Leyendas urbanas

Dan como noticia una historia humorística de una joven que se traga un móvil

La 'noticia' de la joven que se traga el móvil, en las webs de Europa Press y 'La Gaceta'.

Medios españoles -como la agencia Europa Press y La Gaceta– están dando como noticia en estos momentos que “Adriana Andrade, una joven brasileña de 19 años, se ha tragado su teléfono móvil para evitar que su novio pudiera leer sus mensajes personales”.  Dicen en la web de La Gaceta que, “por lo visto, era costumbre que el novio quisiera revisar el teléfono de la chica, por lo que cuando lo hizo por última vez la joven se negó. Se ve que la  única forma que encontró para evitarlo fue engullir el aparato móvil. La chica fue trasladada al hospital para proceder a sacarle el teléfono del estómago. Tanto los familiares y amigos de Adriana se preguntan qué pudo llevarla a tomar tal decisión, al igual que los médicos que la atendieron. Ahora todos quieren saber qué esconderían esos mensajes”.

El periodista César Coca, dueño y señor de Divergencias, me ha alertado hace unos minutos de que la noticia circulaba por ahí, asombrado por la inmensa credulidad de algunos colegas y que alguien piense que un móvil puede acabar en el estómago. Así que me he propuesto encontrar el origen de la historia. Aunque hay varias noticias de atragantamientos con un móvil por malos tratos en los últimos años,  la historia de Adriana Andrade tiene poco más de un año. El original se publicó en la web brasileña G17 el 11 de julio de 2012 bajo el título de “Garota engole o celular para o namorado não ler as mensagens comprometedoras” (Chica se traga su móvil para que su novio no lea mensajes comprometedores) y estaba ilustrado con una foto de la muchacha en la cama de un hospital y una radiografía en la cual se ve el teléfono en su aparato digestivo.

La broma, en la web brasileña de humor 'G17'.He encontrado la historia original gracias a un comentarista de Menéame que ha alertado de que lo que había hecho Europa Press es dar por buena una broma de un portal satírico brasileño. Porque eso es G17, “um portal de humor, sátira e entretenimento”. No hace falta saber portugués para entender de qué va la web, ¿verdad? En su portada de hoy, lleva otras noticias increíbles como que “sorprenden a un perro conduciendo y trata de morder al policía” y “encuentran una bandera de la Luna en el polo  Norte”. En realidad, lo que Europa Press ha hecho es multiplicar el error cometido hace cinco días por el diario hondureño El Heraldo, que vendió a sus lectores la historia de la joven brasiñeña como si fuera real.

El episodio de Adriana Andrade y su móvil me ha recordado otro en el que Cuatro, en septiembre de 2010, dio como noticia que Steve Jobs había anunciado que el nuevo iPod no admitiría “música de mierda”, lo que había inquietado a Alejandro Sanz porque el aparato no importaba su música. ¿El problema? Que se trataba de una historia publicada en El Mundo Today.

Las témporas, el ‘tampodka’ y el monje shaolín asesino con superpoderes, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de las témporas, el tampodka y el monje shaolín asesino con superpoderes, en la quinta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

¿Avala la revista ‘Anales de Pediatría’ que sea posible emborracharse con tampones de vodka? No

Algunos periodistas se han hecho eco de que cuatro médicos españoles escribieron en diciembre en la revista Anales de Pediatría un texto alertando de los peligros del tampodka, como si ese texto fuera una prueba de que es posible emborracharse metiéndose en la vagina, o el ano, tampones empapados en vodka. “Los peligros que pueden entrañar estas nuevas formas de ingesta etílica llevaron a [Benjamín] Climent [jefe de la Unidad de Toxicología Clínica del Hospital General de Valencia] y a otros colegas de los servicios de Urgencias de hospitales de Navarra, Canarias y Galicia a elaborar en diciembre de 2012 un escrito en la revista Anales de Pediatría dirigido a la comunidad médica”, dice un teletipo de Efe que da por hechas las borracheras por tampodka.

Carta al director publicada en ‘Anales de Pediatría’ en al que se habla del ‘tampodka’.

Lo que uno se encuentra cuando consulta el número de diciembre pasado (Vol. 77, Nº 6) de Anales de Pediatría no es un artículo científico, sino una carta al director cuyo contenido, por lo que al tampodka se refiere, se basa en evidencia anecdótica. El texto de G. Burillo-Putze, M.J. Hernández, B. Climent y M.A. Pinillos pretende llamar la atención sobre “nuevas formas de consumo de alcohol en las que se utilizan las cavidades y superficies mucosas del organismo diferentes a la vía digestiva”. Los autores admiten que no hay publicaciones científicas sobre esas prácticas, no ofrecen ninguna prueba que respalde la idea de que el tampodka sea más que un bulo y aluden en dos ocasiones a vídeos de YouTube como fuentes de información de prácticas alcohólicas raras entre adolescentes. Supone para mí un enigma cómo, a partir de esos mimbres,  son capaces de concluir que quienes realizan esas prácticas no convencionales son “generalmente jóvenes y de nivel sociocultural alto”.

Afirman que el tampodka “produce una absorción muy rápida [del alcohol] y evita, inicialmente, el fetor enólico, por lo que parece ser popular en adolescentes para sortear el control paterno” y, aunque no llegan a decir que ésta sea una vía rápida para emborracharse, tampoco descartan tal extremo, muy improbable si se tienen en cuenta los efectos inmediatos y nada placenteros de la práctica. La periodista Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post,  experimentó consigo misma y, al introducirse en la vagina un tampón empapado en vodka, sintió “como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí”. Minutos después, lo extrajo porque no podía aguantar más. Sobria y dolorida. ¿Se imagina alguien a una adolescente aguantando una tortura así repetidamente en vez de meterse varios tragos por la vía tradicional?

Ni un caso demostrado

Si sorprende que cuatro médicos ignoren el escozor “insoportable” que pueden sufrir vagina y ano al contacto con el vodka y cómo eso retraería a cualquier joven después de una primera prueba, no lo hace menos que crean que con el tampodka se evita que el consumo de alcohol se detecte en el aliento, lo que ellos llaman fetor enólico. “Dando por supuesto que el alcohol se absorbiera en cantidad suficiente en la vagina o en el recto, también se detectaría en el aliento y daría positivo en una prueba de alcoholemia. El alcohol, una molécula pequeña y, en consecuencia, volátil, pasa al aire espirado: al aliento, en definitiva”, sentencia José Carlos Pérez Cobo, miembro del Círculo Escéptico y profesor de fisiología humana de la Universidad del País Vasco.

En conclusión, lo que dicen los autores sobre el tampodka en Anales de Pediatría se basa en rumores y vídeos de YouTube, pasa por alto hechos demostrados y da por buenos otros nunca probados. Pueden haberse dado casos de jóvenes con lesiones vaginales por jugar con tampones empapados en alcohol, pero hasta el momento no se ha registrado en ningún país un ingreso en un centro sanitario en estado de embriaguez  por la combinación de tampones y vodka. Y, por supuesto, no hay ninguna prueba de que esa presunta práctica sea una moda entre los jóvenes. Los cuatro casos de Gijón que han desatado la histeria en España han sido desmentidos por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa) y me temo que no es accidental que quien los haya dado a conocer en los medios, el médico Eduardo Carreño, sea el dueño de una clínica especializada en el tratamiento de adicciones. Este experto ha  llegado a decir que “el uso prolongado del tampax on the rocks” ha hecho que una paciente suya se convirtiera en alcohólica. ¿Pruebas? Ninguna, claro.

Por cierto, si es usted periodista, cuando oiga hablar de cosas raras como las borracheras mediante tampones empapados en vodka o que mirar los pechos femeninos alarga la vida del hombre, consulte antes que nada en Snopes, la mejor web dedicada a la caza de leyendas urbanas. También puede ser una buena historia periodística contar cómo se ha generado un bulo.

¿Es posible emborracharse metiéndose tampones empapados en vodka por la vagina? Más bien, no

La última moda alcohólica entre las adolescentes españolas consiste, según algunos medios, en meterse en la vagina tampones empapados en vodka para emborracharse rápidamente. A principios de semana, saltaba la noticia -desmentida después por el Servicio de Salud del Principado de Asturias (Sespa)- de que hospitales gijoneses habían atendido cuatro casos de intoxicación etílica por tampodka en los últimos nueve meses. Varios expertos confirmaban la existencia de esa práctica y alertaban de su peligrosidad. “No es ninguna broma”, advertía el médico Eduardo Carreño, que dirige en Gijón una clínica para el tratamiento de adicciones  y decía que este método “provoca serios daños en la zona vaginal”. Sin embargo, a pesar de las alertas de éste y otros presuntos expertos, estamos ante una leyenda urbana equiparable a la de la chica de la curva o la de los gatos bonsái. Para comprobarlo, basta con visitar alguna web especializada en estos rumores o consultar con algún científico.

Empecemos por analizar la verosimilitud de los hechos, guiados por José Carlos Pérez Cobo, profesor de fisiología humana de la Universidad del País vasco (UPV) y miembro del Círculo Escéptico. ¿Es posible emborracharse insertándose en la vagina tampones empapados en vodka?, le pregunté ayer. “El alcohol etílico es una molécula muy pequeña, hidrosoluble y liposoluble. Se absorbe muy bien por cualquier mucosa y con gran rapidez: es una de las poquísimas cosas que absorbemos en el estómago. Por esto, beber con el estómago vacío emborracha antes que hacerlo con el estómago lleno. Vacío, el estómago absorbe y éste pasa de inmediato al intestino, donde se absorbe en su totalidad. Acompañado de alimentos, el alcohol se disuelve en el contenido estomacal y viaja con mayor lentitud hacia el intestino”, explica Pérez Cobo. Con ese punto de partida, el lego -yo, por ejemplo- podría suponer que el contacto directo de alcohol de alta graduación con la mucosa vaginal, o anal, favorecería la embriaguez inmediata. Antes de seguir adelante, conviene que los hombres seamos conscientes de para qué sirven los tampones (ellas ya lo saben).

Un tampón es un cilindro de algodón que se mete en la vagina para absorber el flujo menstrual. Su finalidad no es introducirlo en la cavidad empapado en nada; sino más bien la contraria. Así pues, el primer problema a la hora de recurrir al tampodka es cómo meter en la vagina un cilindro de algodón inflado. Fácil no tiene que ser. Hace año y medio, tras enterarse de esta presunta moda adolescente, Danielle Crittenden, responsable de blogs de The Hufftington Post, decidió probar por sí misma, a pesar de no ser precisamente una amante del vodka, que le parece que “sabe como algo que deberías usar para esterilizar una herida”. Utilizó un tampón de tamaño grande, variedad que había comprobado que absorbe unos 44 mililitros de vodka (cantidad que puede llevar un combinado). Cuando llegó el momento, lo colocó “donde se supone que tiene que ir”, no sin antes derramar un tercio del líquido. “¡Chicas, no lo hagáis con vuestros mejores vestidos de fiesta!”, avisa en un divertidísimo artículo titulado “Bartender, a Dirty Martini with a tampon!” (¡Camarero, un Martini Sucio con un tampón!). Y entonces llegó lo peor.

Un escozor “insoportable”

“Sentía como si alguien hubiera arrojado una cerilla encendida ahí. Empecé a dar saltos y respirar a bocanadas rápidas y cortas como había aprendido en las clases de parto, hace mucho tiempo, antes de que me diera cuenta de que no necesitaba respirar así si me ponían la epidural”, recuerda la periodista. Tanto de pie como sentada, el escozor era “insoportable”. Crittenden aguantó 10 minutos antes de extraer el tampodka. “Me sentí mejor inmediatamente”. Al día siguiente, probó el método tradicional, y placentero, de tomarse una copa de vodka. Y concluyó que “cualquiera que intente emborracharse mediante un tampón merece el castigo”. Para ella, la mejor manera de acabar con esta leyenda urbana es que las madres animen a sus hijas adolescentes a experimentar, les den una tampón, les faciliten vodka para que lo empapen, se sientan y rían.

“El alcohol es una molécula muy reactiva y, en consecuencia, irritante. Cualquier persona poco acostumbrada a los licores de alta graduación alcohólica notará que le queman en la garganta y el habituado notará lo mismo si el grado de alcohol es elevado. Y estamos hablando de la mucosa laríngea, fuerte para resistir la erosión provocada por el paso de los alimentos y, digámoslo así, acostumbrada a que pasen por ella irritantes diversos: picantes, el vinagre de la ensalada, mostazas…”, ilustra Pérez Cobo. El fisiólogo añade que, en un caso como el de Critteden, “la irritación de la mucosa vaginal tuvo que ser insoportable. Aunque no lo comenta, me imagino, además, que se produciría un flujo vaginal abundantísimo, por lo que parecería que la chica se habría hecho pis encima (el tampón está mojado y ya no absorbe)”. ¿Alguien se cree que una adolescente va a aguantar tal suplicio repetidamente cuando puede, simplemente, beber un trago de vodka? Además, el tampodka sale más caro -hay que sumar el coste de los tampones- y no evitaría, de funcionar, que el alcohol se detectara en el aliento.

El Sespa indicó ayer en un comunicado que “no tiene constancia de que los servicios de urgencias de los hospitales de la red pública asturiana hayan atendido a pacientes por intoxicación etílica, cuyo origen esté en la utilización de tampones impregnados de alcohol, una supuesta práctica de la que se han hecho eco en los últimos días diversos medios de comunicación. “En la actualidad existen muchos problemas reales relacionados con las drogas como para preocuparnos de mitos y leyendas urbanas que no tenemos acreditadas y que, de existir, no serían en ningún caso una moda, sino que corresponderían a comportamientos aislados”, ha dicho el director general de Salud Pública, Julio Bruno.

Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a 1999, según las webs Snopes y Urban Legends, y todos los casos registrados corresponden a rumores de ingresos hospitalarios como los asturianos, nunca confirmados. En España, tal como recuerda el Sespa, la Asociación Bienestar y Desarrollo, una ONG que trabaja con drogodependientes y otras personas en riesgo de exclusión social, considera que “el tampodka no es ninguna moda. Ni tan siquiera existe como práctica. Es totalmente falso. No hemos detectado su presencia en entornos festivos ni ninguna referencia en los más de quince años de trabajo”.

Estamos rodeados de víctimas del ‘affaire Deusto’

Todos conocemos a víctimas del envío masivo a traves del WhatsApp de fotos íntimas de estudiantes de la Universidad de Deusto. Con nombre y apellidos. Algunas hasta han dado la cara en los medios de comunicación. Porque las víctimas del último escándalo de las redes sociales son todos aquéllos que se han tragado el bulo. La difusión de fotos comprometedoras de alumnas de Deusto lo tiene todo para convertirse en una exitosa leyenda urbana: saca a la luz una actitud socialmente reprobable –fotografiarse desnuda para la pareja– y castiga públicamente a quien ha incurrido en ella. Añadan el plus tecnológico –para muchos, Internet y las redes sociales son la fuente de todo mal– y el morbo de que las pecadoras estudian en una universidad católica. El cóctel es perfecto.

Como muchos, la primera pregunta que me hice nada más saltar el rumor es dónde estaban las universitarias a quienes se habían robado esas fotos. Todavía no conozco a ninguna. Lo más cerca que he estado de hacerlo es cuando he oído algo parecido a que alguien tiene un primo con un amigo que tiene un hijo que conoce a una de esas jóvenes. En las mismas parecen estar tanto la Policía como los alumnos de Deusto que han participado en concentraciones en apoyo de las víctimas del supuesto affaire. Cuando ayer me enteré de esas movilizaciones a través de una demoniaca red social y de un solidario profesor de esa universidad, estuve a punto de preguntarle: ¿en apoyo de qué víctimas se han manifestado?, ¿conoce alguien a alguna?

El affaire Deusto es la enésima demostración de lo proclives que somos a dar crédito a rumores. No es algo nuevo. Los más viejos del lugar nos acordamos de la carta-cadena con una peseta pegada que iba a traernos la fortuna si la mandábamos a diez amigos con una rubia incluida y todo tipo de desgracias si nos limitábamos a quedarnos con la pela.  Un equivalente tecnológico a la carta de la peseta ha sido, esta misma semana, un mensaje por WhatsApp alertando de que ese servicio pasaría a ser de pago para todos aquellos que no enviaran a veinte personas ese mismo mensaje. Si antes había que comprar sellos, sobres y bajar al buzón para cumplir con la carta-cadena, ahora basta con pulsar un botón y el rumor llega de golpe a decenas o centenares de personas a través de un servicio de mensajería o del correo electrónico.

Crédulos de la era digital

La mayoría de la gente sigue siendo igual de crédula que en los tiempos de la carta-cadena, una misiva que recibíamos porque alguien había picado el anzuelo, no lo olvidemos. Así, hay quien cree todavía que ligar con una desconocida en una fiesta puede hacer que horas después nos despertemos con una cicatriz y sin un riñón, literalmente, o que recurrir a los servicios de una prostituta puede traducirse en que la próxima vez que nos miremos al espejo nos encontremos en él con un: “¡Bienvenido al club del sida!”. Cualquiera puede bajar de Internet una imagen de una mujer desnuda en actitud provocativa, pegarla en un mensaje diciendo que es María, estudiante de la universidad que sea, y enviarla con un clic a sus contactos. Algunos picarán y harán lo propio, y la bola crecerá tanto que los medios acabarán haciéndose eco del escándalo, los responsables académicos y políticos se manifestarán al respecto, habrá concentraciones de estudiantes solidarios con las víctimas… Poco importará que María no sea la de la foto y que ésta corresponda a una atriz porno, por ejemplo.

En 1999, una asociación española de telespectadores anunció que iba a denunciar a Antena 3 por la emisión de una escabrosa escena protagonizada por una menor en Sorpresa, sorpresa, un programa presentado por Isabel Gemio. Los padres de una niña de 13 años que idolatraba a Ricky Martin se habían puesto en contacto con la cadena para dar una sorpresa a su hija en su cumpleaños, y Antena 3 había conseguido que el cantante se prestara al juego. Ese día, Martin se escondió en el armario del cuarto de la niña. La pequeña entró en la habitación, se desnudo y, ante el cantante metido en el armario y media España a través de las cámaras, se untó los genitales con mermelada, llamó a su perrito para que la lamiera… y se cortó la emisión. Al día siguiente, mucha gente aseguraba haber presenciado la escena a pesar de ser todo un bulo. Los orígenes de esta leyenda urbana se remontan a los años 80 y, desde entonces, se ha registrado en diversos países con variantes.

El problema no es que haya jóvenes que se hagan fotos desnudas, ni la inseguridad de las Wi-Fi abiertas, ni que en las redes sociales los rumores se extiendan con una rapidez increíble, ni… El problema es la credulidad. De ahí que vivamos rodeados de víctimas del affaire Deusto.