El origen histórico de la Navidad

'El nacimiento de Jesús', Geza Vermes.«Los evangelios de la infancia no son «el material del que está hecha la historia»», dice el teólogo e historiador Geza Vermes en su libro El nacimiento de Jesús (2006), parafraseando a los estudiosos William D. Davies y Dale C. Allison. Miles de millones de personas conmemoran estos días en todo el mundo unos hechos que en realidad nunca ocurrieron. Porque toda la historia de la concepción y el nacimiento de Jesús, tal como se cuenta en la Biblia, no es más que una ficción mediante la cual los seguidores de un predicador judío intentaron divinizar a su maestro después de su muerte. ¿Es escandaloso que celebremos algo que nunca pasó?
Depende de cómo se mire. Para mí, no lo es; al igual que no lo es mantener la ilusión infantil en los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez mientras sea posible. El problema surge cuando algunos pretenden que vivamos en una infancia perpetua y creamos que hace mucho, mucho tiempo, una mujer quedó preñada sin hombre de por medio, que unos magos recorrieron medio mundo guiados por una estrella hasta el lugar de nacimiento de ese hijo de la divinidad, que éste se salvó milagrosamente de una masiva ejecución de bebés perpetrada por un malo de película y bobo de remate… No hay nada malo en que alguien crea en un dios, mientras no lo intente imponer a los demás. Por eso no hay nada malo en toda la gente que conmemora estos días la llegada al mundo de un judío llamado Jesús, aunque no naciera en esta época ni en Belén. Pero hay que separar el polvo de la paja, la historia del mito, y poner las celebraciones de estos días en un marco simbólico y el relato de la Navidad en su sitio, el de un cuento que sólo tiene de históricos los nombres de algunos personajes. El resto, los pasajes que de niños nos enseñaron como reales y que se escenifican en los belenes, es ficción, desde la concepción milagrosa hasta el episodio de la estrella de Belén. «Las escenas representadas en un belén obedecen a una acumulación de elementos míticos de diversas procedencias aglutinados a lo largo del tiempo para paliar que lo que sabemos con certeza histórica de la infancia de Jesús se resume en una sola palabra: nada», sentencia el historiador José Luis Calvo en su recomendable artículo ‘Se desarmó el belén’.
Que sea ficción no resta, sin embargo, atractivo al relato del nacimiento de Jesús. Los mitos se pueden disfrutar sin creer en ellos. Rastrear el origen histórico de la Navidad es bonito y nos lleva a aprender más de nuestra historia, de nuestra tradición. Para empezar, que la Iglesia no tiene por qué quejarse de la paganización y comercialización de unas fiestas que se celebraban mucho antes del nacimiento de Jesús con motivo del solsticio de invierno, unos festejos de los que el cristianismo se apropió e hizo una adaptación a sus intereses. Para seguir, que el relato popular del nacimiento de Jesús es una mezcla de elementos sacados de los llamados evangelios de la infancia -los capítulos iniciales de los de Mateo y Lucas- y de los apócrifos, vinculados con la tradición judía y que persiguen equiparar al Jesús bíblico con otros grandes personajes históricos mediante la concepción virginal y el anuncio de su nacimiento en el cielo por un fenómeno astronómico, motivos habituales en la cultura mediterránea.
Permítanme que, por lo dicho anteriormente, les recomiende en estos días la lectura en paralelo de obras como la de Geza Vermes, los evangelios de la infancia, los episodios del Antiguo Testamento a los que a veces hacen referencia, y los apócrifos:
Geza Vermes [2006]: El nacimiento de Jesús [The Nativity history and legend]. Ares y Mares. Barcelona 2007. 264 páginas.
Aurelio de Santos Otero [1956]: Los evangelios apócrifos. Edición crítica y bilingüe. Prologado por Aurelio de Santos Otero. Biblioteca de Autores Cristianos. Madrid 2003. xxvii + 781 páginas.
Varios Autores [1998]: Nueva Biblia de Jerusalén. Revisada y aumentada. Editorial Descleé de Brouwer. Bilbao. 1.895 páginas.