¿Cree de verdad Andreu Buenafuente que Javier Sierra es «un buen divulgador científico»?

Javier Sierra afirma que «los templarios conocían América antes de Colón»; mantiene que el cuadro de Las Meninas es un talismán astrológico; cree que «nos han visitado extraterrestres en la Antigüedad»; tiene un libro en el que sostiene que el transistor es un invento basado en tecnología del platillo volante estrellado en Roswell; cree que existió el arca de Noé; aseguraba en 1996 que las muertes de ganado atribuidas a perros asilvestrados y lobos en Vizcaya -y que su colega Bruno Cardeñosa achacó al chupacabras- se debían a «actividades humanas que se desarrollan al margen de la ley y de la ciencia»; dio por buena la falsa autopsia del marciano de Ray Santilli; es un habitual de las tertulias esotéricas radiofónicas y televisivas; fue director de Más Allá y ahora es consejero editorial de esa revista, dedicada a la promoción de todo tipo de misterios prefabricados y conspiraciones; fue el presentador de la Cumbre Europea de Exopolítica 2009… Es, como diría el periodista Javier Cavanilles, un misteriodista en toda regla; pero también un novelista de éxito y, en calidad de esto último, le entrevistó Andreu Buenafuente ayer en su programa de La Sexta. Puedo entender que el showman no metiera el dedo en el ojo al invitado -sus razones tendrá-, pero no que le presentara como «un buen divulgador científico».
Lo siento, pero Sierra es tan «buen divulgador científico» como Iker Jiménez, de cuyo periodismo de imbestigación Buenafuente se cachondea habitualmente. Lo demostró ayer ante las cámaras al reconocer que cree que el arca de Noé se construyó de verdad y lo reconoció al decir que en sus novelas intenta dar respuestas a algunos misterios y puntualizar: «Si lo hiciera en un ensayo, me llamarían especulador, que me invento las cosas… Pero, si lo haces en una novela, te llaman escritor». No, eres escritor en ambos casos; lo que ocurre es que en el primero intentas dar gato por liebre, vender fantasía como realidad, como hace Sierra en sus libros Roswell: secreto de Estado (1995) y La ruta prohibida (2007) -por citar sólo dos títulos-, y en las decenas de artículos que ha publicado y sigue publicando en las revistas esotéricas.