Joaquín María Argamasilla

Argamasilla contra Houdini

Houdini con Argamasilla, en Nueva York en 1924.Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elio alardeaba, antes que Superman, de tener visión de rayos X. Su padre, Joaquín Argamasilla de la Cerda y Bayona, décimo marqués de Santa Cara y pilar del carlismo navarro, presidía hace cien años la Sociedad Española de Estudios Metapsíquicos. En noviembre de 1922, había descubierto que su hijo podía leer trozos de papel impresos y manuscritos metidos en una caja metálica y había bautizado esa nueva facultad humana como metasomoscopia. Así lo contaba en El Imparcial, el 16 de febrero de 1923, el ingeniero y amigo de la familia Joaquín Menéndez Ormaza:

Un buen amigo mío, rico, titulado, cultísimo y escritor notable, me habló hace un par de meses de cómo había observado en un hijo suyo, mozo de 17 años, con motivo de sus partidas familiares de tresillo, la extraordinaria e incomprensible facilidad para conocer algunas veces (no siempre) las cartas del juego por transparencia, según afirmaba. No hice caso de tales fantasías ni cuando me refirió otras habilidades realizadas posteriormente por su hijo. Últimamente, con ponderaciones que yo atribuí al amor paternal, me aseguró mi amigo que su hijo leía con pasmosa facilidad escritos para él totalmente desconocidos y encerrados en una caja metálica. Del escepticismo sistemático a la candidez hay un término medio, una posición tan incómoda como inquietante: la de dudar y sonreír con cierto aire de superioridad…

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Argamasilla, el español con visión de rayos X

Ilustración: Iker Ayestarán.Antes que Superman, hubo un noble español con visión de rayos X. Se llamaba Joaquín María Argamasilla de la Cerda y Elio, y viajó a Nueva York en los años 20 del siglo pasado para demostrar sus poderes ante el ilusionista Harry Houdini. “Ha venido a este país a convencer a los científicos de que puede ver a través del oro, la plata, el cobre y otros metales, e hizo su primera demostración antes de una reunión ayer en el hotel Pennsylvania”, decía el 7 de mayo de 1924 The New York Times en su tercera página. Houdini no creía que el español, de 19 años, tuviera “visión supranormal”.

Joaquín Argamasilla nació en Madrid el 4 de abril de 1905 y murió en 1985. Cuando se revelaron sus habilidades sobrenaturales, su padre, el décimo marqués de Santa Cara, presidía la Sociedad Española de Estudios Metapsíquicos, que era como se llamaba entonces a la parapsicología. Según Houdini, el joven llegó a Estados Unidos con cartas de presentación del Nobel de Medicina francés Charles Richet -quien había acuñado el término metapsíquica-, del investigador psíquico galo Gustav Geley y de destacados científicos españoles que aseguraban que Argamasilla “había superado todas las pruebas y había demostrado concluyentemente a su satisfacción que podía leer a través de metal”.

Tras la muerte de su madre en 1913, el mago estadounidense se había volcado en el desenmascaramiento de médiums y dotados de poderes paranormales. Acudía a sesiones espiritistas y a actuaciones de psíquicos para descubrir los trucos con los que engañaban a la gente. Houdini narra sus peripecias en ese mundillo en libros como Miracle mongers and their methods (Los traficantes de milagros y sus métodos, 1920) y A magician among the spirits (Un mago entre los espíritus, 1924). Esa afición, que luego han seguido otros ilusionistas, acabó con la amistad que le unía a Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes y devoto del espiritismo.

Mirando por la rendija

Las habilidades de Argamasilla, quien con el tiempo se convertiría en undécimo marqués de Santa Cara y director general de Cinematografía y Teatro (1952-1955), se limitaban a acertar con los ojos vendados la hora que marcaban las manecillas de un reloj de bolsillo con tapa y lo escrito en un papel metido en una caja de metal. Decía que su visión de rayos X funcionaba siempre que el metal no estuviera pintado.

El joven salía de la habitación, los experimentadores metían un papel en la caja o movían las agujas del reloj, el psíquico regresaba, se vendaba los ojos, tomaba la caja o el reloj entre las manos y adivinaba lo escrito o la hora. Fue un fenómeno hasta que Houdini se puso manos a la obra. Sabía que uno puede vendarse los ojos de tal modo que siga viendo -es un arte que dominan los magos- y pilló a Argamasilla abriendo subrepticiamente la tapa de un reloj y echando una mirada dentro sin que nadie se enterara. Comprobó, además, que el truco de la caja sólo le salía si lo hacía con dos de su propiedad que le permitían echar un vistazo al interior por la holgura del cierre. Houdini explicó las artimañas del noble psíquico español en un librito y acabó con su carrera paranormal.

Publicado originalmente en el diario El Correo.