Suicidio homeopático: ¿dónde estaban los científicos?, ¿donde está su responsabilidad social?

Ingesta masiva de un supuesto sedante homeopático en Bilbao. Foto: Laura Esteban.

A pesar de sobrevivir al suicidio homeopático y de ingerir una alta dosis de azúcar disfrazado de sedante, el sábado me quedó un regusto amargo: no hubo científicos entre los escépticos y activistas por los derechos de los consumidores que tomamos sobredosis de productos homeopáticos en varias ciudades españolas. Los científicos de prestigio, los que en los medios de comunicación persiguen muchas veces convencer a sus conciudadanos de la importancia de la cultura científica en una sociedad democrática, se quedaron en casa el sábado por la mañana. Además, aunque hubo algún profesor universitario entre los participantes, fueron casos aislados.

¿Por qué los científicos de renombre no se implican activamente en nuestro país en la lucha contra la pseudociencia?, ¿por qué no parecen interesados en guiar a la población en asuntos tan graves como el de las pseudomedicinas?, ¿creen, acaso, que no va con ellos? En Estados Unidos, es habitual desde hace décadas que profesores universitarios e investigadores prestigiosos presenten batalla a la anticiencia en los medios de comunicación y en la calle. Aquí, no. Aquí, un científico te dice en privado que convendría hacer algo contra la homeopatía y, cuando le animas a que dé un paso adelante, se justifica diciendo que no tiene tiempo para esas cosas. No me lo estoy inventando.

Científicos pasotas

Hace un par de meses, hablaba de otro asunto con un multipremiado investigador que, sabiendo desde hace años cómo pienso, interrumpió la conversación varias veces para transmitirme su preocupación por el auge de la homeopatía. Tanta fue su insistencia -me dio la impresión de que alguien cercano a él había caído en las garras de algún homeópata- que acabé proponiéndole que tomara parte activa en esa lucha y prestándome a ayudarle en lo que necesitara. Respondió que no, algo que me esperaba, sin dar ninguna razón de peso. No ha sido ni el primer ni el único científico que ha actuado así en las últimas semanas.

Parte de los residuos generados en el suicidio homeopático de Bilbao, incluido mi título de homeópata. Foto: Laura Esteban.Los destacados investigadores españoles que el sábado no apoyaron a quienes participaron en el suicidio homeopático en todo el país han eludido su responsabilidad social. Los científicos no sólo deben trasladar el resultado de sus trabajos a la población que paga sus sueldos y los medios con los cuales investigan, sino que también han de involucrarse en la denuncia de la anticiencia, diciéndole al hombre de la calle lo que hay de cierto y de falso en algunas prácticas que gozan de inmerecido respeto popular, como la homeopatía. Divulgadores, pensadores y científicos como Isaac Asimov, Mario Bunge, Richard P. Feynman, Martin Gardner, Stephen Jay Gould, John Allen Paulos y Carl Sagan comprendieron hace años que enfrentarse al pseudoconocimiento es algo en lo que nos va el futuro.

Luis Miguel Ortega, del Círculo Escéptico y uno de los organizadores de suicidio homeopático en Bilbao, me llamó por teléfono el viernes para trasladarme su hartazgo por la actitud de los científicos españoles. Estaba casi seguro de que ningún investigador de renombre iba a participar en ese acto de denuncia de la homeopatía. Yo también. Luis Miguel se preguntaba si merece la pena seguir en la lucha contra la charlatanería cuando los profesionales de la ciencia muestran nulo interés en frenar el pensamiento mágico y, a veces, hasta colaboran en su expansión colaborando en programas de radio y televisión protagonizados habitualmente por fantasmas, extraterrestres, maldiciones, desapariciones misteriosas… Le respondí que sí, que, si no, quién iba a decir que la homeopatía es un timo, que los adivinos son unos estafadores y que los mal llamados periodistas del misterio venden mentiras.

No creo en la telepatía, pero, días antes de recibir la llamada de Luis Miguel, había decidido escribir esta anotación denunciando el pasotismo de nuestra clase científica, cuyo reino parece que no es de este mundo cuando hablamos de la pseudociencia y la superstición. ¿Qué hace falta para que despierten de su letargo y salgan de su torre de marfil, que las instituciones recorten más los presupuestos destinados a la ciencia y la medicina de verdad, y dediquen esos fondos a patrañas como la homeopatía?

Suicidio fallido

Abriendo, con torpeza infinita, un tubo de granulado de Setadif PC. La mitad de los gránulos salieron por los aires, como puede verse. El resto me los comí y añadí otras 40 pastillas por si acaso. Foto: Laura Esteban.Por lo demás, aquí me tienen, vivito y coleando, como todos los que participamos en el suicidio homeopático convocado en Bilbao por el Círculo Escéptico y la Asociación de Estudiantes de Medicina de la Universidad del País Vasco (UPV) dentro de la campaña mundial 10:23. Fuimos una quincena los escépticos que, en la plaza Indautxu de la capital vizcaína, ingerimos a las 10.23 horas del sábado una sobredosis de Sedatif PC, un supuesto sedante de Boiron, sin sufrir efecto alguno. Después, nos fuimos a tomar algo para quitar el mal sabor de boca, única consecuencia de la ingesta masiva de unas pastillas azucaradas que se venden en las farmacias como somníferos. Colegas de otras ciudades hicieron algo parecido.

Yo me tome algo más de medio tubo de granulado -el resto salió volando por los aires cuando lo abrí a lo bestia- y otras 40 pastillas de Sedatif PC. Todo ello acompañado de un botellín de agua. Teniendo en cuenta que la dosis indicada por Boiron son 5 gránulos o 2 pastillas cada seis horas, algo -no bueno, precisamente- tenía que haberme ocurrido. Y lo mismo, a los amigos que se suicidaron homeopáticamente a mi alrededor. Sin embargo, no nos pasó nada, como pueden comprobar en los vídeos grabados por Xabier Elkorobarrutia, Txabi, la periodista Oiane Flaño y el escéptico Pedro Luis Gómez Barrondo, y en las fotos de Laura Esteban.

Los efectos fueron los esperados: ninguno. Así que, no contentos con desafiar a la muerte homeopática por sobredosis, nos fuimos después a tomar alcohol y comer unos pinchos. Ni con la mezcla de alcohol y sedantes homeopáticos caímos al suelo, con lo que demostramos por partida doble que la homeopatía es un timo. ¿Lo mejor? Que, frío aparte, la convocatoria me sirvió para conocer en persona a un buen puñado de activistas escépticos que sabía que andaban por ahí y que están dispuestos a movilizarse, aunque eso suponga tener que madrugar el sábado. ¡Ah!, entre bares, grabé una entrevista para Radio Nacional de España y, ayer, el diario Gara se hizo eco del suicidio homeopático bilbaíno. Gracias a todos los que hicisteis posible el acto del sábado, a los que lo preparasteis, a los que participasteis y a quienes lo grabasteis y fotografiasteis. ¿Os apetece que celebremos encuentros sobre pensamiento crítico en Bilbao periódicamente? Si es así, escribid al Círculo Escéptico y nos ponemos todos a trabajar en ello.