Hombres en guerra con dinosaurios

Dibujo promocional de ‘Hace un millón de años’, con Raquel Welch y humanos luchando con dinosaurios.

¿Convivieron nuestros antepasados con los dinosaurios? Un tercio de los españoles (30,5%) cree que sí, según la «Séptima encuesta de percepción social de la ciencia y la tecnología (2015). Para toda esa gente, las escenas de Raquel Welch corriendo en biquini de piel delante de monstruos prehistóricos en la película Hace un millón de años (1966) son una recreación histórica. Es lo que debían de pensar también autores como Robert Charroux y Juan José Benítez, porque consideran que unos cantos rodados grabados, descubiertos en Perú a mediados de los años 60, prueban que hubo humanos que tuvieron sus más y sus menos con tiranosaurios, triceratops y demás familia, antes de que se extinguieran hace 66 millones de años…

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La noche que Armstrong y Aldrin exploraron en la Luna una base extraterrestre

Un astronauta del ‘Apolo 11’ explora unas supuestas ruinas lunares en la serie documental ‘Planeta encantado’. Imagen: TVE.

Treinta y cinco años habían pasado desde que el hombre pisó la Luna cuando, en la madrugada del 12 de enero de 2004, TVE emitió por su primera cadena un perturbador y, hasta ese momento, desconocido documento sobre la hazaña. «Esta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA», decía la voz en off de Juan José Benítez mientras en la pantalla un astronauta exploraba unos edificios en ruinas en el mar de la Tranquilidad. O, al menos, eso sostenía el texto sobreimpresionado, que también avisaba de que estábamos ante unas imágenes inéditas

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Encuentros en la tercera fase en Gallarta

Juan Sillero, en el puente de mando de un platillo volante. Ilustración: Colectivo Iván.Naves de otra galaxia aterrizaron repetidamente en Gallarta (Vizcaya) entre febrero y abril de 1977. Sus tripulantes venían a ayudarnos. La Tierra se estaba saliendo de su órbita e inclinando demasiado, le contaron a Juan Sillero, un ebanista de 50 años del barrio de La Florida. Los encuentros entre el hombre y los visitantes protagonizan el expediente ovni 770213 del Ejército del Aire, desclasificado en 1995 y que ahora puede consultarse en la Biblioteca Virtual del Ministerio de Defensa.
La Gaceta del Norte informaba el 24 de marzo de 1977 del hallazgo de «numerosas huellas de posibles aterrizajes de ovnis» en una escombrera de Gallarta. El ingeniero naval José Luis Lozón, director técnico de un astillero de Bilbao, aseguraba haber visto una nave de más de 20 metros de diámetro «cuando se elevaba a gran velocidad» desde el lugar. «Era como un hongo. Y tenía un tremendo brillo. Era similar al acero inoxidable», le explicó a Juan José Benítez. El testigo no había escuchado ningún ruido según ascendía el ovni. «¿Qué tecnología pueden tener estos seres para alcanzar semejantes velocidades y en absoluto silencio?», se preguntaba. El reportero destacaba que por las noches los vecinos de la zona eran «súbitamente despertados por unos intensos ruidos, tales como zumbidos», procedentes de la escombrera.
Los aterrizajes
La primera noticia en la prensa sobre los ovnis de Gallarta.La información periodística llevó al Ejército del Aire a abrir un expediente con la numeración 770213, por el 13 de febrero de 1977, cuando Lozón había visto el objeto. Los militares descubrieron pronto que el avistamiento del ingeniero naval no era nada comparado con las vivencias de su suegro, Juan Sillero, que vivía cerca de la escombrera con su esposa y varios de sus ocho hijos. En su primera entrevista con el hombre, de más de dos horas, a los investigadores del Ejército del Aire les sorprendió el «tono fantástico de su relato», que se interrumpía «muy a menudo, según él, porque ellos le impedían seguir hablando». Su yerno les dijo que Sillero había sido una persona «completamente normal» hasta los encuentros con los alienígenas, pero que desde entonces dudaba de su salud mental.
El ebanista vio a los visitantes cinco veces. La primera, a mediados de febrero, dormía cuando sintió que una voz le llamaba por su nombre. Sus animales estaban agitados, salió de casa, ascendió por la loma hacia la escombrera, atravesó un bosquecillo, se asomó al borde del talud y, desde lo alto, vio cómo «un platillo estaba dando zumbidos y balanceándose, como buscando posición para aterrizar». Cuando se posó, salieron de él dos seres altos enfundados en monos que dejaban al aire solo manos y cara. Estaba aterrorizado. Le dijeron que no temiera y, poco después, el ovni despegó a gran velocidad.
Recreación de uno de los avistamientos de Gallarta. Ilustración: Colectivo IvánLa noche del segundo aterrizaje, tras los mismos preliminares, los visitantes le invitan a subir a la nave. La luz «sale de las paredes». En el puente de mando, hay enormes pantallas. El jefe le explica telepáticamente que vienen de otra galaxia y quieren ayudarnos porque la Tierra «se estaba saliendo de su órbita y se estaba inclinando demasiado». A Sillero le llama la atención una tripulante. «¡Qué tía más buena! ¡Qué pechos tiene!”, piensa. Los visitantes se van rápidamente después de decir que les han detectado y se acercan aviones militares. En el tercer encuentro, el ovni es más grande. Ve con el jefe cómo desciende una tanquetilla de exploración. A los visitantes les interesan las piedras de la escombrera. La última noche, el platillo volante sobrevuela la casa de la familia a tan baja altura que él, desde el balcón, cree que va a chocar con el edificio. Ya en tierra, los extraterrestres le prometen un regalo que le dan un mes después: es una piedra que deslumbra a quien la mira, excepto a él.
La investigación
Benítez cuenta las andanzas de Sillero en el diario Ya el 15 de mayo de 1977. Las da por buenas. No así los militares. El juez informador atribuye el 27 de junio los hechos a la imaginación del ebanista, quien parece estar «algo fuera de lo normal». En agosto, el jefe de la 3ª Región Aérea comunica al Estado Mayor del Aire que la información proporcionada por Lozón y Sillero no es creíble, y que el estado del segundo «no ofrece garantías de equilibrio mental». Es la conclusión a la que llega también el colectivo Iván, un grupo de investigadores del fenómeno ovni dirigido por el ingeniero de telecomunicaciones Félix Ares.
Juan Sillero, con miembros del colectivo Iván. Foto: Colectivo Iván.En las nueve veces que visitan al testigo -“siempre estaba de baja laboral» por úlceras de estómago–, los miembros del colectivo Iván detectan contradicciones en su relato. Lo que más les extraña, sin embargo, es que nadie más ha visto nada. Ni la mujer y los hijos de Sillero -aunque los platillos volantes han llegado a sobrevolar su hogar-, ni ningún vecino. «Si hubiera ocurrido algo así, lo habrían visto desde alguna de las casas próximas», apunta Ares, sorprendido por tener que volver a hablar del caso tantos años después. Tampoco vieron nada los conductores de los camiones de transporte de escombros que, día y noche, pasaban al lado del lugar de los aterrizajes ininterrumpidamente. Los hijos del ebanista achacaban los encuentros con extraterrestres de su progenitor a fabulaciones consecuencia de sus problemas con el alcohol. «Mi padre nunca ha visto nada», dijo uno a los investigadores. Tampoco Sillero enseñó nunca a Ares y su equipo la piedra que le habían regalado los visitantes porque, decía, les dejaría ciegos. ¿Y las huellas?
«Las supuestas huellas de naves extraterrestres no eran tales. Eran irregulares y, al lado de muchas, había piedras cuya forma coincidía con la del agujero», recuerda Ares. Preguntando por el vecindario, dieron con Adrián Tramón, un operario de una retroexcavadora que les explicó que las había hecho él al extraer piedras de mineral. Sillero acabó admitiendo por escrito el 18 de mayo de 1980 que las huellas cuyas fotos había publicado Benítez en La Gaceta del Norte y Ya eran obra de Tramón. Ingenuamente, añadió que las auténticas las había borrado él.
La confesión de Juan Sillero. Foto: Colectivo Iván.Aunque los militares y el colectivo Iván, cada uno por su cuenta, dieron carpetazo al caso como una invención del principal protagonista, Benítez se negó a aceptar esa conclusión. Cuando Ares y su equipo la publicaron en la revista Stendek, del Centro de Estudios Interplanetarios (CEI) de Barcelona, les respondió airadamente en Mundo Desconocido, acusándoles de investigar de oídas y «confundir el tocino con la velocidad». El colectivo Iván replicó a Benítez, quien al final presentó como prueba de los aterrizajes de Gallarta una carta del jefe de la 3ª Región Aérea en la que el militar le decía que, en tres noches de febrero y marzo de 1977, se habían detectado ecos de radar no identificados sobre Vizcaya y cazas habían salido dos veces en misión de interceptación. Aunque Sillero nunca precisó las fechas de sus encuentros con los visitantes y a pesar de que los investigadores militares consideraron siempre su relato producto de la imaginación, para Benítez los ecos de radar y las salidas de los cazas demostraban la realidad de los hechos. Todavía hoy, cierto sector de la ufología española, que ha ocultado siempre a su público la delicada situación mental del testigo, considera las vivencias de Juan Sillero auténticas.
«El caso Gallarta es el único encuentro en la tercera fase del País Vasco, y la investigación dirigida por Ares dejó claro en 1980 que fue un fraude», dice el estudioso del tema Juan Carlos Victorio, autor del blog Misterios del Aire. Para el ufólogo valenciano Vicente-Juan Ballester Olmos, impulsor de la desclasificación ovni en España, lo llamativo es que todavía haya «gente que explota este caso de forma sensacionalista» cuando se sabe casi desde el principio que fue «fruto de una mente poco equilibrada». Lozón, por su parte, era miembro del Centro Estudios Fraternidad Cósmica, un grupo de adoradores de los extraterrestres fundado por el contactado italiano Eugenio Siragusa. Por eso, no era un testigo fiable y la realidad de su avistamiento hay que ponerla más que en cuarentena. ¿Qué llevó a Sillero a inventarse su increíble historia? Posiblemente, la notoriedad que alcanzó su yerno al salir en los medios con la observación del despegue de un ovni fue lo que animó al ebanista a intentar superarle con sus encuentros en la tercera fase. Ése fue el origen del único expediente X ovni vasco.

Cuando Louis Pauwels, Antonio Ribera y Juan José Benítez eran ‘científicos de lo desconocido’

Anuncio a toda página del ciclo de charlas 'El mundo de lo fantástico', celebrado en Barcelona en 1976.40 años de dictadura franquista acababan de terminar cuando, a comienzos de 1976, Barcelona acogió el ciclo de charlas El mundo de lo fantástico. Entre sus protagonistas, destacaban dos grandes figuras del movimiento -Louis Pauwels, coautor de El retorno de los brujos, y Antonio Ribera, considerado el padre de la ufología española-, pero también estaban un joven Juan José Benítez, que acababa de publicar dos libros a cual más delirante –Existió otra Humanidad y Ovnis: SOS a la Humanidad– y el parapsicólogo Francisco A. Rovatti, un habitual de la escena paranormal catalana.
El ciclo esotérico era una iniciativa del diario La Vanguardia, que lo anunciaba de un modo que hoy nos resultaría chocante. «Científicos de lo desconocido» decía en referencia a los participantes. Arqueólogos, parapsicólogos, médiums, ovnis, científicos, periodistas, realizadores cinematográficos, pintores, hipnotizadores, en exclusiva para los adheridos al Club de Vanguardia en esta iniciativa única», se leía sobre las fotos de los ponentes, los ojos de cada uno tapados por su nombre y el asunto del que iba a hablar. No había ni un arqueólogo ni un científico y, si había un director de cine, era porque Rainer Erler había filmado un falso documental sobre una conspiración ufológica, La delegación (1970).
En la segunda mitad de los años 70, los platillos volantes salían en las primeras páginas de los periódicos, la parapsicología tenía una pátina de ciencia en ciernes y todo lo esotérico parecía rompedor y digno de atención en un país todavía en blanco y negro. Fue la época dorada de la ufología en nuestro país, la de la colección Otros Mundos de Plaza & Janés -que publicó los clásicos del llamado realismo fantástico-, la del programa Más allá de Fernando Jiménez del Oso en TVE, la del espacio Medianoche de Antonio José Alés -inventor de las alertas ovni– en la Cadena SER, la de las revistas Karma.7 y Mundo Desconocido, la del Centro de Estudios Interplanetarios de Barcelona y su revista Stendek, la de los primeros congresos internacionales… Una España enigmática muy parecida a la que se ve en Platillos volantes (2003), la interesante película de Óscar Aibar sobre José Félix Rodríguez Montero y Juan Turu Vallés, dos personajes trágicos de la ufología nacional.
Los científicos de lo desconocido no han avanzado nada en su conocimiento -quizá fuera más oportuno decir que han ahondado en su ignorancia- desde 1976. Sigue sin haber pruebas de que nos visiten extraterrestres o lo hicieran en la Antigüedad y de que haya gente con poderes paranormales, por no hablar de la utilidad predictiva del tarot, la sanación espiritual y la convivencia del ser humano con los dinosaurios. Las afirmaciones de los Pauwels, Ribera, Benítez, Von Däniken y compañía forman parte del mundo de los sueños y, hoy en día, fuera de los círculos esotéricos, nadie considera que lo dicen tenga algo que ver con la ciencia. Ni de lejos.

«El ébola lo han lanzado militares norteamericanos sobre África», dice Juan José Benítez

“Apuesto lo que quiera a que algún día, dentro de 50 años, claro, o 100, se demostrará que el ébola lo lanzaron los militares norteamericanos sobre África, igual que el sida y (la intoxicación alimentaria por) el aceite de colza en Madrid (España), entre otros”, ha dicho Juan José Benítez en unas declaraciones a la agencia Efe con motivo de su participación en la X Feria Internacional del Libro de Panamá. Y no se ha quedado ahí, sino que ha ampliado el foco conspiranoico a la gripe aviar y al mal de las vacas locas para sentenciar que todas las enfermedades citadas “siempre han tenido un origen militar de guerra biológica”. ¿Pruebas? Por favor, no pidan algo así al ufólogo.
La última vez que Benítez aportó pruebas de una de sus sorprendentes afirmaciones fue todo demasiado ridículo. En enero de 2004, reveló en Mirlo rojo, un episodio de la serie Planeta encantado, que en 1969 Neil Armstrong y Buzz Aldrin habían descubierto en la Luna una base extraterrestre de miles de años de antigüedad y la habían explorado, y que Estados Unidos había destruido después las ruinas con bombas atómicas. Como prueba, presentó a los espectadores de TVE una película protagonizada por unos supuestos astronautas sobre cuyas imágenes aparecía sobreimpresionada la leyenda “Imágenes inéditas”. Y el periodista decía: «Ésta fue la verdad, la única y secreta verdad. Aquel 21 de julio de 1969, Armstrong y Aldrin se alejaron escasos metros del módulo, filmando esta increíble construcción. Esta película, de 14 minutos, jamás fue difundida por la NASA». Esto último era cierto. La NASA no difundió la película porque no la conocía, ya que Benítez se la había encargado a Dibulitoon Studio SL, una empresa de animación vasca, para su serie de televisión. Vean este momento cumbre del periodismo del misterio:

Me apuesto lo que quieran a que lo que Benítez afirma sobre el ébola, el sida, el mal de las vacas locas, el síndrome tóxico y la gripe aviar tiene el mismo fundamento que su base extraterrestre lunar y otras tonterías que ha dicho, como, por ejemplo, que hay pruebas de que el hombre convivió con los dinosaurios, que un poder mágico permitió transportar las estatuas de la isla de Pascua hasta su ubicación definitiva, que Jesús se sentó en el Coliseo romano, que seres de Orión levantaron las pirámides de Egipto, que el Arca de la Alianza era un arma de destrucción masiva y, por supuesto, que nos visitan extraterrestres.

«Soy un científico porque busco la verdad», dice Juan José Benítez

Lo que faltaba. Juan José Benítez, el hombre que cree en viajes en el tiempo, que los extraterrestres prácticamente se pasean por nuestras calles, que nuestros antepasados convivieron con los dinosaurios y muchas otras tonterías por el estilo, se cree un científico. «Científico es una persona que busca la verdad. Y yo la busco. Por tanto, soy científico», sentencia en una reveladora entrevista publicada en El Correo por mi compañero Pascual Perea, la primera que recuerde en la que alguien se atreve a poner en duda en un gran medio la credibilidad de este ufólogo.
«Si hay un caballo capaz de descabalgar a J.J. Benítez nos es precisamente el de Troya, sino el de la credibilidad. El escritor ha sido acusado infinidad de veces de mentir, fabular y tergiversar con tal de dar visos de credibilidad a sus teorías de ciencia ficción, ya sean abducciones alienígenas, sucesos paranormales o saltos espacio-temporales», escribe el periodista en un apoyo al cuerpo principal de la información, dedicado a Caballo de Troya. Y, seguidamente, empieza a preguntar al protagonista por cosas como el montaje televisivo de las ruinas lunares de Planeta encantado, a lo que el entrevistado replica con su habitual larga cambiada de que él jamás dijo que las imágenes fueran reales y sí eran inéditas porque la recreación nunca se había visto. El reportero le pide pruebas de la existencia de las construcciones alienígenas, y Benítez no se las da porque no las tiene, y se refugia en testimonios y en el secreto periodístico para no revelar sus fuentes. Las que sabemos todos que tuvo fueron un contactado peruano y un espía que no era espía. Y llega mi pregunta favorita:

¿Se considera usted un científico?

-Científico es una persona que busca la verdad. Y la busco. Por tanto, soy científico.

Olvídense del método científico. Benítez cree que basta con recoger testimonios para ser científico, algo que comparte con todos esos discípulos suyos que van pomposamente por ahí autocalificándose de investigadores sólo por grabar entrevistas y hacer fotos. En fin… El entrevistador vuelve a la carga pidiéndole las pruebas de lo que dice y le acusa de dar «por bueno cualquier testimonio sobre cualquier suceso. Basta con que sea paranormal«. Y el ufólogo replica que ellos -se refiere a él y sus colegas, supongo- son científicos porque facilitan las pruebas físicas «a la universidad y ella los investiga». Vale, ¿y en qué revista científica se han publicado los resultados de alguno de esos estudios universitarios realizados a partir de muestras recopiladas por él y otros ufólogos? Se lo voy a decir: en ninguna.
«Investigar y probar son cosas diferentes», replica su interlocutor, y Benítez se va por los cerros de Úbeda, acusando de todo tipo de males a quien «se sienta delante del ordenador, monta una página y dice que es mentira (lo que él cuenta) sin moverse del sillón. Eso no es ser científico. Eso es ser muy listo». Ni otros escépticos ni yo que no somos científicos hemos dicho nunca que lo seamos. Además, no hace falta ser científico, ni muy listo, para desmontar las toscas afirmaciones de los vendedores de misterios. Como colofón, el periodista le pregunta por los desaparecidos ovnis, y Benítez le replica que volverán a ser noticia «cuando se produzca una oleada». Esperen sentados…
Nota: La entrevista, cuya parte principal está dedicada a Caballo de Troya, no está disponible en Internet: sólo puede leerse en la versión impresa del diario El Correo.

Benítez vuelve a repetir que los astronautas hallaron ruinas extraterrestres en la Luna y fueron destruidas

Juan José Benítez anda de promoción de su noveno, y dice que último, Caballo de Troya. Y hoy le han entrevistado, entre otros, mis compañeros Txetxu Ugalde y Blanca Saez en Ciudadanos en punto, en Punto Radio Euskadi. Han sido sólo 7 minutos -me imagino que por la apretada agenda mediática del ufólogo- en los que, meapiladas al margen, el escritor ha dejado caer un par de sus fantasías favoritas: que Caballo de Troya cuenta en realidad los resultados de viajes reales al pasado y que Estados Unidos destruyó con bombas atómicas unas ruinas extraterrestres que habían descubierto en la Luna los astronautas de las misiones Apollo. Si llega a tener algo más de tiempo, les habría contado que lleva un anillo alienígena -aunque tiene marca de platero-, que hay pruebas de que el hombre convivió con los dinosaurios, que un poder mágico permitió transportar las estatuas de la isla de Pascua hasta su ubicación definitiva, que Jesús se sentó en el Coliseo romano años antes de que el edificio existiera, que seres de Orión levantaron las pirámides de Egipto, que el Arca de la Alianza era un arma de destrucción masiva y otras muchas historias increíbles.
Me imagino a Txetxu y Blanca alucinados cuando Benítez ha dicho que lo del viaje en el tiempo a la época de Jesús no es para él una fantasía y que está convencido de que ha habido un  proyecto militar secreto estadounidense en esa línea. ¡Toma ya! Es lo que mantuvo cuando se puso a la venta el primer Caballo de Troya. ¿Se lo creerá de verdad? También ha contado en Punto Radio Euskadi, otra vez,  que los astronautas estadounidenses descubrieron en la Luna ruinas alienígenas que luego destruyeron a base de bombas atómicas. ¿Pruebas? Ninguna, claro. Les voy a contar un secreto: Benítez se enteró del hallazgo en la Luna de ruinas extraterrestres y de que luego fueron bombardeadas, a mediados de los años 70. Su fuente fue Carlos Paz Wells, un peruano que aseguraba tener encuentros con seres de otros mundos en los desiertos de su país. Años después, le narró una historia parecida un inexistente espía de la CIA -en realidad, un joven aragonés que quería reírse de Benítez y otros ufólogos-, y es posible que el ufólogo se lo tomara como una confirmación. Y, en enero de 2004 en TVE, en una de las entregas de su serie Planeta encantado, Benítez presentó como prueba un montaje realizado por un estudio de animación vasco que mucha gente tomó por una filmación hecha en la Luna porque se leía sobreimpresionado Imágenes inéditas. Ésta es la verdad, la única y secreta verdad sobre tan fantástica historia.

Me hubiera gustado hacerle a Benítez una entrevista en profundidad, como la que le hice a Javier Sierra, pero nunca se ha presentado la oportunidad. Le hubiera preguntado, por ejemplo, por la milagrosa -supongo- aparición en el primero de los Caballos de Troya de páginas enteras de El Libro de Urantia, así como párrafos de otras dos obras del contactado Fernando Sesma y del ufólogo Antonio Ribera, según tres reportajes publicados en Interviu hace más de veinte años: Caballo de Troya es un plagio” (25 de noviembre de 1987), “El autor de Caballo de Troya fusiló también dos obras editadas en España” (13 de enero de 1988) y «Fernando Lara: «Ya sabíamos que había transcrito literalmente páginas de Urantia»”. “En España, un escritor llamado J.J. Benítez ha estado plagiando durante años El Libro de Urantia al incorporar extensos fragmentos del libro en sus cuatro novelas fantásticas, con otra en camino. La Fundación se muestra impotente para luchar contra esto”, escribió Martin Gardner en su obra Urantia. ¿Revelación divina o negocio editorial?, publicada en Estados Unidos en 1992 y en España en 1995.
Por último, y por ceñirme sólo a Caballo de Troya, le preguntaría de dónde saca otra fantástica afirmación que lleva repitiendo décadas. Ayer mismo, lo hacía en una entrevista con José Luis Álvarez para Colpisa. El periodista le preguntaba si es verdad que Steven Spielberg se había interesado por la saga, y Benítez respondía: «Hace muchísimos años, hubo un contacto. Él me dijo que, cuando estuviera en inglés, hablábamos. Ahora que ya está terminada la obra, voy a intentar hacer alguna gestión para llevarla al cine». Benítez lleva explotando el cuento spilbergiano desde el primer Caballo de Troya. Así, decía a unos periodistas del Heraldo de Aragón el 21 de noviembre de 1.984: «… cada libro que publico se lo voy enviando (a Steven Spielberg). Al poco de recibir Caballo de Troya, contestó diciéndome que el tema le había fascinado y que era muy interesante desde el punto de vista cinematográfico. También me comunicó que había dado a su equipo de colaboradores y guionistas los capítulos correspondientes al Jueves y Vienes Santo, que son dos días claves, para ver las posibilidades cinematográficas que había. Pienso que desde un punto de vista técnico el proyecto es viable, siempre y cuando se tengan los medios de Spielberg.»
En marzo de 1988, el cineasta visitó España y mantuvo el siguiente esclarecedor diálogo con una reportera de la revista Semana (Nº 2.512, 6 de abril de 1988):

«Periodista: Un escritor español, Juan José Benítez, autor de varios best-seller, entre ellos Caballo de Troya, parece ser que albergaba la pretensión de que esa última obra la llevara usted al cine.

Spielberg: Siento decepcionarla, pero yo debería conocer tal proyecto de mi productora y no sé nada de lo que me pregunta.»

Les dejo aquí la entrevista a Benítez en Punto Radio Euskadi para que vean que yo no me invento nada:

Prudencio Muguruza dice que contará en un libro la verdad sobre la leyenda de Ochate: ¿toda la verdad?

Prudencio Muguruza, a quien muchos consideramos el inventor de la leyenda de Ochate, adelantó el jueves a Luis Miguel Ortega Gil, miembro del Círculo Escéptico, que contará la verdadera historia del pueblo maldito en un libro que publicará a finales de año. Los dos coincidieron en un debate en Ni Más Ni Menos, programa de sobremesa de ETB 2, sobre lo que hay de verdad y de mentira en el misterio del pueblo del Condado de Treviño (Burgos), y Luis Miguel puso las cosas en su justo término.
La primera vez que se habló del enigma de Ochate fue en un reportaje firmado por Muguruza en la revista Mundo Desconocido en abril de 1982. Nuestro protagonista había irrumpido pocos meses antes en el panorama paranormal español con una foto de una nube en Aguillo que él y el ufólogo Juan José Benítez tomaron por una nave extraterrestre. El ovni fue portada de Mundo Desconocido en enero de 1982 y Muguruza, en aquel entonces conserje de una caja de ahorros alavesa, vendió el negativo por 500.000 pesetas (3.000 euros) a un industrial que hizo pósteres con la imagen. En sólo tres meses, pasó de testigo de un caso ovni a autor de un reportaje sobre un pueblo maldito en la principal revista esotérica de la época.
En «Luces en la puerta secreta», como titulaba el texto sobre Ochate, Muguruza contaba que el pueblo sufrió en 1860 el azote de la viruela; en 1864, el del tifus; y el cólera mató en 1870 a todos sus habitantes menos a tres, que huyeron de la aldea. Desde entonces, según el exempleado de banca, allí ocurrían cosas extrañas. Es lo que todavía sostienen videntes, ufólogos y parapsicólogos que acuden al lugar a grabar psicofonías. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que Ochate sufriera las epidemias citadas por Muguruza en Mundo Desconocido y por Iker Jiménez en su libro Enigmas sin resolver (1999) y en Cuarto Milenio.
Los documentos sobre los que se basa el misterio de este pueblo burgalés, y que Muguruza dice haber consultado, no existen. No lo digo yo; lo llevan diciendo los historiadores desde que el presunto enigma surgió de la nada en la revista Mundo Desconocido. Y hay constancia de que la aldea estuvo habitada hasta que, bien entrado el siglo XX, se despobló como otros tantos núcleos rurales españoles. Treinta años después del nacimiento de la leyenda negra de Ochate, Muguruza, que ahora se gana la vida echando las cartas, dice que va a contar la verdad. ¡Ojalá sea toda la verdad, que ya es hora!

¿Quién quiere un ejemplar del libro ‘Bases de ovnis en la Tierra’?

'Bases de ovnis en la Tierra', de Javier Esteban.Dicen que es difícil de conseguir. No lo sé. Yo tengo, en mi biblioteca, varios ejemplares de Bases de ovnis en la Tierra (1979), el libro de Douglas O’Brien -pseudónimo de Javier Esteban- que narra las andanzas de un supuesto espía de la CIA en España tras los platillos volantes. Es una novela y, al mismo tiempo, un clásico de la ufología española que dejó claro el rigor de algunos periodistas del misterio. A principios de los años 80 del siglo pasado, Juan José Benítez y Bruno Cardeñosa, entre otros, mantuvieron reuniones en persona con Esteban dando por hecho que hablaban con un agente de la CIA y algunas de las historias que les contó mientras por dentro se moría de risa acabaron en periódicos, revistas esotéricas y libros sobre platillos volantes. El ufólogo Francisco Padrón publicó en la prensa canaria una de sus historias como si fuera un caso real y, ¡sorpresa!, hasta fue capaz de encontrar testigos de los hechos de la novela.
Regalaré uno de mis ejemplares de Bases de ovnis en la Tierra al autor de la mejor crítica -mejor escrita y razonada; no tiene porque ser elogiosa- de mi libro La cara oculta del misterio. El texto deberá tener un máximo de 4.000 caracteres con espacios, incluirá la ficha del libro y tendrá que haberse publicado en un blog antes del 1 de noviembre. Los autores que deseen participar en el concurso deberán mandar un mensaje de correo a la dirección de contacto que figura en la columna de la derecha, indicando dónde puede leerse su crítica. El jurado estará formado por quienes me ayudaron a elaborar el libro y por mí, y el fallo será inapelable, pudiéndose declarar el premio desierto si ningún original tiene un mínimo de calidad. Correré con los gastos de envío del libro en territorio español, pero, si el ganador es de otro país, tendrá que hacerse él cargo de los mismos. Si no pudiera o no quisiera, el libro iría a parar al siguiente clasificado. El ganador se dará a conocer aquí antes de finales de noviembre.

Ovnis: con una prueba basta

Juan José Benítez, en una imagen de 1996. Foto: Efe.«Los ovnis existen. Hay millones de pruebas», sentencia Juan José Benítez en una reciente entrevista. Es lo mismo que decía hace treinta años y sigue haciendo gala de la misma impotencia que entonces a la hora de demostrar que es más que un titular. Porque Benítez es incapaz de presentar una sola prueba a favor de la existencia de los ovnis. Y, que quede claro: cuando él habla de ovnis se refiere a naves extraterrestres con bicho dentro, no a los neutros objetos volantes no identificados.
El autor de Caballo de Troya nunca se ha andado con medias tintas: los platillos volantes son para él ingenios de otros mundos desde que, a mediados de los años 70, se convirtió en el mejor publicista de las trolas de los miembros del Instituto Peruano de relaciones Interplanetarias (IPRI) con su libro Ovnis: SOS a la Humanidad. Y es que, el 7 de septiembre de 1974, vio junto a los contactados varios ovnis en el desierto peruano, aunque, ¡claro!, ni él ni sus interlocutores sacaron foto alguna porque los vistantes se lo habían prohibido previamente a través de la escritura automática.
Pruebas, pruebas y más pruebas
Hace treinta años, Benítez contaba en una ocasión que disponía de fotos de seres extraterrestres tomadas por testigos de toda garantía y la jugada le salió mal. Como recuerda Luis Hernández Franch en Los ovnis desmitificados (1984-1985), hizo esa afirmación durante un debate televisivo y, en vez de callar, John L. Acuff, presidente del crédulo Comité Nacional para la Investigación de Fenómenos Aéreos (NICAP) de EE UU, dijo que, si así era, no entendía cómo nuestro protagonista no hacía públicas la prueba definitiva de la existencia de visitantes extraterrestres y se la guardaba. Benítez reculó, dijo que todavía tenía que someter las fotos a análisis y nunca más se supo de ellas. Ahora, después de haber vendido hasta un anillo con marca de platero como de origen alienígena y un montaje de una compañía de animación vasca como una película de ruinas en la Luna tomada por los astronautas del Apollo 11, el ufólogo navarro dice que «hay millones de pruebas» de que nos visitan seres de otros mundos.
Que muestre una, sólo una prueba concluyente. No hace falta más. Basta con un tornillo, un mapa marciano, una uña alienígena… Hasta que no lo haga, Benítez seguirá mereciendo el mismo crédito que cuando dice que seres de Orión levantaron las pirámides de Egipto y que los egipcios de hace 4.500 años vivían en la Prehistoria y desconocían la escritura, que cuando sostiene Jesús visitó Roma y presenció los juegos en el Coliseo y que cuando contaba en 1975, haciéndose eco acríticamente de las patrañas de la gente del IPRI, que en Marte vivían dos especies de seres inteligentes, en Venus la temperatura superficial era «adecuada para el desenvolvimiento de la vida» y había colonias alienígenas en lunas como Calisto, Io, Europa y Ganímedes.

‘Era rusa y se llamaba Laika’, la parodia de los programas de misterios de Joan Fontcuberta

Aquí tienen íntegro el falso documental Era rusa y se llamaba Laika, obra de Joan Fontcuberta y en el que el creador catalán parodia las producciones televisivas de Fernando Jiménez del Oso, Juan José Benítez e Iker Jiménez. ¡Disfrútenlo! Ayer, un centenar largo de personas lo vio en pantalla grande en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao, donde lo presentó el propio Fontcuberta.

El Arca de la Alianza

Ilustración: Iker Ayestarán.«¿Te das cuenta de lo que es el Arca? ¡Es un transmisor! ¡Una radio para hablar con Dios! ¡Y ahora está a mi alcance!», dice René Emile Belloq, el arqueólogo francés al servicio de los nazis, a Indiana Jones en En busca del Arca perdida (1981). La idea de que el cofre en el cual Moisés y los suyos guardaban las Tablas de la Ley era una especie de radio es, sin embargo, muy posterior a 1936, año en el que está ambientada la primera aventura cinematográfica del arqueólogo más famoso. La propuso Erich von Däniken en Recuerdos del futuro (1968), libro en el cual defiende que los dioses del pasado eran extraterrestres.
El autor suizo interpretaba literalmente lo dicho por Yahvé a Moisés en el Éxodo sobre el Arca: «Allí me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el Arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los israelitas». Antes, Yahvé ha precisado que el cofre ha de medir dos codos y medio (130 centímetros) de largo y un codo y medio (78 centímetros) de ancho y alto, ser de madera de acacia, estar revestido de oro y tener cuatro anillas de oro para los dos varales de madera, forrados también en oro, que servirán para transportarla. La tapa estará coronada por dos querubines de oro macizo cuyas alas se desplegarán sobre la caja.
Fue el antisemita Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), popularizó la idea del Arca como «un condensador eléctrico», formulada por primera vez por Maurice Denis-Papin en 1948. Estos autores y otros incluyen en su relato del Éxodo palabras que no existen en el original, como chisporroteos, pero ayudan a ver la reliquia como algo más que un cajón de madera. El Arca del Antiguo Testamento es un objeto mágico, símbolo de la alianza entre el pueblo de Israel y su dios; pero de ahí a considerarla un aparato eléctrico, un equipo de radio o un arma de destrucción masiva -como hace el ufólogo Juan José Benítez– va más que un trecho.
De Jerusalén a Etiopía
Que el Arca de la Alianza fuera un condensador eléctrico choca con su diseño. El artefacto carece de polos positivo y negativo, y, en vez de estar aislado, está recubierto de oro, con lo que dejaría fritos a sus portadores, de los que el meticuloso dios de los judíos no dice en ningún momento que tengan que llevar una vestimenta especial protectora. Que Yahvé necesite una radio para hablar con Moisés, y viceversa, carece de sentido cuando ya han conversado varias veces antes de que se construya el artefacto. Y la caída de las murallas de Jericó, que Benítez atribuye al Arca y cuyas víctimas mortales cifra en más de un millón, es una ficción romántica: Jericó en la época era una pobre aldea sin fortificar.
Según una leyenda -no según la Biblia-, la reliquia habría sido sacada de Jerusalén por un hijo de Salomón y la reina de Saba que la habría llevado a Etiopía. El patriarca de la Iglesia ortodoxa etíope dice que el artefacto está en su país desde hace siglos y que él lo ha visto, pero no está dispuesto a mostrarlo al mundo. En realidad, como todo el libro del Éxodo es ficción, la búsqueda del Arca de la Alianza está condenada al fracaso. Es la búsqueda de una ilusión.