¿Un pedazo de un platillo volante? ¡Venga ya!

Andrea Pérez Simondini muestra un trozo de metal, de un ovni, que cayó en la casa de su madre tras una explosión ocurrida en 1991 en la ciudad argentina de Victoria. Foto: Efe.

Buenos Aires ha acogido este fin de semana uno de esos congresos en los que los ufólogos se esfuerzan en venderle al personal la burra de que Ellos, los extraterrestres, están aquí. Cuentan lo mismo que llevan contando casi seis décadas, consiguen su hueco en la prensa y sus minutos de radio y televisión, y, por supuesto, nunca demuestran nada. «Existe un gran caudal de evidencias sobre la existencia de civilizaciones alienígenas y sobre poderes ocultos para el hombre que sólo llega a ciertas partes de la sociedad, y nosotros queremos que llegue a todos», ha declarado el ufólogo colombiano Jaime Sampayo, uno de los participantes, a Efe. Y el inigualable Fabio Zerpa -actor antes que ufólogo, aunque se presenta en la nota de agencia como historiador y psicólogo- explica que «algunos extraterrestres han venido a prepararnos para un futuro contacto y nos dicen que no tengamos miedo». ¿Y las pruebas?, se preguntarán ustedes.
No sean maleducados. Pedir pruebas a quien sostiene tonterías -y llamar tonterías a las tonterías- va contra la esencia de nuestra mojigata sociedad contemporánea, donde se habla de personas sordas -en vez de sordos- y de tolerancia cero -en vez de intolerancia-, entre otras lindezas. Esa mojigatería no es, sin embargo, la causa por la que Iker Jiménez se quedó con la boca abierta hace unas semanas escuchando los cuentos alienígenas de Sixto Paz, quien dice verse a cara a cara con extraterrestres desde hace treinta años, y no pidió al contactado ni una prueba de su sorprendente afirmación. ¿Saben por qué Jiménez actuó así? Porque el director de Cuarto milenio no es tonto; sabe que esa prueba no existe. Como tampoco existe «el gran caudal de evidencias» de Sampayo, Zerpa y el resto de los participantes en el Congreso Mundial Ovni de Buenos Aires. Incluida, la ufóloga de la foto, Andrea Pérez Simondini, que ha conseguido que dé la vuelta al mundo su retrato con un trozo de metal procedente, según ella, de un platillo volante. La joven dice que los análisis que se han hecho a la pieza así lo demuestran. ¿Dónde están esos análisis? ¿Por qué no se presentan en un foro científico? Me apuesto lo que quieran a que no existen o a que, si existen, no dicen lo que dice Pérez Simondini.
Pedir pruebas -incluso a chalados y sinvergüenzas- se considera un signo de mala educación porque implica que no te crees lo que cuentan. Por eso algunas personas no lo hacen. No me refiero, claro, a los periodistas especializados en el mundillo del misterio. Ésos no lo hacen porque se les vendría abajo el negocio. Es lo que tiene vivir de dar al personal gato por liebre. Sin embargo, para el resto de los mortales, pedir pruebas es muy sano: puede hacer que nos evitemos muchos disgustos en la vida diaria.