La ‘conspiranoia’ de los republicanos de EE UU, y Mariló Montero y los trasplantes, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el martes en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de la conspiranoia de los republicanos en EE UU y de Mariló Montero y los trasplantes, en la séptima entrega del curso 2012-2013 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

¿Tiene Mariló Montero pruebas de que el alma exista y se trasplante? ¿No? Pues, que se calle

Mariló Montero ha matizado hoy sus palabras de ayer en TVE, en las que sembró dudas sobre la conveniencia de que órganos de criminales entren en el sistema nacional de trasplantes. «¿Está bien donar órganos de alguien que ha matado a otras personas, aunque antes de convertirse en un asesino se dijera de él que era un buen hombre? ¿Alguien querría recibir el pulmón, el hígado, el corazón… de otro que ha quitado vidas? ¿Pasa algo por llevar el órgano, dentro de ti, de una persona que ha matado a otros?», se preguntaba. Y concluía alegrándose de que la Organización Nacional de Trasplantes hubiera decidido no hacer uso de los del asesino de El Salobral: «No puedo negar que he sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie».
En el editorial de cierre de La Mañana de La 1, la periodista ha pedido hoy disculpas a quienes pudieron sentirse ofendidos por esas palabras y ha añadido que es donante de órganos, pero se ha reafirmado en las dudas sobre la transmisión del alma a través de trasplantes. Y ha citado en apoyo de su postura el caso de la actriz francesa Charlotte Valandrey. «Hice una pregunta de si el órgano tiene alma porque, precisamente en La Vanguardia, una trasplantada de corazón contaba que sentía el espíritu del hombre que le cedió su corazón». Si Montero basa sus opiniones en lo que se dicen los entrevistados en la última página del diario barcelonés, una sección en la que la superchería campa a sus anchas, ¡apaga y vámonos! Pero vayamos por partes.
¿Qué es eso del alma? Montero ha vuelto a mezclar hoy una entelequia religiosa con el mundo real. Para que el alma se transmita, se ha de dar un presupuesto anterior: que exista. Por las mismas, la periodista podía haber dicho que teme que los órganos procedentes de alguien no particularmente inteligente puedan transmitir la energía estúpida, que atonta al personal hasta límites increíbles, ya que hay tantas pruebas de la existencia del alma como de la de la energía estúpida. Si ella cree en el alma, es sólo su creencia; nada más. Lo mismo que si creyera en la energía estúpida, vamos. Argumentar que «no está científicamente demostrado» que el alma no se transmita en un trasplante es una imbecilidad y, además, traslada la carga de la prueba de quien hace la afirmación, ella, a quien pedimos que eso se demuestre. Quien debe demostrar que existe el alma y se transmite a través de órganos trasplantados es quien sostiene que pasa eso; nadie debe probar lo contrario.
Bulos en la televisión pública
A raíz de los disparates de Montero, la Organización Nacional de Trasplantes ha puntualizado que, ante una donación, «sólo se valora la situación clínica del donante» y no se tiene en cuenta su posible conducta delictiva o conflictiva. El director de la entidad, Rafael Matesanz, ha explicado a Europa Press que «no tiene sentido» sostener que la personalidad de alguien pueda transmitirse a través de la donación, ya que el corazón, el riñón, los pulmones y el hígado son órganos sin memoria. Y ha añadido que el concepto religioso de alma «debería quedar al margen» de cualquier debate sobre el trasplante de órganos. Los recuerdos, la personalidad, el yo, residen en el cerebro y, de eso, no hay ninguna duda. La memoria celular, tan querida para Montero, es un invento para vender libros, y el caso de Valandrey es tan frágil que la actriz reconocía recientemente en XL Semanal que su experiencia no es concluyente: “Yo encontré la explicación a los recuerdos que no eran míos en la teoría de memoria celular, pero tampoco rechazo la idea de que, cuando uno vive una cirugía tan importante, sea normal que cambie, que se convierta en alguien diferente”.
Sin tapujos ni falsas diplomacias: lo que sostiene la presentadora de La Mañana de La 1 es una estupidez. De principio a fin. Y, por mucho que hoy haya dicho que sólo se ha planteado preguntas, la realidad es que ha hecho afirmaciones muy graves. Si ella cree esas supercherías, es su problema; pero usar la televisión pública para difundir bulos sobre un asunto tan delicado como el trasplante de órganos es inadmisible. Mariló Montero ha intentado saltar del periodismo del corazón al periodismo con cerebro y se ha precipitado desde lo alto de su ignorancia. Una ignorancia que nos sale a unos nada despreciables cerca de 600 euros por programa, después de que hace poco le rebajaran el sueldo un 40% debido a los recortes presupuestarios de TVE.

Mariló Montero teme que la personalidad de un criminal posea a quien trasplanten sus órganos

Mariló Montero cree que la personalidad de un donante de órganos puede pasar al receptor de éstos. Lo dijo ayer en La Mañana de La 1 después de recibir la noticia de que los órganos del asesino de la pedanía albaceteña de El Salobral no iban a entrar en el sistema de trasplantes. «No puedo negar que he sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie», sentenció la periodista en un vergonzoso discurso que transcribo seguidamente y que al principio de esta anotación pueden ver en vídeo:

Esta mañana decidí hablarles en el cierre de El Salobral. Ya saben: el sábado murieron en esta pedanía de Albacete una niña de 13 años y un hombre de 40; y ayer se mató él, el presunto autor de esas muertes.

Bueno, pues, esta mañana una noticia decía que los órganos de este hombre iban a ser donados. Y me planteé hablarles de eso; pero, sinceramente, tenía muchísimas dudas y quería solamente transmitirles una sucesión de preguntas.

La principal: ¿está bien donar órganos de alguien que ha matado a otras personas, aunque antes de convertirse en un asesino se dijera de él que era un buen hombre? ¿Alguien querría recibir el pulmón, el hígado, el corazón… de otro que ha quitado vidas? ¿Pasa algo por llevar el órgano, dentro de ti, de una persona que ha matado a otros?

Yo, la verdad que esta mañana no sabía responderme y todavía hace una hora pensaba qué decirles en este cierre. Y, entonces, de repente, la Organización Nacional de Trasplantes, pues, me ha evitado tener que responderme. Ellos tienen por norma no confirmar ni desmentir que alguien ha donado, pero, sin embargo, esta vez lo han hecho. Hemos sabido que desmienten rotundamente que los órganos del presunto asesino de El Salobral vayan a ser donados. No han dicho por qué no aceptan esta donación. Sólo nos han confirmado que esta decisión se tomó antes de conocer los datos de la autopsia.

Pues, ¿qué quieren que les diga?, yo no puedo negar que he sentido tranquilidad al saber que los órganos de este hombre no van a dar vida a nadie. Sinceramente. Y he sentido, además, la tranquilidad de no tener que responderme a esas dudas, que eran permanentes, constantes. Y de no tener que responderme que no, que yo no querría esos órganos. No está científicamente comprobado, pero nunca se sabe si ese alma está trasplantada también en ese órgano.

¡Salud y suerte!

Si hubiera querido, poco le habría costado a Montero superar su ignorancia. Hubiera bastado con hablar con un profesor universitario cualquiera. Le habría dicho que los recuerdos y la personalidad residen en el cerebro, no en el corazón, el hígado, el páncreas… Es algo que, por cierto, sabe cualquier bachiller. O debería. Así, la presentadora estrella de las mañanas de TVE no habría hecho el ridículo y, lo que es mucho peor, no habría difundido irresponsablemente ideas supersticiosas respecto a un tema tan sensible como el trasplante de órganos, del que dependen muchas vidas. Por no hablar del alma, esa entelequia religiosa que está en todas partes y en ninguna, y a la que dio carta de autenticidad.
La memoria celular
Con su perorata, digna de una contundente respuesta del Ministerio de Sanidad, Montero se suma al carro de los creyentes en la llamada memoria celular, la mágica idea de que los órganos y tejidos no cerebrales almacenan recuerdos y las claves de la personalidad. En la ficción, como indica Robert T. Carroll en la entrada correspondiente de The Skeptic’s Dictionary, ha dado lugar a historias terroríficas como la de Les mains d’Orlac (La manos de Orlac. 1920), novela de Maurice Renard que fue trasladada a la pantalla grande en 1924. En esta obra, un pianista sufre un accidente de tren en el que pierde las manos, le trasplantan las de un asesino y, a partir de ese momento, siente un ansia irrefrenable por matar. No se rían, pero esto mismo es lo que ayer vino a decir Montero entre líneas que puede pasar en el mundo real.
La disparatada idea de la memoria celular empezó a popularizarse con la publicación del libro A change of heart (Un cambio de corazón) en Estados Unidos en 1998. La autora, Claire Sylvia, receptora de un trasplante de corazón y pulmones, contaba que con el injerto también había recibido la personalidad del donante, un chico de 18 años muerto en accidente de moto. ¿En qué lo notaba? Entre otras cosas, en que después del trasplante le gustaban la cerveza y el pollo frito, bebida y comida que antes aborrecía.
Algo parecido es lo que sostiene la actriz francesa Charlotte Valandrey, de promoción en España por la publicación de libro Un corazón desconocido. «Con el corazón que me trasplantaron, también recibí los recuerdos del donante», declaraba recientemente en una entrevista en XL Semanal y anteayer en “La Contra” de La Vanguardia. Las pruebas que presenta no aguantan ni un análisis superficial: pesadillas sobre un accidente de coche que cree que proceden de la supuesta donante, que tras el injerto empezó a gustarle el vino, que vivió un romance con el viudo de la mujer, que era admirador de ella… Es todo tan circunstancial que, en un momento de la entrevista en el primer medio reconoce: «Yo encontré la explicación a los recuerdos que no eran míos en la teoría de memoria celular, pero tampoco rechazo la idea de que, cuando uno vive una cirugía tan importante, sea normal que cambie, que se convierta en alguien diferente».
Valandrey tiene razón. Ésa es la explicación real, aunque la ficticia venda más libros. Médicos y psicólogos advierten de que un trasplante puede llegar a ser una experiencia tan traumática que provoque cambios en la personalidad del receptor. Unan a eso las creencias y prejuicios de cada uno, y ya tienen montado el escenario para remakes caseros de Las manos de Orlac y para editoriales frívolos, irresponsables y palurdos como el de Mariló Montero de ayer en La 1, del que me enteré gracias a un lector de este blog. La periodista de TVE dice que preferiría no recibir un órgano procedente de una mala persona y le tranquiliza pensar que puede haber gente que muera por no recibir los órganos de un asesino. A mí, me escandaliza que alguien use la televisión pública para difundir imbecilidades en detrimento de algo tan importante como la donación de órganos.