Hombrecillos verdes

‘El archivo del misterio’: los extraterrestres

Los extraterrestres de la mayoría de la ciencia ficción suelen ser humanos porque, si no, es muy difícil que protagonicen historias nos interesen. Llevar al Otro al espacio y presentarlo con orejas puntiagudas, piel verde o más pelo que el bigfoot es un recurso dramático, y los aficionados lo entendemos como tal. Pero una cosa es disfrutar con una novela de aventuras o un episodio de Star trek y otra admitir, en el mundo real, que los visitantes de otros planetas sean siempre humanoides extraterrestres, como ha defendido la ufología desde sus orígenes, como expliqué en la duodécima y última entrega de El archivo del misterio de Órbita Laika (La 2),

Las clasificaciones de los tripulantes de los ovnis que publicaban en los años 70 las revistas de ufología -incluidas las más serias- son visualmente una delicia y una demostración de ingenuidad supina. Los visitantes son enanos y gigantes, bellos y horrendos, melenudos y sin pelo, con dos ojos y cíclopes, de apariencia juvenil y anciana, llevan escafandra o van a cara descubierta; pero todos, absolutamente todos, son humanoides. Tienen una cabeza -con ojos, nariz, oídos y boca-, dos brazos -con sus manos y sus dedos-, dos piernas… Y en algunos casos hasta han llegado a copular con los humanos.

En aquella época, Los marcianos de Tim Burton no dejaron títere con cabeza en 'Mars attacks'.nadie se paraba a pensar dentro de la ufología en que el ser humano es el producto de un proceso evolutivo de miles de millones de años, que estamos aquí por casualidad, y que en otro planeta la evolución seguramente habrá seguido caminos muy diferentes. Por no hablar de que nuestro planeta es, desde la perspectiva ufológica, una especie de Benidorm cósmico, con alienígenas de todos los sitios viniendo de visita. Si la vida inteligente fuera algo raro en el Universo, sería ilógica tanta variedad de visitantes; si fuera algo común, nada tendría la Tierra de especial para llamar la atención tanto forastero. Los marcianos -entiéndase como sinónimo de extraterrestres- empezaron siendo hombrecillos verdes posiblemente como hijos del folclore medieval y del Barsoom de Edgar Rice Burroughs; ahora son enanos cabezones grises debido al influjo de la televisión y el cine.

Su apariencia humana es la mejor prueba de que los tripulantes de los ovnis se han escapado de nuestros sueños, como las hadas y los dioses.

El terrorífico origen ufológico de ‘ET’

Cuando a finales de los años 70 Columbia presionaba a Steven Spielberg para que hiciera una secuela de Encuentros en la tercera fase (1977), él tenía en mente un filme sobre un ataque alienígena en la América rural. Quería titularlo Watch the skies! (¡Vigilad los cielos!), por la sentencia de cierre de El enigma de otro mundo (1951), pero renunció a ello al ya estar la frase registrada.

“Yo no iba a dirigir ET. La película se iba a llamar Night skies (Cielos nocturnos) y estaba basada en una historia de la mitología ovni -el caso de Kelly-Hopkinsville– en la que una familia informó de que unos pequeños seres grises habían atacado su granja, montando vacas en el corral y tratando de entrar en la casa”, explicaba el cineasta hace un año en la revista Entertainment Weekly.

Es el suceso más aterrador de los clásicos de la ufología. Ocurrió el 21 de agosto de 1955 en la granja Sutton, entre las poblaciones de Kelly y Hopkinsville, en Kentucky. Once personas -ocho adultos y tres niños- sufrieron el asedio de unas criaturas flotantes, sin cuello, de ojos saltones, grandes orejas puntiagudas y largos brazos. Eran como los gremlins malos de la película de Joe Dante de 1984; pero de un metro de altura. Y no eran grises -como recuerda Spielberg-, sino verdes, ni la emprendieron con el ganado.

Tres horas de asedio

Boceto de la apariencia de los intrusos hecho por Gary F. Hodson, de la 101ª División Aerotransportada, con base en Fuerte Campbell.Hacia las 19 horas de aquel día, Billy Ray Taylor, de 21 años, salió a beber agua de un pozo -el rancho no tenía agua corriente- y vio cruzar el cielo una luz que tomó por un platillo volante. Una hora después, empezaron a oírse ruidos en el exterior, los perros comenzaron a ladrar, y Taylor y Elmer Sutton, de 25 años, salieron armados a investigar. Vieron un hombrecillo entre los árboles, la emprendieron a tiros con él cuando se dirigía hacia ellos flotando y regresaron a la casa.

Todos los hombres cogieron entonces sus rifles y escopetas. Una criatura se asomó fugazmente a una ventana, y uno disparó, errando el tiro. El ataque se prolongó tres horas, durante las que los visitantes parecían correr por el techo y rascar la madera como queriendo entrar en la casa, y los campesinos disparaban a todo lo que se movía. A las 23 horas, escaparon en coches hasta la comisaría de Hopkinsville y, poco después, el rancho se llenó de policías que no encontraron prueba alguna ni del aterrizaje de una nave ni de la presencia de ningún intruso.

“En esa parte del país, la gente de la extracción social y económica de los testigos «dispara primero y pregunta después»”, señalaba el astrónomo y ufólogo Joseph Allen Hynek en su libro The ufo experience (La experiencia ovni, 1972). Para este exasesor de los proyectos Signo, Imán, Rencor y Libro Azul -los estudios sobre ovnis de la Fuerza Aérea de Estados Unidos-, el caso de Kelly-Hopkinsville era “claramente absurdo, hasta el extremo de ofender al sentido común”.

Misterio y explicaciones

Hynek era escéptico respecto a la conexión ufológica del suceso. Apuntaba que sólo uno de los testigos había visto el supuesto objeto volante no identificado y creía que la apariencia de los seres podía entroncar con “antiguas leyendas”, si bien no se atrevía a descartar que los ovnis y sus tripulantes estuvieran en el origen de la historia. El caso tampoco mereció especial atención para los responsables militares del Proyecto Libro Azul. Aunque en la ficha oficial puede leerse No identificado, eso se debe a que nunca se llego a investigar.

La ficha del caso de Kelly-Hopkinsville en los archivos del Proyecto Libro Azul.“Junto al archivador de Datos insuficientes había otro marcado como CP. Eso significaba chifladuras. A ese archivo iban a parar todos los informes de personas que habían hablado con los tripulantes de los platillos volantes, que habían inspeccionado platillos volantes que habían aterrizado en Estados Unidos, que habían viajado en platillos volantes o que eran miembros de la tripulación de platillos volantes. Según los estándares del Proyecto Libro Azul, ésos no eran buenos informes de ovnis”, escribe Edward J. Ruppelt, que dirigió el proyecto entre marzo de 1952 y febrero de 1953, en The report on unidentified flying objects (El informe sobre los objetos volantes no identificados, 1956). Además, el texto de una conferencia sobre el programa militar de investigación ovni, dada en fecha desconocida en la Escuela de la Inteligencia Técnica Aérea (ATI), incluye el caso de “los hombrecillos verdes de Hopkinsville” en una lista de sucesos sospechosos de ser fraudes, como puede comprobarse en los archivos del Proyecto Libro Azul.

Mucho menos exigente era Antonio Ribera, el padre de la ufología española. En su libro Encuentros con humanoides (1982), ve “un retrato exacto del humanoide de Kelly-Hopkinsville” en una representación del Diablo en un capitel del templo románico de Santa María de l’Estany y concluye que al artista medieval “posiblemente le sirvió de modelo un auténtico humanoide”. Ahí queda eso. Lo que sí es cierto es que, con el caso ovni de Kelly-Hopkinsville, el estereotipo del hombrecillo verde, propio hasta entonces de los cuentos de hadas y la ciencia ficción, se incorpora al mito ovni.

Recientemente, el ufólogo francés Renaud Leclet y el escéptico estadounidense Joe Nickell han apuntado que los monstruos de Kelly-Hopkinsville -nadie vio más de dos a la vez- pudieron ser una pareja de gran búho cornudo (Bubo virginianus). De hábitos nocturnos, esta ave puede alcanzar los 64 centímetros de altura, es muy agresiva cuando se siente amenazada, tiene dos penachos de plumas que parecen cuernos, grandes ojos amarillos… y habita en Kentucky. ¿Y el ovni? Nickell indica que, en aquella época, se vieron muchos bólidos en la región y que eso fue posiblemente el platillo volante de Billy Ray Taylor.

Adiós a ‘Night Skies’

ET, el extraterrestre cerado por Carlo Rambaldi.Spielberg tenía ya un borrador del guión de Night skies cuando rodaba En busca del arca perdida en Túnez en el verano de 1980. Sin embargo, entre peleas, persecuciones y explosiones, decidió volver “a la tranquilidad o, al menos, la espiritualidad de Encuentros“. Y abocetó con la guionista Melissa Mathison -entonces, novia de Harrison Ford- lo que acabaría siendo ET, un cuento de hadas en el que los malos son los adultos.

Es muy posible que el cineasta supiera del caso de Kelly-Hopkinsville leyendo The ufo experience mientras preparaba Encuentros. Hynek fue asesor de esa película, que debe su título a la clasificación de los avistamientos de platillos volantes que hace en ese libro. El astrónomo habla de observaciones lejanas y cercanas, y divide las últimas en encuentros cercanos del primer tipo -el objeto no interactúa ni con el testigo ni con el entorno-, del segundo tipo -deja pruebas en forma de huellas, quemaduras…- y del tercer tipo -se hacen visibles los tripulantes-, que son los que dan título a la gran película de Spielberg sobre el tema ovni.

‘ET’, en la Casa Blanca

La conexión ufológica de ET culmina el 27 de junio de 1982, poco después de su proyección privada en la Casa Blanca, a la que asistió una treintena larga de personas, incluidos Ronald y Nancy Reagan, y el propio director. Se cuenta que la historia del explorador alienígena abandonado en la Tierra por sus compañeros conmovió al presidente y su esposa hasta el límite de que ésta lloraba durante las escenas finales. Pero lo más sorprendente fue la inquietante revelación que hizo el presidente al cineasta ante el resto de los invitados.

“Quiero agradecerle que haya traído ET a la Casa Blanca. Hemos disfrutado con su película. Hay gente en esta sala que sabe que todo lo que ha visto en esa pantalla es absolutamente cierto”. Esta última frase, que, con ligeras variaciones, se encuentra en multitud de webs, sería el reconocimiento implícito de que EE UU oculta al mundo que estamos siendo vistados por extraterrestres.

En junio del año pasado, el crítico de cine Quint (Eric Vespel) preguntó a Spielberg por ese episodio durante una entrevista. Y el cineasta confirmó la autenticidad del comentario presidencial, aunque con un importante matiz. “¡Y (el presidente) lo dijo sin sonreír! Sin embargo, lo dijo y todo el mundo se echó a reír. La sala entera se echó a reír porque él lo hizo como una broma, aunque no sonreía mientras lo decía”. Spielberg reconoce que, como es “un poco ufólogo”, le hubiera gustado que las palabras de Reagan fueran más que un chiste, pero… “Lamento decir que creo que simplemente estaba haciendo una broma”.

Ronald y Nacy Reagan hablan con Steven Spielberg en la Casa Blanca después de la proyección de 'ET', el 27 junio de 1982. Foto. Biblioteca Reagan.

¿Por qué los marcianos son hombrecillos verdes?

El todoterreno Curiosity viaja rumbo a Marte para determinar si hay entornos aptos para la vida, pero popularmente sabemos desde hace décadas cómo son los marcianos y cuál es su color de piel: son hombrecillos verdes. ¿De dónde viene esa idea? ¿Por qué los habitantes del planeta rojo son verdes? Me ha lanzado la pregunta a bocajarro esta mañana Ángel Carmona, en Hoy Empieza Todo, en Radio 3, y le he dado la única respuesta que puede darse: no lo sabemos a ciencia cierta.

Primera aparición de la expresión 'Little Green Man' en 'The New York Times'.Sabemos por qué los platillos volantes se llaman así, aunque los primeros no fueran de esa forma; pero no exactamente a qué deben los marcianos su color, ni su corta estatura. Lo más probable es que sean una prolongación espacial de los pequeños seres de los bosques y el país de las hadas. Así, por ejemplo, la referencia más antigua a la expresión en las páginas de The New York Times está vinculada a un artículo de libros infantiles para la lectura en vacaciones. Fue publicado el 6 de diciembre de 1902. Una de las obras recomendadas era The gift of the magic staff: Paul’s adventures in two wonderlands (El regalo del bastón mágico: las aventuras de Paul en dos mundos maravillosos). El crítico escribió: “Hay más aventuras maravillosas en The gift of magic staff, de Fannie E. Ostrander, ilustrado por Will Driggins (Fleming H. Revell Company, 1 dólar). Paul es el niño que, debido a que es bueno y siempre hace lo mejor que puede hacer bajo cualquier circunstancia, recibe el don de la magia de un Pequeño Hombre Verde, recorta pasos en la niebla, sube de visita al país nublado de las hadas y hace muchas otras cosas inusuales”.

El folclorista y ufólogo Chris Aubeck ha localizado un ser verde de otro planeta tres años antes en el diario The Atlanta Constitution. Protagoniza “Green boy from Harrash” (El niño verde de Harrash), un cuento infantil de Charles Battle Loomis. Sin embargo, la primera mención folclórica a niños verdes de otro mundo es muy anterior. Sería la de los niños verdes de Woolpit, quienes, según la leyenda, aparecieron en la localidad inglesa de ese nombre en el siglo XII. Al principio, ni comían alimentos normales ni hablaban inglés; pero, con el tiempo, se acostumbraron a lo primero; aprendieron la lengua y contaron que venían de una tierra en permanente penumbra en la que nunca brillaba el Sol.

Niños medievales

Los folcloristas que buscan una raíz histórica a este relato inglés, que creen que es más que un cuento, lo vinculan a la inmigración flamenca de la época a la región. En la segunda mitad del siglo XX, hubo también quien presentó a los niños de Woolpit como extraterrestres. Y hasta quien trasladó el episodio a España, como hace Jacques Bergier en Los extraterrestres en la Historia (1972), donde sitúa el suceso en 1887 en Banjos, un pueblo que en realidad no existe. En 1990, un tal Aitor Ondarreta identificó en la revista Más Allá la inexistente localidad de Banjos con Bañolas (Gerona). En realidad, la historia de los niños verdes de Banjos es sólo una versión modernizada del cuento medieval de Woolpit.

Pero ¿y los marcianos verdes? Se cree que los primeros son los del Barsoom de Edgar Rice Burroughs en Una princesa de Marte (1912). Lo que pasa es que se trata de bichos muy altos, con cuatro brazos y, digamos, bastante feos. La imagen del extraterrestre verde es, años después, un lugar común en las revistas pulp estadounidenses y parece ya instalada en el imaginario popular a finales de los años 30. Al día siguiente de la escenificación radiofónica de La guerra de los mundos dirigida por Orson Welles, el columnista Bill Barnard comienza su artículo de portada en The Corpus Christi Times diciendo: “Trece hombrecillos verdes de Mercurio bajaron de su nave espacial en el aeródromo de Cliff Maus Field (el aeropuerto local) a última hora de la tarde de ayer para una visita de buena voluntad a Corpus Christi”. Y acaba: “Entonces, los trece hombres verdes se subieron a su nave espacial y salieron volando”.

Los marcianos de Tim Burton no dejaron títere con cabeza en 'Mars attacks'.Cuando Fredric Brown escribe su desternillante Marciano, vete a casa (1955), los invasores del planeta rojo que, chismosos y con extraordinarios poderes, siembran el caos en la Tierra son hombrecillos verdes de 75 centímetros de altura y calvos. Ese mismo año, con el caso ovni de Kelly-Hopkinsville, ocurrido en agosto, el estereotipo entra en la naciente ufología de un modo violento cuando una familia asegura haber sufrido el asedio nocturno de su casa por enanos verdes alienígenas de largos brazos, orejas grandes y puntiagudas, y ojos saltones. Una vez que la ciencia ficción y la ufología, hija bastarda de la primera, se apropian de los hombrecillos verdes, éstos lo invaden todo: programas y series de televisión, películas de cine, cromos, cómics… ¿De dónde vienen? No lo sabemos exactamente; pero sí que su origen es humano, muy humano.