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“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, alerta una gurú de la autoayuda en ‘La Vanguardia’

“No respirar bien nos puede provocar cáncer”, sentenciaba Maria Àngels Farreny ayer en La Vanguardia. Vivimos en una sociedad en la cual proliferan los gurús, y Farreny es uno de ellos. Experiodista, se gana la vida como entrenadora personal de respiración, meditación y liderazgo. Su negocio consiste en vender cursos, entre ellos uno de 70 horas en el que dice que enseña a respirar, titulado La ciencia del control del ritmo respiratorio/cardiaco y postural. Cuesta 650 euros, se publicita como “homologado por el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña” y lo imparten ella y la actriz Miriam Marcet, su socia en Natura Respira 3.0: Escuela Europea de Respiración. ¿Que usted ya sabe respirar?, ¿que lo hace inconscientemente? Es lo que se cree, pero no es verdad y no sabe lo que se está jugando.

“Con una buena respiración y una buena postura corporal, porque tienen que ir ambos ligados, puedes prevenirlo prácticamente todo. La mayoría de enfermedades vienen provocadas por una falta de oxígeno, y hay que recordar que el cuerpo humano está formado por un 85% de agua. Si coges agua, la estancas durante tres o cuatro días y no está oxigenada, ¿qué sucede? Se pudre. Respirar quiere decir vivir, lo repetiré las veces que haga falta”, dice Farreny en la entrevista que le hacen en el diario barcelonés. Vale, todos sabemos que, si no respiras, te mueres. Para ser conscientes de eso, no hace falta ningún gurú. Pero respirar bien no previene “prácticamente todo”, la mayoría de las enfermedades no están provocadas por una falta de oxígeno y comparar el cuerpo humano con un estanque de agua es de un charlatanesco que da miedo.

“Lo del estancamiento del agua podrida supera mis capacidades de comprensión -reconoce José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco-. En cualquier caso, habría que recordar a estos señores que lo que todos entendemos por agua oxigenada, el peróxido de hidrógeno, es un tóxico potentísimo. Y, si se refieren al oxígeno disuelto en el agua, la cantidad es muy pequeña e irrelevante en condiciones normales: respirando aire atmosférico y con el cuerpo a los 37º C de rigor. Porque el oxígeno no viaja en la sangre unido al agua del plasma sanguíneo, sino unido a la hemoglobina en el interior de los eritrocitos -o hematíes o glóbulos rojos-, y la hemoglobina, cuando la sangre abandona los pulmones, está saturada de oxígeno. En reposo, la cantidad de oxígeno en la sangre varía entre una saturación de casi el 100% cuando deja los pulmones a una saturación de alrededor del 75%-80% cuando vuelve a ellos (la famosa sangre sin oxígeno que nos venden los gurús). Aumentar en reposo la intensidad respiratoria no consigue aumentar la cantidad de oxígeno en la sangre, porque ya está saturada. Todo esto, claro, en condiciones fisiológicas normales. En caso de enfermedad, los valores pueden variar mucho, pero por causa del mal”.

Nobel inventado

Parte de la entrevista a Maria Àngels Farreny publicada en 'La Vanguardia'.Farreny acaba de publicar con su socia el libro Dime cómo respiras y te diré cómo vives. Explican en él “cómo transformar una situación negativa en una situación positiva a partir de una buena praxis respiratoria y postural”. “Respirar conscientemente es vivir conscientemente. No habría tantos accidentes ni enfermedades, ni cosas raras; iríamos más felices por la vida, ofreciendo sonrisas a desconocidos”, asegura en La Vanguardia. E intenta convencer al periodista: “Te daré un dato: sólo utilizamos un 10% de nuestra capacidad pulmonar. ¡Un 10%!”. No siempre ha sido así, explica. “Si te fijas en la barriga de un bebé verás que sube y baja, esto quiere decir que hace las inspiraciones completas. A medida que nos vamos haciendo mayores, nos van bombardeando con el «esto no se dice», «esto no se hace» y «esto no se toca», y nos vamos conteniendo”.  ¿Hay que sumar el mito del 10% de la capacidad pulmonar al de que usamos sólo el 10% del cerebro?

“Curiosamente, es verdad en cierta manera -advierte el fisiólogo y miembro del Círculo Escéptico-. En cada ciclo respiratorio en reposo, se sustituye con la atmósfera aproximadamente el 10% de la capacidad pulmonar total (una tercera parte de ese 10%, a su vez, se queda en el espacio muerto anatómico, donde no se produce intercambio de gases con la sangre). La razón de esto es que permanezcan constantes las concentraciones de oxígeno y dióxido de carbono en el interior de los alveolos (en el gas alveolar), un factor fundamental para el mantenimiento de las concentraciones de estos gases en la sangre. Pero los pulmones están siempre llenos de gas (el caso contrario, se debe a un neumotórax, que es siempre patológico). Con las inspiraciones forzadas, seguidas de espiraciones forzadas, consigues intercambiar más cantidad de aire del interior de los pulmones, cosa que haces durante el ejercicio intenso porque las demandas de oxígeno aumentan. Si en reposo haces inspiraciones y espiraciones forzadas continuadas, vas a ver que muy pronto no puedes continuar, porque, si bien aumentas la concentración de oxígeno en el gas alveolar (algo irrelevante, como puedes deducir de lo dicho más arriba), reduces sustancialmente la concentración de dióxido de carbono y esto frena de inmediato la respiración forzada. Además, algunas personas, si hacen una serie larga de respiraciones forzadas, pueden sufrir un ataque epiléptico”. Ah, y los bebés no son diferentes a los adultos en lo que a la respiración se refiere.

En su afán por rodearse de un halo científico, la experiodista saca a relucir a un Nobel. “Muchas enfermedades, tanto físicas como psíquicas, están relacionadas con la falta de oxígeno. Otto Warburg, recibió dos premios Nobel en los años 30 por descubrir la relación que hay entre cáncer y oxígeno”. Ni lo uno ni lo otro. El fisiólogo alemán no ganó dos veces el Nobel, sino una, en 1931. Y no le premiaron por hallar “la relación que hay entre cáncer y oxígeno”, sino “por su descubrimiento de la naturaleza y el modo de acción de la enzima respiratoria” . Es cierto que Warburg sostuvo hasta su muerte en 1970 que “la sustitución de la respiración de oxígeno [por parte de la célula] por la fermentación es la causa del cáncer”, pero ni le premiaron por plantearlo ni concuerda con lo que sabe la ciencia del siglo XXI. “Todo Nobel que se precie ha dicho más tonterías de las necesarias. Pero confundir la respiración celular -las reacciones bioquímicas en las mitocondrias de las que se obtiene energía con la unión final del oxígeno al hidrógeno para formar agua- con la ventilación pulmonar -nombre fisiológico de lo que vulgarmente se llama respiración- es un error de aficionado”, indica Pérez Cobo.

“¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”

“No existen los problemas, sino las soluciones: búsquelas. Si respiras y te colocas bien, imbuyes vida al cuerpo. Si uno quiere, puede; no importa todo lo que tenga en contra; puede”, declaraba Farreny hace un año a El Periódico. Autoayuda pura y dura que la experiodista ha conseguido que respalde la Generalitat, al homologar su curso. “Pretendemos que las sencillas y poderosas técnicas de La ciencia del control del ritmo respiratorio se incluyan en los planes de estudio, desde Primaria hasta Formación Profesional. Y la aportación final es la creación de un posgrado para una nueva profesión: entrenador personal de respiración y consciencia”. ¿Y quién formará a esos especialistas? Su organización, claro, previa superación, y pago, de su curso y después de estudiar otros dos años más a un precio que no se revela.

Farreny vio la luz hace años en un viaje a Poona (India), donde dice que se formó “en técnicas corporales como cráneo-sacral, tantra y respiración consciente”, a través de las cuales aprendió “a re-conocer su cuerpo y a tener conciencia de su respiración, reconectando, a partir de sus propias experiencias vitales y sensoriales, cuerpo, mente y espíritu”. Mística oriental para sacar los cuartos a los occidentales a quienes sobra el dinero. “No hay mejor manera de respirar de forma inadecuada que empeñarse en pensar en cómo respiras -advierte Pérez Cobo-. ¡Déjate llevar, que el cuerpo es muy sano! ¡Ya está bien de tonterías yóguicas!”.

Elevar a titular la idea de que “no respirar bien nos puede provocar cáncer” es, además de dar pábulo a la anticiencia, trasladar a los enfermos oncológicos la culpa de su enfermedad, algo muy propio de ciertos practicantes de la medicina alternativa y una indecencia. “Si sufres un cáncer de pulmón, no se debe a que has respirado mal toda la vida”, concluye el científico y divulgador vasco.

‘Diario Médico’ alerta de que la homeopatía es placebo y pide al Gobierno que no confunda a la población

“La homeopatía, un placebo demasiado caro”, titula hoy Diario Médico un editorial en el cual advierte de que esta pseudomedicina no ha demostrado nunca efectividad alguna y pide que eso quede claro en la información de sus productos. La definición de medicamento “es un esquema bastante amplio, pero en el que hoy por hoy no cabe la homeopatía. Basta con darse una vuelta por las bases de datos científicas para comprobar la inexistencia de estudios que la avalen, salvo los promovidos por los propios fabricantes y publicados en revistas alternativas de dudoso rigor”, sentencia el texto.

Inicio del editorial que 'Diario Médico' dedicado a la homeopatía.El editorial destaca que esta práctica ha sobrevivido “entre la defensa apasionada de unos pocos médicos y farmacéuticos, y sus pacientes, y el escepticismo de la mayoría de los profesionales sanitarios”. Es de agradecer que Diario Médico recalque que el apoyo a esta pseudoterapia entre los profesionales de la salud es minoritario, algo que debería tener presente todo periodista. Y la sitúa, acertadamente, entre las terapias fideístas, “en las que sólo importa la capacidad de autosugestión para conseguir una aparente curación o alivio”.

Diario Médico considera “poco afortunadas y bastante confusas” las declaraciones de Belén Crespo, farmacéutica y directora de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS), a El Mundo y El País, y pide al Gobierno central que la ordenación del mercado homeopático se haga “con mucho cuidado para no confundir aún más a la población. Sus certificados [se refiere a los de los remedios de esta industria] deberían indicar con claridad efectos e indicaciones de estos productos, si es que tienen alguno, y alertar de que, por ejemplo, no pueden sustituir a las vacunas. En supuestos como éste algo inocuo puede resultar peligroso”. En esa línea, les recuerdo que el Círculo Escéptico va a presentar alegaciones al proyecto de orden ministerial de regularización de los productos homeopáticos para exigir que en la norma prime la protección al consumidor frente a los intereses de la industria del sector.

¿Cómo encaja este duro editorial con que Diario Médico haya organizado para febrero una jornada sobre mercadotecnia farmacéutica con Boiron como ponente? Muy fácil. Una redacción no suele organizar actos. Esa tarea recae en otros departamentos de la empresa que, aunque deberían, no siempre tienen clara la línea editorial. Sospeché que algo así había ocurrido en este caso, y el editorial de hoy lo confirma. Me alegra porque Diario Médico sigue estando donde yo creía que estaba, con la ciencia y la medicina basada en la evidencia. Lean el editorial: merece la pena por claro, conciso y contundente.

‘Diario médico’ organiza una jornada sobre ‘marketing’ farmacéutico con Boiron como ponente

Diario Médico, cabecera de referencia en el ámbito medico sanitario español, ha invitado a Laboratorios Boiron a participar como ponente en la jornada Últimas tendencias en ‘marketing’ farmacéutico, que se celebrará el 11 de febrero en el Auditorio Unidad Editorial y en el que la inscripción cuesta 950 euros + IVA (808 euros + IVA si uno se apunta antes del 17 de enero). Es cierto que en la multinacional francesa dominan la mercadotecnia como pocos -ganan millones con la venta de agua y azúcar a precios escandalosos-, pero lo que promocionan y comercializan no tiene nada que ver con la farmacia, “la ciencia y práctica de la preparación, conservación, presentación y dispensación de medicamentos”. Porque los productos de Boiron son tan medicamentos como de prestigiosas marcas suizas los relojes de la teletienda.

Portada del programa de la segunda edición de la jornada 'Últimas tendencias en 'marketing farmacéutico'.En los dos siglos pasados desde que Samuel Hahnemann estableció los principios de la homeopatía, ninguno de sus remedios ha demostrado su efectividad en ensayos clínicos, y todos los estudios científicos han concluido que sus efectos se reducen a los del placebo. Pero el poderoso grupo de presión homeopático consiguió sacar adelante en Europa la Directiva 2001/83/CE, que exime a sus productos de demostrar efectividad alguna, y ahora el Gobierno de Madrid -que durante dos décadas ha permitido la venta de esos falsos remedios sin la preceptiva autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS)– va a regularizar cientos de compuestos homeopáticos con una multimillonaria rebaja de las tasas a sus fabricantes. Dinero escamoteado a todos los españoles en beneficio de las multinacionales del sector. Tanto en Bruselas como en Madrid se ha legislado, en este caso, a favor de los fabricantes de productos milagro y en contra de los consumidores, indefensos ante unos compuestos tan inútiles como el crecepelo del buhonero de las películas del Oeste, pero de venta en farmacias y recetados por médicos.

Al invitar a Laboratorios Boiron a la jornada sobre mercadotecnia farmacéutica, Diario Médico pierde credibilidad. Y la multinacional francesa dedicada a la comercialización de agua y azúcar como si fueran medicamentos tiene la oportunidad de disfrazarse de empresa farmacéutica, algo que no es ni ha sido nunca. Esther Polo, e-business manager de Boiron en España, venderá a los asistentes al encuentro madrileño su moto en una intervención titulada “Caso práctico: cómo aterrizar un proyecto de customer experience y social media desde un enfoque 360º y optimizando al máximo la inversión. La voz de Boiron”. Si yo fuera el representante de una compañía farmacéutica de verdad, consideraría un insulto compartir escenario de igual a igual con un vendedor de pócimas mágicas.

Debate entre un homeópata y un escéptico, en Radio Nacional de España

Antonio Marqués, vicepresidente para España de la Liga Médico Homeopática Internacional, José Antonio García, David Sierra y yo hablamos ayer en Esto me suena. Las tardes del ciudadano García, en Radio Nacional de España, sobre la regulación del comercio homeopático.

Un remedio homeopático es tan curativo como el agua bendita, pero puede ser mortal, ministra Mato

La homeopatía es una estafa al consumidor. Así lo reconoció, indirectamente, un grupo de expertos elegido por el Ministerio de Sanidad en un informe, hecho público en diciembre de 2011, al concluir que “no ha probado definitivamente su eficacia en ninguna indicación o situación clínica concreta, los resultados de los ensayos clínicos disponibles son muy contradictorios y resulta difícil interpretar que los resultados favorables encontrados en algunos ensayos sean diferenciables del efecto placebo”. Es decir, ante la enfermedad, un preparado homeopático es tan efectivo como el agua bendita, como el “cura sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana” que suelen cantar las madres a sus hijos cuando lloran tras una caída o un golpe sin consecuencias.

A esa misma conclusión han llegado en los últimos años todos los comités científicos que han examinado la eficacia de esta pseudoterapia. La Asociación Médica Británica ha dicho que la homeopatía “es brujería”; el Comité de Ciencia y Tecnología de la Cámara de los Comunes considera que “no existe ninguna prueba de que funcione más allá del placebo”; e Ichiro Kanazawa, presidente del Consejo Científico de Japón (SCJ), sostiene que su capacidad terapéutica “ha sido científica y concluyentemente refutada”.  El 27 de agosto de 2005, The Lancet lamentaba en un editorial que, “cuanto más se diluyen las pruebas en favor de la homeopatía, mayor parece ser su popularidad”. La prestigiosa revista médica publicaba aquel día un trabajo según el cual la efectividad de esta práctica se basa únicamente en el efecto placebo y sentenciaba que había llegado el momento de dejar de perder tiempo y dinero en más estudios para validarla: “Ahora, los médicos tienen que ser valientes y honestos con sus pacientes acerca de la ausencia de beneficios de la homeopatía, y consigo mismos acerca de los fallos de la medicina moderna a la hora de cubrir la necesidad del paciente de atención personalizada”.

Ocho años después y a pesar de la abrumadora evidencia en contra de esta pseudoterapia, el Gobierno de Mariano Rajoy prepara una bendición legal del timo homeopático, cabe suponer que presionado por los laboratorios del sector y por los colectivos de farmacéuticos y médicos, además de por su necesidad de sacar dinero de debajo de las piedras. El Ministerio de Sanidad de Ana Mato está dando los últimos toques a un proyecto de orden ministerial para dar el permiso definitivo a miles de preparados homeopáticos que, para comercializarse, sólo tendrán que demostrar que son seguros; no que sirvan para tratar patología alguna, como un medicamento de verdad. A cambio de eso, el Estado ingresará millones en tasas en el mejor de los casos, aunque todo hace temer que el Gobierno del PP -¡vaya usted a saber por qué!- aplicará una generosa rebaja a las multinacionales del sector, que durante casi veinte años han incumplido la ley, sobre lo que en realidad tendrían que pagar.

Porque todos los productos homeopáticos de venta en las farmacias de nuestro país -menos doce que la consiguieron el año pasado- carecen de una autorización de la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) que debían tener desde 1994. El Real Decreto 2208/1994 estableció que “la autorización de los medicamentos homeopáticos de uso humano es condición previa a su comercialización” y que los que estaban a la venta antes de noviembre de 1994 tenían seis meses desde la entrada en vigor de esa norma para solicitar la autorización y poder comercializarse. Ninguno la solicitó hasta que doce lo hicieron el año pasado, y la Administración -tan inmisericorde habitualmente con el ciudadano de a pie- ha hecho durante casi dos décadas la vista gorda ante esa ilegalidad.

La homeopatía es nada

Los principios fundamentales de la homeopatía, establecidos por Samuel Hahnemann hace dos siglos, son que una sustancia que provoca los mismos síntomas que una enfermedad puede curarlos y que, cuanto más pequeña es la dosis de una sustancia, mayores son sus efectos. Esas falsedades se traducen en unos preparados tan diluidos que no queda en ellos ni una molécula de principio activo, como demostramos en Escépticos al analizar un supuesto somnífero homeopático con la tecnología más avanzada, y una muy rentable industria de venta de agua y pastillas de azúcar a precio de oro. Para defender la capacidad curativa de sus productos, los homeópatas recurren a la inexistente memoria del agua y hasta a la física cuántica. Sin embargo, la evidencia y el conocimiento científicos han dejado claro que la homeopatía no funciona más allá del placebo, a pesar de lo cual amparan su práctica tanto los colegios de médicos y farmacéuticos -que demuestran así que su único objetivo es favorecer el negocio de sus asociados- como todos los partidos políticos que han tenido responsabilidades de gobierno en el conjunto de España y en sus comunidades autónomas, que no han hecho nada por defender a la población de lo que no son sino productos milagro.

Preparados homeopáticos. Foto: Wikidudeman.La preparación de un producto homeopático empieza con un ingrediente que se disuelve en 99 partes de agua, alcohol o lactosa (1 CH o centesimal hahnemaniano, llamado así por el inventor de la homeopatía). Luego, se toma una parte de esa primera dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente elegido (2 CH); seguidamente, se toma una parte de esa segunda dilución y se mezcla con otras 99 del disolvente (3 CH); y así, sucesivamente. Cada una de esas mezclas va seguida de una sacudida mágica y hay productos de venta en farmacias con diluciones de cientos de CH. A los homeópatas no les importa que, según las leyes de la química, por encima de los 12 CH ya no pueda haber ni una molécula de sustancia activa en un preparado. Para ellos, eso no es problema

La mejor prueba para el ciudadano de a pie de que los productos homeopáticos no son fármacos es su ingesta masiva. Todos sabemos desde pequeños que una sobredosis de cualquier medicamento puede tener graves, y hasta fatales, consecuencias. Con la homeopatía no pasa eso: me he suicidado varias veces ingiriendo sobredosis de somníferos homeopáticos, y aquí estoy. ¿Cómo así? Porque cualquier preparado  homeopático no es más que azúcar y agua y, por consiguiente, no tiene más efecto directo que el trasvase de dinero del bolsillo del incauto al del pseudomédico, al del farmacéutico y, en última instancia, al del accionista del laboratorio homeopático de turno. Los practicantes de este pseudomedicina aducen que el agua tiene memoria y que, aunque no haya en ella ni una molécula de principio activo, recuerda aquél con el que le han puesto en contacto. Es algo tan estúpido que da risa, pero hay gente que se lo cree. Una molécula de agua, durante su muy larga vida, pasa por intestinos varios, limpios arroyos, cloacas, depósitos tóxicos… Los homeópatas sostienen que, cuando tomamos uno de sus productos, sólo recuerda lo que ellos quieren y no todo lo demás. ¿Cómo sabe el agua lo que tiene que recordar? ¿Es que, además de tener memoria, es inteligente?

La homeopatía mata

El efecto indirecto de la homeopatía puede, lamentablemente, ser mortal. Al venderse como efectiva contra enfermedades, puede generar en el paciente la sensación de que está poniendo remedio a su problema de salud y no necesita la siempre más incómoda medicina convencional. Las consecuencias pueden ser trágicas. Así, las autoridades de Calgary (Canadá) acaban de acusar a una madre de neglicencia por la muerte de su hijo de 7 años de una infección al optar por tratarle con homeopatía en vez de ir al médico y que le recetara antibióticos. Y, en general, la mal llamada medicina alternativa mata bebés en todo el mundo continuamente. Los homeópatas más prudentes se refieren a su disciplina como una terapia complementaria y animan al paciente a no abandonar el tratamiento convencional, sino a sumar a ésta la homeopatía. Una trampa con la que ganar clientela. La homeopatía nunca ha demostrado curar una enfermedad real y, al publicitarse como complemento, se blinda. Si el paciente se cura, el homeópata se apunta el tanto, aunque la sanación haya sido obra de la medicina científica; si el paciente no sale adelante, la culpa es de la medicina convencional. Cara, gano yo; cruz, pierdes tú. La realidad es que la homeopatía contribuye tanto a la sanación de un enfermo tratado con medicina de verdad como la bendición con agua bendita de un barco a que éste no se hunda.

La regulación del mercado homeopático por el Ejecutivo de Rajoy será vista por muchos como un visto bueno a esta práctica, cuando en el fondo debería interpretarse del mismo modo que la del mercado del tabaco. Evidentemente, nadie cree que el tabaco cure nada, pero es que no se vende en farmacias ni lo recetan médicos. La homeopatía no mata directamente porque es nada, pero hay numerosos casos de gente que, por indicación de un médico alternativo en el que confían, ha sufrido graves consecuencias. Hace casi dos años, por ejemplo, un hipertenso vizcaíno ingresó en Urgencias de un hospital aquejado de una crisis hipertensiva por seguir los consejos de su homeópata, un médico colegiado, que le retiró el tratamiento convencional en favor del remedio mágico de turno.

Al bendecir legalmente una pseudoterapia regulando sus preparados -no los llamen medicamentos porque no curan nada-, el Gobierno pone en peligro la salud de mucha gente que desconoce lo que es la homeopatía. Si realmente quiere prestar un servicio a la ciudadanía, el Ministerio de Sanidad lo tiene fácil: que permita la venta en farmacias de aquéllos productos homeopáticos que demuestren su eficacia en los pertinentes ensayos clínicos y que el resto no pueda comercializarse en esos establecimientos ni presentarse como medicamentos e incluya en su empaquetado una leyenda que diga: “La eficacia de este producto no está demostrada científicamente”. Esto último reclamaba hace más de un año una petición ya cerrada en Change.org, donde esta tarde acabo de firmar, más por militancia que por creer que vaya a servir para algo, otra que solicita que se “exijan pruebas de eficacia de productos homeopáticos para su comercialización como medicamento”. A fin de cuentas, si no prueba su eficacia curativa en los preceptivos ensayos clínicos, algo compuesto por agua y azúcar no es más que una chuche y, que yo sepa, las chuches no se venden en farmacias.