
«Quiero agradecerle que haya traído ET a la Casa Blanca. Hemos disfrutado con su película. Hay gente en esta sala que sabe que todo lo que ha visto en esa pantalla es absolutamente cierto», le dijo Ronald Reagan a Steven Spielberg el 27 de junio de 1982 después de la proyección privada del largometraje en la residencia presidencial. ¿Admitió que las historias sobre cuerpos de alienígenas recuperados de platillos volantes estrellados tiene una base real? Reagan hizo ese comentario, confirmó Spielberg en 2012. «¡Y lo dijo sin sonreír! –añadió–. Sin embargo, lo dijo y todo el mundo se echó a reír. La sala entera se echó a reír porque lo hizo como una broma, aunque no sonreía mientras lo decía».
Cuando el inquilino de la Casa Blanca habla de extraterrestres, los periodistas enloquecemos. Lo comprobamos el domingo con las declaraciones de Barack Obama en el pódcast No Lie with Brian Tyler Cohen. El diálogo que desató una cascada internacional de titulares fue el siguiente:
Brian Tyler Cohen: Quiero hacer una ronda rápida de preguntas, porque no es normal que tenga acceso al presidente de los Estados Unidos. Así que aquí van un par de preguntas. ¿Existen los extraterrestres?
Barack Obama: Son reales, pero yo no los he visto, y no están recluidos en… ¿cómo se llama?
B. T. C.: ¿El Área 51?
B. O.: El Área 51. No hay ninguna instalación subterránea, a menos que exista una enorme conspiración y se lo hayan ocultado al presidente de los Estados Unidos.
B. T. C.: ¿Cuál fue la primera pregunta que quiso que le respondieran cuando se convirtió en presidente?
B. O.: ¿Dónde están los extraterrestres?
Los medios enloquecieron. Algunos periodistas seguro que no habían escuchado las declaraciones del expresidente y se dejaron llevar por los teletipos, las redes sociales y el ansia del clics. Y muchos medios contaron al mundo que Obama sabe que existen extraterrestres, como dando a entender que tiene pruebas de ello. Yo tampoco había escuchado al exmandatario cuando, en un chat de periodistas, un compañero me preguntó qué pensaba de lo que había dicho Obama. Yo no sabía qué había dicho porque había estado desconectado tres horas viendo una película. Visité varias webs estadounidenses y en cinco minutos me hice una idea de qué podía haber pasado. Respondí en el chat:
Me gustaría escuchar el fragmento de la entrevista. Por lo leído, me atrevo a decir que lo que Obama sostiene es que a su juicio la vida extraterrestre existe más allá de toda duda -algo que comparto, que el universo es muy grande y aquí estamos nosotros- y ya está. Luego, como tiene que ser porque siempre ha bromeado con el asunto, añade lo del Área 51, que ya lo dijo él en su día y también lo dijo Clinton, el primer presidente de Estados Unidos que anunció al mundo el hallazgo de vida extraterrestre, aunque al final el hallazgo no fue tal.
Pero, lo dicho, tengo que escuchar el audio. Hasta entonces, me parece otro ejemplo de clickbait.
Horas después y ante el revuelo montado, el expresidente aclaró que, cuando había dicho que los extraterrestres «son reales», quería decir que el universo es tan grande que es lógico pensar que no estamos solos. Y el suflé se desinfló, hasta la próxima vez que Obama hable de alienígenas y el Área 51, la base secreta de Nevada nunca citada por su nombre por un presidente de Estados Unidos hasta que él lo hizo el 8 de diciembre de 2013 durante la entrega en la Casa Blanca de los premios del Centro Kennedy para las Artes Escénicas, la más alta distinción estadounidense a un artista vivo.
Dijo ante el guitarrista Carlos Santana, la actriz Shirley MacLaine, el cantante Billy Joel, el pianista Herbie Hancock y la soprano Martina Arroyo:
Cuando uno se convierte en presidente, una de las preguntas que le hace la gente es: ¿qué está pasando realmente en el Área 51? (Risas). Cuando quise saberlo, llamé a Shirley MacLaine. (Risas). Creo que me he convertido en el primer presidente que ha mencionado en público el Área 51. ¿Qué te parece eso, Shirley? (Risas y aplausos).
El guiño a Shirley MacLaine se debe a que es un creyente confesa en todas las chifladuras de la Nueva Era: la reencarnación, los extraterrestres, el poder de los cristales, el espiritismo, los viajes astrales…
Obama se convirtió en 2013 en el primer presidente estadounidense que citó en un acto público el Área 51, aunque no fue el primero que habló en público sobre las instalaciones secretas de Nevada. Sin citar el complejo por su nombre, Bill Clinton admitió en 2005 en la revista FinanceAsia que la base existía y que había gente de su equipo que creía que allí se ocultaban restos de naves extraterrestres. Dijo:
Existía también otro sitio en Nevada donde la gente creía que habíamos enterrados un ovni y quizás un alienígena profundamente bajo tierra porque no queríamos permitir que nadie fuera allí. Ahora puedo decirlo porque el secreto se ha levantado y es de dominio público. Había mucha gente en mi propia Administración que estaba convencida de que Roswell era un fraude, pero que lo de ese lugar de Nevada iba en serio, que había allí un artefacto alienígena. Así que mandé a alguien a que lo averiguara. Y se trataba realmente de una instalación de defensa en la que se hacían cosas aburridas que no queríamos que nadie más viera.
Cinco años antes, Washington se había visto obligado a admitir, en abril de 2000, la existencia de la base después de que una compañía publicó en internet fotos de satélite del complejo. «Tenemos ahí un centro de operaciones; pero el trabajo es materia clasificada», dijo entonces Gloria Gales, portavoz de la Fuerza Aérea.
El ovni de Jimmy Carter
El supuesto accidente de una nave extraterrestre en Roswell (Nuevo México) en 1947 no saltó a la fama hasta la publicación en 1980 del libro The Roswell incident, de William Moore y Charles Berlitz, el autor que había rentabilizado como nadie el también falso misterio del triángulo de las Bermudas. El inquilino de la Casa Blanca era entonces Jimmy Carter, que aseguraba haber visto un ovni en 1969, cuando era senador en Georgia. En 1973, escribió de su puño y letra un informe del avistamiento para la Oficina Internacional OVNI (IUB), una organización ufológica con sede en la ciudad de Oklahoma que sigue activa.
Carter contó en el informe que una tarde de octubre de 1969 vio, junto con otras diez personas del Club de los Leones de Leary (Georgia), un objeto, «azulado al principio, después rojizo», que parecía moverse hacia nosotros desde una cierta distancia, para después detenerse, retirarse un poco, volver y, finalmente, desaparecer». El objeto era «más o menos del mismo tamaño que la Luna, tal vez un poco más pequeño» (Sheaffer 1986, 18). Al investigar el avistamiento en los años 70, el escéptico Robert Sheaffer descubrió que Carter se había confundido de fecha, que la observación había tenido lugar a las 19.15 horas del 6 de enero –no en octubre– y que el objeto podía ser Venus, la reina de los ovnis. El ufólogo Allan Hendry, autor del imprescindible The UFO handbook (1979), coincidió en el dictamen.
Pero en 2016 el pódcast The Skeptics’ Guide to the Universe se hizo eco de una carta enviada a la familia del expresidente por Carl G. Jere Justus, físico y exprofesor del Insituto de Tecnología de Georgia (1965-1993). Justus había trabajado para la NASA en el Centro Marshall de Vuelos Espaciales como especialista en investigación atmosférica entre 1993 y 2011, y en los años 60 y 70 había participado en un proyecto de la Fuerza Aérea que estudiaba la atmósfera superior mediante nubes químicas brillantes producidas por cohetes lanzados desde la base de Eglin (Florida).

«En 2016, al leer el informe sobre ovnis de Carter en el libro de Rhodes [se refiere Georgia myths & legends, de Don Rhodes], me di cuenta de que la descripción de Carter encajaba muy bien con las características de una nube de bario liberada por un cohete a gran altitud», recordaba hace unos años (Justus 2020, 5). El físico descubrió que el ovni de Carter pudo ser producido por las nubes de bario creadas por un cohete de la NASA para estudiar la atmósfera superior lanzado a las 18.41 horas del 6 de enero de 1969 desde la base de Eglin. El cohete creó una nube de bario a las 18.44 horas a 202 kilómetros de altura, otra a las 18.45 horas a 208 kilómetros y una última a las 18.46 horas a 166 kilómetros, minutos antes del avistamiento. Justus mandó una carta con sus conclusiones a la Biblioteca Carter, que la reenvío a la familia del expresidente, y un nieto de este, Josh Carter, la mandó al pódcast The Skeptics’ Guide to the Universe (Justus 2020, 2).
«Puedes decirle que eso podría ser cierto», dijo Jimmy Carter a Steven Hochman, director de Investigación del Centro Carter, al conocer las conclusiones de la investigación de Justus (Oberg 2020, 106). El expresidente nunca había creído que su ovni una nave extraterrestre. Simplemente, no sabía lo que era y le intrigaba. Tampoco creyó nunca que fuera Venus; pero que fuera una nube de bario le pareció posible. Por su parte, Sheaffer admitió a finales de la pasada década, en una comunicación privada con Justus, que la descripción del ovni de Carter «encaja mejor con la nube de bario que con Venus» (Justus 2020, 5).
Cincuenta años después, el ovni del presidente Carter tuvo su explicación.
Notas
Justus, Carl G. Jere [2020]: «What Was That “UFO” Jimmy Carter Saw?». Febrero. 30 páginas.
Oberg, James E. [2020]: «Barium clouds, UFO sightings, and Jimmy Carter». 29 de agosto. 109 páginas.
Sheaffer, Robert [1981]: Veredicto OVNI. Examen de la evidencia [The UFO verdict. Examining the evidence]. Prologado por James E. Oberg. Traducción de Alberto Coscarelli. Tikal (Colección «Eleusis»). Gerona 1994. 343 páginas.
Nota publicada en Magonia el 20 de febrero de 2026.
