Chapapote del ‘Prestige’ contra la costa de la razón

El crudo del Prestige ha hecho una buena faena a la primera crítica vertida en un medio de comunicación de masas a ese alarde de eurocentrismo y analfabetismo histórico que es Planeta encantado, la serie de Juan José Benítez que emite Televisión Española (TVE) y que ha costado más de 8 millones de euros. Javier Armentia, director del Planetario de Pamplona y miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, publicó el 12 de noviembre, en el suplemento Territorios del diario bilbaíno El Correo, un artículo titulado El negocio de la pseudohistoria. Leída en el periódico seguramente por miles de personas, esa reflexión vio limitado su impacto en Internet por el primer aniversario de la catastrofe ecológica, que llevó a numerosos usuarios de Blogalia -pasó lo mismo en otros sitios, pero es en este servicio creado por Víctor R. Ruiz donde Armentia aloja Por la boca muere el pez– a inundar sus blogs de gritos de “Nunca Máis” y de lamentos por lo que ocurrió en las costas gallegas en noviembre de 2002.

Por desgracia, el artículo del astrofísico, que tiene los ingredientes para dar pie a un interesante debate, pasó casi desapercibido en medio de la marea negra. Recuerda Armentia, entre otras cosas, que el desinterés de los historiadores por desmanes como los del autor de Caballo de Troya no es algo nuevo. Y cita, como ejemplo, el acceso a la dirección de la antes respetable Revista de Arqueología del pseudohistoriador Nacho Ares. “Desde entonces -escribe-, entre los artículos divulgativos han comenzado a aparecer textos sorprendentes en una revista en cuyo consejo editorial permanecían importantes investigadores académicos. Sin que ninguno de ellos hiciera nada… ¿Inercia o simplemente desconocimiento?”. En el caso de Revista de Arqueología, pudo haber de lo segundo en un principio; pero resulta difícil de creer que quienes otras veces han puesto el grito en el cielo, justificadamente, por la manipulación que los políticos hacen de la Historia ignoren ahora la existencia de una serie llena de falsedades que ve más de un millón de españoles. ¿Dónde están los historiadores cuando la sociedad necesita su guía?