Dos milenios de conspiraciones inventadas en torno a la sábana santa de Turín

“Hay otros mundos, pero están en éste”. La cita de Paul Éluard (1895-1952) abre La hermandad de la sábana santa (Plaza & Janés, 2004), novela con la que la periodista Julia Navarro (Madrid, 1953) ha debutado en la ficción. Cuando leí la frase hace unos días, se me pusieron los pelos de punta. La autora, una conocida tertuliana y analista política, ¡atribuye la famosa cita a H.G. Wells! Ahí queda eso. Le hubiera bastado con buscar en Google para evitar el sonrojo. Claro que también tienen pecado los responsables de la editorial y más siendo Plaza & Janés, ya que la frase de Éluard abría en los años 60, 70 y 80 del siglo pasado todos los títulos de su famosa colección Otros Mundos, dedicada a lo paranormal y en la que se dieron a conocer en España autores como Juan José Benítez, Erich von Däniken y Peter Kolosimo, entre otros. La metedura de pata de Navarro tuvo hace una semana su continuación en un conocido periodista que la entrevistó para un diario madrileño y también atribuyó la cita al autor de La guerra de los mundos.

'La hermandad de la sábana santa', de Julia Navarro.La hermandad de la sábana santa parece, por lo demás, escrita a rebufo del éxito de El código Da Vinci, la obra de Dan Brown de la que hasta ahora se han vendido más de 6 millones de ejemplares en todo el mundo y que figuró 45 semanas en lo más alto de la lista de libros de The New York Times. Es una novela fácil de leer -como se supone que tiene que ser un best seller-, en la que todo parece demasiado evidente desde el principio. Se echan en falta sorpresas y tanto los malos -los integrantes de una secta cristiana y los modernos templarios- como los buenos -los policías y una periodista española- son por sus hechos torpes aprendices, más que los profesionales expertos que pretende Navarro. Así, la joven y brillante reportera del siglo XXI tarda más de media novela en dar con una curiosa coincidencia: que el nombre del primer propietario de la sábana, Geoffroy de Charny en 1350, sólo se diferencia en una letra del de Geoffroy de Charney, preceptor templario de Normandía que fue ejecutado en París en 1314 junto a Jacques de Molay, el gran maestre de la orden. Esta coincidencia -históricamente no se ha demostrado el parentesco entre ambos personajes- es conocida desde hace décadas y objeto de especulaciones hoy en día en muchísimas webs, a pesar de lo cual la periodista de la novela es la primera que informa de ello a unos especialistas en enigmas históricos. En otra ocasión, la reportera telefonea “al jefe de informática de su periódico” para que le diga a nombre de quién está registrado un dominio de Internet, cuando hubiera podido averiguarlo ella misma en un sitio como Register.com. Lo triste es que el resto de los personajes principales están a la altura de la sagaz reportera.

Un incendio en la catedral de Turín, en el que muere un hombre con la lengua cortada, es el detonante de la acción. La novela es un viaje por dos milenios de historia y conspiraciones en torno a la tela de lino que se venera en Turín desde 1578 como la mortaja de Jesucristo y que la ciencia ha datado entre 1260 y 1390. Dos tramas paralelas -una abarca desde la Pasión bíblica hasta el Medievo y la otra se sitúa en el presente- confluyen en un desenlace que da por bueno el dictamen del carbono 14 y, al mismo tiempo, la autenticidad de la reliquia. Dado que no hay pruebas de que el lienzo existiera antes de su aparición en Francia a mediados del siglo XIV, la autora rellena catorce siglos de vacío con total libertad, hasta el punto de que el lector que se acerque por primera vez a la historia del sudario de Turín lo tendrá difícil para separar la ficción de la realidad. Donde Navarro no se inventa los hechos, da por buenos los imaginados por defensores de la autenticidad de la reliquia. El resultado son veinte siglos de lucha entre sociedades secretas, de conspiración. “Yo juego en la novela con lo auténtico y lo falso, con la verdad y la mentira”, ha dicho la autora. El problema es que no aclara al lector en el epílogo de rigor dónde está el límite entre la ficción y la realidad en los hechos históricos que narra, algo habitual en muchos autores de best sellers, con lo que seguro que en el futuro veremos algunas de sus fantasías presentadas por los sindonólogos como hechos comprobados. Tiempo al tiempo.