Santa sangre licuada

Ilustración: Iker Ayestarán.Todos los años se repite un milagro en fechas fijas en Madrid y Nápoles: la sangre coagulada de dos santos se licúa. En España, es la de san Pantaleón el 26 de julio; en Italia, la de san Genaro lo hace tres veces al año: el primer sábado de mayo, el 19 de septiembre -festividad del santo- y el 16 de diciembre. «A veces la sustancia se licúa como consecuencia de las plegarias… o se licúa muy rápidamente aún antes de que los fieles hayan empezado sus invocaciones», indicaba en los años 70 el parapsicólogo alemán Hans Bender respecto a la reliquia napolitana.
San Genaro y san Pantaleón vivieron a caballo entre los siglos III y IV, y siguieron trayectorias tan parecidas que da la impresión de que se trata de un único individuo dividido en dos santos. De familia patricia, san Genaro fue obispo de Benevento, al noroeste de Nápoles. Durante la persecución a los cristianos de Diocleciano, en 305 fue torturado y echado a las fieras, pero éstas se volvieron mansas ante él, por lo que fue decapitado. San Pantaleón nació en lo que ahora es Turquía a finales del siglo III, fue médico del procónsul Galerio Máximo, sufrió persecución y su martirio es calcado al de san Genaro, con sumisión de fieras y decapitación incluidas en 305.
La primera noticia escrita del milagro del mártir italiano data de 1389, y el español dicen que se repite desde hace unos 400 años. La no licuefacción de la sangre, contenida en ampollas en la catedral de Nápoles y el monasterio de La Encarnación de Madrid, en las fechas señaladas es señal de desgracia. La Iglesia católica, que no ha reconocido estos milagros, tampoco ha autorizado análisis científicos con las mismas garantías que el que se hizo de la sábana santa y dictaminó su falsedad.
Milagro a pedido
Hay pistas que apuntan a que la sangre de san Genaro y san Pantaleón es más que sangre: tiende a licuarse bien cuando aumenta la temperatura ambiental, bien cuando se agita el relicario, por lo que cabe pensar que existe alguna relación entre calor o movimiento y milagro. El físico francés Henri Broch consiguió hace veinte años duplicar el efecto con una receta para la sangre de san Genaro, basada en esperma de ballena, que ofrece Henri Larousse en su Gran Diccionario Universal del siglo XIX: la sustancia resultante, sólida a -10º C, se fundía y hervía a 20º C. Luigi Garlaschelli, químico de la Universidad de Pavia, presentó en 1991 en la revista Nature un compuesto gelatinoso hecho a partir de cloruro férrico -abundante en la región de Nápoles- que se licúa al agitarse.
La razón real de ambos milagros no se conocerá hasta que la ciencia examine esas sangres coaguladas que se licúan, eso está claro, a voluntad de sus custodios. Larousse recuerda en su enciclopedia que en 1799, durante la ocupación napoleónica, el milagro no se produjo cuando debía. Ante el temor de que el retraso fuera una maniobra del clero para provocar una revuelta, el general francés Championnet amenazó al oficiante con bombardear la ciudad. La sangre del santo se licuó inmediatamente y el sacerdote salvó el pellejo.

Y la sangre de san Pantaleón se licuó

La ampolla con la sangre de san Pantaleón, expuesta en la vitrina. Foto: Efe.La sangre de san Pantaleón volvió a licuarse ayer en la iglesia de La Encarnación de Madrid. Los fieles que se acercaron al templo del monasterio de las agustinas recoletas pudieron contemplar el prodigio directamente o en dos pantallas de televisión colocadas junto al altar. Ya puestos a hacer milagros, digo yo, las religiosas podían haber pedido al santo que intercediese para que se proyectase la imagen de su sangre líquida en el cielo de Madrid -o, por qué no, en todo el mundo- y nos convirtiésemos los infieles en masa. A diferencia de la de san Genaro, que parece licuarse a sacudidas, la del santo español lo hace con la ampolla metida en una vitrina que se expone en el templo sólo un par de días días -los que la sangre permanece en estado líquido- mientras que el resto del año la reliquia se guarda en el convento. A bote pronto, y partiendo del supuesto de que no hay cambiazo de por medio, lo lógico es que sean las condiciones bajo las que se expone las que propicien la licuefacción de la presunta sangre y las que soporte el resto del año las que hagan que permanezca sólida. ¿Nadie se anima a pedir a la Iglesia que permita un análisis de la sustancia y determinar si el milagro se debe simplemente a un cambio de temperatura?