Supersticiones

¡Ni un bebé ni nadie entra en combustión espontánea! ¡Son malos tratos!

Imagínese que trabaja en un servicio médico de urgencias y llega un bebé con graves quemaduras. Sus padres dicen que se deben a que el niño ha empezado a arder de repente, sin razón aparente. ¿Qué haría usted? Supongo que poner el caso en conocimiento de la Policía, ¿no? Pues, desgraciadamente, parece que en este mundo hay periodistas que se tragarían el cuento de los padres. Si no, lean estos títulares, procedentes de grandes medios: “Un bebé ingresa cuatro veces en el hospital por entrar en llamas espontáneamente; “Baby treated for spontaneous combustion” (Bebé tratado por combustión espontánea); Human torch baby tests normal, doctor stumped” (Los tests del bebé humano antorcha son normales, dicen los médicos);  “El extraño fenómeno del bebé que se prende fuego”; “Un bebé de la India sufre combustiones espontáneas”

“El pequeño ya ha sido ingresado cuatro veces desde su nacimiento por ponerse en llamas por circunstancias que aún se investigan”, indican en Telecinco. Y añaden: “Según las primeras hipótesis de aquéllos que creen en la existencia de esta patología [se refiere a la combustión espontánea humana], Rahul podría estar emitiendo sustancias altamente inflamables a través de los poros de su cuerpo, condición que desencadenaría la combustión”. Más adelante, indican que, “sin embargo, diversos expertos se muestran reacios a creer en la existencia de tal enfermedad, a la que asocian más a falsos rumores, leyendas o ciencia ficción, pero nunca al verdadero conocimiento científico”, y que, por eso, hay quienes barajan “si detrás de este suceso se esconde un posible caso de malos tratos u otra causa que dé una explicación lógica al mismo”. La sospecha de maltrato aparece en todas las informaciones, pero sólo después de la combustión espontánea.

Nacido en la ciudad de Tindivanam (Tamil Nadu), Rahul ingresó por primera en un centro médico con quemaduras cuando tenía sólo nueve días. Su madre dijo a los médicos que había visto cómo el bebé empezaba a arder sin causa aparente y sin que hubiera ninguna fuente de fuego en sus proximidades. Desde entonces, en dos meses y medio, ha sido atendido por quemaduras cuatro veces, y algunos médicos han achacado las lesiones a la combustión espontánea humana. En esa extraña enfermedad -así califican el fenómeno algunos medios-, “el cuerpo se quema espontáneamente debido a los gases combustibles que emite, sin ninguna fuente externa de ignición”, ha asegurado Narayana Babu, jefe del Departamento de Pediatría del Hospital Universitario Kilpauk, donde han atendido al pequeño la última vez. Y algunos medios han comprado la exótica explicación y la han llevado a titulares como los citados.

Una leyenda urbana, un mito

Sobrecoge leer cosas así. Sobrecoge que haya en 2013 periodistas tan crédulos. Sobrecoge que, ante un pobre bebé de menos de tres meses que ha sufrido cuatro episodios de quemaduras en su corta vida, haya quien apueste por lo sobrenatural como posible causa. Porque Rahul, como se llama el niño, no arde espontáneamente. Nadie arde ni ha ardido nunca espontáneamente. La combustión espontánea humana es un mito, como las posesiones demoniacas y las hadas. A Rahul alguien de su entorno más próximo le está torturando. Atribuir sus lesiones a la combustión espontánea es tan ridículo como achacar las heridas de arma blanca de alguien a poltergeists que le han lanzado cuchillos o creer en la autoestopista fantasma.

La combustión espontánea humana parte de la idea de que somos una antorcha en potencia que, bajo determinadas circunstancias, empieza a arder inexplicablemente. Aunque hay casos anteriores, debe su popularidad a Bleak house (Casa desolada. 1952-1853), novela de Charles Dickens en la que un personaje muere por “combustión espontánea”. Científicos de la época criticaron en su momento a Dickens por dar pábulo a una imposibilidad científica, una superstición, pero el autor citó en su defensa varios  casos similares ocurridos en la vida real y respaldados por médicos.

Siglo y medio después, el investigador Joe Nickell, miembro del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), y el analista forense John F. Fisher examinaron los treinta mejores casos de combustión espontánea acaecidos desde mediados del siglo XVIII. Tras dos años de pesquisas, no encontraron “ninguna prueba que respalde la realidad del fenómeno” y sí “explicaciones plausibles naturalistas” para aquellos sucesos bien documentados. Los resultados de su trabajo pueden leerse en su libro Secrets of the supernatural. Investigating the world’s occult mysteries (Los secretos de lo sobrenatural. Investigando los misterios ocultos del mundo. 1988), que incluye un apéndice donde dan todos los datos de los treinta casos.

Nickell y Fisher descubrieron que los sucesos más populares en la literatura paranormal se debían a razones mundanas como que la víctima había bebido demasiado, se había acercado imprudentemente a un fuego y sus ropas habían prendido o que había tomado somníferos y se había quedado dormida en un sofá mientras fumaba. “Detectamos que había una cierta correlación entre la embriaguez y los casos de combustión espontánea humana”. Esa correlación, recuerdan, ya la habían detectado en su tiempo algunos teóricos, que erróneamente la habían atribuido a que los tejidos impregnados en alcohol podrían entrar en llamas con facilidad. La ciencia refutó ese supuesto. “Nosotros determinamos, en cambio, que la correlación se debería a que las personas ebrias son más descuidadas con el fuego y menos capaces de responder adecuadamente a un accidente”.

Como ha dicho Jagan Mohan, especialista en quemaduras del Hospital Universitario Kilpauk, “la combustión espontánea humana es una teoría falsa. Que un bebé entre en llamas espontáneamente no es posible”. Lo del pequeño Rahul son malos tratos por acción u omisión. ¿Los medios que se han hecho eco de esta estúpida explicación hubieran actuado igual de haber ocurrido los hechos en Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao? Creo que no.

Cirujanos japoneses operan las líneas de las manos para cambiar el futuro

En una parodia sobre la homeopatía de David Mitchell y Robert Webb para el programa de humor británico That Mitchell and Webb look (2006-2010), un paciente ingresaba muy grave en un hospital alternativo y, en un momento determinado, un facultativo se daba cuenta de que tenía la línea de la vida muy corta. Para evitar el fallecimiento, otro médico tomaba una medida desesperada y sacaba a toda prisa un bolígrafo para alargar la línea de la vida del herido, quien, sin embargo, moría antes de que le aplicaran el tratamiento. ¿Ridículo? Sí, claro. Pero es que resulta que ya hay quien está haciendo algo parecido.

Palma de una mano, antes y después de la intervención. Foto: Clínica de Belleza Shonan.Por unos 850 euros, el cirujano plástico japonés Takaaki Matsuoka modifica en su clínica de Tokio las líneas de las manos de sus pacientes para que les cambie el futuro. Realiza la intervención, que dura entre 10 y 15 minutos, con un escalpelo eléctrico porque el efecto estético es mejor, ya que las líneas de las palmas no son rectas ni continuas. Dice que lo que los hombres quieren que retoque las relacionadas con el dinero mientras que las mujeres prefieren que trabaje en las del matrimonio o el amor. “Si usted no tiene la línea del matrimonio, significa que muy probablemente no se case. Así que el trabajo del médico es crear una línea del matrimonio”, ha declarado a The Daily Beast. Este cirujano, que no es el único en Japón que practica estas intervenciones, ha modificado las palmas de las manos de 37 pacientes desde enero de 2011, cuando empezó a hacerlo sin tener conocimientos de quiromancia. Ahora, aunque el cliente puede dibujar las líneas que quiere tener, Matsuoka, con sus conocimientos, da el visto bueno final al boceto para que propicie la buena fortuna. Las heridas, advierte, tardan en curarse un mes.

Siempre hay listos dispuestos a hacer negocio a costa de los muchos tontos que hay en el mundo. Como ante casos como éste -del que me enteré gracias al escéptico Jorge Buzzi- lo mejor es reírse, les dejo con la parodia de David Mitchell y Robert Webb, quienes ya pueden decir que son videntes:

Inundaciones en el santuario de Lourdes: ¡no hay milagros que valgan!

Una caseta pasa flotando por delante de la entrada de la gruta de Lourdes, con la figura de la Virgen María a la derecha y un detalle del Cristo de la cueva al que casi alcanza el agua. Foto: Laurent Dard (AFP).

Parece como si la estatua de la Virgen María -a la derecha, entre las rocas- quisiera esconderse. La foto, de Laurent Dard (AFP), es de la entrada de la gruta del santuario francés de Lourdes, cerrado por tercer día consecutivo por la crecida del río Gave de Pau. En el recuadro, de otra imagen de la misma serie, se ve cómo el agua llega casi hasta la base de un Cristo que hay dentro de la cueva. Si yo fuera un ser con poderes sobrenaturales y me hubieran erigido ahí una estatua, también me escondería. De vergüenza. ¿Qué es eso de que una divinidad no pueda evitar unas simples inundaciones cuando 6 millones de personas visitan cada año su santuario buscando, muchos de ellos, curas milagrosas a males incurables? Ya ven, cuando se necesitan, ¡no hay milagros que valgan! Y la gruta donde, según la leyenda, la Virgen María se apareció en 1858 a la pastorcilla Bernadette de Soubirous, bajo el agua.

Supersticiosa Familia Real: los Borbones y el 13

La Familia Real española es supersticiosa. Y no hay que hacer ninguna sesuda investigación para comprobarlo. Basta con leer los periódicos. A raíz de la errónea atribución de unas propiedades a la infanta Cristina por parte de Hacienda, los medios han recordado que el Rey, la Reina y sus hijos no tienen DNI numerados como el resto de los españoles. Los suyos son especiales: de sólo dos cifras. Don Juan Carlos tiene el número 10; doña Sofía, el 11; la infanta Elena, el 12; la infanta Cristina, el 14; y el príncipe Felipe, el 15. ¿Y el 13? No existe. Cuando en 1980 se adjudicaron los números de DNI a las infantas, la Familia Real lo descartó. Al parecer, en esa casa de tan exquisita educación sufren de triscaidecafobia, miedo irracional al número 13. Pero, dirán algunos, ni aún así se han librado de la maldición, porque trece son las fincas que Hacienda ha atribuido a Cristina de Borbón, a quien hubiera correspondido el número 13 de DNI. ¿Casualidad? Por supuesto.

Los Borbones no están solos en sus supersticiones. Sólo en Estados Unidos, hay entre 17 y 21 millones de estadounidenses que sufren de miedo al viernes 13 o friggatriscaidecafobia, según el Centro para la Gestión del Estrés / Instituto de la Fobia de Carolina del Norte. Hace un año, el Consejo del Condado de Durham, al norte de Inglaterra (Reino Unido), decidió que no habrá más portales con el número 13 en sus calles para ayudar a que los propietarios que quieren vender inmuebles con ese número lo tengan más fácil que hasta ahora e Irlanda cambió su sistema de numeración de matrículas para evitar que las de los vehículos de este año empiecen por 13. Y, en España, muchos aviones no tengan fila 13, ese piso se llama 14 en algunos edificios…

El 13 se consideraba antiguamente en el mundo cristiano número de mal agüero porque, según la tradición biblica, trece fueron los comensales de la Última Cena y el homenajeado acabó clavado en la cruz. En ese mismo Occidente cristiano, se cree que el martes carga con su mala fama porque fue un martes, día del dios romano de la guerra, el 29 de mayo de 1453, cuando cayó Constantinopla en manos de los turcos. ¿Y el viernes 13? Pues, se dice que porque fue el día de la Crucifixión, aunque el experto Charles Panati lo vincula a la mitología nórdica, según la cual, cuando llegó el cristianismo, la diosa Frigga se reunía cada viernes con otras once brujas y el Diablo para planear las maldades de la semana siguiente.

Telecinco y Cuatro venden una pulsera de la suerte a los forofos: hay engañabobos porque hay bobos

Se coge un cordón de cuero, se le pone una pequeña pieza de madera, se bautiza como pulsera de la suerte, se recurre a rostros populares para publicitarla ¡y ya está el negocio hecho! Eso debió de pensar hace no mucho alguien en Mediaset España, la empresa que controla Telecinco y Cuatro, entre otros canales de televisión. Y ayer vi el resultado: un anuncio en el que periodistas deportivos de esa casa animan a su público a que, con motivo de la Copa Confederaciones, toque madera con esa pulsera a la hora de animar a la selección española de fútbol. El amuleto está ya a la venta en quioscos por 3 euros. Con cinco colores entre los cuales elegir -marrón, natural, negro, rojo y rosa-, la pieza de madera lleva el sello de Mediaset Sport. ¡Ni siquiera se han molestado en ponerle un símbolo esotérico o un holograma! Supongo que habrá quien se crea lo de la pulsera de la suerte de Telecinco y Cuatro. A fin de cuentas, como suele decir Manuel Toharia, si hay engañabobos, es porque hay bobos.

El ilusionista John Nevil Maskelyne dijo en el siglo XIX, respecto al espiritismo, que “aquéllos que tienen mucho dinero y nada de cerebro están hechos para aquéllos que tienen mucho cerebro y nada de dinero”. Obviamente, el objetivo de Mediaset España no es la élite con mucho dinero -cuesta sólo 3 euros-, sino la gran masa de crédulos que lo mismo confían en un tarotista que en un homeópata o un grafólogo. Ya tenemos nuevo detector de tontos en el mercado. Éste, made in Spain, no como la pulsera Power Balance.

Estrellas de Mediaset anuncian la pulsera de la suerte.