El platillo volante era una rueda de bicicleta con linternas

Fotogramas del vídeo en el que unos jubilados explican cómo fabricaron la nave espacial de Bélesta durante una aburrida tarde de sábado.Uno de los mantras sagrados de la ufología establece que el testigo jamás miente, aunque se trate de un aldeano analfabeto al cual los extraterrestres hayan tirado piedras y que sostenga que tras el encuentro en la tercera fase le ha salido un testículo de más. El caso es real: ocurrió en Los Villares (Jaén) en 1996 y lo investigaron Juan José Benítez, Iker Jiménez y Lorenzo Fernández, quienes podían haber comprobado muy sencillamente lo del testículo de más, pero no lo hicieron, no se sabe si por repelús o por esa confianza ciega que tienen en todo aquél que cuenta algo extraordinario. De vez en cuando, sin embargo, hay quien confiesa el engaño entre las filas de los que se las han colado a los investigadores de los paranormal.
Lo hicieron en 1991 Dave Chorley y Doug Bower, cuando contaron que habían confeccionado durante años círculos de las cosechas para disfrute de los cereálogos, que situaban el origen de los dibujos en otros mundos. Y hace unos días ha salido a la luz que uno de los ovnis de la oleada francesa de octubre de 1954 –el famoso platillo volante de Bélesta– fue, en realidad, una rueda de bicicleta con linternas acopladas que montaron unos adolescentes. Lo han explicado en la televisión el 25 de mayo los intachables y bromistas testigos, ya jubilados: Jean y André Sibra, Gerard Coléra, Rene Lagarde y Gerard Pibouleau. Fabricaron la nave espacial de Bélesta durante una aburrida tarde de sábado. «En los periódicos y en la radio sólo se hablaba de ovnis. Entonces pensamos: que quieren ovnis, ¡vamos a dárselos!».