Humor contra lo absurdo

“Una carcajada vale por diez mil silogismos. No sólo es más eficaz, sino también mucho más inteligente”, escribió Henry Louis Mencken en The American Mercury en 1924. Con estas palabras cerraba el ácido periodista un alegato contra el uso de la crítica constructiva a la hora de discutir determinadas afirmaciones. «El pedante y el sacerdote siempre han sido los más expertos de los lógicos, y los divulgadores más diligentes de disparates y cosas peores. La liberación de la mente humana nunca la han propiciado esos idiotas ilustrados; ha sido favorecida por los bromistas que tiraron gatos muertos a los santuarios y luego se fueron de juerga por el mundo, demostrando a todos los hombres que la duda no es peligrosa, que el dios del templo es finito en su poder y, por tanto, un fraude. Una carcajada vale por diez mil silogismos. No sólo es más eficaz, sino también mucho más inteligente».
Esta reflexión de Mencken permaneció en el olvido hasta que la rescató Martin Gardner en su libro La ciencia, lo bueno, lo malo y lo falso (1981). Tres años después, el filósofo Paul Kurtz coincidía en The Skeptical Inquirer en que “algunas veces la mejor manera de refutar una afirmación [absurda] es mostrar lo estúpida que es, y hacerlo gráficamente». Sobra decir que estoy absolutamente de acuerdo en que en ocasiones conviene seguir la recomendación de Mencken.
Como cuento en la octava entrega de ¡Paparruchas!, mi columna en español en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), «he comprobado personalmente que no hay nada que moleste más a los homéopatas que los intentos de suicidio mediante la ingesta masiva de sus inocuos remedios. Homeópatas con los que he mantenido debates me han dicho en público y en privado que están hartos de que yo haga esas «payasadas»». Si argumentas en público el sinsentido de la homeopatía, sus practicantes entran en la discusión; si te tomas entre bromas un frasco de supuestos somníferos homeopáticos, se indignan y acaban perdiendo los papeles. La razón es muy sencilla: mientras que en el primer caso puede engatusar al personal con todo tipo de falacias, mentiras y medias verdades, hasta un niño tiene claro que una sobredosis de cualquier medicina es algo muy peligroso. Luego, si te metes entre pecho y espalda un carro de pastillas y no te pasa nada, no hace falta pararse a pensar: la homeopatía es un timo. Ha quedado demostrado. Punto final.
Lanzar más habitualmente bombas de humor contra la charlatanería es lo que propongo en “Carcajadas contra creencias”, artículo que se me ocurrió delante del siguiente panel de la exposición permanente sobre dinosaurios del Museo de Historia Natural de Londres. Espero que les guste.
Los dinosaurios desaparecieron porque se los llevaron los dinosaurios, según este panel humorístico del Museo de Historia Natural de Londres.