La güija, un inofensivo juego de mesa

Imagen de un salón parisino en 1853, con personas jugando a las mesas parlantes, publicada por la revista francesa 'L'Illustration'.

La tabla o cartón con letras y números por la cual, desde hace generaciones, adolescentes de todo el mundo intentan -y algunos lo consiguen- hacer correr una vaso con el poder de la mente nació como un juguete en el siglo XIX. La güija fue el último eslabón evolutivo de los tableros parlantes de los albores del espiritismo, gracias a los cuales podían recibirse mensajes complejos de los espíritus sin el desgaste físico que suponían en muchas ocasiones las mesas tambaleantes o giratorias.

Poco después de que David Fox se pusiera, en 1851 en Hydesville, a recitar el alfabeto y pedir al espíritu que contactaba con sus hermanas Maggie y Kate que diera golpes al sonar la letra correcta, surgió el fenómeno de las mesas parlantes. Un grupo de personas se sentaba alrededor de una mesa, preferiblemente de tres patas, con las manos apoyadas en ella y se concentraba para que ésta se tambaleara y diera golpes con sus patas o girara en un sentido determinado, después de establecer un código de comunicación con el supuesto espíritu. Los participantes tenían que esperar a veces mucho tiempo hasta que el mueble empezaba a girar, pero el espectáculo podía acabar con los reunidos corriendo alrededor de la mesa hasta que ésta iba tan rápido que perdían el contacto físico y se paraba.

Para mensajes más complejos que un sí o no, se recurría al orden de las letras en el alfabeto. «El objeto móvil daba una cantidad de golpes que correspondía al número de orden de cada letra. Se llegaba así a formar palabras y frases que respondían a las preguntas que se habían formulado», explica Allan Kardec, pseudónimo del pedagogo y espiritista francés Hippolyte Léon Denizard Rivail, en El libro de los espíritus (1857). A mediados de 1853, las mesas parlantes causaban sensación en Estados Unidos y Europa Occidental, incluida España.

Según Kardec, fueron los propios espíritus los que animaron a sus seguidores a «adaptar un lápiz a una cesta u otro objeto» para superar el «lento e incómodo» sistema de las mesas tambaleantes o giratorias. «Dicho consejo fue transmitido simultáneamente en Estados Unidos, en Francia y en otros países. Éstos son los términos en que lo recibió en París, el 10 de junio de 1853, uno de los más fervientes adeptos de la doctrina, que hacía ya varios años -desde 1849- se ocupaba de la evocación de los espíritus: «Ve al cuarto de al lado y toma la cestita; átale un lápiz; colócala sobre el papel; pon los dedos en el borde». Unos instantes más tarde, la cesta se puso en movimiento y el lápiz escribió de modo muy legible esta frase: «Esto que os he dicho, os prohibo expresamente que se lo digáis a nadie; la primera vez que escriba, lo haré mejor»».

De la escritura automática al tablero alfabético

La primera 'güija' de Kennard Novelty Company.Los espiritistas no guardaron el secreto, modificaron el dispositivo para su comodidad -sustituyendo la cesta por una tablilla a la que habitualmente se referirán como planchette, lo que podría apuntar al origen francés de la técnica o ser simple esnobismo- y empezaron a recibir largos discursos desde el Más Allá. Con forma de corazón, el dispositivo típico era una tablilla con dos ruedas bajo cada una de las aurículas y un agujero en la punta para meter un lápiz como tercer punto de apoyo. El médium posaba la mano sobre la tablilla, ésta empezaba a moverse por la mesa, y el lápiz a escribir, por voluntad de los espíritus. Si el uso de las mesas tambaleantes resultaba tedioso, el resultado de la escritura automática mediante tablilla era muchas veces difícil de leer, así que algunos espiritistas optaron por sujetar el lápiz directamente con la mano y otros empezaron a utilizarr la tablilla como indicador sobre un tablero con las letras del alfabeto, los diez números y expresiones como , no y adiós. Había nacido la güija.

Tal como la conocemos hoy, la güija apareció en la segunda mitad del siglo XIX. ¿Exactamente cuándo? Nadie ha llegado a precisarlo. En octubre de 1871, el médico y zoólogo inglés William Benjamin Carpenter cuenta, en Quarterly Review, el caso de dos mujeres de su confianza que se comunicaban con los espíritus mediante el «original método» de unir a la tablilla un puntero, «de tal modo que indicara las letras y números sobre una cartulina». «Una de ellas era una firme creyente en la realidad de su comunicación con el mundo de los espíritus, y su planchette estaba en continuo movimiento bajo sus manos, indicando letras y números en la cartulina como si se tratara de un telégrafo sobre el que actúa la comunicación galvánica», dice al recordar una sesión a la que asistió con otros dos amigos médicos.

Carpenter estaba convencido de que ése y otros hechos aparentemente paranormales tenían explicación psicológica y no requerían de ningún tipo de fenómeno sobrenatural. Así que le dijo a la mujer que creía que era su cerebro, a través de sus músculos, el que movía la tablilla. Y le sugirió una manera fácil de comprobarlo: la vendaba los ojos, hacían preguntas a los espíritus y, si realmente la guiaban, la planchette respondería coherentemente, aunque la médium estuviera cegada. «Si son sus propias manos las que mueven la tablilla, ésta no dará respuestas lógicas excepto bajo la guía de su vista», le advirtió. La mujer rechazó someterse al experimento.

Ésa es la realidad de la güija: los espíritus aciertan cuando los participantes ven el tablero y alguno de ellos conoce la respuesta a las preguntas. Es sólo un juego que, cuando todos los reunidos alrededor de la mesa son honrados, funciona por el efecto ideomotor, que hace que nuestras creencias y expectativas se reflejen en movimientos musculares inconscientes y, cuando hay algún pícaro entre los participantes, por la voluntad de éste.

Marca registrada

Primera página de la patente de la güija, de 1891.La güija fue al principio algo artesanal que la gente confeccionaba pintando letras y números en un tablero de cartón o madera, pero pronto hubo un gremio que vio en ella un negocio: el juguetero. El 28 de mayo de 1890, Elijah Bond presenta en Baltimore (Maryland, Estados Unidos) una solicitud de patente como juguete de la «ouija o tablero de la fortuna egipcio». El fin del juego, explica el autoproclamado inventor del artilugio, es que «dos o más personas puedan divertirse haciendo preguntas de cualquier tipo para que las conteste el dispositivo utilizado, operado por el toque de la mano, de manera que las respuestas se obtengan a través de las letras de un tablero». Le adjudicaron la patente número 446.054 el 10 de febrero del año siguiente en beneficio de Charles W. Kennard y William H.A. Maupin, dos de los socios de la juguetera Kennard Novelty Company, firma de Baltimore que siete días antes había registrado la marca ouija.

La compañía empieza a vender su «maravilloso tablero parlante» de madera a 1,5 dólares, presentándolo en la caja como algo «misterioso y entretenido», «divertido, científico e instructivo». Es un gran negocio. Abren fábricas en Baltimore, Nueva York, Chicago y Londres, y en 1892 Bond y Kennard abandonan la empresa por discrepancias con el resto de los accionistas. Uno de ellos, William Fuld queda al frente de la rebautizada Ouija Novelty Company. Los socios mayoritarios licencian en 1898 la comercialización de la güija, los tableros parlantes se multiplican y los beneficios aumentan. Fuld intenta reescribir la historia para pasar a ella como el inventor del juguete -el 27 de febrero de 1927, The New York Times titula su obituario: «El inventor del tablero de la ouija muere al caer de un tejado»- y acaba haciéndose con los derechos de la patente y la marca, que sus herederos venden en 1966 a la juguetera Parker Brothers, hoy parte de Hasbro.

A pesar de la insistencia con que los divulgadores de lo paranormal hablan de los peligros de la güija, de la que dicen algunos que «permitiría abrir de par en par las puertas hacia dimensiones cercanas e imperceptibles a la nuestra», éstos son tan reales como los de los juegos de rol. Desde el nacimiento del juguete, se conocen casos de personas demasiado susceptibles o desequilibradas a las que los mensajes de la güija han perturbado, pero son minoría. La mayoría lo tomó durante décadas como un inocente divertimento hasta que William Peter Blatty hizo que una sesión de güija fuera el detonante de la posesión de la joven Regan MacNeil, la endemoniada más famosa.

La historia de El exorcista está tan basada en hechos reales como una aventura de Indiana Jones. Y lo mismo pasa con la película Ouija, que ahora llega a los cines españoles para sembrar el terror en las salas . Es cierto que los hechos en los que basó su relato Blatty comenzaron después de una sesión de güija, pero también lo es que el muchacho que los protagonizó no hizo ninguna de las cosas que hace en la película Linda Blair -ni hablar lenguas desocnocidas para él, ni levitar, ni girar la cabeza, ni nada- y, según el escritor estadounidense Mark Opsasnick -que le conoció-, sufría «de algo que la moderna psiquiatría podía haber diagnosticado correctamente».

Publicado por Luis Alfonso Gámez

Luis Alfonso Gámez es periodista.

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7 comentarios

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  1. Hegel? Ahora entiendo que el problema es que algunos se han quedado un pelín atrás. Pero dede entonces la epistemología ha avanzado lo suficiente como para que perdamos el tiempo en afirmaciones no sustentadas en la realidad.

    Que el unicornio rosa invisible no te parezca un buen ejemplo es solo debido al peso de la tradición, que hace casi imposible evitar estos prejuicios.

    Yo te recomiendo leer mas a Popper o Kuhn para saber de qué va el método científico moderno.

    Ah, y las ideas en Ciencia no se imponen por la autoridad sino por la fuerza de unos argumentos y unas evidencias. Hasta día se hoy ni un solo estafador cazafantasmas ha aportado pruebas contrastables y reproducibles. Así que las viejas ideas sobre espíritus parlantes tienen tanto sentido como el «flogisto».

  2. Pues a riesgo de parecer poco científica y poco ética, yo diré que la ouija me encantaba en mi época de adolescente, entre los 11 y los 17 años, y solía jugar varias veces al mes con mis amigos durante una época que nos dio muy fuerte. Creo que ahora me parecería un entretenimiento vano y aburrido, pero como en mi familia siempre hemos sido un poco charlatanes y nos ha gustado tomarle el pelo a la gente un poquito con estas cosas, cuando mi madre me enseño a jugar y además colaboraba conmigo asustando (con un tono MUY serio) a mis amigos diciendo que la casa tenía fantasmas y uno de nuestros cuadros estaba encantdo (de unos niños vestidos con ropa de adultos, de los años 40. Muy siniestro, la verdad. Y muy típico XD) la velada de «terror» con películas, historias y por último el juego de la ouija, se hacía la mar de entretenido.

    A veces movía yo el vaso para iniciarlo (no teníamos uno de esos tableros tan chulos que salen en las películas, así que con la versión «manualidades en casa» de un vaso y papelitos con las letras escritas) y después de un par de juegos ya ni me hacía falta. Solo tenía que sentarme y mirar (no hacia falta ni que participara) como todos aseguraban que «nadie empujaba el vaso» y que era imposible de todos modos que alguien lo estuviera haciendo sin decir nada porque «el vaso parecía flotar Y ADEMÁS los dedos apoyados en él no mostraban indicios de estar haciendo fuerza (rojez en la punta del dedo por presión)» y «ELLOS SE DARÍAN CUENTA SI ALGUIEN LO EMPUJABA». Vamos, risas aseguradas. Luego esa noche no dormía nadie en la casa embrujada (la mía xD) menos yo.

    Después de tantos años jugando a razón de entre 1 y 3 veces al mes en los momentos en que nos dio más fuerte creo que toda esa gente que dice que «no puedes hablar si no lo has probado» estarán de acuerdo en que tengo suficiente experiencia para afirmar que:

    a) Ni una sola vez nos pasó nada «paranormal». Lo más interesante que ocurrió alguna vez fue que una de las copas de cristal fino con la que jugábamos reventó (cuando el vaso «se mueve» suele girar muy rápido en círculos y por eso acabó estallando la copa). Mi madre nos prohibió jugar con copas, nos dio un chato de vino y eso no reventó en la vida. Ni cayéndose al suelo en alguno de los juegos. Vamos, un invencible!

    b) Mi madre, que sabía muy bien de qué trataba en realidad el juego, las primeras veces que jugué (con 11 años cualquiera es impresionable) me advirtió que no me dejara encantar por un vaso móvil, y que preguntara al tablero cosas que ninguno de los jugadores supiera, pero que el supuesto fantasma con el que estábamos hablando debería saber. A lo largo de los años ni uno acertó un dato relevante sobre su propia vida, y mucho menos sobre otras cosas. Ni UNA VEZ. Ni «Jack El Destripador» podía recordar cuantas víctimas había asesinado, el nombre de alguna de ellas o en que años cometió sus crímenes. Ni «Maria Antonieta» podía recordar el nombre de su marido, sus hijos o fecha en la que fue ejecutada (uno diría que de cosas tan importantes te acordarías incluso muerto, sobre todo cuando presumes de acordarte de otras mucho más vagas como vivir en un palacio y comer pasteles). Ni siquiera un pigmeo sabía en que lugar geográfico estaba asentado su poblado (ni cerca, vamos).
    Pero no solo los personajes históricos, los supuestos familiares (abuelos y bisabuelos especialmente, ya que a esa edad, y por suerte, ninguno había sufrido la pérdida de un familiar más cercano) que hacían acto de presencia no recordaban cosas como la fecha de su muerte, su SEGUNDO APELLIDO, su lugar de nacimiento, o datos de cierta relevancia que unos niños no sabían de unos abuelos a los que no llegaron a conocer.

    c) Imposibilidad de hablar otros idiomas, inclusive el propio: Es curioso que todos los fantasmas hablaran perfecto castellano, confirmaran que recordaban el lugar donde solían vivir pero… no supieran decirnos una frase completa en su idioma materno. Y mucho menos traducir frases complejas con palabras que no conocíamos del inglés o francés, por hablar de los idiomas «fáciles» (porque dábamos esos idiomas en el instituto). El día que le preguntamos a un supuesto polaco una palabra en su idioma, si el vaso hubiera podido, habría reventado por voluntad propia de la vergüenza. Porque vamos…

    d) Menos ratio de aciertos respecto al futuro que yo jugando de broma con el tarot (sí, también tenía una baraja del tarot para aderezar más las noches. Todo lo que decía era al azar). Muchos «fantasmas» presumieron de «saberlo todo», pero su índice de aciertos en las predicciones rozaba lo absurdamente bajo. Uno esperaría que incluso por azar acertaran más, pero como siempre había algún gracioso que hacía predicciones bestiales y siniestras como «Vas a morir/alguien cercano va a morir», «Te romperás una pierna» y macabreces varias, al final el ratio de aciertos cayó por los suelos.

    e) «Fantasmas ciegos»: Cuatro personas jugando a la ouija, dos mirando (una amiga y yo). Si yo salía de la sala, cogía cualquier objeto pequeño (que cupiera en una mano), se lo daba a mi amiga por la espalda «enseñando» el objeto al aire, y mi amiga lo volvía a guardar escondido en la mano… El fantasma nunca acertaba el objeto que era. En cambio si alguno de los jugadores lo veía o creía intuir lo que era, se sucedían las respuestas correctas o cercanas. Que sorpresa…

    f) La ouija no forma palabras legibles, o simplemente no forma palabras si TODOS LOS PARTICIPANTES DEL JUEGO TIENEN LOS OJOS VENDADOS. Vamos, que si no puedes ver el tablero… No pasa nada de nada. Sorprendente. Parece que los fantasmas ven con tus ojos, porque sino, no me lo explico ¬_¬ *Cof, cof*

    Me hace MUCHA gracia cada vez que oigo «Yo no creo en fantasmas, pero prefiero no jugar con esas cosas». «La ouija puede ser un juego o no, mejor no arriesgarse». «La hermana del primo del tio-abuelo de un conocido que he visto dos veces en mi vida se suicidó después de jugar». «Yo tengo un conocido al que le pasó algo raro jugando, prefiero no arriesgarme». «No puedes demostrar que sea mentira, siempre queda un algo ahí. Es muy arriesgado jugar sin saber»…

    Todo ese misticismo detrás de un juego tan simple, tan tonto y tan fácil de demostrar que es mentira hasta por críos de institutos que además tenían el añadido de que estaban deseando creer y muy influenciados (jugábamos siempre después de ver películas de miedo y contar historias y además, a esas edades estás esperando que pase cualquier cosa).

    No voy a ser suave, así que quien se ofenda, que se ofenda, pero si no tenéis ni los dos dedos de frente que teníamos una chiquillada enfática por encontrar fantasmas en la época de instituto, es hora de que os replantees vuestra inteligencia, porque no es ni medio normal que os de miedo un vaso «que se mueve solo».

  3. Jonlarmann Confieso que lo de (arrogante ciencia) no ha sido correcto por mi parte, lo retiro; Hubiera sido más acertado (Arrogante Fundamentalismo Científico).

    Que culpa tiene la mayoría de gente de la ciencia que solo escribe de ciencia, habla de lo que sabe, y de lo que no sabe y comprobado bien a fondo no habla, esos por mi parte tienen toda mi gran admiración y respecto, por eso me he tomado la disciplina de solo leer libros escritos por científicos basado en sus últimas investigaciones que no me dan tiempo poder leerlos a todos.

    Como tampoco los artículos de Ciencias, son muchísimas las webs que te ponen al día en todo los que se está descubriendo, que también hay días que salen tantas y tienes que ser más selectivo y leer las más interesantes, siendo mis favoritas las de astrofísicas.

    Bien Jonlarmann, si Descartes no te vale, mejor ejemplo seria Fenomenología del espíritu (Phänomenologie des Geistes, 1807) de Hegel, un libo que todo enteradillo del mundo de la ciencia debería leer, lo mismo alguno se entera de algo.

    Y lo de Unicornio rosa no es un muy buen ejemplo, o es una gran metedura de parte de tu parte; Todo el mundo sabe que los unicornio no existen ni nunca han existidos.
    Y los (Estafadores) son aquellos que mienten, o los que se la dan que saben de lo que no saben; Los que de alguna forma cuestionan temas sin estudiarlo y comprobarlo bien a fondo.

    Aparte eso de la “güija”, me parece un entretenimiento para gente que busca de emociones fuertes, pero también hay gente dice que su práctica es muy peligrosa

    http://www.leanoticias.com/2012/10/15/jugar-la-ouija-puede-ser-peligroso-aqui-algunas-tragedias-sucedidas-mientras-se-jugaba-la-ouija/

    Y (Crédulo) es por ejemplo, aquel que piensa “si lo dice Carl Sagan, es cierto”, esto aparte de ser crédulo es tener una gran falta de conocimientos y de personalidad o pensamiento propio, no parase a pensar y comprobar seriamente el tema.

    Corto y cambio

  4. Cary Lowel, hablar de cartesianismo en la ciencia moderna es no saber ni qué es el cartesianismo (pensador dualista donde los haya) ni qué es la «arrogante» Ciencia moderna.

    La Ciencia moderna no puede demostrar la no existencia de un unicornio rosa invisible y no por ello nos va a parecer razonable afirmar que sí existe. La prueba de cargo está en quien hace la afirmación, si tu dices que la Ouija es una vía de comunicación con los espíritus eres tú el que tiene que demostrar que: a) los espíritus existen y b) que pueden comunicarse a través de este juego. Hasta entonces la postura la racional es que tomar todo esto como un mito moderno, sin base alguna. La ciencia no admite los testimonios ni las anécdotas. Se hacen experimentos controlados y reproducibles. El problema es que, como dice el texto, cuando los estafadores se sienten acorralados entonces rechazan ser puestos a prueba. Siempre hay algún crédulo que vendrá con el cuento de que la «arrogante» ciencia bla bla bla

  5. Ni los investigadores del misterios pueden demostrar que existan algún portal de conexión con algo desconocido o con un más allá o de otro planeta o dimensión probable.

    Ni la arrogante Ciencia puede demostrar que no exista, a pesar de sus grandes avances; Pues solo se conoce un 4.9 % de materia ordinaria, el resto 95.1 está por descubrir.

    Además, en ese 4.9 %, hay mucho que descubrir, analizar y trabajar;
    Quiero decir que de ese 4.9 % todavía sabemos muy poco y controlamos muy poco de él.

    Si has entendido bien esto que acabo de exponer, entenderás lo que quiero decir; Pero como hay gente muy corta y cerrada, entonces hay que explicarlo todo,… quiero decir……

    Conclusión: Yo sugeriría ser más cauto al calificar o descalificar ciertos temas, al dar por hecho que no está demostrado científicamente, más porque la ciencia tiene sus límites y hay cosas que no se puede medir cartesianamente o aplicar rigurosa método científico; Pondré un ejemplo muy vulgar.

    ¿Cuánto mide el amor o el odio de alguien hacia ti?
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