Dan Brown

Dan Brown y sus desvaríos y el espiritismo universitario, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 28 de octubre en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre Dan Brown y sus desvaríos pseudocientíficos y el seminario espiritista de la Universidad de Castilla-La Mancha, en la tercera entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Dan Brown cree que el cáncer puede curarse “con la fuerza de tu pensamiento”

Dan Brown, multimillonario autor de El código Da Vinci, está como una cabra, con perdón del cuadrúpedo. Lo deja claro en la entrevista que hoy puede leerse en el XL Semanal con motivo de la publicación de El símbolo perdido. El novelista estadounidense parece que ha sufrido un vaciado cerebral equivalente al llenado de sus bolsillos. “Fui escéptico durante mucho tiempo. Ciencia noética… suena a New Age. Dediqué años a la investigación y ¿sabe qué?, la ciencia noética funciona”, dice Brown en la entrevsta que firma Jan Christoph Wiechmann en el colorín de Vocento. Es sólo el principio de un diálogo increíble:

– ¿En serio? Pónganos un ejemplo.

– Coja un vaso de agua y congélelo. Luego coloque a un grupo de personas alrededor del vaso, todas con pensamientos hermosos, puros, y verá que empiezan a formarse los más bellos cristales.

– ¿Lo dice en serio?

– Completamente.

– ¿No ha perdido el juicio?

– No he perdido el juicio. Haga el mismo experimento con personas que tengan pensamientos oscuros, malvados. El hielo se llenará de grietas y cristales horribles. He investigado el tema y he encontrado pruebas. La idea de que el ser humano pueda ejercer control sobre la materia me desconcierta.

– ¡A mí también! ¿Se ha convertido en un científico aficionado?

– Sí, tengo que pensar, hasta cierto punto, como un científico. Si te concentras el tiempo suficiente mientras observas una célula cancerígena, puedes hacerla sanar.

A quien primero escuché la tontería del agua sensible fue a Valentín Romero, presidente de la Federación Española de Médicos Homeópatas (FEMH), en septiembre de 2005. Me explicó que un médico alternativo japonés, Masaru Emoto, había publicado un libro con fotos en las que se veía cómo el agua helada de un charco a la puerta de una floristería de una ciudad normal y corriente cristaliza de una forma bella, mientras que, si la imagen procede de Hiroshima, las formas de los cristales son tortuosas, retorcidas, porque el agua recuerda la tragedía de la bomba atómica de 1945. Romero me quería convencer de que el agua tienen memoria. La historia me pareció tan ridícula que la dejé fuera del reportaje que estaba escribiendo sobre la homeopatía para que no me tacharan de tendencioso. Miren por dónde, cuatro años después compruebo que un periodista considera que alguien que le cuenta eso se ha convertido en un científico aficionado y le deja que diga peligrosas estupideces, como la de que puedes curar el cáncer medante con el poder de la mente, sin desautorizarle.

No me interesa Dan Brown como literato. El código Da Vinci me pareció una novela muy mala y previsible, al igual que La hermandad de la sábana santa, de la periodista Julia Navarro, por citar un éxito de ventas español tan flojo como el estadounidense. Lo que me preocupa es que porque Brown venda muchos libros haya quien tenga en consideración su opinión respecto a asuntos tan graves como el cáncer, de los cuales sabe tanto como del interior de la Giralda de Sevilla y del Priorato de Sión. Es posible que en el pasado el novelista estadounidense fuera escéptico -cosas más raras se han visto-, pero ahora está como un cencerro y nada justifica hacer publicidad gratuita a sus locuras. Dice que, en cinco años, mucha gente le dará la razón en que podemos “cambiar el mundo con la fuerza de tu pensamiento”, “crear una nueva realidad si unimos nuestros pensamientos y nos concentramos en ello”. Es el mismo tipo de augurio que llevan repitiendo todos los charlatanes esotéricos desde hace décadas, y pasan los años, y pasan los años, y pasan los años…

Las claves reales de ‘El código Da Vinci’

'La Última Cena', de Leonardo da Vinci.

Dan Brown afirma, en el preámbulo de El código Da Vinci, que “todas las descripciones de obras de arte, edificios, documentos y rituales secretos que aparecen en esta novela son veraces”. Sus críticos dicen que no es así. En febrero de 2004, Laura Miller sentenció en La burla Da Vinci, un artículo publicado en The New York Times, que “el material de no ficción” de la obra tiene “aversión a la autenticidad”. La periodista francesa Marie-France Etchegoin y el filósofo y sociólogo Frédéric Lenoir acusan a Brown, en El código Da Vinci: la investigación (RBA, 2005), de “mencionar hechos reales, pero deformar su sentido, retorcerlos en cierto modo, para ajustarlos a la trama novelesca” y, encima, presentarlos en la nota previa como ciertos. Michael y Veronica Haag sentencian, en El código Da Vinci al descubierto (Ediciones B, 2005), que la obra “no contiene más verdad que la que se encuentra en las ficciones de Tom Clancy o Terry Pratchett, o en las de J.K. Rowling y su mundo de Hogwarts”. ¿Es para tanto?

Más de 40 millones de ejemplares de El código Da Vinci se han vendido desde que en marzo de 2003 llegó a las librerías. A partir del 19 de mayo, a buen seguro que se sumarán a los seguidores de Brown muchos de los que vayan a ver la película homónima protagonizada por Tom Hanks y Audrey Tautou, que interpretan a Robert Langdon, experto en simbología de Harvard, y a la policía criptóloga Sophie Neveu. La pareja se conoce después de que un monje albino miembro del Opus Dei asesina en el Louvre al conservador del museo, Jacques Saunière, que dedica su agonía a dejar pistas relacionadas con las obras de Leonardo da Vinci para que los protagonistas descubran el más grande de los secretos: que el Santo Grial existió y que donde Jesús vertió simbólicamente su sangre no fue en una copa, sino en el vientre de María Magdalena. El linaje fundado por la pareja bíblica habría dado origen a los merovingios -dinastía que gobernó Francia entre los siglos V y VIII- y llegado hasta nuestros días.

El primer enigma reivindicado por Brown no forma parte directa de la trama. El apellido del conservador del Louvre remite al llamado misterio de Rennes-le-Château, un pueblo del sur de Francia donde, a caballo entre los siglos XIX y XX, un cura se gastó una fortuna en la restauración de una iglesia. Se llamaba Bérenger Saunière, llegó a la localidad en 1885 sin un céntimo, sus ataques a la república le hicieron pronto merecedor de una donación de 3.000 francos de María Teresa de Módena, viuda del pretendiente al trono francés Enrique V, e invirtió ese dinero en obras en el altar mayor. Según la leyenda, el sacerdote encontró en el pilar hueco del altar unos misteriosos pergaminos y, en el suelo, una losa que daba entrada a una cripta donde halló el tesoro de los cátaros, el Arca de la Alianza, las Tablas de la Ley, el tesoro del templo de Jerusalén o unos documentos en los que se revelaba un turbador secreto, depende de la versión de la historia que se prefiera.

¿JUAN O MARÍA MAGDALENA? Todo el montaje de Dan Brown descansa sobre la idea de que el Juan de 'La Última Cena' de Leonardo es una mujer.Hasta 1915, los gastos de Saunière -que incluyen obras en el templo, la compra de terrenos y la edificación de una villa y una torre- “rozan, sin alcanzarlos, los 200.000 francos”, sostiene Massimo Introvigne en Los Illuminati y el Priorato de Sión (Rialp, 2005). ¿De dónde sacó un cura de pueblo tanto dinero? Los vendedores de misterios dicen que de un tesoro o de la venta de alguno de los valiosos objetos bíblicos que presuntamente encontró en el subsuelo de la iglesia de Rennes-le-Château; la realidad es mucho más terrenal. En las cuentas del sacerdote consta que, entre 1893 y 1915, se embolsó dinero por más de 100.000 misas encargadas por particulares, que nunca llegó a celebrar. El tráfico de misas fue la fuente de financiación de las inversiones inmobiliarias de Sauniére, que puso desde el principio todas sus propiedades a nombre de Marie Denardaud, su fiel ama de llaves y quizás algo más. Así que, de misterio, nada. ¿Y los pergaminos del pilar? Según Gérard de Sède, autor de El oro de Rennes (1967), un clásico moderno del esoterismo, los documentos probarían que el linaje merovingio no se extinguió y que su último representante, y legítimo heredero del trono francés, sería un tal Pierre Plantard de Saint-Clair, gran maestre del Priorato de Sión.

Leonardo y el Priorato de Sión

Ya tenemos dos puntos de conexión más entre el misterio de Rennes-le-Château y El código Da Vinci: el Priorato de Sión y los apellidos Plantard de Saint-Clair, que en la novela corresponden a uno de los protagonistas, descendiente de Jesús y María Magdalena. Brown nos cuenta, en la nota previa titulada Los hechos, que “el Priorato de Sión -sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Victor Hugo y Leonardo da Vinci”. Esos personajes son los grandes maestres antecesores de Saunière, guardianes del secreto de la estirpe de Jesús.

"SÍMBOLO. La pirámide del Louvre, que no está construida con 666 paneles de cristal, como dice Brown. Foto: Sony Pictures.El eje de la trama es el Priorato de Sión. La muerte de un gran maestre, Sauniére, enciende la mecha de la acción y la mayoría de las claves que llevan hasta el desenlace están vinculadas a Leonardo en su calidad de dirigente de la sociedad y, por tanto, conocedor del secreto. Brown argumenta, por boca de Robert Langdon, que el Priorato de Sión lo fundó el duque Godofredo de Bouillon en Jerusalén en 1099, por temor a que a su muerte se perdiera “un secreto que había estado en conocimiento de su familia desde los tiempos de Jesús”. La sociedad transmitiría de generación en generación una verdad que confirmaban unos documentos enterrados en los restos del templo de Jerusalén, que fueron recuperados años después por el brazo militar del Priorato de Sión, los templarios.

Las pruebas de la existencia del Priorato de Sión no se remontan, sin embargo, más allá del 25 de junio de 1956. Aquel día, el antisemita, ultraderechista y filonazi Pierre Plantard de Saint-Clair inscribió la entidad en la subprefectura de Saint-Julien-en-Genevois, en la Alta Saboya, han constatado Etchegoin y Lenoir. El objetivo de la sociedad era, según sus estatutos, “la constitución de un orden católico destinado a restituir, de forma moderna pero manteniendo su carácter tradicional, la antigua caballería”. El Priorato de Sión y la estirpe de Jesús y María Magdalena se unen por primera vez en el mundo real en El enigma sagrado (1982), obra de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Lincoln, cuyas ideas son el poso del libro de Brown. Años después, en El legado mesiánico (1986), los tres escritores desenmascararon a Plantard como el artífice de Les Dossiers Secrets, papeles que contienen la lista de grandes maestres del Priorato de Sión y la genealogía sagrada. En Comprendiendo El código Da Vinci. La historia completa (2006), documental de National Geographic, Lincoln dice que Plantard le confesó el engaño y añade que él no se cree nada de lo que ha escrito con Baigent y Leigh acerca de Jesús y sus descendientes.

Si los documentos de la Biblioteca Nacional de París son falsos y el Priorato de Sión no existió antes de 1956, esa organización ni pudo estar en el origen de los templarios, ni guardar un secreto desde hace casi un milenio, ni tener a Leonardo entre sus grandes maestres. El código Da Vinci carece, pues, de fundamento histórico. ¿Qué pasa entonces con las claves contenidas en las obras de Leonardo que apuntan al matrimonio de Jesús y María Magdalena, con la leyenda de que ésta llegó embarazada al sur de Francia y con los textos cristianos que se citan?

El linaje de Jesús

El famoso San Juan Bautista, de Leonardo, con rasgos andróginos y el cayado en forma de cruz.Brown sostiene que, en La Última Cena de Leonardo, el personaje sentado a la derecha de Jesús no es Juan, sino María Magdalena, que ocupa ese lugar por ser la esposa del Mesías. El problema es que, de ser así, las cuentas fallan. A la mesa hay trece personajes, incluido Jesús. Si Juan es María Magdalena, ¿dónde está el auténtico Juan? La explicación es muy sencilla: Juan es Juan. Leonardo pintaba a los jóvenes bellos con rasgos andróginos, como los del ángel Uriel de La Virgen de las rocas y un Juan Bautista con pelo rojo ensortijado que se le atribuye.

El historiador palentino José Luis Calvo ha descubierto, además, que algunos párrafos de la parte de la novela dedicada al misterio de La Última Cena tienen un sospechoso parecido con otros de La revelación de los templarios (1997), obra de pseudohistoria de Lynn Picknett y Clive Prince que, como El enigma sagrado, Brown cita entre los volúmenes de la biblioteca de historiador Leigh Teabing, personaje con el que el novelista homenajea a Richard Leigh y Michael Baigent.

TERGIVERSACIÓN. 'La Virgen de las rocas' (1483-86), de Leonardo.Otra pintura de Leonardo en la que, según El código Da Vinci, hay un mensaje oculto es La Virgen de las rocas, un óleo de dos metros de altura que está en Louvre. Brown reduce su tamaño hasta el metro y medio para que la joven criptóloga pueda, en una escena clave, asomar la cabeza por detrás del cuadro y amenazar con romperlo de un rodillazo. Más adelante, Langdon explica a Neveu que la pintura es enigmática porque Juan Bautista niño, a la derecha, bendice a Jesús niño, a la izquierda, al tiempo que la Virgen tiene su mano izquierda sobre la cabeza del segundo, amenazadoramente. La realidad es que Brown cambia de sitio a los dos niños y la mano de la Virgen se iza protectora sobre la cabeza de Jesús, que está junto al ángel Uriel. En este mismo error, ¡qué casualidad!, incurrieron años antes los autores de La revelación de los templarios. ¿Es eso una descripción veraz?

¿Pero tuvieron o no hijos María Magdalena y Jesús? No hay ninguna prueba de que así fuera, ni siquiera de que estuvieran casados. Hay fragmentos en los evangelios que apuntan a una relación particularmente estrecha entre ambos, como que la primera persona a la que se aparezca Jesús resucitado sea María Magdalena; pero nada más. Existen en los textos del cristianismo primitivo las suficientes contradicciones como para no poder dar muchas cosas por buenas ni por malas, incluido el matrimonio de Jesús con una mujer a la que el papa Gregorio I (540-604) identificó erróneamente con una prostituta en 591. El Vaticano admitió en 1969 que el Pontífice se había equivocado y que la pecadora y María Magdalena son dos personajes diferentes del Evangelio de Lucas.

“Nada en el cristianismo es original”, sentencia el historiador Leigh Teabing en El código Da Vinci, una novela que peca de ese mismo defecto. Porque Brown deforma la Historia y el Arte para que encajen con la pretensión de que el Santo Grial fue María Magdalena, idea que tampoco es suya, sino de autores como Baigent, Leigh, Lincoln y otros.

A rebufo de Dan Brown

Las estanterías están a reventar de obras que desentrañan las claves de la novela de Dan Brown. Tres destacan por su interés: El código Da Vinci: la investigación, de Marie-France Etchegoin y Frédéric Lenoir; El código Da Vinci al descubierto, de Michael y Veronica Haag; y Los Illuminati y el Priorato de Sión, de Massimo Introvigne.

'MARKETING'. Portada con la que salió al mercado el libro 'Sindonem', de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, y versión posterior al éxito de la novela de Dan Brown.El resto de lo editado corresponde en su mayoría a autores que engordan misterios inexistentes. También hay quien ha cambiado el título y la portada de una novela para jugar a la confusión y aprovecharse de ella. Es el caso de Sindonem (2000), de David Zurdo y Ángel Gutiérrez, en la que se relaciona a Leonardo con la sábana santa, reliquia fabricada un siglo antes que el genio renacentista. Esta novela no vendió prácticamente nada hasta un cambio de portada y un rebautizo como El último secreto de Da Vinci (2004). Después del lavado de cara, va por la decimoquinta edición.

Publicado originalmente en el suplemento Territorios de la Cultura del diario El Correo.

La productora de ‘El codigo Da Vinci’ niega la realidad histórica del Priorato de Sión

Cartel de 'El codigo Da Vinci'.Sony Pictures niega, en la información para la prensa sobre la película El código Da Vinci, la existencia del Priorato de Sión como una organización constituida hace casi mil años para guardar el secreto del Santo Grial. “El Priorato de Sión -sociedad secreta europea fundada en 1099- es una organización real. En 1975, en la Biblioteca Nacional de París se descubrieron unos pergaminos conocidos como Les Dossiers Secrets, en los que se identificaba a numerosos miembros del Priorato de Sión, entre los que destacaban Isaac Newton, Sandro Boticelli, Víctor Hugo y Leonardo da Vinci”, dice Dan Brown en la nota de advertencia que figura al principio de la novela. Los responsables de la productora marcan distancias con el escritor y dejan claro, en el pressbook de la cinta, que el thriller policiaco que se estrena el 19 de mayo en todo el mundo carece de fundamento real, que una cosa es la ficción y otra la realidad.

“En la novela, Dan Brown sostiene que el Priorato de Sión es una organización real fundada en 1099, y que una serie de pergaminos que se encuentran en la Biblioteca Nacional de París revelan que entre sus miembros se hallaban destacadas figuras de la literatura, el arte y las ciencias. Sin embargo, los documentos de la Biblioteca Nacional han resultado ser modernas falsificaciones depositadas allí por Pierre Plantard, que admitió haber fundado el Priorato junto con tres amigos en 1956, para reírse un rato. Él fue nombrado Gran Maestre del Priorato en 1981. En los falsos documentos y manuscritos, que han llegado a ser conocidos como Dossiers Secrets, se afirma que la organización secreta fue fundada en 1099 por Godefroy de Bouillon, que guió el primer ejército que partió hacia Jerusalén en la Primera Cruzada y fue el primer soberano de la reconquistada Tierra Santa. También se dice que fue obra del Priorato la creación de los Caballeros Templarios, de los que, al parecer, se separaron unos cien años más tarde”, sostiene la documentación que Sony Pictures ha enviado hace unas horas a la prensa.

La productora no ha descubierto nada nuevo, pero es significativo que admita que no hay que dar crédito a lo que el autor de la novela presenta como hechos veraces, como realidades demostradas. Resulta obvio que, sin Priorato de Sión milenario, hay que olvidarse, entre otras cosas, de la lista de grandes maestres citada por Brown, lo que nos lleva a descartar a Leonardo de Vinci como guardián de ningún secreto sobre Jesús y María Magdalena, y, por tanto, convierte toda la trama de El código Da Vinci en un simple juego de adivinanzas cuyo parecido con cualquier situación real es mera coincidencia, como ocurre con la mayoría de las películas.

‘El código Da Vinci’, desmontado

'El código Da Vinci: la investigación', de Marie-France Etchegoin y Frédéric Lenoir.Dan Brown es un novelista, es libre de escribir lo que quiera, pero los que se autodenominan descifradores intoxican cuando mantienen la confusión bajo las apariencias de un conocimiento riguroso”. La frase es de la periodista Marie-France Etchegoin y del filófoso y sociólogo Frédéric Lenoir, autores de El código Da Vinci: la investigación (2004), un libro que sitúa en su justo término histórico lo que el autor estadounidense presenta como hechos reales en su superventas. El ensayo de Etchegoin y Lenoir es instructivo, divertido y, encima, no hace falta haberse leído la obra de Brown para entenderlo todo y darse cuenta de la desfachatez del novelista y de la incompetencia como historiadora del arte de su esposa, Blythe, quien le ha ayudado como documentalista en sus historias.

El código Da Vinci: la investigación es lo único que se salva de la montaña de títulos publicados en España en los últimos meses para aprovechar el tirón de la novela de Brown, a juicio del historiador y periodista Julio Arrieta. Él se los ha hojeado todos; yo sólo he consultado algunos, con el frustrante resultado de encontrarme ante colecciones de tonterías pseudohistóricas al estilo de Lorenzo Fernández Bueno y su Los guardianes del secreto. Arrieta es uno de los escépticos españoles más cultos y por eso, cuando me recomienda una obra, no lo dudo un instante: la cojo de la estantería de la librería donde estemos y me la llevo a la caja. Yo ya había disfrutado de la crítica a El código Da Vinci de José Luis Calvo; pero quería más. El libro de Etchegoin y Lenoir casi me ha saciado, y además me he reído en algunos momentos de las meteduras de pata del autor estadounidense.

Hay dos tipos de best sellers, aquéllos en los que el autor se ha molestado en verificar detalles y datos y los que son un cúmulo de despropósitos. La lectura de El código Da Vinci: la investigación deja claro, para quien todavía tenga alguna duda, que Brown es un indocumentado y que no hay que tomarse en serio nada de lo que presenta en su novela como cierto. “Como siempre, Dan Brown construye un buen número de invenciones alrededor de un elemento histórico verdadero”, dicen Etchegoin y Lenoir cuando el novelista centra su atención en la llamada fuente Q, un hipotético documento que contendría sólo frases de Jesús y del que habrían bebido los evangelistas Marcos, Mateo y Lucas. Lo que hace el autor de El código Da Vinci es lo mismo que hacen los charlatanes que se han lanzado en los últimos años a escribir novelas históricas y presuntas obras de investigación, dar al lector gato por liebre para cimentar una milenaria conspiración. Por eso, libros como el de Etchegoin y Lenoir resultan imprescindibles.

Etchegoin, Marie-France; y Lenoir, Frédéric [2004]: El código Da Vinci: la investigación [The code Da Vinci: L’Enquête]. Trad. de Manuel Serrat Crespo. RBA Libros. Barcelona 2005. 251 páginas.