¡Fuera el niño Jesús!, ¡fuera el crucificado!

Esperanza Aguirre observa el portal del belén montado en la sede del Gobiernode Madrid, todavía con el niño. Foto: Efe.

Lo de Esperanza Aguirre es dar la nota. El martes, la presidenta de Madrid mandó quitar al niño del belén de la sede del Gobierno regional porque, como según la tradición no nace hasta Navidad, resulta incongruente que el Jesús bebé aparezca en escena antes de esa fecha. Vale, aceptemos pulpo como animal doméstico y entremos a ese juego. Entonces, ¿qué pintan en el belén el resto de las figuras? Los padres del protagonista deberían estar de viaje -ella con una tripa de mírame y no te menees- y los demás personajes en sus quehaceres y no en las inmediaciones de la gruta. Como mucho, podría haber por ahí algun pastor despistado y, en el cielo, la estrella de Belén, como guía de los Reyes Magos. Eso, si Aguirre quiere que el montaje sea realmente fiel a una tradición basada en un relato de la Navidad que no cuenta un hecho histórico, sino que mitifica los orígenes de un líder religioso. Siguiendo con la fidelidad a las tradiciones, la presidenta madrileña debería abogar porque la imagen de Jesus crucificado únicamente permaneciera a la vista de la gente entre el mediodía y el anochecer de Viernes Santo. Antes, resulta incongruente porque el personaje está vivo; después, porque ha resucitado.