Psicología del engaño

La psicología del engaño, en Punto Radio Bizkaia

Helena Matute, Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de psicología del engaño, en la decimonovena entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

La Universidad de Deusto premia a un grupo de psicólogos que estudia las bases de la superstición

De izquierda a derecha y de atrás adelante, Tomás de la Vega, Cristina Orgaz, Nerea Ortega, Ion Yarritu, Marcos Díaz (recién incorporado al Labpsico), Pablo Garaizar, Gustavo Vazquez, Saioa Palacios, Fernando Blanco, Jaime Oraá (rector de la Universidad de Deusto), Helena Matute, Ignacio Polidura (director territorial del Banco Santander en el País Vasco), José Luis del Val (vicerrector de Investigación de la Universidad de Deusto), Carmelo Pérez e Itxaso Barbería. Foto: Belén Ibarrola.

El Laboratorio de Psicología Experimental (Labpsico) de la Universidad de Deusto, que dirige Helena Matute e investiga los mecanismos mentales del pensamiento mágico, ha sido galardonado con un accésit del premio Deusto-Grupo Santander de Investigación por su trabajo Pseudociencias en la sociedad del conocimiento. “Este equipo profundiza sobre cómo funcionan los procesos mentales que nos permiten aprender, pensar de forma crítica, diagnosticar posibles causas de un suceso importante, predecir lo que ocurrirá a continuación, o tomar decisiones en situaciones de incertidumbre”, se indica en la nota informativa.

El jurado ha considerado que  “el proyecto premiado se centra en cómo esos mismos procesos mentales que son críticos para la correcta adaptación al ambiente generan también a menudo percepciones totalmente ilusorias de causa-efecto, predicciones que fallan estrepitosamente, y otra serie de errores y sesgos cognitivos que a menudo son fuente de decisiones equivocadas y que pueden llevar a desarrollar supersticiones, pseudociencias, y mucho sufrimiento en la especie humana”. Jaime Oraá, rector de Deusto, destacó ayer en el acto de entrega del accésit, dotado con 2.300 euros, no sólo la contribución científica del Labpsico, sino también el esfuerzo que hacen sus integrantes por trasladar los resultados de sus investigaciones a la sociedad.

“Es un reconocimiento interno a nuestro trabajo, un muy buen estímulo para el grupo de investigación”, me decía ayer Matute. Su equipo lleva años estudiando “cómo se generan inicialmente las creencias supersticiosas y las ilusiones de causa-efecto; en qué circunstancias es más fácil llegar a desarrollar creencias falsas del tipo de «A causa B», «para conseguir B, lo que hay que hacer es A», y en qué situaciones se mantienen y fortalecen ese tipo de creencias que luego, a veces, serán transmitidas culturalmente a otras personas que también las adoptarán como ciertas”. Han hecho numerosos experimentos sobre ilusiones de causalidad y publicado artículos en las más prestigiosas revistas de psicología. Además de su interés teórico, su trabajo puede ser socialmente muy útil. Así, han descubierto que, ante curas milagrosas, “cuando a la gente le presentas todos los resultados sin sesgos, desciende la ilusión de causalidad. Si las autoridades obligaran a los fabricantes a exponer en sus anuncios información de todos los casos, incluidos los de quienes se sienten mejor sin seguir su tratamiento y no sólo aquéllos en los que está presente el remedio que venden, bajaría el éxito de los productos milagro”. Sencillo y efectivo. Entonces, ¿por qué no se legisla en esa línea?

Encuentro con James Randi

Que una institución académica reconozca la labor de quienes investigan las bases psicológicas del pensamiento mágico me alegra profundamente, porque este tipo de estudios son todavía poco frecuentes en nuestra Academia y resultan claves en el combate contra la superstición. Además, en el caso del Labpsico, he tenido la oportunidad de informar de su trabajo aquí y en El Correo y compartí con ellos un momento inolvidable, el encuentro que mantuvieron con James Randi y D.J. Grothe en mayo del año pasado. La conferencia en Bilbao del mago que desenmascaró a Uri Geller no hubiera sido posible sin el apoyo y el trabajo de Matute, quien es socia del Círculo Escéptico y en noviembre dio una interesantísima charla cobre “Casualidad y pseudociencia” en el decimoséptimo encuentro Enigmas y Birras de la capital vizcaína. Como escéptico y como periodista, es un lujo tener acceso a un equipo de investigadores como el del Labpsico.

Felicidades, Itxaso Barbería, Fernando Blanco, Pablo Garaizar, Helena Matute, Cristina Orgaz, Nerea Ortega, Saioa Palacios, Carmelo Pérez, Miguel A. Vadillo, Gustavo Vázquez, Tomás de la Vega y Ion Yarritu.

“Casualidad y pseudociencia”, mañana en el decimoséptimo ‘Enigmas y Birras’ de Bilbao

Cartel anunciador del decimoséptimo 'Enigmas y Birras' de Bilbao, dedicado a casualidad y pseudociencia.“Casualidad y pseudociencia. Experimentos sobre ilusiones causales” es el título de la charla que dará Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental en la Universidad de Deusto,  en el decimoséptimo encuentro Enigmas y Birras de Bilbao, que se celebrará mañana en el restaurante KZ (Alameda San Mamés, 6) a partir de las 18 horas.

La ilusión de causalidad se da cuando a una posible causa le sigue un posible efecto y vinculamos ambos erróneamente. “Mostraré experimentos en los que se hacen coincidir diversos eventos y se solicita a los participantes que estimen el grado de relación causal entre ambos. Estos experimentos ponen de manifiesto que, efectivamente, la coincidencia entre dos eventos es una de las claves más utilizadas de manera intuitiva por la mayoría de la gente para estimar relaciones causa-efecto. Asimismo, aunque la coincidencia sea un índice que a menudo aporta información valiosa, con frecuencia nos lleva también a conclusiones erróneas”, adelanta Matute, directora del Laboratorio de Psicología Experimental (Labpsico) de la Universidad de Deusto y miembro del Círculo Escéptico .

“De estos sesgos y errores de nuestra mente que confunde a menudo casualidad con causalidad se nutren las supersticiones y las pseudociencias”, indica la conferenciante, cuyo equipo investiga los mecanismos mentales del pensamiento mágico. En su charla, Matute abordará también experimentos sobre las estrategias que podrían utilizarse para reducir este tipo de ilusiones de causa-efecto en la sociedad, así como la posible función adaptativa que podrían estar cumpliendo estos mecanismos mentales que dan origen a la superstición.

Dense por invitados al decimoséptimo Enigmas y Birras de Bilbao organizado por el Círculo Escéptico y programado por Luis Miguel Ortega. La entrada es gratis, aunque cada asistente se compromete a hacer, al menos, una consumición como agradecimiento a los propietarios del establecimiento por la cesión de local.

¿Está seguro de que a usted le funciona?

“A mí me funciona”. Es la respuesta habitual de quienes usan la pulsera Power Balance para justificar su actitud. “Es un ejemplo típico de ilusión de causalidad, de falsa relación entre causa y efecto”, indica Helena Matute, catedrática de Psicología Experimental en la Universidad de Deusto. Su equipo acaba de publicar en el British Journal of Psychology los resultados de un experimento que demuestra que, cuando se presenta información no sesgada de la efectividad de un remedio mágico, se reduce en el público la sensación de que el producto cura.

La ilusión de causalidad se da cuando a una posible causa le sigue un posible efecto y vinculamos ambos erróneamente. Es lo que pasa cuando, en determinadas situaciones, vestimos una prenda o seguimos un ritual convencidos de que, siempre que lo hacemos, nos va bien. En realidad, muchas veces no nos va tan bien, pero tendemos a recordar los éxitos y olvidar los fracasos, algo de lo que se aprovechan los adivinos, los curanderos y los fabricantes de productos milagro.

La detección de causalidad precisa de la contigüidad temporal -dos fenómenos que ocurren seguidos tienden a estar relacionados- y de la contingencia, “que la probabilidad del efecto sea mayor o menor en presencia de la causa, pero nunca igual”, explica la investigadora vizcaína. A menudo, nos conformamos únicamente con la sucesión temporal para atribuir causalidad: “Si nos sentimos mal después de comer algo, inferimos que ha sido la causa y no lo volvemos a tomar. Es un proceder intuitivo que, en un porcentaje alto de las situaciones, da resultados correctos y es muy útil para el día a día”. Pero, cuando realmente necesitamos saber si algo es la causa de algo, debemos tener en cuenta la contingencia.

Una ilusión poderosa

El príncipe Felipe con el parche mágico en el cuello, en agosto en Mallorca. Foto: AFP.La falsa percepción de causalidad está en el origen del éxito de los productos milagro y del curanderismo, indican Matute y sus colaboradores Ion Yarritu y Miguel A. Vadillo en su artículo, titulado Illusions of causality at the heart of pseudoscience (Ilusiones de causalidad en el corazón de la pseudociencia). Y es muy poderosa. Así, aunque se haya demostrado experimentalmente que una pulsera mágica carece de toda efectividad, puede parecernos que funciona y que, gracias a ella, nos duele menos la espalda o dormimos mejor.

¿Hay algún modo de reducir esa ilusión y frenar el avance del pensamiento mágico y la pseudociencia? Los psicólogos vascos han hecho un experimento que demuestra que sí. Para ello, se inventaron los resultados de unas pruebas de un medicamento ficticio que supuestamente curaba una enfermedad también ficticia, y se los presentaron a 108 internautas que visitaron el laboratorio virtual que dirige Matute. “Estudios previos han demostrado que los resultados de un experimento hecho a través de Internet son muy parecidos a los obtenidos en el laboratorio tradicional”, asegura.

Pretendían replicar en los internautas la ilusión de causalidad que se transmite al espectador “a través de anuncios y testimonios de personas que han seguido un tratamiento y se sienten mejor”, algo típico de la teletienda. Además, iban a tratar de reducir esa percepción errónea mediante dos estratagemas: presentando información de lo que pasaba a pacientes que no habían seguido el tratamiento y haciendo a los sujetos una pregunta causal directa: “¿Hasta qué punto crees que el Batatrim -nombre del fármaco ficticio- es la causa de la curación de las crisis de los pacientes que has visto?”. “Sospechábamos que hacer una pregunta así reduciría la ilusión”, indica Matute.

Curanderismo en línea

Crearon dos grupos de 100 pacientes ficticios. En uno, el 80% había seguido el tratamiento y el 20% no; en el otro, al revés. En ambos colectivos, el 80% de los pacientes se sentía al final mejor, lo que implicaba que el medicamento no servía para nada y la dolencia en realidad desaparecía siempre por sí sola. Los investigadores expusieron a 52 internautas a los resultados del primer grupo y a los 56 restantes, a los del segundo. Para cada enfermo, el sujeto veía tres paneles en la pantalla de su ordenador: el primero le informaba de si había tomado la medicina o no (causa presente o ausente); en el segundo se le preguntaba si creía que el paciente iba a sentirse mejor; y el tercero, que aparecía inmediatamente tras responder el anterior, revelaba si se había recuperado.

La ilusión de que el Batatrim curaba la enfermedad se produjo en todos los casos; pero fue mucho menor entre los sujetos expuestos a los resultados del grupo en el que la mayoría de los pacientes no había seguido el tratamiento. “Esto significa que, cuando a la gente le presentas todos los resultados sin sesgos, desciende la ilusión de causalidad. Si las autoridades obligaran a los fabricantes a exponer en sus anuncios información de todos los casos, incluidos los de quienes se sienten mejor sin seguir su tratamiento y no sólo aquéllos en los que está presente el remedio que venden, bajaría el éxito de los productos milagro”. Además, en los dos grupos de internautas se reducía significativamente la ilusión cuando se les preguntaba directamente si creían que el fármaco era la causa de la curación.

Leire Pajín, con su pulsera Power Balance en un acto del PSOE. Foto: Efe/L.A. Gámez.

La pulsera mágica de la ministra y el parche milagroso del Príncipe

Unas fotos en Palma revelaron en agosto que Felipe de Borbón usaba unos parches de titanio que, dicen, equilibran la energía vital. En octubre, una de las primeras cosas que hizo Leire Pajín, nada más ser nombrada ministra de Sanidad, fue quitarse la Power Balance: la empujaron a ello las numerosas críticas que empezó a recibir en Twitter. Son sólo dos casos de famosos españoles a los que la ilusión de causalidad ha llevado a confiar en productos milagro. Pero hay muchos más: Esperanza Aguirre, Pablo Motos, Patxi López

Escuche la invocación satánica oculta en ‘Stairway to Heaven’, de Led Zeppelin

¿Cree usted que algunas canciones famosas de la historia del rock ocultan invocaciones satánicas? Hay gente que así lo cree. Una de las composiciones más frecuentemente citadas es Stairway to Heaven (Escalera al Cielo), de Led Zeppelin, de la cual se dice que oculta una invocación satánica en cierto fragmento cuando se reproduce al revés. ¿Le apetece comprobarlo? Si es así, continúe leyendo y siga las instrucciones que le vaya dando. Se sorprenderá y se divertirá.

Para empezar, escuche al derecho el fragmento citado, que se encuentra hacia la mitad de la canción:

La letra dice:

Si hay alboroto en tu cercado, no te inquietes,
sólo es una limpieza general para la reina de mayo.
Sí, hay dos sendas que puedes seguir,
pero, a la larga, aún estarás a tiempo de cambiar de camino.

A primera vista, no parece que haya nada demoniaco. Sin embargo, al escuchar la parte vocal al revés pueden percibirse claramente dos alusiones a Satán –seitan, fonéticamente hablando- y otra al número de la Bestia, el 666 o “six, six, six” en la voz de Robert Plant. Compruébelo usted mismo:

¿Qué me dice? ¿No ha distinguido claramente el nombre del Maligno y su número? Pruebe a hacerlo viendo el vídeo siguiente, donde he marcado en qué momentos aparecen las diabólicas referencias por si se despista. Véalo un par de veces antes de seguir adelante.

Ahora, no me negará que el Diablo está presente en Stairway to Heaven, ¿verdad? Pues, si está de pie, siéntese porque la presencia de Satán no se limita a un par de palabras, sino que este fragmento, escuchado al revés, es una larga invocación demoniaca, en la que se viene a decir:

Oh, aquí está mi dulce Satán.
Aquél cuyo camino me pondrá triste, cuyo poder es falso.
Él te da el 666.
Había un pequeño taller en donde nos hacía sufrir, triste Satán.

No se ría. Yo lo hice la primera vez que me lo contaron porque era incapaz, infeliz, de percibir las palabras ocultas en lo que me parecía un sinsentido hasta que me invitaron a comprobarlo por mí mismo, como va a hacer ahora usted. Vea el siguiente vídeo atentamente, si es necesario un par de veces:

¿Qué me dice ahora? El 9 de octubre de 2004 viví yo esta misma experiencia en Abano Terme, cerca de Venecia, junto a más de 400 colegas durante el Quinto Congreso Escéptico Mundial. Todos nos quedamos con la boca abierta cuando nos sometió a este experimento el psicólogo inglés Christopher French. Desde entonces, lo he puesto en práctica en la televisión y en multitud de charlas, y el efecto es siempre el mismo: el público pasa de la incredulidad a la risa y, finalmente, al asombro. Estamos, como ya habrá deducido, ante una pareidolia sonora, una jugarreta de nuestro cerebro similar a la que hace que veamos caras en la superficie de Marte o al emperador Palpatine en una fuente donde fervorosos católicos ven a la Virgen.

No hay ningún mensaje satánico en Stairway to Heaven, al igual que Juan Pablo II no se apareció entre las llamas de una hoguera a algunos de sus seguidores durante una vigilia conmemorativa del segundo aniversario de su muerte. Usted ha escuchado lo que ha escuchado porque yo le he indicado a través de imágenes qué era lo que tenía que escuchar. Es todo un artificio creado por su cerebro. Lo mismo que pasa con las denominadas psicofonías, donde no distinguimos palabras hasta que el parapsicólogo de turno nos dice qué es lo que tenemos que escuchar.

Estamos ante engaños de nuestro cerebro, que tiende a buscar patrones en el caos, lo que, sin duda, supuso en su día una ventaja evolutiva: la deducción, a partir de información incompleta, de la presencia de un predador hizo que muchos de nuestros antepasados salvaran la vida. Puede que en algunos casos se tratara de falsas alarmas -que el leopardo no fuera tal-, pero lo que está claro es que descendemos de los homínidos que tendían a huir ante la sospecha de una amenaza porque los que no lo hicieron, tarde o temprano, acabaron de almuerzo de alguna fiera.

Una última puntualización: aunque ahora vuelva a oír el fragmento satánico de Stairway to Heaven sin el refuerzo visual, su cerebro escuchará ya el “Oh, here’s my sweet Satan…”.