Una explicación a por qué unos vemos y otros no a un gorila cuando pasa delante de nuestras narices

En el siguiente vídeo, hay dos equipos de tres jóvenes: unos visten de blanco y otros de negro. Cuente, por favor, los pases de balón entre los tres miembros del equipo blanco, y luego seguimos.

¿Ha visto el gorila? Este experimento, ideado por los psicólogos Christopher Chabris y Daniel Simons en 1999, sorprende siempre a quienes participan en él, niños o mayores. Concentrados en contar los pases del equipo blanco, el 60% de los participantes no ve al primate porque está concentrado en el color blanco y elimina el negro. Pero hay otra gente que sí ve al mono. ¿Qué hace que unas personas detecten al tipo disfrazado de gorila y otras no? Un equipo de psicólogos de la Universidad de Utah explica, en un artículo que se publicará en el número de mayo de The Journal of Experimental Psychology: Learning, Memory and Cognition, que quienes ven al simio tienen mayor capacidad de concentración y son mejores que el resto haciendo varias cosas a la vez. «Las personas que ven el gorila son más capaces de centrar su atención. Tienen un enfoque flexible, en cierto sentido», asegura Jason Watson, uno de los autores del estudio.
La investigación la ha dirigido la estudiante de doctorado Janelle Seegmiller. Su objetivo era averiguar por qué hay tanta gente que sufre de ceguera por falta de atención, que es como se llama al fenómeno que hace que los automovilistas sean más propensos a sufrir accidentes cuando usan el móvil o no se vea al gorila del vídeo. «Aunque todos prestamos atención al conducir, algunas personas tienen una flexibilidad adicional en su atención para detectar algo inesperado que podría causar un accidente. Eso no significa que esa gente pueda hablar por teléfono móvil mientras conduce, aunque tenga un mejor control sobre su atención. Una investigación nuestra anterior ha demostrado que muy pocas personas -alrededor del 2,5%- son capaces de conducir y hablar por teléfono a la vez sin menoscabo de su atención», advierte Watson.
En el experimento participaron 306 estudiantes de psicología, de los que quedó fuera un tercio porque conocía el vídeo. A los 197 restantes, de entre 18 y 35 años, les sometieron a una serie de pruebas para medir su capacidad de concentración mediante la resolución de problemas matemáticos, de los que tenían que resolver el 80% para pasar a la última fase final. Al final, para estar seguros de que los que veían el gorila se habían concentrado en contar los pases, Seegmiller y su equipo sólo admitieron los resultados de aquéllos que más se acercaron al número real de pases. De éstos, el 58% vio al gorila, un porcentaje muy parecido al del estudio de 1999 de Chabris y Simon, autores del libro The invisible gorilla. Y, de entre los más precisos en la cuenta, vieron el primate el 67% que tenía alta capacidad de concentración, frente al 36% de baja. «Si cuentas los pases correctamente y eres bueno prestando atención, tienes dos veces más probabilidades de ver al gorila que una persona no tan buena concentrándose», apunta Watson. Son mejores en la multitarea, dicen los autores, que creen que hay que explorar otras posibles explicaciones a por qué unas personas sufren ceguera por falta de atención, incluyendo la velocidad a la que el cerebro procesa la información y las diferentes en la personalidad.
Hagan la prueba con el vídeo del gorila en la próxima reunión familiar y verán cómo algunos de los participantes, al ver por segunda vez la escena sin estar concentrados y descubrir al tipo disfrazado de simio que antes habían pasado por alto, no creen que el vídeo sea el mismo.

Escuche la invocación satánica oculta en ‘Stairway to Heaven’, de Led Zeppelin

¿Cree usted que algunas canciones famosas de la historia del rock ocultan invocaciones satánicas? Hay gente que así lo cree. Una de las composiciones más frecuentemente citadas es Stairway to Heaven (Escalera al Cielo), de Led Zeppelin, de la cual se dice que oculta una invocación satánica en cierto fragmento cuando se reproduce al revés. ¿Le apetece comprobarlo? Si es así, continúe leyendo y siga las instrucciones que le vaya dando. Se sorprenderá y se divertirá.
Para empezar, escuche al derecho el fragmento citado, que se encuentra hacia la mitad de la canción:

La letra dice:

Si hay alboroto en tu cercado, no te inquietes,
sólo es una limpieza general para la reina de mayo.
Sí, hay dos sendas que puedes seguir,
pero, a la larga, aún estarás a tiempo de cambiar de camino.

A primera vista, no parece que haya nada demoniaco. Sin embargo, al escuchar la parte vocal al revés pueden percibirse claramente dos alusiones a Satán –seitan, fonéticamente hablando- y otra al número de la Bestia, el 666 o «six, six, six» en la voz de Robert Plant. Compruébelo usted mismo:

¿Qué me dice? ¿No ha distinguido claramente el nombre del Maligno y su número? Pruebe a hacerlo viendo el vídeo siguiente, donde he marcado en qué momentos aparecen las diabólicas referencias por si se despista. Véalo un par de veces antes de seguir adelante.

Ahora, no me negará que el Diablo está presente en Stairway to Heaven, ¿verdad? Pues, si está de pie, siéntese porque la presencia de Satán no se limita a un par de palabras, sino que este fragmento, escuchado al revés, es una larga invocación demoniaca, en la que se viene a decir:

Oh, aquí está mi dulce Satán.
Aquél cuyo camino me pondrá triste, cuyo poder es falso.
Él te da el 666.
Había un pequeño taller en donde nos hacía sufrir, triste Satán.

No se ría. Yo lo hice la primera vez que me lo contaron porque era incapaz, infeliz, de percibir las palabras ocultas en lo que me parecía un sinsentido hasta que me invitaron a comprobarlo por mí mismo, como va a hacer ahora usted. Vea el siguiente vídeo atentamente, si es necesario un par de veces:

¿Qué me dice ahora? El 9 de octubre de 2004 viví yo esta misma experiencia en Abano Terme, cerca de Venecia, junto a más de 400 colegas durante el Quinto Congreso Escéptico Mundial. Todos nos quedamos con la boca abierta cuando nos sometió a este experimento el psicólogo inglés Christopher French. Desde entonces, lo he puesto en práctica en la televisión y en multitud de charlas, y el efecto es siempre el mismo: el público pasa de la incredulidad a la risa y, finalmente, al asombro. Estamos, como ya habrá deducido, ante una pareidolia sonora, una jugarreta de nuestro cerebro similar a la que hace que veamos caras en la superficie de Marte o al emperador Palpatine en una fuente donde fervorosos católicos ven a la Virgen.
No hay ningún mensaje satánico en Stairway to Heaven, al igual que Juan Pablo II no se apareció entre las llamas de una hoguera a algunos de sus seguidores durante una vigilia conmemorativa del segundo aniversario de su muerte. Usted ha escuchado lo que ha escuchado porque yo le he indicado a través de imágenes qué era lo que tenía que escuchar. Es todo un artificio creado por su cerebro. Lo mismo que pasa con las denominadas psicofonías, donde no distinguimos palabras hasta que el parapsicólogo de turno nos dice qué es lo que tenemos que escuchar.
Estamos ante engaños de nuestro cerebro, que tiende a buscar patrones en el caos, lo que, sin duda, supuso en su día una ventaja evolutiva: la deducción, a partir de información incompleta, de la presencia de un predador hizo que muchos de nuestros antepasados salvaran la vida. Puede que en algunos casos se tratara de falsas alarmas -que el leopardo no fuera tal-, pero lo que está claro es que descendemos de los homínidos que tendían a huir ante la sospecha de una amenaza porque los que no lo hicieron, tarde o temprano, acabaron de almuerzo de alguna fiera.
Una última puntualización: aunque ahora vuelva a oír el fragmento satánico de Stairway to Heaven sin el refuerzo visual, su cerebro escuchará ya el «Oh, here’s my sweet Satan…».