Mertxe de Renobales

El futuro es transgénico

Arroz dorado y arroz blanco. Foto: Insituto Internacional para la Investigación del Arroz.Cinco estudiantes del colegio La Salle de Beasain se pusieron el año pasado a investigar sobre los transgénicos. “Una de las cosas que tienen que hacer nuestros alumnos es identificar un problema que quieran corregir como servicio a la sociedad. Y ellos habían visto que hay mucho desconocimiento cuando se habla de transgénicos”, explica Miren Peláez, profesora de Ciencias del centro. Los chicos, de 4º de la ESO (15 y 16 años), hablaron con científicos e hicieron un experimento en la Zientzia Azoka organizada por Elhuyar el 24 de abril en la plaza Nueva de Bilbao. Instalaron un puesto de talo con chorizo, con truco: había talo hecho a partir de harina de maíz transgénico y convencional. ¿Sería la gente capaz de diferenciarlos?

“Yo no lo fui; pero es que no como habitualmente talo con chorizo”, dice Mertxe de Renobales, catedrática jubilada de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad del País Vasco. Como el resto de los participantes, ella no puso ningún pero gustativo al talo transgénico. Normal, porque con la transgénesis no se busca por ahora cambiar el sabor del alimento. Al mejorar genéticamente una planta se puede pretender que sea resistente a plagas o a herbicidas, que consuma menos agua, que se adapte mejor a un suelo determinado, que genere alguna sustancia que supla una carencia nutricional… La tecnología que se utiliza en los organismos genéticamente modificados (OGM) es un avance más en lo que el ser humano lleva haciendo desde que domesticó hace unos 10.000 años las primeras plantas y animales: alterar sus genes para adecuarlos a sus necesidades. “Nada de lo que hay en el supermercado es natural”, advierte la bioquímica vasca. Ni nada de lo que se vende en las tiendas ecológicas.

Un mundo modificado

Durante miles de años el ser humano ha modificado especies mediante cruces sin saber muy bien lo que hacía. No conocía la ingeniería genética porque no sabía de la existencia de los genes. Aún hoy hay muchas personas que desconocen que todos los organismos tienen genes, que son los transmisores de la herencia, los que hacen que el vástago se parezca a sus progenitores o que sea propenso a las mismas enfermedades que ellos. Un estudio de la Fundación BBVA revelaba en 2012 que el 65% de los españoles cree que los tomates que come no tienen genes, frente a los producidos por ingeniería genética, que sí los tienen. El trabajo no ahondaba en las causas del error, pero bien podría deberse a las intensas campañas antitransgénicos de ciertos colectivos.

Cirula transgénica. Foto: Departamento de Agricultura de Estados Unidos.Todos los transgénicos son OGM, pero no todos los OGM son transgénicos. Un OGM es un organismo al que se ha alterado algún gen mediantes unas técnicas determinadas -por ejemplo, para retrasar la maduración-, mientras que un transgénico es un organismo en el que se han insertado genes de otra especie con esas mismas técnicas. Ahora eso se consigue mediante ingeniería genética, pero hay transgénicos anteriores a ella. La naranja nació al hibridarse accidentalmente un pomelo y un mandarino hace unos 3.000 años en China y un agricultor perpetuar la estirpe. Y el boniato, que empezó a cultivarse en Perú hace unos 8.000 años, es un transgénico natural que contiene ADN procedente de “Agrobacterium”, una bacteria que produce tumores en las plantas.

Cuando comemos pasta, comemos transgénicos. “El trigo duro, la variedad que se usa para la pasta, tiene cuatro genomas diferentes que le han llegado de cruces espontáneos de dos variedades diferentes, cada una con sus dos genomas. El trigo con el que se hace el pan de todos los días tiene seis genomas de tres especies diferentes”, explica De Renobales. Vivimos en un mundo transgénico. Mire su cartera: los billetes de euro están hechos de algodón transgénico, como los pantalones vaqueros que puede que lleve puestos. Y millones de personas viven gracias a un fármaco transgénico. Desde los años 80, los diabéticos se inyectan insulina humana producida por variedades transgénicas de la bacteria Escherichia coli. La vida de esos enfermos dependía hasta entonces de insulina de vacas y cerdos -y antes con insulina extraída de páncreas de cadáveres- que podía provocarles reacciones adversas y enfermedades.

No hay en la naturaleza nada parecido al fresón, el plátano, el tomate o la patata que usted compra en el súper o la tienda ecológica. Son creaciones humanas a partir de especies silvestres pequeñas (fresa y tomate), venenosas (patata) o no comestibles por estar llenas de molestas semillas (plátano). Mediante la hibridación nuestros antepasados aprendieron hace miles de años a modificar especies a su gusto y no sólo vegetales, ahí está el perro, un lobo que hemos cambiado hasta extremos increíbles. Más recientemente, desde los años 50 del siglo pasado, la FAO tiene un programa, en colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica, para mejorar los cultivos por irradiación.

Transgénesis y ecología

“Coges semillas, las sometes a radiaciones ionizantes artificiales que provocan muchas mutaciones, las siembras y te quedas con la planta con las características que estás buscando. A partir de ahí desarrollas la planta y pasa a formar parte de las variedades cultivables. También la agricultura ecológica usa ese tipo de plantas”, indica De Renobales. Pero rechaza los transgénicos, algo que la mayoría de los científicos no se explica.

Platano silvestre. Foto: Warut Roonguthai.“No hay ninguna razón científica para que la agricultura ecológica no use los transgénicos resistentes a insectos, a virus y enfermedades, los tolerantes a la sequía y los que aportan mejoras nutricionales para aumentar su productividad por el sencillo procedimiento de reducir las pérdidas a la vez que mejora la calidad nutricional de estos productos”, dice la bioquímica. El maíz Bt, por ejemplo, es un transgénico que produce una proteína de origen bacteriano que hace que, cuando lo muerde el taladro -una plaga en Estados Unidos, Argentina y comunidades autónomas como Aragón, Cataluña Extremadura y Navarra-, el insecto muera. El Bt del nombre se refiere a Bacillus thuringiensis, la bacteria que produce un veneno natural para ciertos insectos. Pues, bien, los ecologistas se oponen al uso este maíz por ser transgénico, pero la denominada agricultura ecológica fumiga sus plantaciones de maíz con Bacillus thuringiensis que al emplearse así es mucho menos efectiva.

La ingeniería genética permite a los científicos mejoradores de plantas saber en todo momento lo que hacen: qué gen han modificado o cambiado y revertir el proceso si fuera preciso. En casi 20 años de investigación y uso de transgénicos no se ha registrado en todo el mundo ningún problema sanitario ni ecológico, y eso que son objeto de férreos controles. “Pasan montones de pruebas antes de salir al mercado. Son tan seguros o más que un cultivo convencional o ecológico”. De hecho, muchas intoxicaciones alimentarias registradas en Europa en los últimos años ha tenido su origen en la agricultura ecológica, incluida la mal llamada crisis del pepino español de 2011, que se saldó con la muerte de 34 personas -32 de ellas en Alemania- y más de 850 afectados, además de generar cientos de millones de pérdidas al campo español. Los causantes habían sido, en realidad, productos ecológicos alemanes.

Cuando hace unos meses acabaron su investigación sobre los transgénicos, los alumnos del colegio La Salle de Beasain llegaron a la conclusión de que los peligros que se asocian a ellos carecen de fundamento. “Y, además, ahora son más críticos no sólo con la información sobre transgénicos, sino en general. Han aprendido a leer las etiquetas de los productos y también, gracias a Mertxe (de Renobales), a que no se debe hablar sin saber”, dice Miren Peláez.

 

El control de las grandes empresas

Ante la falta de argumentos científicos contra los transgénicos, la oposición suele hacer hincapié en que su uso dejaría la alimentación mundial en manos de las grandes corporaciones de la biotecnología. Nadie lo niega, pero es que la alimentación mundial ya está en manos de las multinaciones. Y no sólo la alimentación. “¿De qué marca es tu móvil?, ¿y tu coche?, ¿y tu televisor?”, pregunta Mertxe de Renobales cuando sale a colación el tema.

La oposición popular a los transgénicos en Europa, cuyo éxito se debe a campañas que fomentan el miedo, ha hecho que la UE ponga tantas trabas a este campo de investigación que grandes compañías como BASF han trasladado su actividad en esta área a EE UU. Si nada cambia, en un mundo con más de 7.400 millones de habitantes y creciendo, en el que los transgénicos son claves para garantizar la alimentación sin ampliar la superficie cultivable y dañar más el medio ambiente, los agricultores y consumidores europeos serán los grandes perdedores.

 

109 premios Nobel contra Greenpeace

“Greenpeace ha encabezado la oposición al arroz dorado, que tiene el potencial de reducir o eliminar gran parte de las muertes y las enfermedades causadas por la deficiencia de vitamina A que se ceban con las personas más pobres de África y el sudeste asiático”, lamentaban 109 premios Nobel en junio en una carta abierta. Y añadían: “¿Cuántas personas pobres deben morir en el mundo antes de que consideremos esto un crimen contra la Humanidad?”.

Según la OMS, 250 millones de niños sufren de falta de vitamina A y cada año pierden por ello la vista entre 250.000 y 500.000 de 5 años, de los que la mitad fallece durante el año siguiente. La dieta de esos niños se basa fundamentalmente en el arroz, que carece de beta-caroteno, precursor de esa vitamina que está presente, por ejemplo, en la zanahoria. El arroz dorado produce beta-caroteno. Es un transgénico desarrollado en 1999 por Ingo Potrykus y Peter Beyer, que renunciaron a la patente para su uso humanitario. “Puede salvar a todos esos niños”, dice Mertxe de Renobales. Sin embargo, nunca ha llegado al Sudeste asiático por la oposición de Greenpeace, porque según ellos es es un caballo de Troya para introducir más cultivos transgénicos y su eficacia no está probada, lo contrario de lo que sostiene la comunidad científica.

Los transgénicos son peligrosos, dice un libro de ciencias de Bachillerato

Los transgénicos pueden propiciar las aparición de nuevas especies con consecuencias desconocidas, reducen la biodiversidad y su consumo podría ser peligroso para el ser humano. Es el mensaje del libro de Cultura científica para 1º de Bachillerato de McGraw Hill Education. Los autores exponen en dos páginas lo que es la biotecnología y sus beneficios y, a modo de conclusión sobre los transgénicos, dicen:

Portada del libro de Cultura científica de 1º de Bachillerato de McGraw Hill.

Junto a innegables beneficios, la utilización de organismos transgénicos presenta inconvenientes no desdeñables. Destacan la posible aparición de especies nuevas cuyo nicho ecológico se desconoce, el tránsito de genes de unos organismos a otros, la reducción de la biodiversidad, el desarrollo de resistencias en insectos y el crecimiento de malas hierbas, con efectos en los ecosistemas imprevisibles e irreversibles [en negrita en el original]. Su consumo también podría acarrear riesgos sanitarios y alergias aún no evaluados. Además, podrían incrementar las diferencias socioeconómicas entre países ricos y pobres.

Si en el párrafo anterior cambiamos transgénicos por organismos domesticados, sería igual de cierto. Y de falso. Porque todo lo que cultivamos y criamos, casi todo lo que compramos en el supermercado y en la tienda de agricultura natural bendecida por Greenpeace, es artificial en el sentido de que lo hemos modificado genéticamente durante siglos. Llevamos manipulando genes, talando bosques y disminuyendo la biodiversidad a través de la agricultura y ganadería desde hace unos 10.000 años. Al principio, modificábamos organismos como quien mezcla las cartas de una baraja con la esperanza de que le salga arriba el as de corazones. A veces, salía; otras muchas, no. Ahora, la biotecnología permite mezclar las cartas de tal modo que arriba nos salga siempre la que queramos.

¿Por qué es eso más peligroso que cruzar dos especies de plantas como se ha hecho desde hace miles de años sin tener claro cuál iba a ser el resultado? ¿Por qué es más peligroso modificar plantas para que sean resistentes al ataque de ciertos insectos que usar toneladas de insecticidas? Como me contaba hace años en una entrevista la bioquímica Pilar Carbonero, “todos los riesgos achacados a los transgénicos existen desde que la agricultura es agricultura”. Que esos prejuicios se alimenten en un manual escolar resulta inquietante.

En contra de lo que alerta este libro de Bachillerato, comer transgénicos no entraña ningún peligro. “Una vez comercializado, un transgénico es tan seguro o más que un cultivo convencional o ecológico. Los transgénicos están más controlados que los productos agrícolas que compramos normalmente en el supermercado -procedentes de explotaciones convencionales o ecológicas- porque, en estos casos, la legislación es muy poco exigente, muy light“, me decía la bioquímica vasca Mertxe de Renobales en 2011. Y es que, como recordaba en su libro Comer sin miedo el bioquímico José Miguel Mulet, la mayoría de las intoxicaciones alimentarias que hemos sufrido en Europa en los últimos años han tenido su origen en productos ecológicos.

Estaría bien saber de dónde han sacado los autores de este texto escolar unas conclusiones que parecen extraídas del manual del perfecto ecólatra. El polémico párrafo lo ha cazado un profesor de biología de Secundaria, alarmado porque “miles y miles de alumnos se llevarán a casa esta idea, que seguramente no será desmentida por la mayoría de profesores, que no tiene formación adecuada. Me parece que algo se debería hacer al respecto. Es muy grave. Otros libros de esta materia de otras editoriales también siembran falsedades y alarmismos. Se supone que esta asignatura es para fomentar la cultura científica, no para lo contrario”.

«No hay productos agrícolas naturales», dice la bioquímica Mertxe de Renobales

Mertxe de Renobales, con una mazorca de maíz transgénico. Foto: Blanca Castillo.

La bioquímica vasca Mertxe de Renobales ganó en 2009 el premio Junta General del Principado de Asturias – Sociedad Internacional de Bioética por un trabajo en el que defiende el uso de transgénicos en la denominada agricultura ecológica. En esta entrevista, la profesora de la Facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco habla de los organismos genéticamente modificados, sus beneficios y riesgos.

-Usted sostiene que los transgénicos no son incompatibles con la llamada agricultura ecológica.

-La agricultura ecológica trata de usar prácticas de cultivo menos agresivas con el medio ambiente que las convencionales. La certificación ecológica prohíbe el uso de herbicidas, plaguicidas y fertilizantes de síntesis. Y hay transgénicos que no requieren de insecticidas porque ya están protegidos contra ese tipo de ataque, con lo que no hace falta usar insecticidas.

-Y hay menos daños al medio ambiente.

-Sí. Durante los últimos 15 años, en Estados Unidos y China se ha visto que el cultivo comercial de transgénicos modificados contra insectos logra reducir las plagas no sólo en esos campos, sino también en los adyacentes de cultivos convencionales. Los campos de transgénicos se convierten en sumideros para las plagas. La agricultura ecológica debería usar transgénicos porque su cultivo es menos agresivo para el medio ambiente, pero los prohíbe tajantemente.

-¿Por qué?

-Habría que preguntárselo a ellos. Un transgénico es un organismo al que en el laboratorio hemos insertado un gen de otro organismo o hemos modificado alguno de los suyos mediante ingeniería genética. Pues, bien, lo que la agricultura ecológica prohíbe son esas técnicas.

Plantas irradiadas

-Todo lo que cultivamos ha sido modificado genéticamente, es transgénico stricto sensu, ¿no?

-Sí; pero no se le llama transgénico.

-Hoy he comido pasta. ¿He comido transgénicos?

-Depende de que la definición sea legal o científica.

-Científica.

-Científicamente hablando, sí. El trigo duro, la variedad que se utiliza para la pasta, tiene cuatro genomas diferentes. Nosotros tenemos dos, el del padre y el de la madre. El trigo duro tiene cuatro genomas que le han llegado de cruces espontáneos de dos variedades diferentes, cada una con sus dos genomas. Para crear una de las variedades de trigo duro muy popular, los parentales se han irradiado con neutrones. El trigo con el que se hace el pan de todos los días tiene seis genomas de tres especies diferentes. Esto sería equivalente a cruzar un ser humano, un gorila y un chimpancé, cada uno con dos genomas.

-Estamos hablando de un producto anterior a la manipulación genética.

-Bueno, esto también es manipulación genética, aunque no estrictamente ingeniería genética. Sí, el trigo duro es bastante reciente y, sí, está hecho por hibridación e irradiación.

-¿Una planta creada en el laboratorio por hibridación sería admitida por la agricultura ecológica?

-Claro. Las utilizan.

-¿Y por qué no los transgénicos?

-Para mí, es una contradicción. Desde los años 50 del siglo pasado, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la agricultura (FAO) tiene un programa, en colaboración con la Agencia Internacional de Energía Atómica, para el desarrollo y mejora de cultivos por irradiación. Coges semillas, las sometes a radiaciones ionizantes que provocan un montón de mutaciones, las siembras y te quedas con aquella con las características que estás buscando. A partir de ahí, desarrollas la planta y pasa a ser parte de las variedades cultivables. La agricultura ecológica usa ese tipo de plantas.

-¿Plantas a las que se han provocado mutaciones por irradiación?

-Sí, por radiaciones ionizantes artificiales.

-¿Cómo se explica entonces su oposición a los transgénicos?

-No lo sé. Leyendo la directiva europea de agricultura ecológica, da la impresión de que se basa en la idea que no son naturales.

La mística de lo natural

Mertxe de Renobales, en su laboratorio de la Facultad de Farmacia de la Universidad del País Vasco, en Vitoria. Blanca Castillo.-Vamos, que parte del supuesto de que lo natural es bueno y lo artificial, malo.

-Es lo que mucha gente cree. Para mí, el rechazo frontal a los transgénicos por los partidarios de la agricultura ecológica se debe, en parte, a esa razón. En la directiva, se habla de lo que determinados consumidores quieren.

-¿Qué consumidores?

-No lo precisa; lo deja en el aire. No sabemos de cuántos consumidores está hablando. Según la directiva, parece que, además del consumidor medio, hay otro que está mejor considerado o que se considera más puro, que es el que rechaza los transgénicos.

-Eso casa con la idea de que quien consume productos llamados naturales es mejor persona que quien no lo hace.

-También tienen esa mística. Desde luego, la agricultura ecológica está en general apoyada por los partidos de izquierdas, las asociaciones ambientalistas, las ONG de derechos humanos… A mí también me preocupa el medio ambiente y ahora resulta que me encuentro con un tipo de cultivo que utiliza menos insecticidas y menos herbicidas, y aumenta la productividad sin dedicar más terreno, pero que los grupos ecologistas no lo consideran adecuado .

-¿Pasarnos en bloque a la agricultura ecológica supondría aumentar considerablemente la superficie cultivable?

-A corto plazo, salen rendimientos muy parecidos entre agricultura ecológica y convencional. Pero, cuando coges un ciclo de diez años, los rendimientos son entre un 10% y un 30% menores en la ecológica. Eso significa que vas a necesitar entre un 10% y un 30% más de tierra para mantener la producción.

-¿Sería viable alimentar a la Humanidad con agricultura ecológica?

-Todos los estudios indican que no, debido a la reducción de productividad.

-Volviendo a los transgénicos, una de las críticas que se les hacen es que ponen a los agricultores en manos de las multinacionales.

-Sospecho que el rechazo fundamental va por ahí. A eso hay que sumar el intento de convencernos de que hay productos agrícolas naturales. No los hay. Es verdad que hay transgénicos, como el maíz Bt, protegido contra el taladro, cuya semilla es de un 20% a un 30% más cara que la del convencional, pero al agricultor le compensa ante el riesgo de que haya una plaga de taladro porque garantiza la producción.

-La agricultura convencional también está en manos de las multinaciones, así que no es algo nuevo.

-Así es. Los agricultores industriales compran las semillas a multinacionales. Otra cosa es los que tienen una pequeña huerta, que pueden desarrollar sus semillas en ocasiones. En general, éstas son mucho menos productivas que las de los industriales, que están mejoradas sistemáticamente, aplicando los conocimientos de la agricultura científica.

-No hay nada natural en la agricultura, ¿verdad?

-No. La agricultura no tiene nada de natural. De hecho, no comemos casi nada natural, en el sentido de que el ser humano no lo haya modificado. ¿Qué comemos natural? La caza, la pesca extractiva y algunos productos silvestres. Hay algunas setas que las comes una vez en la vida porque son tan naturales que tienen todos los productos tóxicos a tope. Gracias a la agricultura, le hemos quitado todo lo tóxico a la patata, el tomate…

Los riesgos

-¿Así que, si puedo comerlos, es gracias a miles de años de manipulación genética?

-Sí. Nuestros antepasados eliminaron esas toxinas sin saber exactamente lo que estaban haciendo. Se daban cuenta de que las personas que comían algunas plantas morían y las que comían otras no…

-¡Vaya precio!

-Tuvo que ser así. Las plantas no pueden salir corriendo cuando les ataca un herbívoro para comérselas. Por eso, sintetizan sustancias tóxicas contra los que las atacan. Me imagino que nuestros antepasados murieron a montones cuando iban probando patatas, tomates, pimientos… El genoma de las plantas y animales domesticados ha sido alterado por el ser humano durante milenios, pero nos parecen lo más natural. ¿Quieres un ejemplo?

-Sí.

-Nosotros comemos la semilla del maíz, que no la fabrica para que la comamos, sino para reproducirse. Si dejamos al maíz que se reproduzca en el campo él solo, la mazorca caerá al suelo, se pudrirá y, con mucha suerte, germinarán uno o dos granos. ¿Por qué? Porque los granos están perfectamente protegidos por las hojas. En la naturaleza, el antepasado del maíz tenía una espiga pequeñita y flexible de modo que, cuando las semillas estaban maduras, salían disparadas por el aire. El maíz ya no puede reproducirse en la naturaleza por sí solo.

-Y, si es transgénico, ¿no se extenderá como una plaga?

-Se han hecho muchos estudios al respecto. Hace años, se plantaron en hábitats naturales, en Inglaterra, cultivos convencionales y transgénicos, unos junto a otros. Querían ver cómo evolucionaban durante diez años. Al cabo de cuatro, habían desaparecido prácticamente todos. Las plantas cultivadas no pueden vivir solas en la naturaleza porque, en el proceso de domesticación, hemos alterado su ciclo reproductor. Y las transgénicas son exactamente iguales que las otras y viven exactamente igual de mal que las otras si las dejas solas.

-Vale, pero ¿son seguros los transgénicos?

-Sí. Puedes comerlos tranquilo. No te pasará nada. Para llegar al mercado, han tenido que pasar un montón de pruebas. Una vez comercializado, un transgénico es tan seguro o más que un cultivo convencional o ecológico. Los transgénicos están más controlados que los productos agrícolas que compramos normalmente en el supermercado -procedentes de explotaciones convencionales o ecológicas- porque, en estos casos, la legislación es muy poco exigente, muy light. Ahora bien, en España no se cultiva ningún transgénico para consumo humano, debido a la mala prensa que tienen.

Publicado originalmente en el suplemento Ciencia del diario El Correo.

“La agricultura ecológica debería usar transgénicos”, dice la bioquímica Mertxe de Renobales

Mertxe de Renobales. Foto: UPV.“No hay ninguna razón científica para que la agricultura ecológica no utilice los cultivos transgénicos resistentes a insectos, a virus y enfermedades, los tolerantes a la sequía y los que aportan mejoras nutricionales, para aumentar su productividad por el sencillo procedimiento de reducir las pérdidas a la vez que mejora la calidad nutricional de estos productos”, dice Mertxe de Renobales, profesora de Bioquímica y Biología Molecular de la Universidad del País Vasco, en un estudio por el que ha ganado el prestigioso premio Junta General del Principado-Sociedad Internacional de Bioética (SIB). El trabajo, titulado Alimentos más sostenibles: las semillas transgénicas en la agricultura ecológica explora la conveniencia del uso de organismos modificados genéticamente (OGM) en este tipo de práctica agrícola, según informa la UPV.

El estudio destaca que la filosofía de la agricultura ecológica de no usar compuestos químicos no naturales casa perfectamente con el cultivo de transgénicos, pero implica, que al no utilizarse plaguicidas y fertilizantes industriales, las explotaciones ecológicas tengan un menor rendimiento que las convencionales. La consecuencia, explica la autora, es que “la agricultura ecológica no es sostenible a largo plazo debido a su bajo rendimiento: se necesitaría aumentar mucho la superficie de cultivo si esta fuera una manera generalizada de producir alimentos para resolver los problemas de malnutrición crónica y severa, principalmente en muchos países en desarrollo”.

Para esta investigadora, la actitud antitransgénica europea ha llevado a países africanos necesitados de aumentar su producción alimentaria a rechazar sin más el uso de los OGM y a una reducción de las ayudas para mejorar la productividad agrícola en África. De Renobales defiende que la adopción de los transgénicos por parte de la agricultura ecológica conllevaría un aumento de la productividad de esa práctica, reduciendo la cantidad de superficie agrícola extra y la destrucción de hábitats para cubrir las necesidades básicas de una población mundial en aumento y beneficiaría a los pequeños productores de los países en vías de desarrollo.

Lamentablemente, no creo que este estudio ni otros allanen el camino a los transgénicos en el mundo y menos en una Europa Occidental donde la oposición a estos organismos es cuestión de fe, no de ecología, sino de ecolatría. Como me contaba en una entrevista la bioquímica Pilar Carbonero, “la agricultura biológica es un capricho de niños ricos. ¡Intente alimentar con agricultura biológica a 6.000 millones de personas! Agricultura biológica es la que practican los pobres en el África subsahariana porque no tienen dinero ni para comprar buenas semillas, ni para fertilizantes, ni para agua…”. Y recordaba que “todos los riesgos achacados a los transgénicos existen desde que la agricultura es agricultura, hace unos 10.000 años”. Porque fue hace milenios cuando empezamos a manipular genes, en contra de lo que quieren hacer creer algunos a la opinión pública. La ventaja de la manipulación directa frente a lo que hacen los agricultores tradicionales es que sólo se introducen los genes que se quieren y es un proceso totalmente controlado que no depende del azar, como los cruces tradicionales.