Iruña-Veleia y la fusión fría: sospechosos parecidos

Los químicos Martin Fleischmann y Stanley Pons, de la Universidad de Utah, anunciaron el 23 de marzo de 1989, en una rueda de prensa, que habían conseguido energía mediante la fusión de átomos de deuterio a temperatura ambiente, algo parecido a lo que pasa dentro del Sol a 15 millones de grados centígrados y bajo una enorme presión. Era una promesa de energía barata, infinita y limpia, y todos los medios de comunicación recogieron el avance como una extraordinaria noticia. Sin embargo, no tardó mucho en demostrarse que todo era mentira. Los intentos de otros científicos por replicar el experimento de Fleischmann y Pons -algo básico en la ciencia- fracasaron, y la fusión fría pasó a la Historia como ejemplo de lo que ocurre cuando unos investigadores se olvidan del rigor y la cautela por conseguir titulares. Porque lo que Fleischmann y Pons tenían que haber hecho, antes de echar las campanas al vuelo, era enviar los resultados de su trabajo a una publicación científica y someterlos al análisis de sus colegas. Prefirieron, sin embargo, acudir a los medios de comunicación y acabaron haciendo el ridículo. ¿Pasará lo mismo con los extraordinarios grafitos hallados en la ciudad romana de Iruña-Veleia, en Álava?

Los arqueólogos trabajan en el yacimiento alavés de Iruña-Veleia. Foto: Iosu Onandia.

El arqueólogo Eliseo Gil y su equipo anunciaron en junio que habían encontrado, en el yacimiento de Iruña-Veleia, el primer Calvario y las primeros textos en euskera conocidos. Grabados sobre fragmentos de cerámica, databan de los siglos III y IV, e iban a obligar a reescribir los libros de texto. Cinco meses después, Joaquín Gorrochategui, catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad del País Vasco (UPV) y uno de los expertos que han estudiado las inscripciones en euskera, ha pedido a arqueólogos y lingüistas precaución. “Porque hay mucho en juego, tenemos que extremar todas las cautelas, cada uno en la disciplina cuyos métodos y contenidos mejor conoce, a fin de poder llegar, al final del proceso, a un convencimiento pleno sobre la autenticidad de los hallazgos y su aceptación por la comunidad científica. Pero aún estamos lejos de ello. Estas palabras quizá supongan un jarro de agua fría para el ardor de algunos y la ilusión de muchos, pero estimo que es lo correcto en estos momentos, en los que aún no tenemos todos los datos necesarios para llegar a la conclusión que se nos pide. Dicen que la fe es conveniente en la investigación científica, pero el método es imprescindible”, escribía el sábado en El Correo.

Una de las piezas con inscripciones de Iruña-Veleia.Gorrochategui hace hincapié en su artículo en la abundancia de inscripciones en euskera en el yacimiento alavés. “El primer fenómeno sorprendente es la misma atestiguación de tantos textos escritos en lengua vasca, no porque ello fuera imposible en este territorio y en esa época -como algunos estudiosos piensan con argumentos no carentes de peso-, sino porque constituiría un fenómeno aislado sin paralelos en otras ciudades de habla vasca segura -como St-Bertrand-de-Comminges, capital aquitana donde el hábito de la escritura estaba mucho más arraigado que aquí- y, algo importante, sin continuidad histórica en los siglos sucesivos. Una cantidad tan abundante de textos en el ámbito privado sugiere que el hábito de la escritura, un fenómeno nada natural en sí mismo, sino eminentemente cultural, estaba ampliamente difundido entre los habitantes vascófonos de la zona, cuya pérdida total en los siglos altomedievales sería difícil de explicar”, dice.

“Yo aún no estoy seguro de que eso sea auténtico. Pero, ojo, de la misma manera que reclamo que no se puede decir ahora que todo va a misa, por la recíproca no podemos decir que esto es falso. No creo que esto se vaya a dilatar, parece que de aquí al verano ya estará el informe definitivo”, afirma Gorrochategui en una entrevista concedida a la periodista Rosa Cancho, que se publicó ayer. Y manifiesta su extrañeza por el hecho de que algunas palabras de esa lengua vasca de hace dos milenios sean comprensibles hoy en día hasta para el lego. “Le pongo un ejemplo -indica a la entrevistadora-. Digamos que eso es vasco del siglo IV. Esos textos, si se los damos a un estudiante de euskera, alguien que no lo sabe como legua materna, los entiende. No es complicado. La prueba es, si a un polaco que aprende español le diéramos un texto español del siglo IV, que es el latín, ¿lo entendería tan rápidamente?”. A diferencia de otras lenguas, la vasca no habría prácticamente cambiado en 2.000 años.

Inseguridades

Fotografía del fragmento de cerámica con el supuesto primer Calvario.Las dudas de Gorrochategui son compartidas por Joseba Lakarra, catedrático de Filología Vasca de la UPV, y Juan José Larrea, profesor de Historia Medieval de la UPV, quienes firman hoy en El Correo un artículo en el que piden a los investigadores del yacimiento alavés que se atengan a las reglas de juego de la ciencia. “Sólo cuando el equipo de Veleia exponga en publicaciones especializadas y reuniones científicas los elementos de datación de que ha ido disponiendo para los graffiti; cuando publiquen el primer estudio y el primer corpus de inscripciones y de imágenes; cuando esto se someta a discusión por los especialista; entonces empezaremos a tener algunas seguridades”, advierten. Los autores destacan que, si realmente, estamos ante un Calvario del siglo III, se trataría “de la primera representación conocida de la crucifixión de Cristo hecha por un cristiano”, lo que situaría al País Vasco “en el corazón de la historia y de la investigación sobre la cultura, las ideas y las creencias de Occidente y del Mundo Antiguo”. “El equipo de Veleia -escriben Lakarra y Larrea- sabe que la iconografía cristiana que han presentado produce perplejidades en cadena, cuando no estupefacción”. Y añaden: “Si efectivamente hay escritas numerosas palabras, sintagmas y aun frases en la lengua que dará lugar al euskera -o en euskera-, y datan del Bajo Imperio (siglos III-V), de pronto se ha encendido una batería de focos en el campo de fútbol justo donde la oscuridad era absoluta”.

Joaquín Gorrochategui.Cabe esperar que, como apunta Gorrochategui, el asunto se aclare en unos meses. Antes, sería deseable que todos los expertos que quieran tengan acceso a las piezas para examinarlas directamente y eliminar cualquier género de duda sobre la conclusión final. Desde el primero momento, me sonó muy raro todo lo referente a los descubrimientos de junio y me recordó lo ocurrido hace diecisiete años con la fusión fría y, más aún, lo sucedido en 1990 con las pinturas rupestres de la cueva alavesa de Zubialde, presentadas como un extraordinario conjunto rupestre de hace 15.000 años y en las que el falsificador dejó restos de estropajo. En aquel entonces, la arqueología vasca salió malparada de la precipitación de algunos políticos por aparecer en los medios de comunicación; ahora, expertos como Gorrochategui, Lakarra y Larrea han roto el silencio académico para advertir de las irregularidades metodológicas e intrínsecas que han detectado en los extraordinarios hallazgos de Iruña-Veleia. Si las pruebas respaldan lo sostenido por Eliseo Gil y sus colaboradores, todo habrá quedado en un episodio de mala práctica científica por llevar a la prensa algo antes de haberlo presentado en las publicaciones especializadas. Si todo o parte es falso, Iruña-Veleia merecerá capítulo propio en la literatura sobre fraudes científicos, junto a la fusión fría, la memoria del agua, los rayos N y el hombre de Piltdown. Los descubrimientos del yacimiento alavés parecen demasiado buenos para ser ciertos, pero eso no quiere decir que no lo sean. Así pues, toca esperar.