La escena de ‘Luces rojas’ que Rodrigo Cortés copió de una investigación de James Randi sin citarle

«Hola, Petey. ¿Puedes oírme? ¡Si no puedes, tienes un problema!», decía Elizabeth Popoff por radio a su marido el 23 de febrero de 1986. El telepredicador Peter Popoff estaba a punto de hacer una de sus demostraciones de sanación por mediación divina en un abarrotado Auditorio Cívico de San Francisco. Poco después, empezaba a caminar entre la multitud curando a gente a partir de la información que le daba su esposa a través de un diminuto auricular y que antes ella había recopilado de los invitados. Aquel día, James Randi interceptó los mensajes de radio entre la mujer y el reverendo, y luego los presentó en The Tonight Show, el programa de Johnny Carson en la NBC, insertados como banda sonora oculta en los momentos correspondientes de la actuación de Popoff.
Veintiséis años después, el cineasta español Rodrigo Cortés se ha apropiado en Luces rojas de esa investigación de Randi y del diálogo de esa escena, que pueden ver a partir de los 2 minutos y 16 segundos del vídeo insertado aquí abajo. De hecho, las alusiones a las investigaciones y demostraciones de Randi son continuas en la película. Cortés camufla a los protagonistas -Popoff es rebautizado como Leonardo Palladino, Randi como Margaret Matheson y Uri Geller como Simon Silver-, pero es todo tan descarado que resulta indignante que no haya en los créditos ni una mención al trabajo del cazacharlatanes norteamericano, con el que el director español ni siquiera contactó.
Hablo de todo esto en «Sigourney Randi», la séptima entrega de ¡Paparruchas!, mi columna en español en la web del Comité para la Investigación Escéptica (CSI).

Los milagros de Peter Popoff

Ilustración: Iker Ayestarán.

Bernice Manicoff sufría cáncer de útero y llevaba dos años en silla de ruedas cuando en 1986 asistió en Detroit a una de las sesiones de sanación del reverendo evangelista Peter Popoff. Le curó el tumor, y ella se levantó de la silla de ruedas entre aleluyas del público. Semanas antes, el predicador había dado en San Francisco un giro a la vida de Tom Hendrys, rota por el alcohol, y había conseguido en Anaheim (California) que un artrítico, Vergil Jorgenson, dijera adiós a los dolores.
Estas sanaciones son sólo tres de las miles que se vieron en la televisión estadounidense de la mano de Popoff a principios de los años 80. Aseguraba que era capaz de curar cualquier mal gracias al poder de Dios y lo demostraba en grandes salas de conferencias con gente rebosante de enfermedades y de fe. De repente, inspiración divina de por medio, decía el nombre de alguien del público a quien no había visto antes, dónde vivía y qué le pasaba. El enfermo, sorprendido, se acercaba hasta él, o viceversa, y le curaba entre gritos.
El espectáculo se retransmitía a todo el país a través de 51 emisoras de televisión. «El efecto de Popoff sobre sus seguidores era tal que en varias ocasiones pidió al público que se librara del Diablo tirando sus medicinas al escenario. Docenas de personas se acercaban y lanzaban sus botes al estrado. Digitalis -un fármaco para el corazón-, tabletas de nitroglicerina, medicamentos contra la diabetes y muchas píldoras no identificadas eran despreciadas por personas que podrían necesitarlas para seguir con vida», recuerda el neurocientífico Al Seckel. El show continuó hasta que el ilusionista James Randi, que años antes había desenmascarado a Uri Geller, se metió de por medio.
‘Dios’ habla por radio
Después de asistir entre el público a una sesión de sanación, el mago concluyó que el predicador usaba un pequeño auricular por el cuál le chivaban los datos de sus víctimas. Montó un dispositivo para captar la señal durante el siguiente espectáculo y ese día oyó la palabra de Dios. «¡Hola, Pete! ¡Te quiero! Estoy hablando contigo. ¿Me oyes?», decía Elizabeth, la esposa del sanador. Ella le daba por radio toda la información que antes había recopilado de los invitados y gracias a la cual él sabía, por ejemplo, que alguien podía caminar a pesar de estar en silla de ruedas. Que una persona así anduviera un poco era un prodigio a su alcance, no como hacer crecer miembros amputados, algo que, por cierto, tampoco ocurre en los más milagreros santuarios marianos.
Randi destapó el fraude en el Tonight Show de Johnny Carson de la NBC. También se supo entonces que Bernice Manicoff, Tom Hendrys, Vergil Jorgenson y otros dos pacientes sanados por Popoff en diferentes ciudades eran la misma persona: Don Henvick. El predicador había curado al hombre de varias enfermedades que no tenía y de una que nunca podría tener, cáncer de útero. Poco después, Popoff se declaró en bancarrota, pero recientemente ha vuelto a las andadas. Y le va muy bien. Tiene, entre otras cosas, una lujosa mansión y un caro deportivo gracias a los millones de dólares -más de 23, sólo en 2005- que recibe en donativos de gente que espera sus inexistentes milagros.

Repugnante predicador evangelista

El predicador evangelista español Epi Limiñana es de esos individuos que me provocan un rechazo automático. Carece de los mínimos escrúpulos, como los espiritistas que se aprovechan del amor de la gente por sus familiares fallecidos para sacarles los cuartos. Lo suyo es la curación por la fe, una estafa que mueve una millonada en todo el mundo y que se ceba en las clases más modestas. El caso es que Espejo público, de Antena 3 TV, dedicó ayer un reportaje a este predicador español y que los presentadores de los informativos de la cadena no han dudado en calificarle de estafador. Limiñana recorre el mundo, y recauda dinero a baldes, curando supuestos cánceres, haciendo que presuntos paralíticos se levanten de sillas de ruedas, ¡que los bajos crezcan! y realizando otros falsos milagros al estilo de telepredicadores estadounidenses como Peter Popoff, desenmascarado por James Randi. No me digan que desaprensivos como Limiñana y Popoff no les dan asco.