SETI

¿Entenderíamos un mensaje extraterrestre?

El Conjunto de Gran Tamaño (VLA), instalación formada por 27 antenas de radio de 230 toneladas cada una levantadas en el desierto de Nuevo México, Estados Unidos. Foto: NRAO-AUI.

El astrónomo Seth Shostak aseguró el 21 de mayo de 2014, ante el Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología del Congreso de Estados Unidos, que en veinte años tendremos pruebas de la existencia de vida fuera de la Tierra. “Sería raro que estuviéramos solos”, apuntilló su colega Dan Wethimer. Ambos trabajan en el proyecto SETI, el intento de detectar señales de radio de otras civilizaciones, y trataban de convencer a los legisladores de que destinaran más fondos a ese tipo de iniciativas.

Dada la inmensidad del Cosmos -se calcula que hay 100.000 millones de galaxias, cada una con una media de 100.000 millones de estrellas-, es muy probable que haya vida inteligente ahí fuera. Sin embargo, debido a las enormes distancias cósmicas, nadie cree que el primer contacto sea cara a cara, al estilo de Star trek. Lo más probable es que captemos una emisión de radio, como ellos pueden captar las nuestras.

La NASA publicó en mayo del año pasado -se puede descargar gratis en varios formatos- el libro Archaeology, anthropology and interstellar communication. En la obra, antropólogos, arqueólogos, lingüistas, psicólogos y otros expertos reflexionan sobre el día después de la recepción del primer mensaje alienígena. ¿Podremos entablar un diálogo con una civilización lejana que no tenga nada que ver ni biológica ni culturalmente con nosotros?

Sin piedra Rosetta

La piedra Rosetta.La ciencia ficción nos ha acostumbrado a que los radiotelescopios reciban hoy un mensaje inteligente de Vega, como en el libro y la película Contact, y los científicos lo descifren en unas semanas, a lo sumo meses. Algo que tiene tanto fundamento como que los habitantes de otros mundos sean humanoides que se diferencien de nosotros por tener escamas u orejas puntiagudas. Sabríamos desde el primer momento que ya no estamos solos, pero no lo que dice el mensaje. Descifrarlo, advierten los expertos, podría ser una misión imposible.

“Como los arqueólogos que reconstruyen civilizaciones distantes en el tiempo a partir de evidencia fragmentaria, los investigadores de SETI esperan reconstruir civilizaciones lejanas separadas de nosotros por un abismo de espacio y tiempo. Y, como los antropólogos, que intentan entender otras culturas a pesar de las diferencias del lenguaje y las costumbres sociales, deberemos comprender la mentalidad de una especie que es radicalmente el Otro”, apunta Douglas Vakoch, psicólogo del Instituto SETI y coordinador de la obra. El otro es más otro que nunca en este caso, puesto que no habremos compartido con él una historia evolutiva, como nos pasa con el resto de las especies de la Tierra. Aún así, hasta los casos más ‘alienígenas’ de nuestro planeta resultan desconsoladores.

Los expertos suelen citar los jeroglíficos egipcios como ejemplo equiparable a un mensaje extraterrestre. Fueron un enigma durante centurias hasta que Jean-François Champollion los descifró en el siglo XIX gracias a la piedra Rosetta, una estela con un texto escrito en antiguos jeroglíficos egipcios, egipcio demótico y griego antiguo. Esta última lengua dio la clave para la lectura de los jeroglíficos. Sin embargo, no es factible que un mensaje de las estrellas nos llegue en forma de piedra Rosetta y contemos en él con una traducción simultánea del idioma alienígena a una lengua terrestre.

¿Lenguajes universales?

Para la arqueóloga y antropóloga Kathryn Denning, de la Universidad de York, los mejores análogos de mensajes alienígenas serían aquellos que, tras décadas y hasta siglos de estudio, siguen siendo un enigma, como la escritura rongorongo de la isla de Pascua y la lineal A cretense. “El problema con las analogías -escribe- es que son muy persuasivas, inherentemente limitadas y se difunden fácilmente. Por tanto, constituyen una importante fuente de error en la comprensión cultural. Por ejemplo, las personas a menudo asumen que los Otros son muy similares a ellos mismos”. Y si eso ya es una presunción arriesgada en el caso de las culturas humanas, ¡qué decir en el de seres extraterrestres!

Denning recuerda que, en su libro Cosmos, el astrofísico Carl Sagan “argumentaba que las matemáticas, la física y la química podían constituir una especie de Rosetta cósmica: «Creemos que hay un lenguaje común que han de tener las civilizaciones técnicas, por diferentes que sean. Este lenguaje común es la ciencia y las matemáticas. Las leyes de la naturaleza son idénticas en todas partes»”. Ella, sin embargo, es escéptica respecto a que eso garantice la comunicación interestelar porque, al igual que el lenguaje, las matemáticas tienen su propio contexto cultural que las moldea.

“Si no hemos sido capaces de traducir antiguas escrituras humanas sin algún conocimiento de la lengua hablada que representan, ¿qué perspectivas tenemos de ser capaces de comprender las transmisiones de radio procedentes de otros mundos para las que no tenemos ni piedras Rosettas ni ningún conocimiento de las lenguas que codifican?”, preguntan el antropólogo Ben Finney y el historiador Jerry Bentley, ambos de la Universidad de Hawái. “¿Qué esperanza tenemos de comunicarnos con los extraterrestres si tenemos tantas dificultades para entender la imaginería simbólica producida en Europa tan recientemente como hace 12.000 años por los miembros de nuestra propia especie”, coincide el antropólogo Paul K. Wason en referencia al arte rupestre paleolítico.

Una tablilla rongorongo.

Para el experto en inteligencia artificial William Edmonston, la historia nos ha demostrado que “la comunicación con seres terrestres inteligentes alejados de nosotros en el tiempo es profundamente problemática” porque somos incapaces de entender el objetivo de muchas de sus creaciones. Desde algunos geoglifos hasta el llamado manuscrito de Voynich, un bello libro ilustrado del siglo XV que todavía no se sabe si contiene un mensaje real o es un cúmulo de signos sin sentido, que es lo que sospechan la mayoría de los expertos. A juicio de Edmonson, el manuscrito de Voynich ilustra cómo la lingüística “puede presentar un problema insoluble para la interpretación debido a su arbitrariedad y opacidad semiótica”.

Demasiados supuestos

Como apunta Denning, hemos dado tradicionalmente demasiadas cosas por supuestas respecto a unas inteligencias con las que, de existir, tendremos pocas cosas en común. “No sabemos si los extraterrestres perciben y conceptualizan su realidad de manera similar a la nuestra, con las mismas categorías cognitivas, o incluso si se comunican a través de canales visuales y sonoros”, advierte Richard Saint-Gelais, profesor de literatura en la Universidad Laval de Quebec. El espectro visual y sonoro que captan nuestros sentidos es limitado, fruto de cientos de millones de años de evolución en la Tierra, y es la base de nuestra visión de la realidad. Como lo serán sus sentidos de la concepción del Cosmos de nuestros desconocidos interlocutores.

“¿Cómo puede establecerse comunicación entre dos grupos de seres vivos que 1) tienen evoluciones biológicas independientes, 2) tienen historias culturales independientes y 3) nunca han interactuado antes?”, se pregunta el filósofo y etólogo Dominique Lestel. Él no tiene respuesta a esa pregunta y hasta cree que los humanos podríamos tener “muy buenas razones -políticas, psicológicas y hasta metafísicas- para evitar establecer contacto con una civilización extraterrestre”.

La señales extraterrestres procedían de hornos microondas

El observatorio Parkes, en Nueva Gales del sur. Foto: John Sarkissian (Observatorio Parkes-CSIRO).servatory)Astrofísicos australianos han descubierto que unas misteriosas emisiones de radio -conocidas como peritones- captadas en el observatorio Parkes (Nueva Gales del Sur) desde 1998 no llegaban desde el espacio exterior, sino que procedían de hornos microondas que el personal del complejo abría precipitadamente. Emily Petroff, astrofísica de la Universidad Tecnológica de Swinburne y sus colaboradores, han dado a conocer la noticia en un artículo en las Monthly Notices of the Royal Astronomical Society y zanjado así el enigma después de diecisiete años.

“Hay tres microondas en las proximidades del telescopio que se usan frecuentemente, uno en la torre debajo del telescopio, otro en el centro de visitantes y un tercero en la cocina para el personal situada en el edificio conocido como Woolshed. Hay dos microondas más en las dependencias de los observadores, aproximadamente a un kilómetro”, escriben Emily Petroff y su equipo. “Los dos hornos responsables de la mayoría o todos los peritones observados son del mismo fabricante (Matsushita/Nacional) y ambos superan los 27 años, aunque funcionan perfectamente”, añaden.

Los peritones identificados como procedentes de microondas son un tipo de señal muy parecida a los llamados estallidos rápidos de radio (FRB), que duran milisegundos y los científicos creen que tieen un origen extragaláctico. El pasado 19 de enero, astrónomos australianos registraron por primera vez en directo una emisión de este tipo cuando impactaba en el radiotelescopio de Parkes. Después de que el fenómeno se repitiera otras dos veces, abrieron una investigación y acabaron descubriendo que las misteriosas señales se parecían mucho a las emitidas por un micrrondas. Tras varias pruebas, comprobaron que podían recrearla sabriendo la puerta del horno para pararlo, a consecuencia de lo cual se producía un estallido de radio que luego detectaba el radiotelescopio. “ha sido una sorpresa para todos nosotros”, ha admitido Petroff.

Nikola Tesla y los marcianos

Nikola Tesla, a los 36 años. Foto: Napoleon Sarony.“De todas las pruebas de estrechez de miras y locura, no conozco ninguna mayor que la estúpida creencia de que este pequeño planeta es el único donde hay vida y que todos los cuerpos celestes son objetos abrasadores o pedazos de hielo. Seguramente, algunos planetas no están habitados, pero otros sí, y en éstos tiene que existir vida bajo todas las condiciones y fases de desarrollo”, escribía Nikola Tesla (1856-1943) en The New York Times en 1909. El inventor serbio reconocía que no había, de momento, pruebas concluyentes de que Marte estuviera habitado, pero no lo descataba, ni mucho menos. Y abogaba por las señales de radio como la mejor vía para comunicarse con los extraterrestres.

Tesla ya había creído en 1899 haber captado señales procedentes de Marte en su laboratorio de Colorado Springs. Lo cuenta Miguel A. Delgado en el prólogo a la edición española de Yo y la energía (2011), la autobiografía del genio. Escribió en una carta a la Cruz Roja de Nueva York en la Navidad de 1900:

“He observado fenómenos eléctricos que parecen inexplicables. Por muy débiles e inciertos que sean, me han convencido de que dentro de poco todos los seres humanos de este mundo volverán sus ojos, como uno solo, hacia el firmamento, con sentimientos de amor y reverencia, emocionados por una alegre noticia: «¡Hermanos! Tenemos un mensaje de otro mundo, desconocido y remoto. Dice: uno… dos… tres…».”

Delgado recuerda que Tesla “hizo el anuncio acompañado de la solemnidad que el hecho requería, estableciendo toda una teoría de cuál sería la mejor manera de establecer contacto con otras civilizaciones”. En el artículo de The New York Times de 1909, y en otro publicado en The New York Herald el 12 de octubre de 1919 que se recoge en el libro Firmado: Nikola Tesla (2012), muestra su entusiasmo por los conocimientos que puedan transmitirnos los extraterrestres, aunque teme que, para cuando alcancemos el nivel de desarrollo necesario, sea demasiado tarde en el caso de los marcianos.

Un mundo agonizante

Artículo de Nikola Tesla en 'The New York Times', en 1909.A principios del siglo pasado, la visión más común de Marte era la de un mundo agonizante cuyos habitantes habían construido una red de canales para llevar agua desde los casquetes polares hasta latitudes ecuatoriales. La inmensa obra de ingeniería se consideraba una prueba de la avanzadísima civilización que poblaba el planeta rojo. Así, en 1911, The New York Times informaba a toda página de cómo las últimas observaciones de Percival Lowell revelaban que los marcianos habían construido “dos inmensos canales en dos años”, un “tiempo increíblemente corto”.

Ocho años después, Tesla consideraba posible que hubiera seres inteligentes en Marte, sobre todo porque “sus cambios periódicos, que han sido estudiados exhaustivamente por el difunto Percival Lowell, son un fuerte argumento a favor de la suposición de que está poblado por una raza inmensamente superior a la nuestra en cuanto al dominio de las fuerzas de la naturaleza”. Su miedo era que los marcianos se extinguieran antes de que entráramos en contacto y no pudieran hacernos partícipes de “los secretos que deben haber descubierto en su lucha contra los elementos despiadados”. No dudaba en calificar de “tragedia” que un día descubriéramos que nuestros vecinos habían intentado comunicarse con nosotros y no habían podido hacerlo por nuestro atraso tecnológico.

¿Cuál era el origen de la misteriosa señal de radio captada por Tesla en 1899, cuando creía que nadie en la Tierra podía ser el emisor? Paradójica e involuntariamente, el que en detrimento del serbio fue considerado durante décadas el inventor de la radio, el italiano Guglielmo Marconi. “Estaba realizando, al otro lado del océano, pruebas de transmisión a distancia de varios kilómetros, e incluso de barcos a tierra, como paso previo a su inminente transmisión transoceánica. Si la instalación de Tesla tenía tan gran alcance y sensibilidad, no resulta descabellado suponer que, en realidad, la señal rítmica que captó en Colorado era la que su gran rival utilizaba para testar sus propios instrumentos en Gran Bretaña”, apunta Delgado, en Yo y la energía, citando como fuente al Marc J. Seifer, biógrafo del científico serbio. Tesla nunca lo supo y hasta llegó a reclamar el premio Guzman para quien primero entablase comunicación con extraterrestres, convocado en 1900 por la Academia Francesa de Ciencias, dotado con 100.000 francos y que excluía expresamente a los marcianos porque contactar con ellos se consideraba algo demasiado fácil.

El Ejército de EE UU, a la escucha de los extraterrestres

John Sadler, operador de Cuerpo de Señales del Ejército de EE UU, a la escucha de posibles mensajes marcianos.El artículo de Tesla en The New York Herald estuvo motivado por el anuncio del astrónomo David Todd de que iba a lanzar un globo hasta los 15.000 metros para intentar comunicarse con los marcianos. El científico serbio no creía posible que se consiguiera nada porque “lo que se gana en altura se contrarresta mil veces por la imposibilidad de utilizar aparatos de emisión y recepción potentes y complejos”.

Cinco años después, Todd, que había dirigido el departamento de Astronomía de la Universidad de Amherst, pidió a Washington que el Ejército y la Marina guardaran silencio radiofónico durante algunos momentos del 23 y el 24 de agosto de 1924, cuando la Tierra y Marte estaban muy cercanos, para evitar interferencias con posible señales procedentes del planeta rojo. El Departamento de Guerra estadounidense no suspendió sus emisiones de radio, pero sí colaboró en la escucha. Los operadores de radio militares estuvieron aquellos días atentos a cualquier señal extraterrestre, pero la primera operacion masiva de escucha de alienígenas fue un fracaso.

Los canales y la posible existencia de seres inteligentes en Marte se desvanecieron en los años 60 con las primeras sondas robot que visitaron el planeta. Sin embargo, la idea de Tesla de intentar comunicarse por radio con seres de otros mundos está en la base de la búsqueda científica de inteligencias alienígenas, que recibió su impulso definitivo cuando los físicos Giuseppe Cocconi y Philip Morrison propusieron intentar captar mensajes de radio de otros mundos en un artículo publicado en la revista Nature el 19 septiembre de 1959. “La probabilidad de éxito es difícil de calcular; pero, si no buscamos, es de cero”, concluían. Nikola Tesla había tenido la misma idea sesenta años antes.

El primer ‘mensaje en una botella’ para extraterrestres lo lanzamos al Cosmos hace 40 años en la ‘Pioneer 10’

El mensaje de la 'Pioneer 10', tal como lo presentaron Sagan, Drake y Salzman en la revista 'Science' en 1972.

El primer mensaje deliberado a extraterrestres partió de la Tierra hace 40 años a bordo de la Pioneer 10, que en 1983 se convirtió en el primer ingenio humano en abandonar el Sistema Solar. La nave, que despegó de Cabo Cañaveral (Florida) en lo alto de un cohete Atlas-Centaur el 2 de marzo de 1972, lleva una placa de oro anodizado con las figuras de un hombre y una mujer, y símbolos que permitirían, si un ser inteligente la encuentre, deducir el origen geográfico y temporal de la sonda. Su gemela, la Pioneer 11, inició su viaje el 6 de abril de 1973 y lleva otra placa idéntica.

La Pioneer 10 y su hermana son botellas lanzadas por el ser humano a la inmensidad de Cosmos con sendos mensajes. La probabilidad de que algún día un alienígena tope con ellas es prácticamente nula, como pasa con los discos de oro con imágenes, sonidos y saludos de la Tierra de las dos Voyager. Pero son todo un símbolo del progreso humano y de la búsqueda de otras inteligencias en el Universo, aventura que empezó de forma pasiva en abril de 1960, cuando Frank Drake usó la antena del observatorio de Green Bank durante 200 horas para captar posibles señales de Epsilon Eridani y Tau Ceti. Dos años después del despegue de la primera de las Pioneer, llamamos por primera vez a otros mundos desde el radiotelescopio de Arecibo con un mensaje de radio dirigido a M13, un cúmulo de estrellas situado a 25.000 años luz.

La idea de que las Pioneer llevaran un saludo interestelar fue de los escritores Eric Burgess  y Richard C. Hoagland, según explicaron el astrofísico Carl Sagan y sus colaboradores en la revista Science en 1972, en un artículo titulado “A message from Earth” (Un mensaje de la Tierra). Con los años, Hoagland se convirtió en un conspiranoico, un defensor de la idea de que la NASA oculta las pruebas de la existencia extraterrestres, y ganó un Ig Nobel en 1997 “por identificar estructuras arficiales en la Luna y Marte, incluyendo un rostro humano en Marte y edificios 10 millas de altura en la cara oculta de la Luna”. El autor de Cosmos abrazó con entusiasmo la idea del mensaje en la botella  de Burgess y Hoagland, y se la propuso a la NASA, que le dio tres semanas para diseñar la placa, tarea en la que le ayudaron Drake y Linda Salzman, artista y segunda esposa de Sagan.

Polémica

La 'Pioneer 10', poco antes del lanzamiento. Foto: NASA.La placa -de 22,9 centímetros de anchura y 15,2 de altura- incluía, entre otras información, nuestra dirección cósmica y las siluetas de un hombre, de una mujer y de la nave a la misma escala para que los alienígenas se hicieran una idea de nuestras proporciones. “Carl sugirió la posibilidad de presentar un mapa con la Osa Mayor y unas cuantas constelaciones más. Esto determinaría la época del lanzamiento con una precisión de unos 10.000 años y el lugar del lanzamiento con una precisión de unos 20 o 30 años”, explica Drake en el libro Murmullos de la Tierra (1978). Al final, dibujaron un mapa de catorce púlsares que, unido al esquema del Sistema Solar, hace que el mensaje especifique “una estrella en aproximadamente 250.000 millones y un año (1970) en aproximadamente 10.000 millones de años”, indica Sagan en La conexión cósmica (1973).

En un principio, el astrofísico pensó en poner a los dos seres humanos de la mano, pero al final optó por separarlos para que quedara claro que eran dos individuos y no uno. El mensaje de la Pioneer 10 molestó a las mentes bienpensantes. Así, aunque el diseño original incluía una pequeña línea para simbolizar la vulva femenina, al final la rayita fue eliminada porque, si no, la NASA no daría el visto bueno a la placa. Además, los grupos conservadores vieron con malos ojos a los dos humanos desnudos; las feministas, que la mujer pareciera estar un paso por detrás del hombre, que, además, era el que saludaba; y la pareja les parecía a unos blanca, a otros negra…

“Algunos expresaron sorpresa y alarma porque intuían que la figuras humanas se parecían demasiado a su propia raza, sea cual fuere. Aunque parezca mentira, esta objeción la formularon miembros de todas las razas; debajo de esto debe haber oculta alguna profunda verdad psicológica”, escribía Drake hace 35 años. La realidad es que los autores habían intentado componer las dos figuras a partir de rasgos de varias razas para que simbolizaran mejor a nuestra especie. Lo que preocupaba a los humanos era, paradójicamente, lo que probablemente fuera a resultar más enigmático para una civilización alienígena: las figuras humanas. El mensaje de las Pioneer se convirtió, como dice Sagan, en “una especie de prueba cósmica de Rorschach”, en la que cada uno proyectaba sus miedos, anhelos, esperanzas…

La Pioneer 10 fue la primera nave humana en atravesar el Cinturón de Asteroides, sobrevolar Júpiter y salir del Sistema Solar. Se aleja de nosotros a 12,24 kilómetros por segundo y, dentro de 2 millones de años, pasará cerca de Aldebarán, la estrella más próxima a su trayectoria. Sujeto a los puntales de su antena y gracias al vacío del espacio interestelar, nuestro mensaje lanzado al Cosmos hace 40 años “puede permanecer intacto durante centenares de millones de años y, probablemente, por un periodo de tiempo mucho mayor. De ahí que éste sea el artefacto construido por la Humanidad con una más larga esperanza de vida”, según Sagan. La Pioneer 10 envió su último mensaje el 23 de enero de 2003, antes de quedarse sin energía para seguir comunicándose con la Tierra. Estaba a 12.000 millones de kilómetros de casa.