Proyecto Libro Azul

Cuando la ciencia puso en su sitio las historias de platillos volantes

Edward Condon era uno de los físicos más distinguidos del mundo cuando en el otoño de 1966 aceptó dirigir el primer estudio científico sobre el fenómeno ovni. La iniciativa pretendía resolver de una vez por todas la controversia sobre los platillos volantes, vistos por primera vez en los cielos de Estados Unidos en junio de 1947. Tras revisar toda la documentación recogida hasta entonces por la Fuerza Aérea, el llamado Panel Robertson había concluido en 1953 que los ovnis no suponían una amenaza para la seguridad nacional y que no había pruebas de que fueran naves de otros mundos…

Sigue en la revista Muy Interesante (Nº 449, octubre de 2018).

Aquellos UFOs de los 70

‘La Amatxo’, de Daniel Tamayo, un cuadro de la exposición 'UFO' con la Virgen de Begoña en San Mamés bajo un haz de luz de un ovni.

El acrónimo UFO lo acuñó Edward Ruppelt, capitán de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, a principios de los años 50. Primer jefe del Proyecto Libro Azul, la iniciativa militar para el estudio de los platillos volantes, sustituyó esta última denominación por la más neutra de Unidentified Flying Object (UFO). En castellano, Objeto Volante No Identificado (OVNI). De UFO vienen ufología y ufonauta -el tripulante del UFO-, términos con los que se familiarizaron varias generaciones de españoles a través de una TVE en blanco y negro en la que el psiquiatra Fernando Jiménez del Oso, el hombre de las marcadas bolsas bajo los ojos y el eterno cigarrillo, narraba increíbles historias de encuentros con alienígenas protagonizados por gente corriente.

Uno de los que se asomaron a esa ventana a otros mundos fue el artista Fito Ramírez-Escudero (Bilbao, 1955), profesor de la Universidad del País Vasco (UPV) e impulsor de la galería Aire, que ha abierto sus puertas en Bilbao con la exposición colectiva UFO. “En los 70, una época muy dura, los extraterrestres eran un componente de tipo fantástico muy atractivo. Hasta cierto punto, una especie de sustitución de la fe religiosa que habíamos abandonado”, recuerda. No en vano, según algunos, los dioses de los libros sagrados eran extraterrestres que nos habían visitado en la Antigüedad y enseñado a levantar pirámides. Otros decían que apariciones como las de Fátima no tenían que ver con la religión, sino con seres de otros mundos. Pero todavía nadie hablaba de Roswell ni del Área 51, y las abducciones eran consideradas una excentricidad dentro de los propios ambientes ufológicos.

Era un mundo ingenuo en el que el saber se transmitía a través de charlas y grupos de aficionados que se reunían periódicamente. Bastaban una colección de recortes de prensa, una grabadora y una cámara de fotos para ser ufólogo, aunque no se supiera identificar en el cielo a Venus –considerado la reina de los ovnis– o se tomaran por una nave de otro mundo las luces rojas y blancas de un coche subiendo por una zigzagueante carretera. El problema del ovni fue siempre el no identificado. Si no se sabe lo que es algo, puede ser cualquier cosa. De hecho, la historia de la ufología tiene entre sus documentos gráficos más memorables planetas, nubes iluminadas por el Sol, reflejos de lámparas en ventanas y hasta moscas aplastadas en ellas.

Según nuestros robots fueron llegando a otros mundos, los ufonautas fueron alejándose. Hace tiempo que no hay marcianos ni venusianos. Por no haber, hace años que no hay ni una foto decente de un ovni. Ni siquiera borrosa. La ubicua fotografía digital ha matado a los UFOs, pero los platillos volantes han triunfado: ellos y sus tripulantes son, por méritos propios, parte de la cultura popular, recordatorios de un tiempo en el que queríamos creer.

El origen de los gremlins, en M80 Radio

Juan Luis CanoMaría Gómez y yo hablamos el lunes sobre el origen de los gremlins, en la vigésima sexta entrega de la temporada de mi colaboración semanal en ¡Arriba España!, en M80 Radio. Si quiere, puede escuchar el programa completo.

EE UU no ha volcado ahora en Internet sus documentos secretos sobre ovnis; están ahí desde hace años

Muchos medios de comunicación españoles informan a sus lectores desde ayer de que Estados Unidos acaba de hacer públicos “los documentos y toda la información que posee sobre avistamientos de ovnis después de la Segunda Guerra Mundial”. Hay algunos que atribuyen la iniciativa al Gabinete de Barack Obama, que habría levantado, por fin, el secreto sobre los informes del llamado Proyecto Libro Azul. “Estos documentos -explican, por ejemplo, en La Vanguardia– se encontraban en los Archivos Nacionales de Washington. Ahora, décadas después, el Ejecutivo ha decidido volcarlos en Internet para que todo el mundo pueda acceder a ellos. Las Fuerzas Aéreas de los Estados Unidos han revelado que el Libro Azul incluye 12.618 informes, con 701 de los cuales que quedaron como no identificados”. Los titulares son del estilo de: “Estados Unidos pone a disposición su documentación sobre avistamientos de ovnis”, “EE UU publica en Internet documentación clasificada sobre avistamientos de ovnis”, “Estados Unidos cuelga en Internet sus archivos sobre ovnis” y “EE UU difunde parte de su historia ovni”. ¿Un notición? Para nada, a no ser que usted haya vivido en otro mundo desde finales de los años 70 del siglo pasado.

El mayor Héctor Quintanilla, último director del Proyecto Libro Azul, con su equipo.A raíz de los primeros avistamientos de platillos volantes, la Fuerza Aérea estadounidense se puso a investigar el tema ante el temor de que los misteriosos objetos que se veían en los cielos fueran armas soviéticas. Tras sucesivos proyectos -con nombres como Signo, Rencor y Libro Azul- y después de veintiún años de pesquisas oficiales, los militares dieron en 1969 carpetazo a la investigación sobre ovnis al concluir que ni eran producto de una tecnología avanzada ni suponían un peligro para la seguridad nacional. Desde finales de los años 70, la CIA y el FBI han hecho pública gran cantidad de información clasificada sobre el fenómeno de los platillos volantes, incluidos los archivos del Proyecto Libro Azul. Parte de esa documentación llegó al gran público en obras como Proyecto Libro Azul (1976), de Brad Steiger, y Ovnis: el archivo de la CIA. Documentación y memorandos (1980) y Ovnis: el archivo de la CIA. Informes de avistamientos (1980), del ufólogo español Andreas Faber-Kaiser. Desde los comienzos de Internet, esas mismas agencias gubernamentales han ido colgando en la Red toda la documentación oficial sobre avistamientos de ovnis, material que se encontraba hasta ahora disperso por sitios oficiales y de aficionados, y podía consultarse íntegramente en forma de microfilme en los Archivos Nacionales de Washington. Así pues, no es cierto que haya salido a la luz algo hasta ahora oculto.

Tampoco lo es que el Gobierno estadounidense haya hecho en las últimas semanas o meses nada respecto a la documentación ovni. Ni el Ejecutivo de Obama, ni la Fuerza Aérea, ni la CIA, ni el FBI, ni ningún organismo oficial ha volcado nada nuevo en Internet desde hace tiempo. Lo que ha pasado es que un aficionado a los ovnis, John Greenewald, se ha tomado el trabajo de reunir todo el material sobre ovnis de los Archivos Nacionales en un sitio, The Black Vault, de modo que puedan hacerse búsquedas sobre esos documentos. “Estoy muy emocionado de anunciar que, después de meses de la recolección, programación y conversión, he completado una base de datos de 130.000 páginas, que reúne más de 10.000 casos, de los archivos del Proyecto Libro Azul (incluyendo, los proyectos Signo y Rencor). Aunque existen algunos sitios por ahí con algunos de estos archivos, muchos no están completos ni tienen los registros en un formato PDF para búsquedas. Este nuevo sitio lo tiene todo, es de fácil navegación y búsqueda, y gratis”, explicaba hace unos días en esa página web. En una entrevista publicada el lunes en Open Minds, Greenewald dice que comenzó el proyecto hace casi 20 años, cuando era un adolescente.

Si a estas alturas se pregunta cómo es posible un patinazo periodístico así, bienvenido al club de los sorprendidos. Mi sospecha es que los medios españoles tienen una única fuente: la información publicada ayer por el Daily Mail, diario que la mayoría cita. Les hubiera bastado echar una ojeada a The Black Vault para comprobar que estamos ante una iniciativa privada, que se trata de una recopilación de material oficial sobre ovnis ya conocido -aunque no por eso el trabajo de Greenewald no sea digno de elogio- y que EE UU no acaba de poner ninguna documentación secreta en el escaparte.

La exopolítica, el Proyecto Libro Azul y los marcianos: algunos periodistas se lo tragan todo

La supuesta noticia sobre Richard French y sus extraterrestres.Va un tipo, dice que ha visto hadas y algunos periodistas se tragan el cuento y presentan el testimonio como una prueba de la existencia de esos seres. Básicamente, es lo que ha ocurrido a raíz de un encuentro de la ufología más chiflada celebrado en el Club Nacional de Prensa de Washington entre el 29 de abril y el 3 de mayo. Así, en los últimos días nos hemos enterado de que un exmilitar que participó en uno de los programas secretos de investigación ovni de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos se encontró, cara a cara, con visitantes de otros mundos. “Eran de unos 60 a 90 centímetros de altura, de color gris claro, muy delgados, con brazos largos, con dos o tres dedos. La parte superior de la cabeza era mucho más amplia que la línea de la mandíbula, los ojos eran muy inclinados y no se podían ver pupilas en ellos”, ha explicado el teniente coronel retirado Richard French, presentado en algunos medios como “uno de los investigadores principales del llamado Proyecto Libro Azul“. Igual usted también lo ha leído por ahí. ¿Sabe qué hay de cierto en toda esta historia? Nada. Pero retrocedamos trece años.

El Club Nacional de Prensa de Washington acogió el 9 de mayo de 2001 un montaje digno de Expediente X. Un grupo de ufólogos, denominado Proyecto Revelación, convocó a los medios de comunicación para hacerles “importantes revelaciones sobre la realidad del fenómeno ovni”. En el estrado, un veintena de exfuncionarios del Gobierno estadounidense, algunos de ellos militares; en el patio de butacas, representantes de los principales periódicos y de una docena de cadenas de televisión, a la espera de pruebas. “Es el fin de la infancia de la especie humana. Ha llegado la hora de que nos convirtamos en adultos maduros entre las civilizaciones cósmicas que están ahí fuera”, anunció Steven Greer, exmédico de urgencias y director del grupo. Sus acompañantes contaron entonces las típicas visiones de platillos volantes habituales desde 1947. Eludieron cualquier referencia a secuestros o a encuentros sexuales con los visitantes; pero la conspiración estaba allí. De hecho, sólo se echó en falta a El Fumador, el oscuro personaje que hacía la vida imposible en la televisión a Mulder y Scully.

Greer, como muchos de sus colegas, creía que los testimonios expuestos -no se presentó otra cosa- “demuestran, de una vez por todas, que no estamos solos”. Ni siquiera en la Tierra. “Por lo menos desde los años 40, y quizá desde los 30, ha habido vehículos espaciales de origen extraterrestre que fueron derribados, ocupados y estudiados”, dijo el entonces director del Proyecto revelación. Uno de sus compañeros fue más allá. Clifford Stone, sargento retirado, dijo que hay catalogados nada menos que 57 tipos de alienígenas y aseguró haber visto a los malheridos tripulantes de esas naves, que tienen debilidad por accidentarse en EE UU, cuyo Gobierno oculta la verdad al mundo. Uno de esos aparatos sería el que se estrelló en Roswell, Nuevo México, en 1947. Greer indicó que, del estudio de éste y otros platillos siniestrados, EE UU y Reino Unido han obtenido grandes frutos. Nada nuevo. A mediados de los años 90, el ufólogo español -ahora, novelista- Javier Sierra ya aseguraba que el transistor se desarrolló a partir de la tecnología del ovni de Roswell.

Una “feliz banda de lunáticos”

La rueda de prensa de mayo de 2001 en Washington “demostró, sin sombra de duda, que realmente hay gente que cree en los ovnis”, apuntaba al día siguiente irónicamente Joel Achenbach, que cubrió el acto para The Washington Post. La representación de hace tres semanas en el Club de la Prensa de Washington imitó el formato de las comparecencias ante una comisión del Congreso y contó con su propio plantel de congresistas, lo que no significa que merezca mayor crédito que una rueda de prensa. De hecho, Parapolitical tituló la crónica previa: “Ufo carnival returns to National Press Club” (El carnaval ovni vuelve al Club Nacional de Prensa). Y añadía que más importante que el tema del encuentro era “el hecho de que se trata de la primera reunión de los congresistas estadounidenses más chiflados que han existido. Según el Grupo Investigación Paradigma, que forma parte de la red mundial de exopolítica, realizarán una simulación de audiencia para “lograr lo que el Congreso de EE UU no ha hecho durante 45 años”, obligar a la Casa Blanca a que admita de una vez que nos visitan extraterrestres.

El excoronel Billie F. Woodard lleva en la frente un cristal que dice que procede de Lemuria y funciona como una especie de tercer ojo. Foto: 'Daily News'.

¿Cómo puede un medio llamar chiflados a ilustres congresistas? Porque en todas partes cuecen habas, no sólo en España, donde tenemos exministras de Sanidad y expresidentes autonómicos que han usado la pulsera Power Balance y la actual ministra de Trabajo, Fátima Báñez, se  encomienda a la Virgen del Rocío para “salir de la crisis y volver al crecimiento”. Segun Parapolitical, los seis excongresistas de ese comité ovni forman una “feliz banda de lunáticos”. Uno de ellos, el republicano Roscoe Bartlett, cree que el fallecido Sun Myong Moon, líder de la secta Moon, era El Mesías; y otro, el demócrata Mikel Gravel, está en bancarrota y se busca la vida como puede, incluyendo encuentros de negadores del Holocausto y partidarios de que el 11-S fue un autoataque. Si los que escuchaban -cobró cada excongresista 20.000 dólares limpios- no parecen muy cuerdos, los que testificaban forman parte de la ufología más disparatadas. Individuos con historial académico inventados, ufólogos como Nick Pope y Stanton Friedman, el omnipresente Greer -impulsor del fraude del extraterrestre de Atacama– y exmilitares como Billie F. Woodard, quien lleva en la frente un cristal que dice que procede de Lemuria y funciona como una especie de tercer ojo.

Es en ese entorno en el que se dan las declaraciones del teniente coronel Richard French a Lee Speigel, colaborador de The Huffington Post. El exmilitar asegura que a principios de los años 50 era investigador del Proyecto Libro Azul, el más famoso de los programas secretos de investigación ovni de las Fuerzas Aérea. “Su trabajo consistía en desmentir falsos avistamientos de ovnis”, explica Speigel. Un día, viajó hasta Terranova porque les habían informado de la presencia de dos platillos sumergidos a poca profundidad cerca de la costa de San Juan. Una vez en el lugar,  vio las naves – de unos 6 metros de diámetro- y a dos enanos cabezones flotando cerca de ellas, según él, haciendo reparaciones. Minutos después, los platillos salieron disparados hacia el cielo. Esto es lo que nos han contado en algunos medios.

Un fraude llamado Richard French

Richard French.Lo que no nos ha dicho ninguno, y recuerda el escéptico Robert Sheaffer, es que Lee Speigel es un veterano periodista esotérico que, a finales de los años 70,  ayudó a Eric Gairy, primer ministro de la isla de Grenada, a proponer ante la Asamblea General de la ONU la creación de una agencia multinacional que estudiara el fenómeno ovni. La iniciativa, de la que alardea en su perfil de The Huffington Post y en la que participaron los ufólogos Joseph Allen Hynek y Jacques Vallée, fracasó. Pero fue sólo una muesca en la larga carrera esotérica de Speigel, quien entre 1978 y 1986 presentó más de 1.500 programas dedicados a los ovnis en la NBC Radio. Así que la fuente periodística de la historia del exinvestigador del Proyecto Libro Azul es tan fiable como un Juan José Benítez, Iker Jiménez o Bruno Cardeñosa cualquiera. Pero eso no es todo.

Sheaffer también recuerda que el famoso autor paranormal John A. Keel cita a French en las primeras su clásico The mothman prophecies (Las profecías del hombre polilla, 1975), y no precisamente para bien. “Richard French era un impostor, uno más de los muchos que recorrieron estados Unidos en 1967”, dice después de explicar que se hacía pasar por investigador de las Fuerzas Aéreas, pero iba de paisanos, en un coche normal y corriente, y sin ninguna credencial que acreditara que fuera militar. Cierto es que Keel deja caer que podía tratarse de un hombre de negro, pero eso forma parte del juego que siempre se trajo este escritor. La realidad -y puede comprobarla cualquiera- es que, si se busca Richard French en los archivos del Proyecto Libro Azul, no existe ninguna referencia al personaje, mientras que hay 248 a Hynek y 19 a Vallée, por citar a dos ufólogos famosos.

Esto es lo que pasa cuando se araña la superficie de la historia del teniente coronel Richard French y sus marcianos cabezones. Ah, y no le den importancia a una bobada porque se diga en el Club Nacional de Prensa de Washington, porque esa entidad alquila sus instalaciones.