Más Allá

Los neutrinos hiperlumínicos y lo paranormal, y la visión de Dios de Francisco Mora, en Punto Radio Bizkaia

Patxi Herranz y yo hablamos el 28 de febrero en Bizkaia y Punto, en Punto Radio Bizkaia, de los neutrinos hiperlumínicos del CERN y los viajes en el tiempo, la telepatía y la bilocación y de la visión de Dios del neurocientífico Francisco Mora, en la vigesimasegunda entrega del curso 2011-2012 de Magonia, mi espacio semanal dedicado al pensamiento crítico en la emisora de Vocento.

¿Acabará un cable mal conectado con los sueños de viajes en el tiempo, telepatía y bilocación de Javier Sierra?

El detector del OPERA, con sus dos módulos gemelos. Foto: CERNLa revista Science publicó ayer en su web que un conexión mal hecha de un cable de fibra óptica entre un GPS y un ordenador podría estar en el origen de que, en un experimento realizado en el Laboratorio Europeo de Física de Partículas (CERN), pareciera que los neutrinos pueden superar la velocidad de la luz. El CERN ha emitido hoy una breve nota en la que admite dos posibles fallos que pudieron haber alterado las mediciones de la velocidad de esas partículas del Proyecto de Oscilación con el Aparato de Seguimiento de Emulsión (OPERA), resultados que provocaron un gran revuelo entre los expertos.

Cuando en septiembre saltó la noticia de los neutrinos hiperlumínicos, que violarían la teoría de la relatividad general de Einstein -uno de los pilares de la física-, en ciertos ambientes esotéricos echaron las campanas al vuelo. Interpretaron, torticeramente, el supuesto hallazgo como una confirmación de los poderes paranormales y otros prodigios. Ahora, habrá que ver cómo reaccionan ante este anuncio de que es posible que todo fuera un error, algo que no se sabrá a ciencia cierta hasta dentro de unos meses. ¿Cuál será la próxima portada de la revista Más Allá, que hace unos meses abrazó con entusiasmo la idea de que la velocidad de la luz como límite ya era historia y concluyó que eso otorgaría verosimilitud a prácticamente cualquier cosa?

Viajes interdimensionales

En el número de Más Allá de noviembre, el ufólogo Moisés Garrido echaba mano de los neutrinos hiperlumínicos para hablar de tormentas en el tiempo y postular -¡agárrense!- que los tripulantes de los platillos volantes serían crononautas o seres de otras dimensiones. “El fenómeno ovni -decía- encaja mejor en la hipótesis interdimensional -los ufólogos califican de hipótesis cualquier idea loca- que en la popularizada hipótesis extraterrestre”. Hablaba Garrido, entre otras cosas, de “extrañas nubes resplandecientes que flotan casi a ras del suelo y emiten chispas eléctricas que provocan a su alrededor perturbaciones gravitacionales, acompañadas de un sonido semejante al zumbido de un enjambre de abejas o al que produce un transformador eléctrico”. Ya saben, esas cosas que sólo aparecen en los libros de ufología.

Como prueba de que pasan cosas raras en el mundo, contaba en un recuadro la increíble historia del matrimonio Vidal, que en 1968 fue teletransportado con su coche y todo de Argentina a México en un abrir y cerrar de ojos. “Atravesaron una especie de agujero de gusano?”, se preguntaba Garrido. Pobre inocente. No, fue algo mucho más sencillo: la historia de los Vidal se la inventó el cineasta argentino Aníbal Uset para conseguir publicidad gratuita para una película, como descubrió Alejandro C. Agostinelli en 1996. Con el paso de los años, la leyenda urbana se extendió a otros países latinoamericanos y a España, donde Juan José Benítez descubrió el caso de dos madrileños que entraron con su coche en un banco de niebla en Valdepeñas y, acto seguido, salieron en el soleado Alicante.

A estos frágiles mimbres, sumaba Garrido dos páginas de declaraciones de físicos españoles que llamaban a la precaución sobre los resultados del experimento y que, preguntados acerca de si la confirmación de la ruptura de la velodad de la luz daría fundamento científico a los viajes en el tiempo, respondían:

-“En principio, los prohíbe la teoría de la relatividad” (Carlos Pajares).

-“Opino que lo que se está diciendo, en general, no lo tiene” (Álvaro de Rújula).

-“Le respondo a usted con otra pregunta: ¿por qué no tenemos noticia de ningún visitante del futuro? No tendría más que ir a una universidad y solicitar someterse a un exámene médico y otro científico. En una mañana, estaríamos seguros de si era un falsario o de si decía la verdad. Por muchas especulaciones teóricas que haya, -que las hay, y algunas con gran fundamento- no existe ni un dato experimental de que el tiempo no fluya en un solo sentido, lo cual confirma la física actual” (Manuel Luis Lozano Leyva).

-“Aún es pronto para especular. Vamos a esperar a ver qué pasa, si se confirman o no los resultados y -en caso de confirmarse- cuál es su interpretación correcta y qué consecuencias podría tener esa interpretación” (Fernando Cornet).

Cambiará el mundo

Portada del número 273 de la revista 'Más Allá' que da cuenta del hallazgo de neutrinos hiperlumínicos.¿Saben cuál fue el título de portada de Más Allá?: “Viajes en el tiempo. El descubrimiento que cambiará el mundo”. En el índice,  decía que “la existencia de partículas capaces de superar la velocidad de la luz -como ha descubierto el CERN- también podría avalar la veracidad de fenómenos como la precognición, la teleportación e, incluso, los ovnis”. Y, ya en el reportaje, Garrido daba por hecho que hablar de neutrinos hiperlumínicos era lo mismo que hacerlo de viajes en el tiempo.

Por si eso fuera poco, en el editorial, Javier Sierra -consejero editorial de la revista y antiguo director- escribía que, de confirmarse la existencia de los neutrinos superlumínicos, “adquirirían más sentido misterios como la teleportación, los viajes en el tiempo (físicos y psíquicos), la bilocación o la telepatía“. ¡Cómo si esas cuatro cosas hubieran tenido algún sentido en el mundo real -no en la ficción o en la literatura esotérica- en algún momento! Sierra acababa diciendo que, si los investigadores de OPERA no se retractaban y achacaban al final todo a un error, él concluiría que “es cuestión de tiempo -¡nunca mejor dicho!- que el dogma de la luz caiga!”.

Habrá que ver lo que dicen ahora Garrido, Sierra y compañía: seguro que alguno de ellos se saca una conspiración de la manga, que siempre viene bien para vender revistas y llenar horas de radio y televisión. ¡Ah!, y no, aunque se confirme que un cable mal conectado está en el origen de los neutrinos hiperlumínicos, Sierra y sus colegas seguirán delirando. Les va en ello el negocio.

¡Cuidado con las estupideces que dice, que se le modifica el ADN y tenemos un disgusto!

“Las palabras pueden modificar el ADN”. Este titular de Enigmas Express (Nº 52), el suplemento de la revista Enigmas, me ha hecho retroceder en el tiempo hasta 1992, cuando Joaquín Grau defendía en Más Allá (Nº 41) que los coches tienen alma. El artículo sobre la molécula de la herencia, obra de Luisa Alba, merece un destacado rincón en el panteón de lo oculto junto al automovilístico del pseudoterapeuta hipnotizador. En 1997 y 1998, Alba dio un gran empujón a la carrera del cirujano psíquico Andrés Ballesteros. Creía que operaba sin anestesia y sin dejar cicatriz, y escribió panegíricos del personaje en Enigmas, Interviu y Karma.7. Tres años después, la misma periodista desenmascaraba al curandero ante las cámaras de televisión y se ganaba el aplauso del mundo del misterio. Ahora, lo que nos cuenta es que “el ADN humano funciona como una especie de Internet biológica“, que “se ha demostrado experimentalmente que ciertos genes pueden ser influenciados y reprogramados mediante palabras”, que “los cromosomas vivos funcionan como computadoras solitónicas-holográficas”, que “el ADN puede causar patrones de perturbación en el vacío, produciendo así agujeros de gusano magnetizados”…

Hacía tiempo que no leía tantas afirmaciones extraordinarias juntas. Hay que agradecer al rigor de Fernando Jiménez del Oso, director de la revista, no habernos privado de un texto que, seguramente, habrían rechazado en otras publicaciones con responsables de mente menos abierta. Me atrevo a afirmar, a pesar de mis escasos conocimientos de genética, que Alba hace gala de unos conocimientos equiparables a los que tiene de latín Manuel Carballal, un ex seminarista que, en su libro La ciencia frente al misterio (1995), sostiene que la palabra lobo proviene “del latín lobis“, poniendo así en evidencia a todos los expertos en esa lengua muerta empeñados en que proviene de lupus. Los biólogos y médicos son ahora quienes tendrán que convencernos de que no somos víctimas de una conspiración en la que los representantes de la ciencia oficial están ocultando, una vez más, hallazgos que podrían acabar con el sufrimiento de muchos seres humanos. Imagínense lo que sería curar el cáncer, el mal de Parkinson y la diabetes simplemente diciendo al ADN del enfermo: “¡Cambia aquí y allá!”. Imagínense lo que supondría erradicar anomalías como el síndrome de Down y la espina bífida pidiendo al ADN del embrión: “¡Corrígete, que te has liado!”. Los colegas de Jiménez el Oso estarían abocados a apuntarse masivamente al paro y dejar su sitio a “maestros espirituales y esotéricos” debido a la “ingeniería genética por ondas, un método que evita los efectos colaterales derivados” de las técnicas actuales, según Alba.

La genética no es lo mío. Por eso, pedí ayuda a la bióloga Adela Torres para que me guiara por los tecnicismos que salpican el artículo. Y ella me aclaró, entre otras cosas, que cuando la autora habla de “computadoras solitónicas-holográficas” no se refiere a unos ordenadores supercalifragilisticoespialidosos -como yo creía-, sino posiblemente a un tipo de computadoras que usan solitones y en las que se está trabajando. La periodista dice que un equipo de científicos rusos dirigido por un tal Pjotr Garjajevá ha sido capaz de modificar el ADN “mediante la palabra”, ha realizado “con éxito la transformación de embriones de rana en embriones de salamandra” con luz láser corriente y moliente, y ha creado agujeros de gusano “equivalentes microscópicos de los llamados puentes Einstein-Rosen, que son algo parecido a conexiones de túnel entre área completamente diferentes del Universo, a través de los cuales se puede transmitir la información fuera del espacio y del tiempo”. ¿Y dónde se ha dado a conocer tan impresionante cúmulo de hallazgos? ¿En Nature?, ¿en Science?… No, en Enigmas Express y en el mismo número que dedica la contraportada a una señal de la Segunda Venida de Jesús, fiel escudero del infiltrado desconocido y autor del libro 11-M. Claves de una conspiración, en el que “ensaya una tenebrosa conspiración que, por supuesto, no existe, ni se demuestra que exista”, en palabras del analista político Fernando Jáuregui.

Luisa Alba no informa en ningún momento de dónde hace sus experimentos Pjotr Garjajevá y en Internet las referencias a este sabio son poco más de cien, una centésima parte de las que existen de Chiquito de la Calzada, cuya oratoria seguro que hace estragos en el ADN del ruso. De Garjajevá sólo sé que es presentado en algunos sitios como miembro de la Academia de Ciencias de Nueva York. Ya saben, ese club al que puede pertenecer cualquiera con tal de pagar la cuota y con el que algunos inflan su currículo. Lo que sí nos aclara la autora es que los expertos actúan “sobre las frecuencias vibratorias del ADN” -no me pregunten qué es eso, pero ¿a que queda aparente?-, que “la sustancia del ADN viviente reacciona siempre a las radiaciones provocadas por el lenguaje articulado -la voz- del mismo modo que reacciona con ondas de radio y láser si se emplean en las frecuencias adecuadas” -no me pregunten en qué se diferencia el ADN viviente del ADN sin más ni cuáles son las frecuencias- y que hay “cromosomas vivos” -tampoco me pregunten qué carajo son y en qué se diferencian de los cromosomas a secas-. La conclusión de tanto hallazgo no es, para la autora, la que he apuntado -la posibilidad de curar enfermedades por la voz-, sino que la reprogramación del ADN por la voz, los agujeros de gusano microscópicos y el “hecho demostrado por los científicos de que el ADN puede funcionar como Internet” -¿dónde?, ¿por quién, ¿cuándo?, ¿cómo?- fundamentan “muchos de los fenómenos hasta hoy catalogados como paranormales, tales como la telepatía, la sanación a distancia o la clarividencia, entre otros”. Ahí queda eso.

No lea ni todo ni parte del artículo de Luisa Alba en voz alta. La concentración de tonterías no dañará su ADN, pero puede afectar a su integridad mental. No lo deje al alcance de los niños. Consulte con su psiquiatra antes de exponerse a este material.

‘Más Allá’, la telebasura, la presunta inteligencia humana y las civilizaciones extraterrestres

Portada del número de enero de 2004 de 'Más Allá', revista española dirigida por el ufólogo Javier Sierra.Decía el escritor Arthur C. Clarke hace cuatro años, en Space.com, que hay una prueba incontestable de la inexistencia de civilizaciones extraterrestres avanzadas cerca de la Tierra: no ha venido una brigada alienígena para exterminarnos por llenar el espacio interestelar de porquería. Se refería el autor de 2001, una odisea del espacio a las señales de televisión, que viajan a la velocidad de la luz, llenan ya una esfera -con centro en la Tierra- de más de 100 años luz de diámetro y han llevado la telebasura hasta las estrellas. Puede que, a fin de cuentas, que estemos solos en el cosmos no sea tan triste: ¿se imaginan que nos borren del mapa por insultos a la inteligencia como Gran hermano, Operacion Triunfo, Teletienda, Supervivientes, Sabor a ti, Hotel Glam, Tómbola, Corazón de…, Lo que faltaba, Crónicas marcianas…?

Más Allá se pregunta, en la portada del número de enero de 2004, “si existen seres inteligentes en el Universo, ¿por qué no establecen contacto?”. Yo ya no entiendo nada. Si Javier Sierra, director de la revista, lleva años vendiéndonos marcianos en libros, programas de televisión y de radio. Si Más Allá contó durante una época entre sus colaboradores con un supuesto alienígena que atendía un consultorio. Si Sierra mantiene que el transistor es un invento humano desarrollado a partir de tecnología de un platillo volante estrellado en Roswell. ¿A qué viene ahora cuestionar la existencia de inteligencias extraterrestres? Parece un simple gancho para atraer a lectores curiosos y, con la excusa de hablar de la búsqueda científica de alienígenas, divulgar las teorías de Carlos Ortiz de la Huerta, un oscuro ufólogo mexicano a quien Pablo Villarrubia presenta como “uno de los más grandes teóricos y estudiosos del fenómeno ovni y de los umbrales del conocimiento”. Ortiz de la Huerta mantiene que los platillos volantes y el resto de la fenomenología paranormal pertenecen “a un mismo conjunto”. “Tienen por objeto -dice este discípulo de Jacques Vallée– provocar la ruptura de la visión cotidiana de la vida. Nos entrenan para que veamos otras realidades, para que busquemos algo más profundo y trascendente”. Para Ortiz de la Huerta, a quien Más Allá dedica casi tanto espacio -mas texto, desde luego- que a intentar responder la pregunta de la portada, el plan que se oculta tras el fenómeno ovni consiste en “despertar la consciencia de otros niveles superiores de existencia provocando sentimientos de tipo cósmico, espiritual, de universalismo”. Sobran comentarios.

El texto de Villarrubia y los otros que incluye en enero la revista de Sierra revelarían a un extraterrestre que no hay inteligencia con la que contactar en la Tierra. Permítanme que exponga las pruebas. Los reportajes de portada que acompañan al dedicado a la ausencia de contacto con alienígenas son: “Laberintos, ¿puertas a otros mundos?”, “¿Ha nacido ya el futuro mesías del Islam”, “El secreto masónico de Leonardo” -Josep Guijarro relaciona al genio del Renacimiento con el misterio de Rennes-le-Château-, “La vidente argentina que predijo el 11-S” -y no se lo contó a nadie, claro- y “La anorexia mística, a examen”. Dentro, además, nos hablan de las matemáticas védicas; de que “el universo parece responder a un preciso diseño, ¿tal vez al de la mente cósmica?; y la escritora Isabel Pisano, viuda del músico argentino Waldo de los Ríos, nos cuenta que la ouija le anunció la muerte de su marido. Imaginen a un ser de otro mundo ante tal cúmulo de memeces, seguro que no tendría ninguna dura sobre la no-inteligencia de sus destinatarios. Por fortuna, parece que éstos cada vez son menos: de los 93.000 ejemplares mensuales que llegó a vender Más Allá en 1994, ha pasado a menos de 34.000 en el primer semestre de este año, según la Oficina de Justificación de la Difusión (OJD). Y las cosas tampoco parece que vayan bien para Año Cero, la revista de Enrique de Vicente, que ha caído desde 106.000 ejemplares mensuales de hace nueve años a menos de 59.000 en la actualidad. Enigmas, el mensual de Fernando Jiménez del Oso, ni siquiera se somete a control, y la histórica Karma.7 pasó a la historia hace unos años. Así que igual hay luz al final del túnel. Ahora sólo falta que la OJD se decida de una vez a separar el grano de la paja: que haya una categoría de publicaciones periódicas de “divulgación científica y pseudocientífica” -en la que están tanto Investigación y Ciencia como Más Allá y Año Cero– es un insulto para las primeras y dignifica injustamente a las segundas, que no son sino una versión impresa de la telebasura.