L. Ron Hubbard

La Cienciología, en Hala Bedi Irratia

Koldo Alzola y yo hablamos el jueves pasado en Suelta la olla, en Hala Bedi Irratia, de la Cienciología y L. Ron Hubbard, en la sexta entrega del curso 2012-2013 de Gámez over, intervenciones que también emiten Tas Tas-Bilbao, Eguzki-Pamplona, Uhinak (Ayala), Txapa (Bergara), Eztanda (Sakana), Arraio (Zarautz), Zintzilik (Orereta), Itxungi (Arrasate) y Kkinzona (Urretxu-Zumarraga).

Cienciología se disfraza de atea y racionalista para captar adeptos a través de MTV España

Cienciología ha optado por disfrazarse de atea y racionalista para captar adeptos. Un anuncio que se ve desde hace semanas en MTV España, y que se estrenó en Estados Unidos durante un descanso de la Super Bowl el 3 de febrero, presenta la secta creada por el escritor de ciencia ficción L. Ron Hubbard como una alternativa “para los curiosos, para los que hacen preguntas, para los buscadores del conocimiento”. “Eres poderoso más allá de toda medida, y lo que te da energía no es la magia o el misticismo, sino el conocimiento”, sentencia el spot, dirigido a “los rebeldes, los artistas, los librepensadores y los innovadores”. El chirrido se produce al final, justo antes de revelarse que quien está detrás del anuncio es la Cienciología. “Porque, en el eterno debate de las respuestas, lo único que es verdad es lo que es verdad para ti”, se dice justo antes de que aparezca el logo de la secta.

Ese “lo que es verdad para ti” deja claro que todo lo dicho hasta ese momento -un mensaje que suscribiríamos la mayoría de los ateos, escépticos y librepensadores- es mentira, pero es posible que mucha gente no repare en ello. Lo que pretende el emisor no es que renuncies a “la magia o el misticismo” en general, sino a los de otros credos para creer en los suyos. Si no, el futuro adepto no podría abrazar uno de los principios fundamentales de la Cienciología, que, hace 75 millones de años, el dictador galáctico Xenu trajo a la Tierra a miles de millones de personas, las puso alrededor de volcanes, las exterminó con bombas de hidrógeno y las almas de aquellos muertos todavía crean el caos en el mundo actual.

Hay una versión atea pirata de este anuncio en la que la voz en off se ha alterado, concluye diciendo que, “en el eterno debate de las respuestas, lo único que es verdad es el poder de la lógica”, y se sobreimpresiona después: “Nosotros vamos un dios más allá. Ateísmo”. Ésta fue la primera que vi, a raíz de un mensaje de un usuario de Twitter entusiasmado con lo que creía una campaña de publicidad de los ateos estadounidenses. Me mosqueó el cambio de voz de la frase final y, buscando, buscando, di con el anuncio original de la secta de Hubbard. Ahora, en España, en sus pantallas gracias a la MTV. Incluyo aquí el original estadounidense subtitulado por mí.

El doctorado universitario comprado por L. Ron Hubbard, el fundador de la Cienciología

Que los logros del fundador de la Cienciología, incluido su doctorado honorario, son más ficticios que las aventuras interestelares de sus novelas es algo sabido desde hace décadas, a pesar de que algunos se hayan enterado ahora porque The Times ha publicado una reportaje al respecto y el resto de la prensa británica se ha hecho eco de ello. Lo nuevo no es que el doctorado de L. Ron Hubbard sea tan falso como los títulos universitarios de Luis Roldán. Lo nuevo es que, según revela el diario londinense a partir de información desclasificada, tras prohibir en 1968 la entrada de cienciólogos en el país y para preparar su defensa ante posibles demandas, el Gobierno británico se empeñó en los años 70 en reunir pruebas de que Hubbard era un charlatán, para lo cual su Consulado de Los Ángeles abrió una investigación. La conclusión fue que el guía espiritual de Tom Cruise y John Travolta era un fraude porque, entre otras cosas, había comprado un doctorado a una de esas universidades que los venden por correo.

“Tengo entendido que se afirma que L. Ronald Hubbard fue galardonado con el grado de doctor por la Universidad de Sequoia el 10 de febrero de 1953, en reconocimiento a su destacada labor en los ámbitos de la Dianética y la Cienciología, y que el título está reconocido por el Departamento de Educación del Estado de California”, declaró a los investigadores el ex cienciólogo John McMaster según consta en el material desclasificado. Y añadió: “La realidad es que L. Ronald Hubbard [y otros] adquirieron locales en algún lugar de Los Ángeles que registraron como una universidad llamada Sequoia e inmediatamente se pusieron a otorgarse doctorados entre ellos”.

Un mal estudiante

La verdad sobre la formación académica de Hubbard la publicó ya en 1968 la periodista Paulette Cooper en su libro The scandal of Scientology (El escándalo de la Cienciología), cuyo capítulo 20 está dedicado al currículo de Hubbard, que se presentaba -y sus adeptos presentan hoy en día- como poco menos que un genio cuando fue un pésimo estudiante. Su experiencia académica se limita a dos años en la Universidad George Washington con muy malas calificaciones -decía haberse titulado como ingeniero- y a otros tres meses en un curso de formación militar.

Con tan pobre bagaje, no es de extrañar que, como ya denunciaba Cooper a finales de los 60, para hacerse con un título universitario tuviera que comprarlo en 1953 en la Universidad de Sequoia, que “operaba a través de un apartado postal y enviaba por correo doctorados sin que hubiera que hacer exámenes o asistir a clase”. “Recibí el doctorado por la Universidad de Sequoia y, por consiguiente, soy doctor bajo las leyes del Estado de California”, se defendía el cienciólogo en una carta en 1966. Y volvía a mentir, porque los titulos de esa universidad fantasma nunca fueron reconocidos como tales por California.

Por cierto, la Iglesia de la Cienciología se anuncia en la página de la edición digital de The Times que denuncia desde el jueves que L. Ron Hubbard era un fraude.

La Iglesia de la Cienciología se anuncia en la página de la edición digital de 'The Times' que denuncia desde el jueves que L. Ron Hubbard era un fraude.

La Cienciología sigue siendo una secta

Juan G. Bedoya nos dice hoy en El País que “la Cienciología ya no es una secta”, porque la organización creada por L. Ron Hubbard figura desde el 19 de diciembre en el Registro de Entidades Religiosas español, lo que le otorga las mismas ventajas que a otros credos. El titular es engañoso. La Cienciología sigue siendo una secta, ya que, según el Diccionario de la RAE, secta se define como “conjunto de seguidores de una parcialidad religiosa o ideológica, doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra, o conjunto de creyentes en una doctrina particular o de fieles a una religión que el hablante considera falsa”. La Cienciología encaja objetivamente en las dos primeras acepciones y subjetivamente -para mí- en la tercera. Obviamente, no es la única religión -establecida o no- que considero una secta no sólo en el sentido de la Real Academia, sin también en el popular, que equipara secta a secta destructiva.

La aspiración de Hubbard y los suyos a ser considerados miembros de una religión es lógica viniendo de donde vienen, de un Estados Unidos donde ese reconocimento otorga a cualquier conjunto de creencias un blindaje frente a la crítica. Esa errónea idea de que todas las opiniones y credos son respetables se ha instalado también en otros países occidentales, incluida España, y por eso la Cienciología aspira allí donde puede a ser reconocida como una religión. Sin embargo, eso no implica que su fundamento sea hoy menos ridículo que ayer ni que su líder merezca hoy más respeto que en vida. Cualquiera puede crear una religión que con el tiempo sea reconocida como tal por los poderes públicos, pero eso no demuestra que sus bases sean ciertas, sólo que hay gente que cree en ellas, como en otros tiempos en Zeus, Thor, Baal y tantos otros dioses a los que el hombre adoró alguna vez y que han perdido sus altares.

Los cienciólogos destacan que en España son unos 10.000, como si la cantidad de fieles supusiera un plus de credibilidad para una fe. La religión jedi -sí, creen en La Fuerza– tiene unos 70.000 adeptos en Australia y más de 390.000 en Inglaterra y Gales, según los censos de esos países.

¿Usan los cienciólogos más del 10% del cerebro?

Publicidad de la Iglesia de la Cienciología.¡Confirmado! La Cienciología aspira a captar a sus militantes de base entre personas que sufren una grave discapacidad cerebral. Creía que habían cambiado de política hace años, pero en los últimos días varios amigos y un anuncio publicado en una revista esotérica me han sacado del error. La secta fundada por L. Ron Hubbard dice tener en España unos 10.000 adeptos e intenta seducir a más incautos con una presunta frase de Einstein sobre las limitaciones del cerebro humano. “Nosotros sólo utilizamos el 10% de nuestra potencia mental”, sostienen los cienciólogos que sentenció el afamado físico. En el panfleto que reproduzco -que data de los años 80 del siglo pasado, pero que siguen usando-, aseguran que la mejor manera de superar esa carencia es, ¡faltaría más!, leer el libro Dianética y seguir las enseñanzas de su mesías.

Hubbard fue un escritor de ciencia ficción de segunda y un tipo con serios problemas mentales cuya religión es una patochada de cuidado: “Los principios fundamentales de Cienciología son los siguientes: eres un ser espiritual inmortal. Tu experiencia se extiende más allá de un solo ciclo de vida y tus capacidades son ilimitadas, aunque no se hayan realizado en la actualidad”. Vamos, el típico bla-bla-bla misticoide al que tan proclives son las estrellas de Hollywood y muchos renegados de las religiones tradicionales.

¿Realmente usamos sólo el 10% del cerebro? Pues, no. No hay ningún ser humano que haya sufrido importantes daños cerebrales y siga tan ancho, cuando eso es lo que debería pasar en muchos casos si el 90% de nuestro cerebro fuera inútil. Nadie conoce a una persona con daños cerebrales a la que el médico haya dicho: “No se preocupe; la parte afectada es una que usted no utilizaba”. Al contrario, como recordaba hace unas semanas en Bilbao el psicólogo Carlos J. Álvarez -en la segunda edición de Misterios, a la luz de la ciencia-, basta una pequeña lesión neurológica para que una vida pueda irse al traste. Sin embargo, los cienciólogos sostienen lo contrario y buscan a sus adeptos entre quienes creen que sólo usan el 10% del cerebro. Si están convencidos de esa limitación por algo será, ¿no?