Proyecto Libro Azul

‘Project Blue Book’, la ficción extraterrestre y la realidad

Vamos a ver lo que sucedió en realidad, nos avisan al comienzo de cada episodio de Project Blue Book. La serie del canal History, que emite en nuestro país TNT, sigue las andanzas de Joseph Allen Hynek, un astrofísico que durante más de dos décadas asesoró a la Fuerza Aérea de Estados Unidos en la investigación de casos de ovnis. Del científico al que da vida Aidan Gillen, el Meñique de Juego de tronos, ya hemos hablado aquí, pero el personaje televisivo es muy diferente, una especie de Fox Mulder con credenciales académicas. Y lo que le pasa tampoco tiene mucho que ver con lo que sucedió en los casos que investiga…

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Joseph Allen Hynek, un astrofísico tras los platillos volantes

Joseph Allen Hynek y su alter ego  en la serie 'Project Blue Book', interpretado por Aidan Gillen.
Joseph Allen Hynek y su alter ego en la serie ‘Project Blue Book’, interpretado por Aidan Gillen.

Antes que un agente del FBI, fue un astrofísico. Antes que un niño traumatizado por la desaparición de su hermana, fue un negador de la existencia de los ovnis. Antes que Fox Mulder, fue Joseph Allen Hynek. La nueva estrella de la televisión paranormal es un personaje de carne y hueso, venerado por buena parte de los estudiosos de los platillos volantes como el padre de la ufología científica. Una suerte de Pablo de Tarso que se cayó del caballo de la incredulidad a mediados de los años 60 y que ahora protagoniza Project Blue Book, serie del canal estadounidense History que vaya usted a saber cuándo se estrena en España…

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Cuando la ciencia puso en su sitio las historias de platillos volantes

Edward Condon era uno de los físicos más distinguidos del mundo cuando en el otoño de 1966 aceptó dirigir el primer estudio científico sobre el fenómeno ovni. La iniciativa pretendía resolver de una vez por todas la controversia sobre los platillos volantes, vistos por primera vez en los cielos de Estados Unidos en junio de 1947. Tras revisar toda la documentación recogida hasta entonces por la Fuerza Aérea, el llamado Panel Robertson había concluido en 1953 que los ovnis no suponían una amenaza para la seguridad nacional y que no había pruebas de que fueran naves de otros mundos…

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Aquellos UFOs de los 70

‘La Amatxo’, de Daniel Tamayo, un cuadro de la exposición 'UFO' con la Virgen de Begoña en San Mamés bajo un haz de luz de un ovni.

El acrónimo UFO lo acuñó Edward Ruppelt, capitán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, a principios de los años 50. Primer jefe del Proyecto Libro Azul, la iniciativa militar para el estudio de los platillos volantes, sustituyó esta última denominación por la más neutra de Unidentified Flying Object (UFO). En castellano, Objeto Volante No Identificado (OVNI). De UFO vienen ufología y ufonauta -el tripulante del UFO-, términos con los que se familiarizaron varias generaciones de españoles a través de una TVE en blanco y negro en la que el psiquiatra Fernando Jiménez del Oso, el hombre de las marcadas bolsas bajo los ojos y el eterno cigarrillo, narraba increíbles historias de encuentros con alienígenas protagonizados por gente corriente.

Uno de los que se asomaron a esa ventana a otros mundos fue el artista Fito Ramírez-Escudero (Bilbao, 1955), profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) e impulsor de la galería Aire, que ha abierto sus puertas en Bilbao con la exposición colectiva UFO. “En los 70, una época muy dura, los extraterrestres eran un componente de tipo fantástico muy atractivo. Hasta cierto punto, una especie de sustitución de la fe religiosa que habíamos abandonado”, recuerda. No en vano, según algunos, los dioses de los libros sagrados eran extraterrestres que nos habían visitado en la Antigüedad y enseñado a levantar pirámides. Otros decían que apariciones como las de Fátima no tenían que ver con la religión, sino con seres de otros mundos. Pero todavía nadie hablaba de Roswell ni del Área 51, y las abducciones eran consideradas una excentricidad dentro de los propios ambientes ufológicos.

Era un mundo ingenuo en el que el saber se transmitía a través de charlas y grupos de aficionados que se reunían periódicamente. Bastaban una colección de recortes de prensa, una grabadora y una cámara de fotos para ser ufólogo, aunque no se supiera identificar en el cielo a Venus –considerado la reina de los ovnis– o se tomaran por una nave de otro mundo las luces rojas y blancas de un coche subiendo por una zigzagueante carretera. El problema del ovni fue siempre el no identificado. Si no se sabe lo que es algo, puede ser cualquier cosa. De hecho, la historia de la ufología tiene entre sus documentos gráficos más memorables planetas, nubes iluminadas por el Sol, reflejos de lámparas en ventanas y hasta moscas aplastadas en ellas.

Según nuestros robots fueron llegando a otros mundos, los ufonautas fueron alejándose. Hace tiempo que no hay marcianos ni venusianos. Por no haber, hace años que no hay ni una foto decente de un ovni. Ni siquiera borrosa. La ubicua fotografía digital ha matado a los UFOs, pero los platillos volantes han triunfado: ellos y sus tripulantes son, por méritos propios, parte de la cultura popular, recordatorios de un tiempo en el que queríamos creer.

El origen de los gremlins, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre el origen de los gremlins, en la vigésima sexta entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.