Falsas reliquias

El sudario de Oviedo es tan falso como la sábana santa, confirma el Centro Español de Sindonología

No falla: llega la Semana Santa y alguien se saca de la manga una presunta investigación que demostraría la autenticidad de la sábana santa de Turín. El autor del estudio de este año es el escultor Juan Manuel Miñarro, miembro del Centro Español de Sindonología (CES), una organización de creyentes que lleva décadas dándoselas con queso a los medios de comunicación españoles. Como pasa cada año por estas fechas, agencias de noticias como Efe y Europa Press se han hecho eco del trabajo sin el más mínimo espíritu crítico, y decenas de medios se han unido al coro divino. Lo paradójico es que la investigación sabanasantera de 2015 demuestra que el sudario de Oviedo es también una falsa reliquia, algo, por otra parte, nada sorprendente.

Profesor de escultura de la Universidad de Sevilla, Miñarro ha comparado los rostros impresos en los lienzos de Turín y Oviedo, y concluido que ambos “envolvieron, casi con toda seguridad, el cadáver de la misma persona”. El estudio “no prueba por sí misma que esa persona fuera precisamente Jesucristo, pero sí que nos ha puesto claramente en el camino de conseguir demostrar completamente que la Sábana Santa y el Santo Sudario envolvieron la cabeza del mismo cadáver”, ha explicado el sindonólogo a Paraula, la revista del Arzobispado de Valencia. Ha añadido que el número de coincidencias entre ambas caras “sobrepasa con creces el mínimo de puntos significantes o pruebas exigidos por la mayoría de los sistemas judiciales del mundo para la identificación de personas, que es de entre ocho y doce, mientras que los que ha arrojado nuestro estudio son de más de veinte”.

El procedimiento fue, según Paraula, el siguiente:

Miñarro utilizó fotografías a tamaño real de las dos reliquias y superpuso las imágenes con la ayuda de luz láser, acetatos y un programa informático, un procedimiento que es utilizado en la investigación criminalista. Las superposiciones fotográficas atribuidas al mismo individuo, cuando no existen restos materiales, “es una técnica confiable, más útil ciertamente para realizar exclusiones, pero que puede dar lugar a identificaciones positivas, si se observan y cotejan características únicas, verificables sobre un número importante de puntos significantes -como es este caso-, por lo que se constituyen inmediatamente en pruebas”. Por ello, la superposición fotográfica, un procedimiento que comenzó a utilizarse hacia 1880, “es una técnica que sigue siendo muy sólida en la mayoría de casos”. [Los entrecomillados corresponden al investigador.]

El trabajo de Miñarro no ha visto la luz en ninguna revista con revisión por pares. Supongo que, como mucho, verá la luz en Linteum, la publicación del CES. “Según la tradición, la sábana santa, que está custodiada en la catedral de Turín, sería el lienzo que envolvió el cuerpo de Jesús al ser depositado en el sepulcro, mientras que el santo sudario, venerado en la catedral de Oviedo, sería la tela que cubrió su rostro en la cruz tras morir”, sostienen Efe y Europa Press en un despacho de agencia clónico que da la impresión de que el estudio del escultor demuestra la autenticidad de las dos reliquias, cuando es exactamente lo contrario. El sudario de Oviedo se encuentra en la catedral de la capital asturiana, nunca se ha sometido a estudio científico y desde hace décadas es objeto de una encendida defensa por parte de los sindonólogos y la Iglesia católica.

Ignorar el carbono 14

Ambas agencias ignoran piadosamente el único estudio científico hecho hasta la fecha sobre la sábana santa. La razón es obvia: esa investigación deja claro que esa tela nunca pudo envolver el cuerpo de Jesús de Nazaret. En 1988, tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza, fecharon mediante el carbono 14 “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”. El resultado del análisis se publicó en la revista Nature sin que, casi 30 años después, haya sido refutado en ninguna publicación científica. El carbono 14 no hizo sino confirmar lo que otras muchas evidencias apuntaban desde que apareció la reliquia en Francia a mediados del siglo XIV. Hasta la Iglesia admitió en 1989 que el lienzo depositado en la catedral turinesa muestra una representación del Jesús crucificado y no la imagen de Jesús crucificado, lo que no ha impedido que todos los papas posteriores -el actual lo hará previsiblemente en junio- veneren la falsa reliquia.

Imagen frontal de la figura humana de la sábana santa.

Si un estudio demuestra que la sábana santa y el sudario de Oviedo “envolvieron, casi con toda seguridad, el cadáver de la misma persona”, significa que, “casi con toda seguridad”, la tela asturiana es también un fraude medieval. Demostrar lo contrario sería fácil: bastaría con que la Iglesia dejara que se date por el carbono 14 y, además, microanalistas forenses la examinaran, como hizo en su día Walter McCrone, quien descubrió que la sangre del sudario de Turín era tempera al colágeno. Por cierto, la única manera de explicarse las anormalidades de la figura de la sábana santa es que se usara un bajorrelieve para la fabricación de la falsa reliquia.

Miñarro es el autor de una escultura del hombre de la sábana santa para una exposición itinerante en la que no ha tenido el menor reparo en colocar el supuesto cadáver en una postura imposible para intentar hacerlo encajar con lo reflejado en el lienzo turinés. El CES, por su parte, es una entidad tan rigurosa que Celestino Cano, quien fue su presidente durante muchos años, destacó en 1989 que el físico Willard Libby, que ganó el Nobel en 1960 por la invención del método del radiocarbono, decía que la prueba no se había hecho bien en el caso de tela de Turín. Libby había muerto nueve años antes de que se hiciera el análisis, pero para los sindonólogos las discrepancias temporales nunca son un problema.

Los regueros de sangre de la sábana santa: cómo hacer que un estudio científico diga lo que no dice

“Científicos dicen que el sudario de Turín demuestra que Jesús fue crucificado en una posición «muy dolorosa», con los brazos por encima de la cabeza”, anunciaba el jueves The Christian Post. No hay Semana Santa en la que algunos medios no enloquezcan interesadamente envueltos en la sábana santa, y éste caso es un buen ejemplo de ello, como lo fue hace tres años la resurrección de Willard Libby con unas declaraciones que nunca hizo contra la datación del carbono 14.

El forense italiano Matteo Borrini, de la Universidad John Moores de Liverpool (LJMU), presentó en febrero los resultados de un estudio sobre las implicaciones de los supuestos regueros de sangre de las manos del hombre de la sábana santa. Había concluido que encajaban sólo con una crucifixión en forma de Y, con los brazos sobre la cabeza, y no con la tradicional en forma de T, y así lo anunció en el 65º encuentro anual de la Academia Estadounidense de Ciencias Forenses (AAFS), celebrado en Seattle. “Habría sido una posición muy dolorosa que habría provocado dificultades para respirar”, reconocía la semana pasada en la revista New Scientist.

Ésa es la base de la información de The Christian Post, cuya autora comenta casi al final del texto que “la autenticidad del sudario de Turín ha estado en disputa desde hace mucho tiempo”; puntualiza que, aunque Borrini cree que la pieza es un fraude, también apunta que la hizo un experto porque los regueros de sangre se corresponden con los de una crucifixión real;  y recuerda que científicos italianos propusieron recientemente que la imagen fue creada por emisiones de neutrones consecuencia de un terremoto registrado en el año 33, fenómeno al que también achacaban el rejuvenecimiento de la tela al datarla mediante el radiocarbono. Y así un estudio escéptico se convierte, previo paso por el tamiz del fundamentalismo -el medio es altavoz de las confesiones cristianas estadounidenses más retrógradas-, en algo que respalda la idea de que “Jesús fue crucificado en una posición «muy dolorosa», con los brazos por encima de la cabeza”. Atentos a la jugada porque es probable que alguno de los medios ultracatólicos españoles la repita en los próximos días. ¿Pero qué es lo que hizo Borrini y con qué objetivo?

Un experimento escéptico

Para empezar, el forense es colaborador del Comité Italiano para el Control de las Afirmaciones de lo Paranormal (CICAP) y no cree que el llamado sudario de Turín envolviera el cuerpo de Jesús ni se imprimiera de forma milagrosa. “Es un fraude, pero una muy interesante obra de arte y del ingenio humano”, dice en New Scientist. Como curiosidad, se propuso averiguar si los pretendidos regueros de sangre de las muñecas encajaban con los de un crucificado. En sus experimentos, contó con la colaboración del químico italiano Luigi Garlaschelli, quien publicó en 1991 en Nature una posible receta de la famosa sangre de san Genaro y hace cuatro años replicó la sábana santa. Garlaschelli hizo las veces de crucificado, adoptando diferentes posturas con una cánula de la que manaba sangre colocada en el dorso de sus manos. La única posición en la cual el reguero coincidía con lo plasmado en la sábana santa era la de Y, muy parecida también a la que adoptaban las víctimas de torturas medievales, según recuerda Borrini.

La datación por radiocarbono de la sábana santa, hecha en 1988 por tres laboratorios de Estados Unidos, Reino Unido y Suiza, fechó “el lino del sudario de Turín entre 1260 y 1390 (±10 años), con una fiabilidad del 95%”, lo que implica que no pudo envolver ningún cuerpo en el siglo I. El resultado del análisis se publicó en la revista Nature y cuadra con el estilo pictórico de la figura y la historia de la presunta reliquia. No hay ninguna polémica científica sobre el origen medieval de la tela; sólo gritos desde las filas más crédulas de la fe. ¿Cómo hay que interpretar entonces los resultados del estudio de Borrimi? Puede tratarse de una coincidencia, como admite el científico, o de que autor del lienzo optara por una postura diferente a la clásica de la crucifixión, como han hecho otros artistas a lo largo de la Historia.

El titular de The Christian Post -“Científicos dicen que el sudario de Turín demuestra que Jesús fue crucificado en una posición «muy dolorosa», con los brazos por encima de la cabeza”- es falso, engañoso, una tergiversación. La única conclusión lógica sería la de New Scientist: “El sudario de Turín representa una crucifixión en forma de Y”.

La Universidad de Valencia concede dos créditos de libre elección por asistir a un congreso sobre la sábana santa

La Universidad de Valencia concederá dos créditos de libre elección a los alumnos que asistan a un congreso sobre la sábana santa organizado por el Centro Español de Sindonología (CES), una entidad que defiende la autenticidad de la falsa reliquia con argumentos pseudocientíficos e ignora todas las pruebas que demuestran que fue confeccionada entre los siglos XIII y XIV, incluido el análsis del carbono 14 de 1988 que todavía nadie ha refutado. El I Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España se celebrará del 28 al 30 de abril en el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia y contará con la participación de Ian Wilson, Barrie Schwortz, John Jackson, Mark Guscin y Bruno Barberis. Todos ellos son fervorosos creyentes en la autenticidad del sudario de Turín y habituales de las revistas y los congresos pseudocientíficos.

La sábana santa es un fraude conocido desde su aparición en Francia en el siglo XIV, no es un negativo fotográfico, contiene pintura y no sangre, la figura no corresponde a un hombre pefecto -todo lo contrario- y la NASA no la ha examinado nunca. ¡Ah! y Willard Libby, descubridor del método de carbono 14, tampoco pudo decir en 1989 que el análisis se había hecho mal y los resultados no eran válidos, como contó a varios medios españoles Celestino Cano, entonces presidente del CES. A no ser, claro, que Libby se manifestara a través de la ouija porque había muerto en 1980. Que no se sepa exactamente cómo se hizo -algo a lo que se agarran tramposamente los sindonólogos para reivindicar su autenticidad- no cambia el hecho de que el lino con el que está tejida data de la Edad Media y, por tanto, no pudo estar en un sepulcro hace 2.000 años.

¿Con qué criterios se conceden créditos de libre elección la Universidad de Valencia, una institución académica pública? ¿Es que vale cualquier cosa? Es la impresión que da ante el desatino de avalar y acoger un encuentro pseudocientífico y religioso como este congreso de sindonólogos.

Anuncio del I Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España, que se celebrará en la Universidad de Valencia.

La Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia acogerá en abril un congreso sobre la sábana santa

La Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia acogerá en abril un congreso pseudocientífico sobre la sábana santa. El encuentro lo organiza y anuncia en su web el Centro Español de Sindonología (CES), una organización que defiende la autenticidad de la falsa reliquia e ignora todas las pruebas que demuestran que fue confeccionada entre los siglos XIII y XIV. Así, en 1989, Celestino Cano, entonces presidente del CES, rechazó la validez de la prueba del carbono 14 basándose en que, según él, Willard Libby, descubridor de ese método de datación, había asegurado que el análisis no se había hecho bien. El problema es que Libby nunca pudo decir eso porque murió en 1980, ocho años antes de que se realizara el análisis, lo que no impide que algunos sigan hoy en día repitiendo esa mentira. El resultado de la prueba del radiocarbono, que fecha la tela entre entre 1260 y 1390 (±10 años), se publicó en Nature en febrero de 1989, sin que nadie lo haya refutado hasta el momento en ninguna revista científica.

Ahora, el CES anuncia en su web que el Aula Magna de la Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia acogerá el 28,29 y 30 abril el I Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España, en el  que, entre otros, participarán Ian Wilson, Barrie Schwortz, John Jackson, Mark Guscin y Bruno Barberis, todos ellos fervorosos creyentes en la autenticidad de la falsa reliquia, diga la ciencia lo que diga. Pseudociencia religiosa pura y dura en una universidad pública.

Anuncio del I Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España, que se celebrará en la Universidad de Valencia.

La segunda cara de la sábana santa: creer para ver

Una joven toca, en febrero de 2003, la valla de una playa de Sydney que, vista a distancia y desde un ángulo determinado, semejaba una figura de la Virgen.“Sí, y si miras desde un poco más cerca, en la esquina superior derecha, puedes ver al Pato Donald… y ahí, a la izquierda, a Mickey Mouse”. Esto decía David Sox, ex secretario de la Sociedad Británica del Sudario de Turín, que comentó un sindonólogo cuando, hace años, el padre Francis Filas presentó una foto de la sábana santa en la que decía ver una moneda romana sobre uno de los ojos de la figura. Lo recuerda Joe Nickell en Inquest on the shroud of Turin (1983), un libro imprescindible para quien quiera profundizar en la historia de la falsa reliquia. En septiembre de 2001, hubo muchos que vieron al diablo en la humareda que salía de una de las Torres Gemelas heridas de muerte por el fanatismo religioso y, en febrero de 2003, muchos católicos australianos hincaron las rodillas en una playa de Sydney ante una valla que, vista desde un ángulo determinado, parecía la silueta de una figura de la Virgen.

Giulio Fanti y Roberto Maggiolo, del Departamento de Ingeniería Mecánica de la Universidad de Padua, han anunciado en el Journal of Optics A: Pure and Applied Optics -revista del Instituto de Física de Londres– que han identificado un rostro y unas manos cruzadas débilmente impresionados en el reverso de la sábana santa. El artículo se titula “La doble superficialidad de la imagen frontal del sudario de Turín” y de él se ha hecho eco en sus páginas de Ciencia el diario El Mundo, que recientemente nos descubrió que una niña saudí llora piedras -una primicia de la agencia Efe- y otra rusa tiene visión de rayos X. Comparado con esas proezas infantiles, lo de los científicos italianos apenas tiene un pase. Es más de lo mismo que vienen contando los sindonólogos desde hace más de treinta años, una mezcla de mentiras -¿se acuerdan de cuando Juan José Benítez decía cada dos por tres que la NASAhabía estudiado la tela, algo que nunca ocurrió?- e investigaciones como las de Filas. En este caso, todo indica que Fanti y Maggiolo han caído por la misma ilusión del niño que ve animales en las nubes.

La parte trasera del lienzo de Turín permaneció oculta por una tela desde el incendio de Chambéry (Francia) de 1532 hasta 2002, cuando el parche cosido originalmente por unas monjas fue sustituido y se sacaron las fotografías que ahora se han tratado digitalmente. Los autores recuerdan que “muchos” consideran la pieza de lino “el sudario en el que fue envuelto Jesús de Nazareth antes de ser depositado en una tumba en Palestina hace unos 2.000 años”, pero en el artículo se pasa por alto que el análisis del carbono 14 fechó en 1988 su confección entre 1260 y 1390. Lo cierto es que Fanti y Maggiolo niegan la validez de esa prueba y lo decían en la versión original del texto, según me ha contado el primero de ellos. “Un gran número de científicos -argumentaban en un párrafo suprimido por orden de los revisores- cree que la toma de muestras y la fiabilidad de la datación por radiocarbono no son satisfactorias, porque la tela sufrió muchas vicisitudes (incendios, reparaciones, agua, exposición al humo de las velas, a la respiración de los visitantes)”. Y añadían que “algunos investigadores han revelado que la muestra de 1988 no es representativa del sudario de Turín”, sino que “tiene características físicas y químicas diferentes de la parte principal de la tela”. Al artículo de Nature en el que se dieron a conocer los resultados del carbono 14, contraponían un texto publicado por Ray Rogers en Internet en 2002.

Fanti me ha explicado, en comunicación personal, que “hay muchos signos que indican que la tela es muy antigua”: la textura del lino, la presencia de almidón en el hilo y un tipo de cosido muy parecido a uno existente en Massada (Israel) hace 2.000 años, entre otros. El sindonólogo italiano considera posible que se sometiera al carbono 14 parte de un parche medieval, hecho que -recuerda- apuntó en su día Rogers, químico del Proyecto para la Investigación del Sudario de Turín (STURP). “Antes de hacer un nuevo análisis del radiocarbono, deberíamos mos saber si posibles factores ambientales pueden causar efectos no despreciables en la muestra a examinar”, puntualiza el profesor de la Universidad de Padua, quien se sintió interesado por la sábana a los doce años, está involucrado en su estudio desde mediados de los 90 y defiende su autenticidad. “En una buena investigación, los aspectos religiosos deben separarse de los científicos y yo intento seguir esa directriz. Desde el punto de vista religioso, aunque el sudario no sea considerado una reliquia por la Iglesia católica, estoy convencido de que es la mortaja de Jesucristo. Puedo decirlo después de la experiencia trascendente que tuve al observar directamente el sudario durante un total de diez minutos. En algunas ocasiones que vi directamente la sábana santa, percibí un particular sentido del silencio y del infinito muy diferente a lo que siento cuando miro una buena fotografía del sudario”.

La cara conocida de la sábana de Turín y la nueva 'encontrada' en el reverso. Foto: 'Journal of Optics A: Pure an Applied Optics'.

El investigador asegura haber encontrado en el reverso de la síndone un rostro “y quizás unas manos”. “No se trata de la estampa de otro hombre; es el mismo Hombre -en mayúscula en el original- el que ha causado las dos impresiones”. Después de, por comparación, intentar dar en la parte trasera con detalles anatómicos presentes en la figura conocida, los científicos identifican “en el reverso la nariz, los ojos, el pelo, la barba y el bigote en el lugar, la forma, la posición y la escala correspondientes a esos detalles en el frente”, a pesar de lo cual niegan que su origen sea que la pintura traspasó la tela. En su apoyo, esgrimen estudios de sindonólogos que han defendido desde 1980 que la impresión no penetra en el lienzo. “No hay ninguna imagen en medio de la tela”, mantiene Fanti, quien no puede explicar científicamente cómo se habría formado la figura y abraza la posibilidad de un “estallido de energía” durante la Resurrección como el defendido por su colega John Jackson. “¿Por qué no suponer que un fenómeno particular, descrito en los Evangelios durante la mañana de Pascua, pudo ser el responsable de la formación de la imagen?”. Ni aún así consigue, no obstante, explicar cómo se habría impreso la imagen sólo superficialmente en el anverso y el reverso, y mucho menos las anomalías que presenta la figura y que apuntan al fraude.

“Las conclusiones van más allá de la técnica. Parten de que tiene que haber una cara como la conocida y la encuentran. ¿Por qué sólo algunas partes de la cara y no todas? ¿Por qué la cara y no los hombros? ¿Por qué las manos se ven peor?”, se pregunta un experto español en procesado de imágenes que prefiere permanecer en el anonimato. Todo apunta a que los autores han descubierto en la sábana santa lo que quieren ver. Han comparado la parte posterior de la sábana con la anterior, buscando en esta última formas que recordasen el rostro de la primera, hasta que las manchas, en su opinión, han casado. “Está claro desde el principio que quieren encontrar algo. Y, si quieres, siempre lo encuentras. Si yo quisiera encontrar en esa foto el rostro de un mandril o de un león, lo encontraría”, apunta el profesor universitario español. Este especialista admite que las herramientas informáticas empleadas por Fanti y Maggiolo para limpiar la imagen son apropiadas -“Se pueden emplear esas técnicas u otras para conseguir un mejor nivel señal-ruido”-, pero discrepa de la metodología seguida a la hora de identificar un rostro en la parte posterior de la sábana santa. “Un coeficiente de correlación mayor que 0,6 hace la correspondencia entre las dos imágenes aceptable”, escriben los sindonólogos en el artículo. “¿Por qué 0,6? ¿Por qué no 0,7 ó 0,8?”. Quizá porque exigir un mayor coeficiente de correlación -1 sería la correspondencia total y 0 la disparidad absoluta- haría desaparecer algunos de los rasgos del nuevo rostro. ¿Qué ve el lego? Pues, nada. Ni forzando la imaginación al máximo. Hace falta que los investigadores contorneen los presuntos rasgos de la segunda cara de la sábana santa para verla. Hasta Giusepe Ghiberti, de la comisión diocesana de Turín que custodia la tela, ha restado importancia al trabajo de Fanti y Maggiolo: “Es el ojo humano, por un efecto fisiológico de la visión, el que tiende a ver esa imagen que en realidad no existe”.

La nueva cara con líneas dibujadas por los autores que ayudan a verla. Foto: 'Journal of Optics A: Pure an Applied Optics'.La mayoría de las citas bibliográficas -dieciséis de veinticinco- corresponden, además, a publicaciones sindonológicas o de la Iglesia, así como a comunicaciones personales, y los escasos artículos aparecidos en revistas científicas están firmados por partidarios de la autentiticidad de la reliquia. “Todas las referencias son sobre la sábana santa. Echo en falta artículos sobre el procesado de imágenes. La argumentación científica del artículo se centra en el empleo de técnicas de procesado digital de imágenes, aplicadas al reconocimiento biométrico de personas. Por ello, resulta un poco extraño que no se hagan referencias a artículos publicados en revistas de prestigio en este campo, que permitirían una adecuada validación y justificación de los métodos de procesado utilizados”, destaca el experto consultado. Tampoco hay ni un artículo crítico entre los consultados por Fanti y Maggiolo, el primero de los cuales afirma que “existen muchas pruebas a favor de la autenticidad del sudario, pero ninguna incuestionable quizás porque Dios quiere que todo el mundo piense y actúe según su libre voluntad”. Entonces, ¿para qué buscar la prueba definitiva? Porque siempre cabe la posibilidad de que el artífice del sudario de Turín fuera el genial Leonardo da Vinci, extremo al que han apuntado como una “curiosa teoría” algunos periodistas para los cuales el autor de La Gioconda pudo pintar la sábana santa que apareció en Lirey en 1350. ¡Qué importa que Leonardo naciera en 1452!