Arthur Conan Doyle y las hadas de Cottingley

Frances, con las pequeñas hadas.

Arthur Conan Doyle creía que había un mundo, separado del nuestro «no por océanos», sino por «una pequeña diferencia de vibración», poblado por hadas, duendes y gnomos. Lo habían descubierto dos niñas en un bosque del norte de Inglaterra en el verano de 1917, contó en el número de Navidad de 1920 de The Strand Magazine. Las muchachas habían fotografiado a «la gente pequeña que parecen ser nuestros vecinos», y el novelista presentaba dos de las imágenes en la revista literaria, cuya tirada de medio millón de ejemplares se agotó en pocos días. En una foto se veía a Elsie Wright, de 16 años, sentada en la hierba con un gnomo saltarín al lado; en la otra, a su prima Frances Griffiths, de 10 años, con cuatro pequeñas hadas aladas bailando sobre un arbusto. Para preservar su anonimato, las niñas se identificaban como Iris y Alice.

Portada del número de Navidad de 1920 de 'The Strand Magazine'.El padre de Sherlock Holmes estaba en las antípodas de su hijo de ficción. Frente al detective guiado por la racionalidad y el método científico, era un crédulo de tomo y lomo, y fue un devoto espiritista hasta su muerte en 1930. La creencia en los médiums nació en 1848 en un pueblo del estado de Nueva York (EE UU) después de que dos niñas simularon comunicarse con los muertos para gastar a su madre una broma el 1 de abril (Día de los Inocentes anglosajón). El fenómeno se expandió rápidamente y, para cuando nació Doyle en Edimburgo en 1859, había decenas de miles de pícaros en América y Europa llenándose los bolsillos a costa de padres que habían perdido a sus hijos en un mundo castigado por una altísima mortalidad infantil.

En julio de 1887, cuatro meses antes de ver la luz Estudio en escarlata -la primera aventura de Sherlock Holmes-, el escritor decía en la revista espiritista Light que, después de asistir a una sesión mediúmnica, estaba «absolutamente seguro de que la inteligencia puede existir al margen del cuerpo«. Doyle participó a lo largo de su vida en incontables sesiones espiritistas, estudió fenómenos extraños para la Sociedad para la Investigación Psíquica, fue vicepresidente de la Sociedad para el Estudio de las Fotografías Sobrenaturales y en 1907, tras matar la tuberculosis a su esposa, se casó con la médium Jean Leckie. Pero mantuvo su fe espiritista en un segundo plano hasta la muerte, en un corto espacio de tiempo a partir de 1918, de su hijo Kingsley, su hermano Inner, dos cuñados y dos sobrinos.

«Fotografías realmente asombrosas»

Elsie, con el gnomo juguetón.Con el espiritismo al alza por los 16 millones de muertos de la Primera Guerra Mundial, se convierte en su principal apóstol. Publica una historia del fenómeno en dos volúmenes, viaja por medio mundo predicando su fe y en abril de 1920 conoce a Harry Houdini. Escritor y mago se admiran y se hacen amigos, aunque los espíritus se interponen entre ellos. El ilusionista considera a los médiums unos estafadores que usan trucos para aprovecharse de gente angustiada y se dedica a desenmascararlos, pero no minusvalora la inteligencia del novelista, que está convencido de que Houdini tiene poderes sobrenaturales. «Sir Arthur cree de verdad. En su gran mente, no hay ninguna duda», escribe el prestidigitador en A magician among the spirits (Un mago entre los espíritus, 1924). Doyle tampoco tendrá ninguna duda sobre la existencia de las hadas.

En mayo de 1920, el director de la revista Light, David Gow, le cuenta al escritor que dos niñas han sacado fotos a hadas en el bosque de Cottingley, cerca de Bradford. La historia había empezado a circular en ambientes esotéricos en el verano de 1919, después de que una mujer reveló en un encuentro de la Sociedad Teosófica, organización fundada por la vidente Helena Blavatsky, que su hija y su sobrina habían fotografiado hadas. Doyle tiene un encargo de The Strand Magazine para un escribir un artículo sobre hadas para el número de Navidad y ve potencial en la historia. Poco después, entra en contacto con el líder teósofo Edward Gardner, que ya está investigando el caso, se hace con las fotos y contacta con la familia de las niñas.

Una de las hadas de Cottingley una ofrenda a Elsie Wright.«Los negativos correspondían a fotografías realmente asombrosas, pues no había ninguna señal de doble exposición ni nada más que un trabajo sencillo y directo», afirma Doyle en The Strand Magazine en diciembre de 1920. Asegura que «un experto fotógrafo con treinta años de experiencia» le ha dicho que se trataba «de lo más extraordinario que había visto» en su vida. En su libro The coming of the fairies (La llegada de las hadas, 1922), pedirá a los escépticos que «no se dejen engañar por el sofisma consistente en decir que, puesto que un profesional del fraude que sea diestro en el arte de la falsificación puede reproducir un objeto semejante al original, también este, por consiguiente, se ha conseguido de manera fraudulenta». En su opinión, que alguien replique las fotos de las hadas de Cottingley por medios convencionales no cuestiona su autenticidad. Cree a las niñas, como a su esposa cuando contacta con los muertos. Está convencido de que «habrá cada vez más cámaras fotográficas. Aparecerán otros casos bien autentificados. Estos pequeños seres que parecen vivir a nuestro lado, que no se distinguen de nosotros más que por una ligera diferencia de vibración, nos resultarán familiares».

Las primeras imágenes de las hadas, cuenta Doyle en The Strand Magazine y luego en su libro, las tomaron Elsie Wright y Frances Griffiths en el verano de 1917. Un día de julio, la primera convenció a su padre para que le dejara su cámara para fotografiar a los seres con los que ella y su prima decían que se encontraban en un arroyo próximo. Cuando reveló la placa en el cuarto oscuro, el hombre, ingeniero eléctrico, vio que a su sobrina Francis le acompañaban en la imagen cuatro hadas aladas. Lejos de asombrarse, lo consideró una broma de su hija, que llevaba años dibujando hadas, iba a la Escuela de Bellas Artes de Bradford y trabajaba en un laboratorio fotográfico haciendo montajes de soldados muertos en las trincheras europeas. Aquel año hicieron otra foto más de hadas y en 1920 otras tres, que fueron bendecidas por Doyle y Gardner.

Arthur Conan Doyle con un espíritu, hacia 1922.«Para explicar estas fotografías de hadas lo que se requiere no es un conocimiento de los fenómenos ocultos, sino de los niños», apunta el diario Truth, de Sídney, en enero de 1921. El novelista Maurice Hewlett coincide en la revista literaria inglesa John O’London’s Weekly en que las pequeñas han tomado el pelo al novelista, opinión que comparte John Francis Hall-Edwards, médico pionero en el uso de los rayos X. Otros creen en la veracidad de las imágenes. Y la historia se desinfla en unos meses… ¡hasta 1983!

Entonces, las dos primas confiesan en la revista The Unexplained que las fotos son un fraude, aunque añaden que los encuentros con hadas fueron reales. Las de las imágenes, explican, son figuras femeninas copiadas por Elsie del Princess Mary’s gift book, un libro de cuentos publicado en 1915 en el que Doyle firmaba un relato, a las que añadió alas. Luego las niñas recortaron las siluetas, las reforzaron con cartón y las sujetaron en los escenarios con alfileres de sombrero. Posteriormente, Frances puntualizó que la quinta foto, una de hadas solas en la maleza, era auténtica. Nadie la creyó. Arthur Conan Doyle había muerto en 1930.

Houdini y Doyle: una amistad rota por los espíritus

Arthur Conan Doyle, Harry Houdini y sus familias disfrutaron el 17 de junio de 1922 de un día de playa en Atlantic City. Por la tarde, el escritor invitó al mago a una sesión de espiritismo en su habitación del hotel Ambassador. Jean Leckie, esposa del novelista y médium, convocó a los espíritus y contactó con la madre de Houdini, por la que este sentía devoción. La mujer empezó a escribir en un papel mensajes cariñosos y reconfortantes transmitidos por Cecilia Steiner a su hijo. «Estaba dispuesto a creer, incluso quería creer», recordaba el mago años después. No pudo ser. Su madre se comunicó en inglés cuando nunca había hablado esa lengua; garabateó una cruz al principio del mensaje, cuando era judía, y, para colmo, no hizo ninguna referencia a que aquel día era su cumpleaños. Jean Leckie no sólo no engañó a Houdini con sus tretas, sino que además hirió de muerte la amistad de los dos hombres.

El Doyle paranormal

The coming of the fairies (1922). Arthur Conan Doyle presenta las fotos del bosque de Cotttingley como prueba de la existencia de las hadas.

The case for spirit photography (1923). Defiende la autenticidad de las fotos de espíritus frente a autores que las consideran un fraude, como el jesuita mexicano Carlos María de Heredia.

The history of spiritualism (1926). Resume en dos volúmenes la historia del espiritismo desde el caso de las hermanas Fox en Hydesville (EE UU) en 1848.

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista. Ha sido el conductor de Escépticos (ETB), la primera producción española de televisión dedicada a la promoción del pensamiento crítico, y llevado la sección El archivo del misterio en Órbita Laika (La 2). Ha colaborado con la Cadena SER, Radio Nacional de España, Radio 3, M80 Radio, Radio Vitoria y Punto Radio Bizkaia -antes Punto Radio Bilbao-, con intervenciones que pueden escucharse en cualquier sitio gracias al podcast Magonia. Da ante todo tipo de público charlas sobre ciencia y pseudociencia, en las que habla de la conspiración lunar, la Atlántida, los ovnis, la guerra psíquica entre Estados Unidos y la Unión Soviética, las conspiraciones, el periodismo gilipollas y, si se da el caso, hace a los asistentes experimentar lo paranormal. Trabaja en el diario El Correo de Bilbao, donde cubre la información de ciencia desde hace años. Mantiene desde junio de 2003 este blog, dedicado al análisis crítico de los presuntos misterios paranormales y al fomento del escepticismo, y firma desde octubre de 2010 una columna en español, ¡Paparruchas!, en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), la organización científica más importante dedicada al estudio de lo extraordinario, de la que es consultor. Además, es fundador del Círculo Escéptico, asociación organizadora del Día de Darwin y de los encuentros Enigmas y Birras, entre otros actos de divulgación del pensamiento crítico. Ha escrito los libros El peligro de creer (2015), La cara oculta del misterio (2010) y Crónicas de Magonia (2012), y ha coordinado la obra colectiva Misterios a la luz de la ciencia (2008), publicada por la Universidad del País Vasco y en la cual destacados científicos examinan la posibilidad de vida extraterrestre y la existencia de monstruos, entre otros asuntos. Fue el único español participante en el libro Skeptical odysseys. Personal accounts by the world's leading paranormal inquirers (Odiseas escépticas. Reflexiones personales de los principales investigadores mundiales sobre lo paranormal. 2001), editado por el filósofo Paul Kurtz. Si quiere informarle de algo relacionado con los temas de este blog o entrar en contacto con él para cualquier cosa, puede hacerlo por correo electrónico, Twitter, Facebook o Google +.

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3 comentarios

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  1. Cuando leí a Doyle me llevé una pequeña decepción con el pseudorracionalismo de Holmes.
    Luego supe que Doyle era un sinsorgo y me decepcioné mucho más.

    1. Estoy de acuerdo, las novelas de estos tipos (creador y creación, Doyle y Holmes), son tramposas, aburridas, lentas y pretenciosas.
      Lo verdaderamente misterioso es como algunos personajillos mediocres son elevados a la cumbre del éxito, mientras tipos de auténtico talento mueren en el anonimato o al menos sin la merecida fama o el legítimo reconocimiento. Y si no que se lo pregunten a Enrique Urquijo, sólo reconocido y conocido por sus fans incondicionales mientras los Bustamante, los Justin Beaver o los reggetoneros nadan en la fama y la abundancia.
      Tal vez no tenga nada que ver este comentario con el tema en cuestión pero tenía ganas de soltarlo. Sorry.

  2. Cuando has descartado todas las opciones que conoces, la que te queda… Puede ser también falsa… Dado que no lo conoces todo y nadie lo conoce todo y aún no haberse ocurrido a nadie la explicación correcta

    Sherlok Holmes recordaba hasta el tipo de arena de un camino concreto. En la ficción se le podía diseñar cosas y mantenerse con su capacidad racional a pesar de ese falaz enunciado de Doyle que hacía suyo también

    A Doyle cuando se le acaban todas las explicaciones conocidas y solo le quedaba una, por falsa que fuera, la daba por buena

    Esas luces en el cielo no son aviones, ni un globo aerostático ni un helicoptero por tanto naves ET porque ¿qué otra explicación hay? Perdón, no la sabe esa persona pero la que se presenet se ha de poder comprobar con evidencia a su favor no que no hay para otras propuestas rivales. Tal vez no se le haya ocurrido a nadie (y al final sea mil cosas)

    O esa visión de alguien andando que no está ahí tal vez sea una creación del propio neocortex que refleja y genera nuestra vivencia de la realidad pero para quien lo desconoce igual después de descartar todo lo que conoce se queda con lo que aún no ha podido descartar: Espíritu de fallecido..

    El problema es que presentadas otras opciones se aferren a la que les ha gustado tanto elegir