Pirámides de Güímar

El planeta de las pirámides

De izquierda a derecha y de arriba abajo, la Gran Pirámide (Egipto), el Templo de las Inscripciones de Palenque (México), la Tumba del General (China) y una de las pirámides de Güímar (Tenerife, España). Fotos: Nina-no / Jan Harenburg / Bart0278 / Pedro Ximénez.
De izquierda a derecha y de arriba abajo, la Gran Pirámide (Egipto), el Templo de las Inscripciones de Palenque (México), la Tumba del General (China) y una de las pirámides de Güímar (Tenerife, España). Fotos: Nina-no / Jan Harenburg / Bart0278 / Pedro Ximénez.

La Tierra es un planeta de pirámides. Las hay desde hace al menos 4.900 años, cuando los elamitas construyeron el zigurat de Sialk en lo que hoy es la ciudad iraní de Kashan. Tres siglos más tarde, había estructuras de ese tipo en el valle de Supe (Perú) y en Saqqara (Egipto), separadas por más de 12.000 kilómetros. Mucho después, las empezaron a levantar los mayas; a finales del siglo III antes de la era común (aec), los chinos; y, poco antes del Descubrimiento, los aztecas. La presencia de monumentos similares en culturas tan dispares y alejadas entre sí sorprende a mucha gente y ha dado lugar a interpretaciones de todo tipo. Extraterrestres incluidos, por supuesto…

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Reliquias de pegolete

Juan Carlos Aparicio toma en su manos la espada en el Museo de Burgos. Foto: Efe.Juan Carlos Aparicio, alcalde de Burgos, posó para la Prensa con Tizona el 24 de mayo de 2007. La Junta de Castilla y León acababa de pagar 1,6 millones de euros por la espada, presentada a los medios como la del Cid y depositada en el Museo de Burgos. Sin embargo, no se trata del arma con la que Rodrigo Díaz de Vivar luchó para moros y cristianos en el siglo XI. Cuatro informes de Patrimonio Nacional, el Museo Arqueológico Nacional, la Real Academia de Historia y el medievalista José Godoy coincidieron en 2004 en que fue forjada en el siglo XV ó XVI, y tiene añadidos del XIX.

La falsa Tizona burgalesa es, no obstante, una reliquia valiosa. Los mismos expertos que niegan que pudiera empuñarla el Cid calculan su valor entre 200.000 y 300.000 euros. No como los grabados sobre cerámica más espectaculares del yacimiento romano alavés de Iruña-Veleia. Fechados en los siglos III y IV, el arqueólogo Eliseo Gil los presentó en junio de 2006 como las más antiguas inscripciones en euskera y el primer Calvario de la Historia. Casi nada. Hace un año, una comisión de expertos dictaminó, sin embargo, que esas piezas son falsas y, aunque todavía no se ha determinado su autoría, fueron realizadas por alguien con acceso a las excavaciones.

El unicornio de Leibniz

El falso unicornio de Leibniz.Falsificaciones como las de Iruña-Veleia se han sucedido desde que la arqueología y la paleontología existen, pero no siempre han sido intencionadas. En Protogaea (1693), Leibniz describe, por ejemplo, el “esqueleto de un unicornio” encontrado en 1663 en una cantera de las montañas Harz por el físico Otto von Guericke. Sólo se recuperaron las extremidades anteriores de la bestia, cuya columna vertebral caía en la reconstrucción en un ángulo de 45%. “Debido a la ignorancia y la negligencia de los excavadores, el esqueleto se rompió y se extrajo en pedazos”, lamenta el filósofo y matemático en el tratado. El unicornio era en realidad fruto del montaje de una mezcla de huesos de mamut un colmillo era el cuerno y rinoceronte.

Siglo y medio después, el empresario del espectáculo P.T. Barnum exhibía en su museo de Nueva York un ser no menos sorprendente: la sirena de Fiji. Un capitán mercante de Boston había vendido su barco y su carga años antes para adquirirla a comerciantes holandeses que, a su vez, se la habían comprado a un pescador japonés. Momificada, media un metro, tenía cabeza y torso de mujer, y cola de pez. Barnum la compró en 1842 y recaudó miles de dólares semanales con un montaje en el que participaba un falso naturalista y exponía otras criaturas extrañas, pero reales, como un pez espada y un ornitorrinco. Hecha con un torso y una cabeza de papel maché, cola de salmón, dientes de tiburón y aletas de carpa, la sirena de Fiji forma ahora parte de la colección del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad de Harvard.

Otra prestigiosa universidad estadounidense, la de Yale, guarda en su colección de libros raros un mapa que valora en más de 20 millones de euros porque está fechado en 1440 e incluye una isla llamada Vinlandia al oeste de Groenlandia, y una leyenda que atribuye el descubrimiento de América al vikingo Leiff Eriksson hacia el año 1000. Los análisis realizados en los últimos años han concluido, sin embargo, que, aunque el pergamino es de 1434 ±11 años, de antes del Descubrimiento, la tinta contiene anatasa, una sustancia que no se sintetizó hasta 1917 y no empezó a usarse en tintas hasta 1923. La historiadora noruega Kirsten A. Seaver cree que el falsificador fue el jesuita y cartógrafo alemán Josef Fischer, y que su objetivo era ridiculizar el uso propagandístico que los nazis hacían de los vikingos, ya que la inscripción del mapa dice que el descubrimiento de América se hizo en nombre de Dios.

Calaveras y pirámides

Un brujo maya oficia un ritual con una calavera de cristal en Palenque. Foto: AP.El Museo Británico exhibió hasta mediados de los años 90 una calavera de cuarzo como “probablemente azteca, de entre 1300 y 1500”. La pieza es uno de los cráneos de cristal repartidos por prestigiosas instituciones de Europa y América que, para los creyentes en lo paranormal, son de origen desconocido y poseen poderes extraordinarios. Sin embargo, análisis hechos en los últimos años han demostrado que son de manufactura reciente, entre finales del siglo XIX y principios del XX, incluida la famosa Calavera del Destino o de Mitchell-Hedges de la que habla Indiana Jones en su última aventura. La del Británico está etiquetada ahora como “probablemente europea, del siglo XIX”. A pesar de ello, el brujo maya Kin García oficia, en las ruinas de Palenque de vez en cuando, rituales con una calavera de cristal para deleite de los turistas.

El naviero Fred Olsen, cuyos ferries conectan las Canarias, financió en 1991 unas excavaciones en el entorno de las llamadas pirámides de Güímar, en Tenerife. Ahora, el lugar acoge un parque etnográfico en el que se habla de esas estructuras aterrazadas de pocos metros de altura como prueba del paso de egipcios en viaje a América, idea que sostuvo hasta su muerte en 2002 el explorador noruego Thor Heyerdahl. Las pirámides de Güímar fueron, en realidad, levantadas en el siglo XIX como amontonamientos de piedras para liberar terreno para el cultivo de la cochinilla.

El empresario bosnio Semir Osmanagic anunció hace tres años la creación de un parque como el canario en la localidad de Visoko, al noroeste de Sarajevo, donde asegura haber descubierto también varias pirámides. Osmanagic carece de formación arqueológica, sostiene que las pirámides bosnias tienen poderes curativos y cree que los mayas descendían de los atlantes, quienes lo hacían de extraterrestres de las Pléyades. A pesar de este esotérico currículo, ha dirigido excavaciones que han alarmado a los historiadores de verdad y a la Comisión Europea, que temen que, dada la pasividad de las autoridades locales, destroce no unas pirámides que existen sólo en su imaginación, sino auténtico patrimonio arqueológico.

Antigüedades bíblicas

La embarcación en la que se dice que navegó Jesús. Foto: Efe.La lista de falsas antigüedades bíblicas resulta interminable, aunque se excluyan las atribuidas Jesús de Nazaret incluidas la sábana santa de Turín y el Grial de Valencia, los apóstoles y otros personajes del Nuevo Testamento. Una gruta con una piscina descubierta en 2004 en Israel se presentó como el lugar en el que El Bautista oficiaba sus ritos, aunque los grabados eran de época bizantina, del siglo IV ó V. Y, el año pasado, arqueólogos alemanes anunciaron el hallazgo en Axum, Etiopía, del palacio de la reina de Saba, un personaje tan legendario como Ulises.

En el Kibutz de Ginosar, en Israel, se expone una embarcación de madera sacada del fango a orillas del mar de Galilea en 1986. Como data del siglo I, algunos medios de comunicación anunciaron en su día que se trata de la barca en la que, según los Evangelios, navegó Jesús con los apóstoles. ¿Es que era la única embarcación en la Galilea de la época?


Sirenas y centauros

Fósil. Una de las sirenas del Tormes. Foto: Joan Fontcuberta.Todavía hay quienes creen en sirenas. Por lo menos, en España. Hace tres años, varios diarios castellanoleoneses publicaron el hallazgo de fósiles de estas criaturas en el Tormes, con fotos incluidas. Coincidían las crónicas en que el descubrimiento había “conmocionado a los medios científicos” y en que el Hidropithecus o mono de agua era “un vertebrado homínido que podría corresponderse, según los expertos, con un momento evolutivo muy próximo antes de la bifurcación entre el australopiteco y los homínidos”. En realidad, se trataba de uno de las instalaciones en las cuales el fotógrafo Joan Fontcuberta, con quien habían hablado todos los medios, juega a presentar una ficción como real.

Una exposición sobre la excavación de un enterramiento de otro animal mitológico, el centauro de Volos, ocupa el primer piso de la Biblioteca John C. Hodges de la Universidad de Tennessee. Incluye el esqueleto de la criatura medio incrustado en arenisca, tabletas de arcilla, fragmentos de cerámica y otros artefactos de la cultura centáurida. El microbiólogo William Willers realizó en 1980 el montaje del centauro de Volos creado a partir de un torso y un cráneo humanos y huesos de un póney para instruir a sus alumnos sobre la conveniencia de no creer lo que se ve o lee sólo porque tenga la apariencia de ser cierto.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios del diario El Correo.

‘Año Cero’ atribuye a una civilización desaparecida las pirámides hechas por los agricultores de isla Mauricio

Estructuras del Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar. Foto: Luisa Idoate.Miguel Seguí da cuenta en el último número de Año Cero, la revista que dirige Enrique de Vicente, del descubrimiento en isla Mauricio de siete pequeñas estructuras como las pirámides de Güímar y dice que el hallazgo “ha vuelto a abrir el debate sobre la posible existencia de una antigua civilización marítima, que se extendió entre el Atlántico y el Índico hace miles de años”. Mete la pata hasta el fondo Seguí, quien ya descubrió hace dos años que la Tierra no pertenece a la Vía Láctea, sino a otra galaxia, y, a pesar de ser biólogo, sostiene que puede haber dinosaurios vivos en África.

Las pirámides de isla Mauricio son conocidas desde hace muchos años, hasta el punto de que en las guías turísticas se explica que se trata de cuidados amontonamientos de piedras hechos por los campesinos para liberar tierra cultivable de roca volcánica, tal como indican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005). En vez de deducir de eso que las estructuras canarias tienen un origen similar, Seguí da la vuelta a la tortilla, ignora las explicaciones de los historiadores y se lanza a especular con que, “en el pasado, tal vez existió un pueblo que sobresalió por su dominip increíble de las rutas marítimas, que construyó templos alineados con los puntos cardinales y los fenómenos solates, y que, probablemente, contacto con la civilización egipcia”. Lo suyo, definitivamente, es la historia ficción.

Pirámides en Canarias

Estructuras del Parque Etnográfüco de las Pirámides de Güímar. Foto: Luisa Idoate.

El explorador noruego Thor Heyerdahl descubrió en 1990 el nexo entre las pirámides egipcias y las americanas. Estaba en Güímar, un pueblo de la costa oriental de Tenerife. Era un conjunto de seis estructuras escalonadas, hechas con roca volcánica, que habían pasado desapercibidas para la ciencia hasta poco tiempo antes. Las habían descubierto en 1987 los miembros de la Confederación Internacional Atlántida, un grupo canario de aficionados a lo paranormal, y enseguida habían llamado la atención de los medios de comunicación. Fue así, por la prensa, como Heyerdahl se enteró de la existencia de las pirámides de Güímar.

“Siempre he mantenido que la civilización viajó de Oriente a Occidente, transportada por las corrientes marinas y los vientos alisios”, explicaba el aventurero en 1999, tres años antes de su muerte. Heyerdahl era difusionista: creía que cada cosa se ha inventado sólo una vez en la Historia y después el conocimiento se ha irradiado desde el lugar del hallazgo al resto del mundo. Eso supone que, si hay pirámides a una y otra orilla del Atlántico, es porque la idea y la tecnología para levantarlas se le ocurrió a alguien en uno de los dos sitios y luego viajó hasta el otro. Las pirámides de Güímar, a medio camino, confirmaban, para el aventurero nórdico, esa visión de la evolución de las culturas.

Guanches en América

Heyerdahl organizó durante el siglo pasado varias expediciones para demostrar la posibilidad de contactos transoceánicos en la Antigüedad. Veía los mares como las autopistas por las cuales se había difundido el conocimiento a bordo de embarcaciones como la Kon-Tiki, una balsa de juncos con la que cubrió en 1947 los 7.000 kilómetros que separan Perú del archipiélago polinesio de Tuamotu. Cincuenta años después, las estructuras de Tenerife -que para los lugareños son majanos, meros montones de piedras- le llevaron a pensar que los navegantes que habían cruzado el Atlántico desde Eurasia con el conocimiento necesario para construir ese tipo de edificios pudieron no ser egipcios, sino guanches.

En su aventura canaria, tuvo el apoyo de su amigo el naviero Fred Olsen, cuyos ferries conectan el archipiélago. El multimillonario noruego financió en 1991 unas excavaciones en la plaza central del complejo, que ocupa en total unos 3.000 metros cuadrados. Las dirigieron los arqueólogos María de la Cruz Jiménez y Juan Francisco Navarro, de la Universidad de La Laguna, y no encontraron restos anteriores al siglo XIX. “La excavación arqueológica es contundente en el sentido de ubicarlas (las pirámides) en el siglo pasado”, concluyeron. Los científicos creían que las estructuras eran simples amontonamientos de piedras hechos por los campesinos para liberar suelo cultivable.

Heyerdahl, sin embargo, sostuvo hasta su muerte otra cosa: “Seguramente, bajo ellas se encuentran tumbas guanches”. El ingeniero egipcio Robert Bauval, quien visitó Tenerife en 2001, creía también que las edificaciones habían sido antiguos lugares de culto con conexiones astronómicas. Esta última explicación se agarraba, seguramente, a los estudios de Antonio Aparicio, Juan Antonio Belmonte y César Esteban. Estos tres investigadores del Instituto de Astrofísica de Canarias y la Universidad de La Laguna habían constatado a principios de los años 90 que el conjunto arquitectónico está orientado astronómicamente; aunque en ningún momento habían achacado las edificaciones ni a guanches, ni a atlantes, ni a nada parecido.

Orientación masónica

Bauval y otros autores sostienen que las pirámides de la meseta de Giza se construyeron hace 10.500 años. La misma edad se atribuye a las estructuras canarias en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar, que abrió sus puertas en 1998 por iniciativa de Olsen y Heyerdahl. Un vídeo explica al visitante que la pirámide surgió como estructura hace 10.000 años, simultáneamente, en Egipto, América y otros lugares, lo que demostraría una conexión transoceánica en la Prehistoria. Pero es que las pirámides egipcias, que eran tumbas, se remontan a hace sólo unos 4.500 años y las más antiguas americanas, que eran templos, a poco más de 2.000.

Quien únicamente las conoce de oídas puede pensar, además, en las estructuras de Güímar como equiparables a las levantadas por egipcios y mayas. La palabra pirámide evoca imágenes de construcciones gigantescas en el desierto y en mitad de la selva mesoamericana, colosales edificaciones de decenas de metros de alto formadas por grandes bloques de piedra. Frente a eso, el majano más grande de Tenerife mide 50 metros de largo por 16 de ancho, 5 metros de altura y está hecho de roca volcánica sin trabajar. Estructuras similares existen en isla Mauricio, otro archipiélago volcánico, y no se han achacado nunca a desconocidos contactos culturales en la Antigüedad, entre otras cosas porque ningún ser humano vivió allí antes de 1598.

No hacen falta ni atlantes, ni alienígenas, ni egipcios de viaje a América para explicar el origen de las pirámides de Güímar. Son amontonamientos de piedras hechos en el siglo XIX para limpiar un terreno y dedicarlo al cultivo de cochinilla, algo parecido a lo que han hecho los campesinos de isla Mauricio para la caña de azúcar, tal como explican los astrofísicos Antonio Aparicio y César Esteban en su libro Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005), la única aproximación seria a la historia de los majanos. Lo que no está claro es el por qué de la orientación astronómica del complejo. Aparicio y Esteban sostienen que se debe a que en el siglo XIX el propietario de la finca, el masón Antonio Díaz Flores, habría orientado las estructuras para dotarlas de un significado simbólico ligado a la masonería.


El libro

Las pirámides de Güímar. Mito y realidad (2005): Los astrofísicos Antonio aparicio y César Esteban sacan a la luz la verdadera historia de este presunto misterio canario.

Publicado originalmente en el diario El Correo.

Las pirámides de Güímar, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 18 de junio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de las piramides De Güímar, en la trigésimo cuarta entrega de la temporada 2007-2008 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al escepticismo.