Gore con Ibarretxe: la foto de los 200.000 euros

Al Gore y Juan José Ibarretxe, en el palacio de Artaza. Foto: Bernardo Corral.

Estamos en 2008. El mundo atraviesa una crisis económica sin precedentes. ¿Todo? ¡Parece que no! El presidente del País Vasco, Juan José Ibarretxe, ha pagado una millonada de las antiguas pesetas por hacerse un foto con Al Gore, quien a puerta cerrada ofrece hoy en Bilbao a un centenar de empresarios su conferencia Pensando en verde; una estrategia económica para el siglo XXI. Viaja en avión privado, era vicepresidente del país más poderoso del mundo cuando éste se negó a ratificar el Protocolo de Kioto y en 2006 la factura de electricidad de su casa de Nashville ascendió a 24.600 euros, veinte veces más que lo que consume una familia estadounidense media. El mediático mesías catastrofista -que cuenta en España con 200 predicadores de su mensajey el apoyo del Gobierno central- piensa en verde; pero en verde dólar. Su actuación bilbaína es, por supuesto, sin luz ni taquígrafos. Al flamante Nobel de la Paz no le gusta responder a las preguntas de los periodistas, como a todo aquél que tiene algo que ocultar.
¿Qué caja ha hecho en Euskadi por fotografiarse con el cabeza de lista del PNV en las próximas elecciones autonómicas? No se sabe. Su tarifa para este tipo de actos ronda los 200.000 euros, aunque en este caso, de momento, ignoramos cuánto ha costado su visita porque, en un alarde de transparencia, el Gobierno vasco no ha dicho lo que ha pagado al ex vicepresidente estadounidense por retratarse con el lehendakari. Ese montón de dinero nuestro que irá a parar a los bolsillos de Gore -más lo que habremos pagado indirectamente en seguridad y atenciones a tan ilustre invitado- podría haberse dedicado a que científicos de verdad expusieran a representantes de la sociedad vasca el reto mediambiental al que podemos enfrentarnos si seguimos quemando combustibles fósiles descontroladamente, pero entonces Ibarretxe no tendría su foto ecologista para las elecciones autonómicas de dentro de unos meses. Y no importa que la instantánea sea un poco cara; no la pagan ni él ni su partido: la pagamos los contribuyentes.