¡Grazie, amici! ¡Grazie a tutti!

Algunos miembros del CICAP, en la sede de la organización, en Padua. Foto: L.A. Gámez.

El aeropuerto de Venecia era ayer por la mañana el más incrédulo del mundo. Estudiosos de lo paranormal de una veintena de países volvían a casa. Tomaban aviones con destino a los cinco continentes: Nueva York, Buenos Aires, Londres, Pekín, Bilbao, El Cairo, Montreal, Moscú, Palma de Mallorca… Después de tres días de convivencia, en el Quinto Congreso Escéptico Mundial, celebrado en Abano Terme(Italia), las fuerzas del movimiento racionalista se disolvían.

James Randi, en el aeropuerto de Venecia al término del congreso. Foto: L.A. Gámez.“¿Son ustedes escépticos?”, preguntaba un hombrecillo de barba blanca y sombrero a dos individuos que estaban frente a un ordenador conectado a Internet. “No”, respondían los aludidos. Y los tres se echaban a reír. El interrogador era el ilusionista James Randi, famoso investigador de lo paranormal y desenmascarador de charlatanes como Uri Geller. Los internautas, Alejandro J. Borgo, director de la revista Pensar, y el autor de estas líneas. Minutos antes, nos habíamos despedido de Barry Karr, director ejecutivo del Comité para la Investigación Científica de las Afirmaciones de lo Paranormal (CSICOP), y antes lo habíamos hecho de Paolo Zerbato, un colega de Palma de Mallorca con el que disfrutamos de la aventura italiana. Si todo va bien, nos reencontraremos en septiembre de 2005 en Bruselas, en el Duodécimo Congreso Escéptico Europeo, e igual un año después en Pekín, en el sexto encuentro mundial.

“Como Carl Sagan dijo, necesitamos una vela en la oscuridad. Somos un grupo de gente de todo el mundo comprometida con la Ilustración. Tenemos que mantener encendida la antorcha de la luz”, reclamó Paul Kurtz, presidente del CSICOP, en la sesión de clausura del congreso de Abano Terme. Minutos después, empezaron las despedidas en la pizzería Europa, donde habíamos cenado todos los días muchos de los participantes. La última noche, Borgo, Zerbato y yo compartimos mantel con el médico canadiense Jean Lette, un buen amigo al que dijimos adiós en la sobremesa. Luego, nos despedimos del mentalista irlandés Ian Rowland -que nos había deleitado con sus trucos desde el jueves- y de la escritora australiana Lynne Kelly. Tras la cena, y entre abrazos, dijimos arrivederci a Massimo Polidoro, alma máter del Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones de lo Paranormal (CICAP), con cuyos miembros del Véneto tuvimos el honor de posar para una foto.

La velada acabó en el mejor sitio posible, en el cuartel general de los escépticos italianos. La encantadora Paola de Gobbi hizo realidad uno de nuestros deseos y nos llevó en coche hasta la oficina del CICAP en Padua, donde bebimos champán y tuvimos una divertida conversación con algunos de los amigos que habían organizado el Quinto Congreso Escéptico Mundial. La existencia de ese local es la demostración viva del empuje y tesón de los socios del CICAP. Su biblioteca, llena de libros escépticos traducidos al italiano, nos deja en bastante mal lugar a los escépticos hispanohablantes.

Mentiría si no reconociera que envidio a nuestros colegas, su magnífica labor, su ilusión y la entrega de todos -desde la estrella televisiva y el científico de renombre hasta el úlitmo recién llegado- a una causa común. Mañana, daré una buena noticia para el escepticismo en los países de habla hispana; hoy he querido dedicar la primera reflexión sobre el congreso mundial a quienes han estado detrás de todo: a los miembros del CICAP, que se toman muy en serio su compromiso con la razón. Si a eso añadimos su simpatía y cariño, sólo cabe decir una cosa: ¡Grazie, amici! ¡Grazie a tutti!