquiera se percate del escaso rigor con el que el equipo de Iker Jiménez aborda las cuestiones relacionadas con lo paranormal» (p. 272-273). Indica sobre la rectificación de Jiménez después de dar por real la ficción del cosmonauta fantasma: «En lugar de disculparse y reconocer honestamente que se ha cometido un error y que no volverá a repetirse en posteriores ediciones del programa, Iker Jiménez recurre a una hábil estrategia de manipulación» (p. 335). Menos mal que Moyano asegura en el prólogo que no guarda ningún rencor al matrimonio milenario, que «nunca haría nada que les pudiera perjudicar personal o profesionalmente» y que Iker Jiménez cuenta con su «aprecio desinteresado» (p. 19). Con amigos así…
¡Es la guerra!
La obra tiene dos partes: una primera dedicada a presentar a los protagonistas y otra segunda, titulada «Veinte mil gazapos de viaje televisivo», centrada en la exposición de dieciséis meteduras de pata de la pareja. En la primera mitad de Iker, el mago del misterio, el autor da su versión del ascenso del protagonista al Olimpo paranormal español, en el que no faltan, según él, unas cuantas traiciones a amigos. Estamos ante una especie de biografía no autorizada con ataques basados, a veces, en opiniones de personajes ya muertos -que a no ser que se recurra a la ouija no podrán replicar al autor- y fuentes anónimas. Así, Moyano sostiene que a Fernando Jiménez del Oso, fallecido hace cuatro años y padrino profesional del capitán de la nave del misterio, le disgustaba «el excesivo afán de notoriedad» del matrimonio y que renegaba de las obras de su discípulo. «Al recibir sobre su mesa las últimas novedades editoriales, Jiménez del Oso comentará cuán útiles pueden ser los libros del Iker Jiménez en determinadas circunstancias: «Esto sólo sirve para limpiarse el culo»» (p. 61-62).
Tanto el autor como Julio Barroso, su prologuista, mantienen, por otro lado, que el desembarco en 1998 de Jiménez en la Cadena SER se debió a que robó una colaboración al segundo al coger un recado telefónico y nunca transmitírselo: «Aquella tarde Julio Barroso no estaba, y tal vez Iker Jiménez no encontraba su teléfono en la agenda que hay en la mesa de la redacción [de la revista Enigmas] para facilitárselo a [Alberto] Granados [realizador de Ser aventureros] ni tenía otro modo de contactar con él. Así que, muy probablemente, y muy oportunamente, a Iker no le quedara más remedio que pensar en él mismo para ofrecerse a colaborar en dicho programa…» (p. 73). Carmen Porter es retratada en todo momento como una incapaz que ha llegado a donde ha llegado por ser mujer de…. Así, Moyano dice respecto a ella que «se presenta como escéptica, y en esa línea de ofrecer explicaciones científicas tal vez sería capaz de argumentarnos que los cirujanos de una mesa de operaciones llevan máscara para que no puedan ser reconocidos por el paciente si cometen una negligencia» (p. 87). De rebote, reciben lo suyo los miembros del programa de Cuatro. Recuerda el autor logros como la resurrección de Federico García Lorca, obra de Juan Jesús Haro Vallejo, y dice que éste y otros eran «los colaboradores que Iker Jiménez necesitaba para decir (siempre sin ruborizarse, claro está) que Elvis Presley seguía vivo y que el que había muerto era su hermano gemelo» (p. 85).
Entrevista promocional a Iker Jiménez en 'El País Semanal'.La segunda parte del libro se centra en lo que el autor califica de gazapos de Iker JIménez y Carmen Porter, que abarcan los casos del pueblo maldito de Ochate, las niñas fantasma de Navalperal de Pinares, las caras de Bélmez y el cosmonauta fantasma, entre otros. Por si alguien tuviera alguna duda, es aquí donde queda claro que éste no es un libro dedicado a descubrir lo que hay de verdad tras ningún enigma, sino que su objetivo es únicamente minar la credibilidad de los jefes de pista del circo esotérico ibérico. Porque Iker, el mago del misterio no aboga por el pensamiento crítico, aunque Moyano, colaborador habitual de revistas esotéricas, cite ocasionalmente a autores de referencia en el escepticismo científico. No en vano, él es un crédulo de tomo y lomo. «No soy nada incrédulo; creo en los ovnis, en el monstruo del lago Ness y en que hay fenómenos paranormales que escapan a explicaciones científicas» (p. 17). Puestos a creer, profesa tanta devoción por Fernando Jiménez del Oso que justifica la emisión por su parte del falso documental Alternativa 3 en 1983 en TVE, argumentando que el psiquiatra no tenía forma de saber entonces que era ficción, cuando lo cierto es que la producción se había estrenado en Reino Unido el 20 de junio de 1977 -¡seis años antes!- y al día siguiente ya sabía todo el mundo en las islas que nada de lo que se sostenía en ella estaba pasando o había pasado.
El rápido, e inesperado para algunos, ascenso de Jiménez en el mercado esotérico le ha generado gran cantidad de enemigos entre los mal llamados periodistas del misterio. Por eso, la obra de Moyano será recibida con champán por quienes compiten por el mismo mercado que la estrella paranormal de Prisa. ¿Merece la pena Iker, el mago del misterio? Depende. Si a uno le van el morbo y los chismorreos, y está dispuesto a dar crédito a cualquiera cuando se mete con alguien que no le cae bien, puede que la primera parte del libro le satisfaga. Sin embargo, si uno busca más que ataques ad hóminem, le decepcionara. La segunda parte tampoco aporta casi nada a quien esté al tanto de las andanzas de los protagonistas a través de éste y otros blogs. Personalmente, me he quedado sin saber lo que más me interesaba: ¿cuál fue el detonante que hizo estallar la amistad entre Iker Jiménez y Antonio Luis Moyano? Y ahora me pregunto: ¿habrá algún libro similar desde el otro lado de la trinchera después de lo que parece un estallido de hostilidades en toda regla en Paranormalandia?
Antonio Luis Moyano [2009]: Iker, el mago del misterio. Los expedientes X de ‘Cuarto milenio’… al descubierto. Prologado por Julio Barroso. Ediciones Nowtilus (Col. «Investigación Abierta»). Madrid. 382 páginas.

El timo del tarot

Portada de 'El tarot ¡vaya timo!', de Javier Cavanilles.El tarot protagoniza el último libro de la colección ¡Vaya Timo!, firmado por el periodista valenciano Javier Cavanilles, quien echa por tierra algunas de las creencias más extendidas sobre la popular baraja, incluido su origen egipcio. El del tarot es un asunto que nunca me ha interesado, ya que considero el mazo simple atrezo, lo mismo que la bola de cristal, los posos del café, las velas de colores, las pirámides de cristal y cualquier otro elemento decorativo tan del gusto de los brujos. A pesar de eso -o quizá por eso, por no saber casi nada de la baraja y su historia-, me he leído de un tirón el último título de la colección escéptica de Laetoli, un texto con el que me he reído no pocas veces.
La portada es genial, quizá la mejor de la serie. Se ve en ella a la típica bruja televisiva con sus tarifas, que van desde los 5 euros por malos presagios hasta los 30 por un futuro maravilloso. La ilustración, de Ricard Sobres, da la clave del éxito de los echadores de cartas y otros videntes: venden un futuro esperanzador a quien esté dispuesto a pagarlo, aunque el cliente se encuentre en el corredor de la muerte. Cavanilles, coautor del libro Los caras de Bélmez (2007), incide en ello a lo largo de un libro en el que hace un recorrido por la historia del tarot y cómo se convirtió en herramienta de videntes. Y va más allá: explica a sus lectores por qué puede parecer que algunas personas predicen el futuro gracias a ténicas al alcance de cualquiera, como la lectura fría.
Comparto con Cavanilles la preocupación por la indefensión de los consumidores ante el negocio paranormal y creo que la transposición de la Directiva 2009/25/CE podía servir para poner las cosas en su sitio. Por lo menos en parte, dado que obligaría a los brujos a tener que demostrar sus poderes si quieren cobrar por ellos. Lamentablemente, el Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas condenó en abril a España, por «no haber adoptado las disposiciones legales, reglamentarias y administrativas necesarias para dar cumplimiento a lo dispuesto en la citada directiva o, en cualquier caso, al no haberle comunicado estas disposiciones». Cierto es que videntes, sanadores espirituales y demás siempre podrán escaparse pidiendo a sus víctimas la voluntad, pero todo lo que sea poner trabas a quienes estafan a los demás es bienvenido, porque, como apunta el autor de El tarot ¡vaya timo!, «existe una total indefensión de los consumidores y víctimas del mercado de lo paranormal».
Javier Cavanilles [2009]: El tarot ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. «¡Vaya Timo!», Nº 11). Pamplona. 130 páginas.

El primer libro contra Iker Jiménez: ¿un ajuste de cuentas?

Portada de 'Iker, el mago del misterio', de Antonio Luis Moyano.El primer libro crítico con Iker Jiménez llegará a las librerías el 10 de noviembre, según me han confirmado desde la editorial Nowtilus. Su autor es Antonio Luis Moyano. No es un escéptico, sino una firma habitual de las revistas esotéricas y colaborador del periodista vitoriano en radio y televisión. La obra se titula Iker, el mago del misterio y desvela, según la publicidad, «los gruesos errores periodisticos cometidos» por el protagonista en «varias de las historias más impactantes» que ha popularizado. Cabe suponer que el autor se detendrá en casos como los del cosmonauta fantasma, el pueblo maldito de Ochate, las niñas fantasma de Navalperal de Pinares y El Caminante de Boisaca, entre otros en los cuales Jiménez ha enriquecido considerablemente la realidad en aras del misterio. La editorial promete que, además de contar la historia del ascenso mediático del protagonista, el autor presenta un análisis de cómo manipulan la información los medios de comunicación y como lo hace Jiménez «para obtener más audiencia». Habrá que esperar para leer la obra a que llegue a las librerías, pero a primera vista da la impresión de ser una especie de ajuste de cuentas.
A Iker Jiménez le tienen ganas desde hace tiempo otros vendedores de misterios españoles cuyo rigor es equiparable al del periodista esotérico vitoriano, pero que han tenido menos éxito. La obra de Moyano nace, además, mutilada al limitarse a un único divulgador de lo paranormal cuando hay muchos en revistas, radio y televisión que comparten con el director de Cuarto Milenio modos y filosofía, y el negoco pseudocientñifico en su conjunto podría ser objeto de un interesante libro. De todos modos, quien quiera hacerse una completa idea de los logros de Jiménez no tienen por qué esperar al 10 de noviembre. Puede hacerlo ahora mismo en la sección corespondiente de este blog, la amplia sala que el periodista científico Mauricio-José Schwarz dedica a los tejemanejes del capitan de la nave del misterio y el dossier especial del Círculo Escéptico. ¡Habrá que ver qué aporta de nuevo Moyano a lo ya publicado en éste y otros blogs!

‘Por qué creemos en cosas raras’, de Michael Shermer, Prisma Casa de las Ciencias 2009

Portada de 'Por qué creemos en cosas raras', de Michael Shermer.El jurado de la XXII edición de los Prismas Casa de las Ciencias a la Divulgación ha otorgado el galardón al mejor libro editado en España en 2008 a Por qué creemos en cosas raras. Pseudociencia, superstición y otras confusiones de nuestro tiempo, de Michael Shermer y publicado por Alba Editorial, «porque traslada a la sociedad la necesidad de adoptar posturas analíticas y críticas frente a la pseudociencia y la irracionalidad». Me alegra que una obra como la de Shermer haya merecido este reconocimiento, que el año pasado fue para el también imprescindible Darwin y el ‘diseño inteligente’: creacionismo, cristianismo y evolución, de Francisco J. Ayala y publicado por Alianza Editorial. Pero, a la vez, me entristece que el jurado no haya considerado digno ni de mención a Misterios a la luz de la ciencia, editado por la Universidad del País Vasco y fruto de una iniciativa única en nuestro país de impulso del pensamiento critico y la divulgacion científica desde una institución académica. Como coordinador de la obra, soy parte interesada, aunque menos de lo que algunos creen: el premio es para la editorial y simbólico, sin dotación en metálico. Creo que Misterios a la luz de la ciencia podría haber sido, al menos, objeto de una mención honorífica como las otorgadas en este mismo concurso en ediciones anteriores. Más que nada para incentivar la divulgación escéptica made in Spain por científicos de primera línea.

El timo de la conspiración lunar

Portada de 'La conspiración lunar ¡vaya timo!', de Eugenio Fernández Aguilar.La idea de que el hombre no pisó la Luna y todo fue un montaje estaba pidiendo a gritos un libro desde hace años. Es lo que yo creía cuando en 2001 Fox emitió el documental que relanzó la vieja polémica de ridículo origen y la NASA se echó atrás en la petición a James Oberg de que escribiera la obra. Pero no soy editor, a pesar de que se me ocurre un posible libro relacionado con el pensamiento crítico cada dos por tres. Por eso, la publicación de La conspiración lunar ¡vaya timo, del físico Eugenio Fernández Aguilar, me parece un acierto y más aún que haya coincidido con el 40º aniversario de la llegada del hombre a la Luna. Es, además, uno de los títulos de la colección escéptica de Laetoli a los que va perfectamente la coletilla ¡vaya timo!, no siempre acertada en otros casos y que, aunque graciosa, me da que puede echar para atrás a lectores dubitativos.
Visto lo visto este verano, cuando han salido partidarios de la conspiración lunar por todos lados, el libro de Fernández Aguilar es el tratamiento de choque necesario para quien cree que no llegamos a la Luna o que llegamos, pero se falsificaron las imágenes, como argumentan los más prudentes conspiranoicos. Escrito con humor, el autor desmonta, una a una, cincuenta argumentaciones habituales entre los negacionistas de los alunizajes, desde algunas relacionadas con la ignorancia de la física básica hasta otras que chocan con el sentido común del más ingenuo. Si alguien lee este libro y sigue creyendo que todo fue un montaje, es que no tiene remedio. Mi argumento preferido cuando sale la historia en una conversación de café siempre es el mismo desde hace años: la mejor prueba de la realidad de los alunizajes es que la Unión Soviética, que competía con Estados Unidos por la conquista del satélite terrestre, admitió su derrota. Para Fernández Aguilar, también es la prueba más evidente de la autenticidad de la gesta.
Sólo encuentro a esta obra dos peros menores: las fotografías que la ilustran y la tendencia del autor a dejar en algunos casos explicaciones en el aire. Las imágenes a todo color resultan imprescindibles para desmontar algunas pretensiones de los conspiranoicos y hay que felicitar a la editorial por haberlas incluido, rompiendo con su ausencia en obras anteriores. Lo que carece para mí de lógica es el diminuto tamaño de las fotos y esquemas, convertidos en poco más que sellos, cuando la NASA proporciona gratis imágenes en alta calidad de todas sus misiones espaciales. Por otra parte, la inclinación de Fernández Aguilar, profesor de Ciencias de Secundaria, a animar al lector a que complete su lectura en Internet es loable, pero no justifica dejar de ofrecer explicaciones diciendo que pueden encontrarse en tal o cual web, como pasa en ocasiones. ¿Y si estoy en el avión?, ¿y si estoy en la playa?, ¿y si no sé inglés o tengo fobia a Internet?
La conspiración lunar ¡vaya timo es el libro ideal para regalar a ese amigo o conocido que da pábulo a las tonterías de los fabuladores que ayer decían que no llegamos a la Luna y hoy sostienen que sí se piso, pero se encontraron allí ruinas alienígenas. Es una obra, además, que seguirá siendo de actualidad dentro de diez años y que, sólo por eso, ya merece un hueco en la biblioteca de todo interesado por la divulgación del pensamiento crítico.
Eugenio Fernández Aguilar [2009]: La conspiración lunar ¡vaya timo! Editorial Laetoli (Col. «¡Vaya Timo!», Nº 10). Pamplona. 167 páginas. 15 €.

Contra el papanatismo

Portada de 'Los nuevos charlatanes', de Damian Thompson.«La barrera para convertirse en experto se sitúa tan abajo que el único requisito real es el talento para la autopromoción», dice Damian Thompson sobre los vendedores de dietas milagrosas en Los nuevos charlatanes. La sentencia puede ampliarse a cualquier campo del contraconocimiento, desde la pseudohistoria hasta la medicina alternativa, pasando por el conspiracionismo, los ovnis y los peligros de la telefonía móvil. Periodista y sociólogo de la religión, Thompson es el niño que alerta en el cuento de que el emperador está desnudo. Nos avisa en este ameno ensayo del peligroso auge de una industria que explota la pseudociencia en su beneficio, en contra del conocimiento científico, y a veces con riesgo para nuestras vidas y la democracia.
Supe de esta obra gracias al historiador José Luis Calvo. Me la recomendó diciéndome que se trata de uno de los pocos libros escépticos publicados en España en los últimos años que ha encontrado interesantes. Destacaba, entre los argumentos a favor de Los nuevos charlatanes, que el autor le hincaba el diente a la pseudohistoria y, en particular, a Graham Hancock y al libro 1421: el año en que China descubrió el mundo, de Gavin Menzies. Sinceramente, Hancock siempre me ha parecido un plomazo y las lucubraciones de Menzies, sinsentidos, pero Thompson se ha molestado en desmontar tanto los artificios del primero y otros pseudoarqueólogos como los del segundo. A pesar de esto, para mí el principal logro del autor es otro, poner en el objetivo a los auténticos culpables del auge del contraconocimiento: los empresarios de la comunicación y la edición. Sin ellos, el charlatán más avispado sería un don nadie; con ellos, un experto acaba convirtiéndose en la referencia para miles e incluso millones de personas.
La guerrilla de las bitácoras
El papanatismo que nos rodea tiene en este libro un magnífico antídoto con una salvedad, la de la religión, como me advirtió Calvo en su momento. Thompson, editor en jefe del Catholic Herald, considera que las creencias religiosas no han de juzgarse con las herramientas de la razón, como el resto de pensamiento mágico. «Si uno cree que el Espíritu Santo existe, nadie puede demostrar que se equivoque. Eso no es contraconocimiento. Si uno afirma que el Espíritu Santo le ha curado un cáncer, eso tampoco es contrastable; nadie puede demostrar que Dios no estuviera detrás de los procesos naturales o médicos que llevaron a su curación», dice, invirtiendo tramposamente la carga de la prueba. Porque, cuando alguien sostiene que algo existe, es ese alguien quien debe demostrarlo, no el resto quien tiene que demostrar que ese algo no existe. Y lo mismo vale respecto a la mano de Dios en cualquier proceso natural o artificial. Es el borrón en un libro recomendable.
Thompson hace, además, en el último capítulo una llamada a la acción en Internet, un campo en el que también los anglosajones sacan años luz de ventaja a los escépticos hispanohablantes. «En el último par de años el contraconocimiento ha demostrado ser sorprendentemente vulnerable a los ataques de guerrilla de la bitacosfera. Los defensores independientes de la verdad empírica, armados hasta los dientes de datos sólidos, han organizado emboscadas devastadoras contra los curanderos y embaucadores que han penetrado demasiado en el dominio público», indica. Y cita cuatro sitios de Internet que, a su juicio, «han hecho absolutamente miserables las vidas de las celebridades de la pseudociencia» porque «las reputaciones son fáciles de dañar en un mercado ferozmente competitivo, y la gente tiende a disfrutar del espectáculo de la humillación de opulentos y altivos gurús de la salud».
Damian Thompson [2008]: Los nuevos charlatanes [Counterknowledge. How we surrendered to conspiracy theories, quack medicine, bogus science and fake history]. Traducción de Joan Lluís Riera. Ares y Mares. Barcelona 2009. 223 páginas. 18,5 €.

Disfrutando de Shangri-La

'Horizontes perdidos', de James Hilton.La ilustración de J.C. Sanromá lo dice todo: hay un paraíso perdido entre las heladas montañas del Himalaya. Es el valle de la Luna Azul, donde se levanta el monasterio de Shangri-La, cuyos moradores disfrutan de una vida mucho más larga que la mayoría de los mortales. Ése es el fascinante enclave en el que se desarrolla la historia de Horizontes perdidos, la novela de James Hilton que Frank Capra convirtió en una obra maestra del cine. Si tienen oportunidad, vean la película y lean la novela.
La primera es una joya en blanco y negro, tan espectacular como desasosegante, de la que Hollywood hizo sendas versiones horrorosas en 1963 y 1970, según me ha indicado el historiador José Luis Calvo. La segunda, de la que acabo de gozar después de años buscándola en el mercado de segunda mano, es una cautivadora narración que se lee de un tirón. Merecen la pena ambas porque son divertidas y están bien hechas. Además, la ficción de Shangri-La se encuentra en el origen de la idílica visión occidental del lamaísmo, por la fertilidad del valle de la Luna Azul y porque Hilton atribuye al líder de los clérigos del monasterio poderes extraordinarios, como la clarividencia y la levitación, al estilo de los que años después vendió como auténticos el falso lama tibetano Tuesday Lobsang Rampa en el libro El tercer ojo (1956).
James Hilton [1933]: Horizontes perdidos [Lost horizon]. Traducción de H. C. Granch. Ediciones GP (Col. «Libros Reno», Nº 411). Barcelona 1973. 256 páginas.

Aprender ciencia con lo paranormal

'Las mentiras de lo paranormal', de Jorge Alcalde.«Una de las mejores maneras de aprender algo sobre cualquier rama de la ciencia es descubrir en qué se equivocan sus chiflados», dice Martin Gardner en Extravagancias y disparates [1992]. Jorge Alcalde, periodista científico y director de la revista Quo, recoge el testigo del veterano pensador estadounidense en Las mentiras de lo paranormal. Lo que se aprende de ciencia investigando los misterios de la ‘zona oscura’, obra que me acaba de llegar y sólo he tenido tiempo de hojear, pero cuya lectura no dudo en recomendar. El autor utiliza lo oculto como pretexto para explicar cómo funciona la ciencia, lo que sabemos del Cosmos y de nosotros mismos.
«Sólo el escepticismo impide a la ciencia renunciar al misterio, a la magia y a la fascinación. Sólo en un cerebro realmente escéptico cabe la posibilidad de pensar que una señal de radiotelescopio cronométricamente precisa puede ser un mensaje extraterrestre. Y sólo el escepticismo permite que la misma persona, días después, demuestre que no lo es», escribe Alcalde, para quien, obviamente, palabras como misterio y magia no tienen el mismo significado que para los traficantes de lo paranormal. No en vano, cree que, aunque su libro «no es un alegato iracundo contra la astrología, contra la ufología, contra la parapsicología», el lector «hallará [en él] razones para considerar estúpido creer en ellas».
Jorge Alcalde [2009]: Las mentiras de lo paranormal. Lo que se aprende de ciencia investigando los misterios de la ‘zona oscura’. Libros Libres. Madrid. 204 páginas.

La invasión extraterrestre de Argentina

'Invasores', de Alejandro C. Agostinelli.La ufología da, de vez en cuando, alegrías. La última, para mí, ha sido el primer libro de un amigo, Alejandro C. Agostinelli, que lleva toda una vida volcado en entender mejor esa atracción que los visitantes de otros mundos ejercen sobre nosotros. Fruto de esa pasión y de la curiosidad propia de un periodista es Invasores. Historias reales de extraterrestres en Argentina, una obra que acaba de llegar a las librerías del otro lado del Atlántico, que tuve el privilegio de leer hace unas semanas y que es un apasionante trabajo periodístico. Sus protagonistas son los humanos que aquí, en el pequeño punto azul pálido de Carl Sagan, contemplan el cielo nocturno con la certeza de que mantienen contacto con seres inteligentes de ahí fuera. Agostinelli demuestra en Invasores que la realidad siempre supera la ficción y que conviven con nosotros auténticos extraterrestres, aunque no tengan un platillo volante aparcado en el garaje.
El recorte de prensa, la anécdota, la leyenda urbana, el rumor… están en el origen de cada historia de este libro. Otros llaman pomposamente investigación de campo a hablar con alguien que dice haber visto una cosa rara y reproducir su testimonio sin más: del testigo no se duda, al testigo no se le interroga, el testigo no se confunde, lo que dice el testigo es palabra de Dios, el testigo nunca miente… Frente al acrítico reporterismo del misterio, Agostinelli ahonda por todos los medios posibles en lo aparentemente increíble para, generalmente, descubrir sus no menos increíbles orígenes, empresa que puede prolongarse a veces durante años antes de llegar a buen puerto y que describe al detalle en este libro. «A los que también queremos creer, pero necesitamos estar seguros, nos queda el placer de investigar, bucear en las fuentes de la información (y de la imaginación) para confrontarlas con el recuerdo de los testigos, cuando desean hablar o todavía viven, y la documentación histórica si aparece. Atar cabos sueltos y tratar de reconstruir ciertos hechos mientras disfrutamos de esa promiscua cruza entre la creación ficticia y realidad es un desafío apasionante, pero, a la vez, traicionero. Porque el mundo -es decir, el mundo que percibimos- nunca es tan real. Abrevar en el pasado implica correr el riesgo de hundirse en ese pantano erizado de trampas: la memoria», explica.
Alejandro C. Agostinelli [2009]: Invasores. Historias reales de extraterrestres en Argentina. Prologado por Daniel Riera. Sudamericana. Buenos Aires. 352 páginas. Pueden comprarlo aquí.

Will Eisner contra la conspiración

'La conspiración', de Will Eisner.Que Los protocolos de los sabios de Sión, el supuesto plan judío para conquistar el mundo, son un fraude quedó claro ya en 1921 cuando el periodista Philip Graves demostró en The Times que eran un plagio del Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu (1864), del escritor satírico francés Maurice Joly. Sin embargo, todavía hoy se encuentran en Internet sitios donde el panfleto, publicado originalmente en Rusia en 1903, se presenta como auténtico. Es lo que pasa con las conspiraciones inventadas -en este caso, por el servicio secreto zarista-, que, no importa cuántas veces se demuestre su falsedad, siempre hay alguien dispuesto a otorgarles verosimilitud.
Herederos intelectuales del autor de Los protocolos son hoy en día quienes sostienen que el 11-S fue un autoataque estadounidense, que existe un gobierno oculto que maneja los hilos del mundo, que el terrrorismo etarra estuvo detrás del 11-M… Nadie está libre de caer en un engaño de este tipo por antipatía hacia un grupo determinado o por otras causas. Henry Ford, el magnate automovilístico, publicó desde 1920 en Estados Unidos varias ediciones de Los protocolos y, ese mismo año, Winston Churchill, entonces secretario de Estado de la Guerra británico, alertó en el London Illustrated Sunday Herald de la existencia de una «conspiración (judía) a escala mundial para el derrocamiento de la civilización y por la reconstitución de la sociedad sobre la base de un desarrollo limitado, una malevolencia envidiosa y una igualdad imposible». El fomento del odio racial alcanzó su clímax con Adolf Hitler, quien incorporó Los protocolos a sus discursos y se sirvió de ellos para justificar el exterminio de los judíos.
«Abrigo la esperanza de que este trabajo pueda ser un clavo más que hundir en el ataúd de ese aterrador fraude vampírico», escribió Will Eisner (1917-2005) en el prólogo de La conspiración. La historia secreta de ‘Los protocolos de los sabios de Sión’, su última obra. La novela gráfica, que acabó poco antes de morir, recrea cómo nació el fraude, sus efectos y su resistencia a desaparecer. Prologada por Umberco Eco, es una delicia en fondo y forma, una magnífica obra que ilustra lo difícil que es la lucha contra la mentira y que podría, sin duda, dar mucho juego si se recurriera a ella con fines educativos, si fuera material de lectura para nuestros bachilleres.
Will Eisner [2005]: La conspiración. La historia secreta de ‘Los protocolos de los sabios de Sión’ [The plot. The secret story of ‘The protocols of the elders of Zion’]. Norma Editorial (Col. «Will Eisner», Nº 15). Barcelona. 150 páginas.