Iker Jiménez afirma que «jamás ha habido en ‘Cuarto milenio’ un tarotista», pero el vídeo dice lo contrario

«Te voy a decir una cosa: jamás ha habido en Cuarto milenio un vidente o un tarotista», aseguraba ayer Iker Jiménez a su interlocutor en una entrevista que publican El Correo y otros diarios de Vocento en las páginas de televisión con motivo de las 200 ediciones del programa esotérico de Cuatro. El capitán de la nave del misterio quería dar a entender con esa tajante negación -pueden leer la entrevista en la web de La Verdad– que él es muy serio, pero en realidad nos demuestra la nula credibilidad que merece. Porque el invitado estelar del estreno de Cuarto milenio, el 13 de noviembre de 2005, fue un tarotista, Prudencio Muguruza, que vendió a la audiencia la por él inventada leyenda del pueblo maldito de Ochate. Jiménez sabía en aquel momento que Muguruza era tarotista y que toda la historia de Ochate era mentira, pero no le importó. Al contrario.
Aunque el periodista esotérico acababa de dar el visto bueno a que la colección que dirige en Aguilar publicara el libro Ochate. Realidad y leyenda del pueblo maldito, de Antonio Arroyo y Julio Corral, ignoró el contenido de esa obra, que acaba con el mito. Además, editó las declaraciones del segundo de los autores y de Enrique Echazarra para que diera la impresión de que apoyaban la verosimilitud de la maldición cuando ambos la negaban desde hacía años. «Me han metido muchos tajos en el montaje. La imagen que dieron de Ochate en el programa de Iker Jiménez es la de hace veinte años, de la época de Muguruza», me confesó Echazarra al día siguiente. Corral me contó lo mismo, pero se desdijo después recibir una llamada telefónica de Carmen Porter, esposa de Jiménez y subdirectora del programa, indignada tras leer la anotación de este blog en la que desmontaba la historia estrella de su estreno televisivo. Así que no sólo en Cuarto milenio ha habido tarotistas, sino que, además, ya desde el principio quedó clara la marca de la casa: la realidad da igual cuando hay que vender misterio.
La entrevista publicada ayer en El Correo y otros diarios de Vocento es una más de ésas en las que, gracias al desconocimiento de su interlocutor, Jiménez consigue venderse como un periodista serio, alejado de los videntes de túnica y bola de cristal, y cercano a la ciencia. Sostiene en ella, entre otras cosas, que «la tele había hecho mucho daño al misterio en general porque lo trataba como un producto marginal, casi insultando la inteligencia del espectador», y emplea el pasado. Como si él no hubiera insultado al televidente vendiendo como abducción un cuento inventado por un soldado chileno cuando una noche se apartó de su patrulla para orinar, como un viajero en el tiempo a un joven arrollado por el tren y como mensajes del Más Allá los ruidos grabados en un campo de concentración nazi, por citar sólo tres ejemplos. La única manera de tratar lo que él llama el misterio con profesionalidad es desde el escepticismo, punto de vista del que carecen tanto él como sus colaboradores.
«Hacer que gente importante, como premios Príncipe de Asturias, hablen de cosas que son misteriosas y que forman parte de su trabajo, ha sido un gran reto. No tenían ningún temor en venir al programa», indica el misteriólogo. Hay que reconocer a Jiménez que ha conseguido que algunos investigadores de prestigio y periodistas científicos reconocidos bailen a su son y se sienten con él en el mismo plató que abducidos, cazafantasmas y exorcistas, no sé si atraídos por los focos de la tele o cheque mediante. Sea cual sea la razón, es tan mérito de él como demérito de esos científicos y periodistas que ponen sus discursos al mismo nivel que el del tarotista Prudencio Muguruza y el exorcista José Antonio Fortea. A fin de cuentas, todos se sientan a la misma mesa.

Iker Jiménez camufla una información de ‘El Correo’ como si fuera de ‘La Stampa’ de Turín

Iker Jiménez habló en la última entrega de Cuarto milenio de los desmayos de adolescentes registrados en el Museo Egipcio de Turín en enero de 2002 y, para presentar el misterio, leyó ante las cámaras una información publicada, según él, por el diario turinés La Stampa:

«El motivo de esta visita que vamos a hacer por el Museo Egipcio con Javier Sierra se encuentra en el periódico La Stampa, de Turín, hace no mucho tiempo. Vean qué títular, vean qué noticia:

«Investigan la causa de los desmayos de visitantes en el Museo Egipcio. Diez niñas y una mujer han sufrido súbitas indisposiciones cuando observaban las momias».

Y decía el corresponsal del periódico:

«Los responsables del Museo Egipcio de Turín no salen de su asombro al comprobar que continúan los misteriosos desvanecimientos entre sus visitantes, comenzados el pasado mes de marzo, y que esta semana han sumado tres nuevos casos. Tres niñas de nueve años que visitaban el miércoles el centro con su colegio sintieron diversos síntomas de malestar mientras contemplaban las momias».

Parece de Agatha Christie. ¿Qué ocurría en el museo?, ¿la ventilación?, ¿los productos de limpieza?, ¿o las momias y algunas figuras de dioses oscuros del Antiguo Egipto? Los casos fueron sumándose…»

Información sobre los desmayos en el Museo Egipcio de Turín publicada en 'El Correo'.La pose de Jiménez leyendo La Stampa ante las cámaras era tan efectista como fraudulenta. Como hace años que no sigo el programa paranormal de Cuatro por las horas en que se emite, me enteré de este nuevo montaje del capitán de la nave del misterio gracias a mi compañero José Félix Cachorro, director del Qué! Nervión, quien me alertó ayer de cómo Jiménez había vuelto a dar a sus seguidores gato por liebre. Porque la noticia que lee no fue publicada por el diario italiano «hace no mucho tiempo», sino por el periódico bilbaíno El Correo el 19 de enero de 2002. La firmaba, cómo puede verse en el propio montaje de Cuatro, Íñigo Domínguez, corresponsal de esta casa en Roma al que hace un rato he contado la anécdota por teléfono. Tan llamativa como la desvergüenza de Jiménez, dándoselas de saber italiano y ocultando infantilmente el texto de El Correo entre las páginas de un ejemplar de La Stampa, es la torpeza de su equipo -¿dónde los elige?-, poniendo en paralelo a la suya una imagen con la información de Íñigo Domínguez en castellano tal como se publicó en su día, aunque ocultando su origen, pero no lo suficiente.
¿Es para reírse? Sí, claro. Pero también es una prueba más del rigor y el respeto por la verdad de Iker Jiménez y sus colaboradores. Y no me voy a detener en detallitos como que hable de una noticia de La Stampa y presente un texto en español, atribuya la información a «el corresponsal del periódico» cuando se refiere a un diario de Turín y el museo está en esa misma ciudad, y ese final, marca de la casa, refiriéndose a «figuras de dioses oscuros del Antiguo Egipto»… Lo dije una vez y lo repito: Cuarto Milenio debería ser de visión obligatoria en las facultades de Periodismo para que los futuros profesionales aprendieran lo que es la mala práxis.

Iker Jiménez llena de fantasmas el Holocausto

El médium estadounidense John Edward intentó en noviembre de 2001 rentabilizar a su manera el 11-S. Para ello, se propuso grabar una de las entregas de su programa de televisión Cruzando al Más Allá con familiares de las víctimas de los atentados terroristas a las que pondría en contacto con sus parientes muertos aquel día. Cuando la noticia se filtró, la productora y SciFi Channel, canal que emitía el programa, recibieron miles de llamadas telefónicas y cartas de espectadores indignados por la frivolización de la tragedia y, al final, la emisión se suspendió. El gran error de Edward, que engaña desde hace años a los incautos creyentes en el espiritismo con trucos y trampas al alcance de cualquiera, fue tratar de explotar paranormalmente una desgracia demasiado próxima a su público, temporal y geográficamente hablando.
No sé si Iker Jiménez tuvo en mente el caso del médium estadounidense cuando, junto con el psiquiatra José Miguel Gaona y bajo el paraguas de la Cadena SER, puso en marcha en marzo el Proyecto Dachau de análisis de psicofonías grabadas en el campo de exterminio nazi de ese nombre. Sí sé que el resultado de una iniciativa de ese estilo habría sido muy diferente de haber elegido un enclave sentimental e históricamente más cercano a la España de 2010, como los lugares donde explotaron bombas en los trenes en los atentados del 11-M, Hipercor -donde ETA asesinó a 21 personas en 1987- o las inmediaciones de cualquiera de las fosas comunes de la Guerra Civil. A buen seguro, muchos ciudadanos de bien y familiares de las víctimas de esas tragedias se habrían quejado ante la Cadena SER y Cuatro por los mismos motivos que lo hicieron muchos estadounidenses en el caso de John Edward y el 11-S.
Dachau, sin embargo, cae lo suficientemente lejos de nosotros en el tiempo y el espacio como para que convertir en espectáculo lo que sucedió allí pueda salir gratis, por muy asqueroso que sea. No sabía que Jiménez y su equipo andaban embarcados en algo así hasta que leí en la Prensa el avance de contenidos de la entrega de Cuarto milenio del Domingo de Pascua: anunciaba que uno de los segmentos del programa iba a estar dedicado al campo de concentración nazi, donde se habían grabado psicofonías con «sobrecogedores sonidos de otro tiempo». Lo que dije al leer esas líneas no es reproducible; es lo mismo que pensé en su día al ver a Nieves Herrero informando del caso de Alcàsser y lo que me viene a la cabeza cuando veo que un periódico o una cadena de televisión dan cancha a ideas conspiranoicas sobre el 11-M.
Frivolizando una tragedia
Prisioneros de Dachau saludan a las tropas estadounidenses a su entrada al campo de concentración.Jiménez ya ha demostrado en otras ocasiones su tedencia a frivolizar la desgracia ajena: recuerden el caso de El Caminante de Boisaca, el joven al que atropelló el tren, el capitán de la nave del misterio convirtió en viajero en el tiempo y su psiquiatra forense de guardia, José Cabrera, en alguien con «un retraso mental congénito» cuando era un estudiante normal y corriente. Ahora, disfraza los disparates sobre Dachau -ambientados con ruido de truenos y otros efectos especiales- de presunto proyecto científico con la complicidad de un psiquiatra, Gaona, que viajó a Alemania a grabar las psicofonías en enero. Este parapsicólogo dejó un día escondidas -supuestamente, sin permiso- dos grabadoras digitales en las instalaciones para que captaran sonidos cuando el campo está cerrado a las visitas, entre las 17 y las 9 horas, al día siguiente las recogió y luego Jiménez colgó las horas de grabación en su web para que los oyentes de Milenio tres buscaran ruidos raros en ella. Y los encontraron, claro.
La estrella paranormal de Cuatro había escrito en su web: «El prestigio y currículum de su principal protagonista, el doctor psiquiatra José Miguel Gaona, certifica la honestidad y rigor de las grabaciones psicofónicas efectuadas en larga duración en diferentes emplazamientos de uno de los lugares más terroríficos del mundo: el campo de concentración de Dachau. Este lugar de muerte y horror se cobró la vida de más de 30.000 personas durante la Segunda Guerra Mundial. Fue una demoníaca fábrica de dolor y siempre ha sido considerado uno de los enclaves más siniestros del planeta. En esta tesitura, Dachau, al norte de Múnich, en Alemania, tiene todos los requisitos -muerte, impotencia, sufrimiento y emplazamiento claustrofóbico y concentrado- para aquéllos que piensan que existen lugares impregnados donde pueden residir anomalías y ondas que podrían ser captadas por nuestra tecnología». Los ruidos descubiertos por los oyentes fueron presentados en la tele con la habitual asepsia de la factoría de misterios Jiménez-Porter, partiendo del supuesto de que en el campo de concentración -«un lugar de dolor, un lugar de supuesta impregnación»- quedaron flotando el dolor, la angustia y el horror provocados por los nazis. «Y, en mitad de la gélida noche alemana, las grabadoras precintadas digitales encuentran cosas que parecen bombazos, ¿ecos de otro tiempo?», se preguntaba Jiménez.
El telespectador pudo escuchar media docena de psicofonías interpretadas siempre misteriosamente por Jiménez, Gaona y Carlos Largo, miembro del equipo del programa. El plato fuerte fue la audición de unos presuntos lamentos humanos, pero hubo silbidos de tren, bombazos, campanadas y chasquidos, siempre según el trío participante. Al final, después de media hora de espectáculo paranormal, tuvieron la desfachatez de decir que podía haber explicaciones no sobrenaturales para algunos, si no todos, los sonidos. Entonces, ¿a qué narices vino el programa?, ¿qué investigación se ha hecho? Pues una de pacotilla marca de la casa. Pero lo realmente indignante a estas alturas no es que los Pepe Gotera y Otilio del misterio cañí sirvan a su público gato por liebre, porque lo llevan haciendo años.
Artículo de Fernando de Felipe, crítico de televisión de 'La Vanguardia'.Lo realmente indignante, para mí, es que una cadena como Cuatro haga de lo que pasó en Dachau un número circense. Y no soy el único que piensa así. Fernando de Felipe, crítico de televisión de La Vanguardia, escribía el jueves que, con este episodio, Jiménez había cruzado «definitivamente la delgada línea roja que separa lo entrañablemente freak de lo rotundamente canalla». Recordaba cómo, en el caso de Dachau, el periodista esotérico fue «inasequible como de costumbre al desaliento deontológico» y le daba varias ideas para futuros programas: «¿Una nueva sesión de psicofonías en el Hipercor de Barcelona? ¿Un concurso de ouija en los alrededores de la estación de Atocha durante el próximo aniversario del 11-M? ¿Un especial sobre los niños mutantes de Hiroshima?». No minusvaloren la capacidad de la telebasura de llegar hasta el fondo y seguir excavando. Acuérdense de cuando parecía imposible que un periodista de una cadena nacional cayera más bajo que Nieves Herrero aquella noche de Alcàsser.

Decidiendo el tema estrella del próximo ‘Cuarto Milenio’

Iker Jiménez y Carmen Porter, en la radio.-Echa un dado, Iker.
Ha salido la palabra perro. Echa otro, Carmen.
-Ha salido la palabra telepatía.
¡Ya tenemos programa! Esta semana, en Cuarto Milenio, ‘El extraño caso del perro telépata’.
¿Decidirá así cada semana el matrimonio más paranormal de la televisión española el tema estrella de su programa?
Chiste contado por un usuario en Meneamé.

Iker Jiménez presenta una revista de humor de 2006 como una publicación de 1929

Portada periodística de la publicación paródica 'The Onion' sobre el 'crack' de 1929.Cuarto milenio debería ser de visión obligatoria en las facultades de Periodismo. Iker Jiménez y su equipo imparten continuas lecciones de mala praxis debidas a su ineptitud, como en el caso del cosmonauta fantasma, y a su sensacionalismo, como en el triste suceso del llamado Caminante de Boisaca. La última demostración de su profesionalidad la ha sacado a la luz Mauricio-José Schwarz, colega del Círculo Escéptico cuya valentía es encomiable: sigue en directo las travesías de la nave del misterio, con evidente riesgo para su salud mental. Resulta que, durante la ultima entrega del magazín paranormal de Cuatro, Jiménez y sus colaboradores se dedicaron, entre otras cosas, a explorar el lado oculto -léase conspiranoico– de la crisis económica. Nada que objetar. Bueno, en realidad, mucho; pero es lo habitual en el rastrillo del misterio. Lo revelador no fueron el domingo las afirmaciones que se hicieron en torno a la mesa del estudio, sino una de las imágenes de portadas periodísticas de la crisis de 1929 que Jiménez presentaron al público.
¿Se imaginan a alguien aportando como prueba de la gravedad de la Gran Depresión una portada de El Jueves? Pues eso es lo que hicieron el domingo en Cuarto milenio: vendieron como portada periodística de la época una de 2006 de la revista satírica estadounidense The Onion. Ahí estuvieron Santiago Camacho, conspiranoico de guardia; José Cabrera, psiquiatra de cabecera del programa proclive a disparatar a la menor oportunidad; Antonio Miguel Carmona, secretario de Economía y Empleo del PSOE de Madrid; Vicens Castellano, del programa Ajuste de cuentas y gurú de la autoayuda financiera; e Iker Jiménez. Y a ninguno de ellos le llamó la atención la portada de The Onion que, falsamente fechada el 22 de noviembre de 1929, destaca que las griferías de oro eran uno de los bienes de consumo más vendidos entonces en Estados Unidos y que el presidente Hoover prometía un «avión en cada garaje» para 1935. A fin de cuentas, son titulares que poco tienen que envidiar a los que suelen firmar Jiménez, Carmen Pórter y el resto del equipo del programa. Lo que pasa es que estamos ante «una sátira que apareció en la revista [The Onion] en su número del 26 de octubre de 2006 y que, como otras trolas varias, el equipo profesionalísimo de Cuarto milenio se tragó con todo y anzuelo, flotador, caña y pescador», como indica Schwarz. Aunque algunos llamen a lo que practican en Cuatro los domingos por la noche periodismo de vanguardia, más ajustado a su irrealidad sería hablar de periodismo de risa. O de vergüenza, depende de cómo se mire.