Juan José Benítez

Prudencio Muguruza dice que contará en un libro la verdad sobre la leyenda de Ochate: ¿toda la verdad?

Prudencio Muguruza, a quien muchos consideramos el inventor de la leyenda de Ochate, adelantó el jueves a Luis Miguel Ortega Gil, miembro del Círculo Escéptico, que contará la verdadera historia del pueblo maldito en un libro que publicará a finales de año. Los dos coincidieron en un debate en Ni Más Ni Menos, programa de sobremesa de ETB 2, sobre lo que hay de verdad y de mentira en el misterio del pueblo del Condado de Treviño (Burgos), y Luis Miguel puso las cosas en su justo término.

La primera vez que se habló del enigma de Ochate fue en un reportaje firmado por Muguruza en la revista Mundo Desconocido en abril de 1982. Nuestro protagonista había irrumpido pocos meses antes en el panorama paranormal español con una foto de una nube en Aguillo que él y el ufólogo Juan José Benítez tomaron por una nave extraterrestre. El ovni fue portada de Mundo Desconocido en enero de 1982 y Muguruza, en aquel entonces conserje de una caja de ahorros alavesa, vendió el negativo por 500.000 pesetas (3.000 euros) a un industrial que hizo pósteres con la imagen. En sólo tres meses, pasó de testigo de un caso ovni a autor de un reportaje sobre un pueblo maldito en la principal revista esotérica de la época.

En “Luces en la puerta secreta”, como titulaba el texto sobre Ochate, Muguruza contaba que el pueblo sufrió en 1860 el azote de la viruela; en 1864, el del tifus; y el cólera mató en 1870 a todos sus habitantes menos a tres, que huyeron de la aldea. Desde entonces, según el exempleado de banca, allí ocurrían cosas extrañas. Es lo que todavía sostienen videntes, ufólogos y parapsicólogos que acuden al lugar a grabar psicofonías. Sin embargo, no hay ninguna prueba de que Ochate sufriera las epidemias citadas por Muguruza en Mundo Desconocido y por Iker Jiménez en su libro Enigmas sin resolver (1999) y en Cuarto Milenio.

Los documentos sobre los que se basa el misterio de este pueblo burgalés, y que Muguruza dice haber consultado, no existen. No lo digo yo; lo llevan diciendo los historiadores desde que el presunto enigma surgió de la nada en la revista Mundo Desconocido. Y hay constancia de que la aldea estuvo habitada hasta que, bien entrado el siglo XX, se despobló como otros tantos núcleos rurales españoles. Treinta años después del nacimiento de la leyenda negra de Ochate, Muguruza, que ahora se gana la vida echando las cartas, dice que va a contar la verdad. ¡Ojalá sea toda la verdad, que ya es hora!

¿Quién quiere un ejemplar del libro ‘Bases de ovnis en la Tierra’?

'Bases de ovnis en la Tierra', de Javier Esteban.Dicen que es difícil de conseguir. No lo sé. Yo tengo, en mi biblioteca, varios ejemplares de Bases de ovnis en la Tierra (1979), el libro de Douglas O’Brien -pseudónimo de Javier Esteban- que narra las andanzas de un supuesto espía de la CIA en España tras los platillos volantes. Es una novela y, al mismo tiempo, un clásico de la ufología española que dejó claro el rigor de algunos periodistas del misterio. A principios de los años 80 del siglo pasado, Juan José Benítez y Bruno Cardeñosa, entre otros, mantuvieron reuniones en persona con Esteban dando por hecho que hablaban con un agente de la CIA y algunas de las historias que les contó mientras por dentro se moría de risa acabaron en periódicos, revistas esotéricas y libros sobre platillos volantes. El ufólogo Francisco Padrón publicó en la prensa canaria una de sus historias como si fuera un caso real y, ¡sorpresa!, hasta fue capaz de encontrar testigos de los hechos de la novela.

Regalaré uno de mis ejemplares de Bases de ovnis en la Tierra al autor de la mejor crítica -mejor escrita y razonada; no tiene porque ser elogiosa- de mi libro La cara oculta del misterio. El texto deberá tener un máximo de 4.000 caracteres con espacios, incluirá la ficha del libro y tendrá que haberse publicado en un blog antes del 1 de noviembre. Los autores que deseen participar en el concurso deberán mandar un mensaje de correo a la dirección de contacto que figura en la columna de la derecha, indicando dónde puede leerse su crítica. El jurado estará formado por quienes me ayudaron a elaborar el libro y por mí, y el fallo será inapelable, pudiéndose declarar el premio desierto si ningún original tiene un mínimo de calidad. Correré con los gastos de envío del libro en territorio español, pero, si el ganador es de otro país, tendrá que hacerse él cargo de los mismos. Si no pudiera o no quisiera, el libro iría a parar al siguiente clasificado. El ganador se dará a conocer aquí antes de finales de noviembre.

Ovnis: con una prueba basta

Juan José Benítez, en una imagen de 1996. Foto: Efe.“Los ovnis existen. Hay millones de pruebas”, sentencia Juan José Benítez en una reciente entrevista. Es lo mismo que decía hace treinta años y sigue haciendo gala de la misma impotencia que entonces a la hora de demostrar que es más que un titular. Porque Benítez es incapaz de presentar una sola prueba a favor de la existencia de los ovnis. Y, que quede claro: cuando él habla de ovnis se refiere a naves extraterrestres con bicho dentro, no a los neutros objetos volantes no identificados.

El autor de Caballo de Troya nunca se ha andado con medias tintas: los platillos volantes son para él ingenios de otros mundos desde que, a mediados de los años 70, se convirtió en el mejor publicista de las trolas de los miembros del Instituto Peruano de relaciones Interplanetarias (IPRI) con su libro Ovnis: SOS a la Humanidad. Y es que, el 7 de septiembre de 1974, vio junto a los contactados varios ovnis en el desierto peruano, aunque, ¡claro!, ni él ni sus interlocutores sacaron foto alguna porque los vistantes se lo habían prohibido previamente a través de la escritura automática.

Pruebas, pruebas y más pruebas

Hace treinta años, Benítez contaba en una ocasión que disponía de fotos de seres extraterrestres tomadas por testigos de toda garantía y la jugada le salió mal. Como recuerda Luis Hernández Franch en Los ovnis desmitificados (1984-1985), hizo esa afirmación durante un debate televisivo y, en vez de callar, John L. Acuff, presidente del crédulo Comité Nacional para la Investigación de Fenómenos Aéreos (NICAP) de EE UU, dijo que, si así era, no entendía cómo nuestro protagonista no hacía públicas la prueba definitiva de la existencia de visitantes extraterrestres y se la guardaba. Benítez reculó, dijo que todavía tenía que someter las fotos a análisis y nunca más se supo de ellas. Ahora, después de haber vendido hasta un anillo con marca de platero como de origen alienígena y un montaje de una compañía de animación vasca como una película de ruinas en la Luna tomada por los astronautas del Apollo 11, el ufólogo navarro dice que “hay millones de pruebas” de que nos visitan seres de otros mundos.

Que muestre una, sólo una prueba concluyente. No hace falta más. Basta con un tornillo, un mapa marciano, una uña alienígena… Hasta que no lo haga, Benítez seguirá mereciendo el mismo crédito que cuando dice que seres de Orión levantaron las pirámides de Egipto y que los egipcios de hace 4.500 años vivían en la Prehistoria y desconocían la escritura, que cuando sostiene Jesús visitó Roma y presenció los juegos en el Coliseo y que cuando contaba en 1975, haciéndose eco acríticamente de las patrañas de la gente del IPRI, que en Marte vivían dos especies de seres inteligentes, en Venus la temperatura superficial era “adecuada para el desenvolvimiento de la vida” y había colonias alienígenas en lunas como Calisto, Io, Europa y Ganímedes.

‘Era rusa y se llamaba Laika’, la parodia de los programas de misterios de Joan Fontcuberta

Aquí tienen íntegro el falso documental Era rusa y se llamaba Laika, obra de Joan Fontcuberta y en el que el creador catalán parodia las producciones televisivas de Fernando Jiménez del Oso, Juan José Benítez e Iker Jiménez. ¡Disfrútenlo! Ayer, un centenar largo de personas lo vio en pantalla grande en la Biblioteca de Bidebarrieta de Bilbao, donde lo presentó el propio Fontcuberta.

El Arca de la Alianza

Ilustración: Iker Ayestarán.“¿Te das cuenta de lo que es el Arca? ¡Es un transmisor! ¡Una radio para hablar con Dios! ¡Y ahora está a mi alcance!”, dice René Emile Belloq, el arqueólogo francés al servicio de los nazis, a Indiana Jones en En busca del Arca perdida (1981). La idea de que el cofre en el cual Moisés y los suyos guardaban las Tablas de la Ley era una especie de radio es, sin embargo, muy posterior a 1936, año en el que está ambientada la primera aventura cinematográfica del arqueólogo más famoso. La propuso Erich von Däniken en Recuerdos del futuro (1968), libro en el cual defiende que los dioses del pasado eran extraterrestres.

El autor suizo interpretaba literalmente lo dicho por Yahvé a Moisés en el Éxodo sobre el Arca: “Allí me encontraré contigo; desde encima del propiciatorio, de en medio de los dos querubines colocados sobre el Arca del Testimonio, te comunicaré todo lo que haya de ordenarte para los israelitas”. Antes, Yahvé ha precisado que el cofre ha de medir dos codos y medio (130 centímetros) de largo y un codo y medio (78 centímetros) de ancho y alto, ser de madera de acacia, estar revestido de oro y tener cuatro anillas de oro para los dos varales de madera, forrados también en oro, que servirán para transportarla. La tapa estará coronada por dos querubines de oro macizo cuyas alas se desplegarán sobre la caja.

Fue el antisemita Robert Charroux quien, en su libro Cien mil años de historia desconocida (1963), popularizó la idea del Arca como “un condensador eléctrico”, formulada por primera vez por Maurice Denis-Papin en 1948. Estos autores y otros incluyen en su relato del Éxodo palabras que no existen en el original, como chisporroteos, pero ayudan a ver la reliquia como algo más que un cajón de madera. El Arca del Antiguo Testamento es un objeto mágico, símbolo de la alianza entre el pueblo de Israel y su dios; pero de ahí a considerarla un aparato eléctrico, un equipo de radio o un arma de destrucción masiva -como hace el ufólogo Juan José Benítez– va más que un trecho.

De Jerusalén a Etiopía

Que el Arca de la Alianza fuera un condensador eléctrico choca con su diseño. El artefacto carece de polos positivo y negativo, y, en vez de estar aislado, está recubierto de oro, con lo que dejaría fritos a sus portadores, de los que el meticuloso dios de los judíos no dice en ningún momento que tengan que llevar una vestimenta especial protectora. Que Yahvé necesite una radio para hablar con Moisés, y viceversa, carece de sentido cuando ya han conversado varias veces antes de que se construya el artefacto. Y la caída de las murallas de Jericó, que Benítez atribuye al Arca y cuyas víctimas mortales cifra en más de un millón, es una ficción romántica: Jericó en la época era una pobre aldea sin fortificar.

Según una leyenda -no según la Biblia-, la reliquia habría sido sacada de Jerusalén por un hijo de Salomón y la reina de Saba que la habría llevado a Etiopía. El patriarca de la Iglesia ortodoxa etíope dice que el artefacto está en su país desde hace siglos y que él lo ha visto, pero no está dispuesto a mostrarlo al mundo. En realidad, como todo el libro del Éxodo es ficción, la búsqueda del Arca de la Alianza está condenada al fracaso. Es la búsqueda de una ilusión.