‘Kaz II’, ¿el ‘Mary Celeste’ del siglo XXI?

El 'Kaz 11', tal como fue hallado a la deriva. Foto: Efe.

El descubrimiento en aguas australianas de un yate de 12 metros vacío, con comida intacta en la mesa y al menos un ordenador portátil encendido, es un caso digno de CSI, pero no sólo eso. Parece una réplica contemporánea de uno de los grandes misterios de la navegación, el del Mary Celeste, un bergantín que fue encontrado vacío a 500 millas al oeste de España el 4 de diciembre de 1872. Como en el Kaz II, el Mary Celeste fue encontrado intacto y tampoco había en él ni rastro de la tripulación, aunque 130 años después, existe una explicación plausible al misterio de la que hablo más abajo. Pero el protagonista hoy es el yate de lujo hallado abandonado en la Gran Barrera de Coral con las velas izadas y el motor en punto muerto.

El Kaz II partió el domingo del puerto australiano de Airlie Beach con rumbo a Perth, en un viaje que le iba a llevar entre seis y ocho semanas. Viajaban en él tres jubilados de Yunderup, cerca de Perth, aficionados a la pesca: Derek Batten, de 56 años y sus vecinos James y Peter Tunstead, de 63 y 69.Una aeronave de los guardacostas avistó el barco a la deriva el miércoles e intentó, infructuosamente, contactar por radio con la tripulación. Ayer, un miembro de los equipos de rescate se descolgó al mar desde un helicóptero y abordó la embarcación.

“Subieron a bordo y dijeron que el motor estaba en marcha, la computadora funcionando, un ordenador portátil encendido, la radio y el GPS también, y la comida servida en la mesa, pero no había ni rastro de la tripulación”, explicaba ayer a la agencia AP el portavoz de la Oficina de Emergencias del Estado de Queensland, Jon Hall. Tres chalecos salvavidas, un bote neumático y el radiofaro seguían en la nave, pero no había botes salvavidas inflables (los investigadores creen que los desaparecidos pudieron hacerse a la mar sin ellos). La vela de proa estaba rasgada, posiblemente a consecuencia del tiempo que el barco había permanecido a la deriva, y no había ningún otro desperfecto, lo que sumado, al buen tiempo reinante, tiene intrigada a la Policía.

La familia de James Justin confía en que los tres hombres se hayan montado en un bote y abandonado el catamarán temporalmente sin anclarlo bien. “Es la esperanza que tenemos, que se olvidarán de anclarlo y se fuera a la deriva. Los tres idiotas”, ha dicho Keryn Grey, su hija, a un canal de televisión. Barry Haldan, que tiene un negocio de alquiler de embarcaciones en Shute Harbour, es bastante más pesimista. Cree que uno de los hombres pudo caer al agua, los otros se lanzaron a rescatarle y luego no pudieron volver a subir al barco, que quedó a la deriva, con sus ocupantes indefensos en unas aguas repletas de tiburones. Mientras, la Policía examina el GPS para ver cuáles fueron los movimientos del catamarán y nueve aviones, dos helicópteros y cuatro barcos buscan a los jubilados en un área de 1.300 kilómetros cuadrados.

¿El fin de un misterio?

El misterio del Mary Celeste tiene una explicación plausible desde hace tres años, aunque es de suponer que la mayor parte de los medios la ignorarán cuando hablen estos días del caso del Kaz II. La presentó Brian Hicks en su libro Ghost ship. The mysterious true story of the Mary Celeste and her missing crew. Recordaba Lawrence David Kusche, en El triángulo de las Bermudas solucionado (1974) que “se han contado tantas historias acerca del famoso derrelicto, a lo largo del siglo, que es casi imposible determinar lo que es realidad y lo que es ficción”. Pues, bien, Hicks intenta separar el grano de la paja y demuestra, por ejemplo, que la parte el hallazgo de la comida servida en la mesa -como en el caso de Kaz II– es en realidad parte de un cuento que Arthur Conan Doyle ambientó en el barco desaparecido en 1883. Si quieren leer el relato en cuestión, titulado El capitán del Polestar, lo pueden descargar aquí en inglés de la web del proyecto Gutemberg y lo pueden comprar en español en una edición reciente de Valdemar.

Lo más importante del trabajo de Hicks, explicaba el psicólogo Terence Hines en The Skeptical Inquirer hace un par de años, es que ofrece una posible explicación al enigma de la desaparición del capitan Benjamin Spooner Briggs, su esposa Sara, su hija de dos años Sophia y toda la tripulación, y el hallazgo del barco prácticamente intacto y sin botes salvavidas. El autor cree que la causa pudo estar en la bodega del Mary Celeste, que iba cargado con 1.700 barriles de alcohol industrial, algunos de los cuales se encontraron vacíos, como si el líquido se hubiera evaporado. En total, calcula que se perdieron así unos 2.000 litros de alcohol. Los vapores llegaron a suponer un peligro para la tripulación y como apenas soplaba el viento en la zona, el capitán optó por airear el barco y trasladar a todos sus ocupantes a un bote salvavidas atado al bergantín hasta que la atmósfera fuera respirable. Una repentina tempestad rompió entonces el cabo y dejó a los ocupantes del Mary Celeste a la deriva. ¿Complicado? Sí. ¿Plausible? También. Desde luego, más que las desapariciones misteriosas camino a dimensiones desconocidas o secuestrados por extraterrestres. Y explicaría por qué el capitan Briggs y su tripulación dejaron todo a bordo como si fueran a volver en cualquier momento.