Anime a un amigo por semana a que firme la petición para la reforma de las leyes antilibelo inglesas

Logotipo de la campaña para la reforma de las leyes antilibelo inglesas.Simon Singh se ha gastado ya una pequeña fortuna en defenderse de la demanda por difamación que presentó contra él hace dos años la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) por decir, en un artículo publicado en The Guardian titulado ‘Beware the spinal trap’ (Cuidado con la trampa de la columna vertebral), que la esa organización «es la cara respetable de la profesión quiropráctica y promueve alegremente tratamientos falsos». «Mi experiencia ha sido aleccionadora. He tenido que gastar 100.000 libras -unos 115.000 euros- para defender mis escritos y he puesto mi vida en suspenso durante casi dos años. Sin embargo, la perspectiva de la reforma de nuestras leyes sobre difamación me anima», explica en un mensaje de correo. Singh recordaba en su artículo que no existe ninguna prueba experimental de que la quiropráctica cure dolencias y, claro, eso indigno a la BCA, que decidió silenciar al periodista en los juzgados como única manera de responder a sus críticas.
La reforma de la legislación antilibelo inglesa es importante para la defensa del pensamiento crítico. Singh recuerda que las leyes vigentes han sido condenadas por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU; «amordazan a científicos, bogueros y periodistas que quieran discutir asuntos de interés público (¡y de salud pública!)»; han creado el llamado turismo de difamación, que lleva a ricos y poderosos a demandar en Londres a periodistas y críticos sólo por informar; el coste para el acusado centuplica la media europea y suele superar el millón de libras -1,1 millones de euros-; y en la actualidad hay tres casos en marcha promovidos por defensores de prácticas médicas cuestionables.
Una de las formas de impulsar esa reforma legal es reunir 100.000 firmas. Singh cuenta ya con 17.000, muchas pero insuficientes. Lo bueno es que tampoco faltan tantas si ponemos de nuestra parte. «Mi idea es simple: si todos los que ya han firmado convencen a una persona más cada semana para firmar la petición, ¡alcanzaremos nuestra meta dentro de un mes! Una persona por semana es todo lo que necesitamos». Anímense. Es mucho lo que nos jugamos. Corran la voz y, si firman la petición, dejen su nombre en los comentarios de esta anotación o envíenme un correo electrónico. La legislación cuestionada no sólo afecta a quienes viven en Inglaterra y ejercen su actividad crítica en medios del país, sino también a cualquiera que lo hace en Internet, que por la universalidad de la Red puede ser denunciado en Londres. De ahí que la petición de reforma legal -si no saben inglés, la tienen aquí en español– esté abierta a ciudadanos de todo el mundo.

Apoye la petición para modificar la leyes antilibelo inglesas que atentan contra la libertad de crítica

Logotipo de la campaña para la reforma de las leyes antilibelo inglesas.La legislación antidifamación inglesa se está utilizando para silenciar a quienes critican o cuestionan prácticas anticientificas. Es lo que intentan hacer los quiroprácticos de ese país con el periodista Simon Singh, quien en abril de 2008 publicó en The Guardian un artículo en el que negaba la efectividad de esa pseudomedicina basada en la manipulación de la columna vertebral. Decía, entre otras cosas, que la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) «promueve alegremente falsos tratamientos», ya que ninguno de los 70 ensayos experimentales hechos corrobora que esa terapia sirva para el tratamiento de cólicos infantiles, problemas de sueño, infecciones de oído y otras patologías que aseguran sanar sus practicantes.
A los curanderos de la BCA les molestó tanto el ataque que, como no pueden demostrar que su técnica funciona, demandaron a Singh por difamación porque así, según la legislación inglesa, es él sobre quien recae la carga de la prueba. ¿Perverso? Por supuesto. Por las mismas, si mañana usted dice que la faja magnética X no funciona, será usted quien deberá demostrar que su crítica no es malintencionada, y no el fabricante quien tenga que probar que ese dispositivo es algo más que un sacacuartos. Y no vale decir que usted reside fuera de Reino Unido; si ha hecho su crítica en Internet, le pueden demandar por difamación y hacer que se tenga que gastar un dineral en abogados. Ante eso, a nadie le puede caber duda de que, sobre todo en Reino Unido, haya periodistas y científicos que eluden practicar la crítica racional por miedo a acabar en los tribunales, con el consiguiente menoscabo de los derechos de la ciudadanía a estar debidamente informada sobre asuntos de su interés.
Defensores de la libertad de expresión se unieron en diciembre, bajo el nombre de Coalición para la Reforma del Libelo, para intentar promover una iniciativa legislativa que dé un vuelco a esa injusta situación. Su objetivo es alcanzar las 100.000 firmas de apoyo al manifiesto que copio abajo para presentárselo a Jack Straw y que el Parlamento británico tome cartas en el asunto. Por favor, firmen esta petición y apuestan por el pensamiento crítico.

Las leyes antidifamación inglesas son injustas, atentan contra el interés público y son objeto de crítica internacional: urge su reforma

La libertad para críticar y cuestionar con firmeza y sin malicia es la piedra angular de la argumentación y el debate, sea en revistas especializadas, en sitios web, en diarios o en otros lugares. Nuestras leyes de difamación inhiben el debate y sofocan la libre expresión. Desalientan a los escritores de abordar temas importantes y, por tanto, nos niegan el derecho a leer acerca de ellos.

La ley favorece tanto a los reclamantes y es tan hostil hacia los escritores que Londres es conocido como la capital mundial de la difamación. Los ricos y poderosos llevar los casos a Londres con fundamentos débiles (turismo de difamación) porque saben que los denunciantes ganan en el 90% de los casos. Las leyes sobre difamación destinadas a proteger la reputación individual están siendo explotadas para suprimir comentarios razonables y críticas.

El coste de un juicio por difamación en Reino Unido supera a menudo el millón de libras (1.1.61.000 euros), 140 veces más que en la Europa continental. Los editores (periodistas, escritores, académicos, artistas y blogueros) no pueden hacer frente a esos costes exorbitantes, por lo que se ven obligados a retroceder, desdecirse y pedir disculpas por algo que creen que es verdadero, justo e importante para el público.

El informe sobre la Censura del PEN Inglés demuestra que existe la necesidad urgente de modificar la ley para proporcionar una más fuerte, más amplia y más accesible defensa del interés público. El colectivo Sentido de la Ciencia ha demostrado que la amenaza de una acción por difamación conduce a la autocensura en los escritos científicos y médicos.

Los abajo firmantes, de Inglaterra y fuera, instan a los políticos a apoyar un proyecto de ley de reformas importantes de las leyes inglesas antidifamación, en aras de la equidad, el interés público y la libertad de expresión.

Los quiroprácticos británicos contra Simon Singh, en Punto Radio Bilbao

Mauricio-José Schwarz, Javier San Martín y yo hablamos el 10 de junio en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, sobre el caso de los quiroprácticos contra Simon Singh y de Star trek, en la trigésima primera entrega del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Una asociación británica de quiroprácticos pide a sus asociados que destruyan las pruebas de su engaño

La Asociación Quiropráctica McTimoney (MCA) ha pedido a sus miembros en un correo urgente y confidencial que destruyan inmeditamente todas las pruebas documentales que respalden la idea de que han prometido alguna vez a sus clientes que pueden tratar dolencias infantiles y eliminen toda la papelería en la que se presenten como doctores sin especificar que no lo son en medicina, sino en esta práctica alternativa, según me entero a través de Fernando L. Frías. La drástica medida, que me ha recordado a la de los camellos de las películas que corren a tirar la droga por el inodoro cuando la Policía llama a la puerta, la ha tomado la entidad británica tras la denuncia de la Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) contra el periodista Simon Singh por haber dicho, en un artículo publicado en The Guardian titulado ‘Beware the spinal trap’ (Cuidado con la trampa de la columna vertebral), que la BCA «es la cara respetable de la profesión quiropráctica y promueve alegremente tratamientos falsos».
Los quiroprácticos sostienen que pueden curar multitud de dolencias mediante la manipulación vertebral, algo nunca demostrado. Tras el intento judicial de la BCA de silenciar a Singh con una demanda por difamación que le ocasionará un gran gasto en abogados, «numerosos científicos y escépticos británicos se han dedicado a escudriñar las páginas web de los quiroprácticos, denunciando ante las autoridades de consumo e incluso ante el Consejo General de Quiropráctica (organismo de la profesión con funciones autorreguladoras, aunque hasta ahora no ha demostrado demasiado entusiasmo por cumplir esta tarea) a quienes aseguran sin ninguna prueba que los tratamientos quiroprácticos sirven para curar enfermedades (es decir, prácticamente todos), o se presentan como doctores sin tener en realidad ninguna titulación médica (de nuevo, prácticamente todos)», escribe Frías. Y, para que no les pillen con las manos en la masa, la MCA no sólo ha pedido a sus asociados que destruyan las pruebas que apunten en esa dirección, sino que también ha cerrado su web. Como dice Frías en su artículo ‘Un nuevo aliado para simon Singh’, «la MCA demuestra que al menos ellos sí que los están promocionado [se refiere a los tratamientos quiroprácticos] a sabiendas de que no hay evidencias científicas que demuestren su eficacia».
Mientras la MCA se pega tiros en los pies, se siguen sumando nombres ilustres al manifiesto de apoyo a Singh, que puede firmar quien quiera. El respaldo recibido por el escéptico en su país y desde el resto el mundo demuestra lo necesario que es que quienes apostamos por el pensamiento crítico aunemos fuerzas para plantar cara a quienes abusan de la buena fe de la gente y podamos denunciar con tranquilidad sus abusos ante la opinión pública. Si quieren trabajar en esa dirección, únanse al Círculo Escéptico, asociación organizadora de los más importantes actos de divulgación del pensamiento crítico celebrados en España, que se ha convertido en menos de cuatro años en un referente para todos los interesados en una aproximación racional a lo sobrenatural y que ha mostrado expresamente su apoyo a Singh.

Los quiroprácticos contra Simon Singh: la Justicia británica contra la libertad de crítica científica

Simon Singh.El periodista Simon Singh publicó el 19 de abril de 2008 en el diario británico The Guardian un artículo de opinión, «Beware the spinal trap» (Cuidado con la trampa de la columna vertebral), en el que cuestionaba la efectividad de la quiropráctica a la hora de tratar en niños cólicos, problemas de sueño, infecciones de oído, asma… Los quiroprácticos defienden que la mayoría de las enfermedades se deben a subluxaciones de la columna vertebral que presionan los nervios. Dicen que pueden sanar o aliviar a los enfermos corrigiendo esas subluxaciones, de cuya existencia, por cierto, no hay pruebas científicas.
«Puedo calificar estos tratamientos [se refiere a la quiropráctica] de falsos porque he escrito un libro sobe la medicina alternativa conjuntamente con el primer profesor del mundo de medicina complementaria, Edzard Ernst. Él aprendió las técnicas de la quiropráctica y las utilizó como doctor. Fue entonces comenzó a ver la necesidad de una cierta evaluación crítica. Entre otros proyectos, examinó los resultados de 70 ensayos experimentales sobre las ventajas de la terapia de la quiropráctica en afecciones que no tienen que ver con la espalda. No encontró ninguna prueba que sugiera que los quiroprácticos puedan tratar cualquiera de esas dolencias», escribió Singh en The Guardian.
La Asociación Británica de Quiropráctica (BCA), citada en el texto -«es la cara respetable de la profesión quiropráctica y promueve alegremente tratamientos falsos»-, demandó a Singh por difamación amparándose en la legislación inglesa. Ahora, el periodista se enfrenta a un costoso proceso en el cual está en juego la libertad de crítica y la carga de la prueba recae perversamente sobre él y no sobre la quiropráctica, que nunca ha demostrado su efectividad.
David Allen Green, abogado experto en temas de comunicación, alertaba hace unos días en «No critiques o te demandamos», de la indefensión de los críticos de las afirmaciones pseudocientíficas frente a las demandas por difamación y del uso de éstas como método de silenciamiento. «Es demasiado fácil poner en marcha una demanda antidifamación en relación con cualquier declaración que puede considerarse crítica. Ningún científico responsable, director de revista o escritor debería tener que hacer frente a esta escalofriante situación. Hay algo profundamente erróneo en que las críticas científicas legítimas puedan ser silenciada de esta manera», escribe Green.
Si usted considera esto un abuso al que hay que poner coto, únase al grupo de Facebook de apoyo a Simon Singh y firme el siguiente manifiesto de apoyo. Nos jugamos el derecho a criticar las afirmaciones infundadas, a defender la racionalidad y la ciencia ante la pseudociencia y la charlatanería.

La ley no tiene sitio en las disputas científicas

Los firmantes consideramos inapropiada la utilización de la legislación inglesa antidifamación para silenciar la discusión crítica acerca de prácticas médicas y pruebas científicas.La Asociación Británica de Quiropráctica (BCA) ha demandado a Simon Singh por difamación. La comunidad científica habría preferido que la BCA hubiera defendido su postura acerca de la quiropráctica como tratamiento para varias dolencias infantiles en una discusión abierta en la literatura médica con revisión por pares o a través del debate en los medios de comunicación.Singh mantiene que la efectividad de los tratamientos quiroprácticos contra el asma, las infecciones de oído y otras dolencias infantiles no está respaldada por pruebas. Si las afirmaciones médicas de cura o tratamiento no parecen respaldadas por pruebas, deberíamos poder criticarlas vigorosamente y el público debería tener accesos a esas críticas.

Sin embargo, la legislación inglesa antidifamación puede utilizarse para castigar este tipo examen crítico y restringir seriamente el derecho a la libertad de expresión en un asunto de interés público. Es generalmente admitido que la legislación antidifamación está muy inclinada en contra de los autores: entre otras cosas, los costes del proceso son tan altos que están al alcance de pocos demandados. La facilidad para sacar adelante demandas bajo la ley inglesa, incluidas contra escritores de otros países, ha hecho que Londres sea considerada la capital mundial de la difamación.

La libertad para críticar y cuestionar con firmeza y sin malicia es la piedra angular de la discusión y el debate científicos, sea en publicaciones con revisión por pares, en webs o en periódicos, que incluyen el derecho de réplica de los afectados. Sin embargo, la legislación antidifamación y casos como el de la BCA contra Singh tienen un efecto escalofriante: disuaden a los científicos, los periodistas y los divulgadores de involucrarse en disputas importantes sobre las pruebas de la efectividad de productos y prácticas. La legislación antidifamación mina la discusión y el debate científicos, y alienta el uso de los tribunales para silenciar a los críticos.

La legislación inglesa antidifamación no tiene sitio en el debate científico; la BCA debería discutir sobre las pruebas fuera de los juzgados. El caso de la BCA contra Singh revela, además, la existencia de un problema más profundo: la necesidad urgente de revisar el modo en que la legislación antidifamación inglesa afecta a las discusiones sobre pruebas médicas y científicas.