Manu Chao y la energía chiripitifláutica

Manu Chao. Foto: Efe.Leo el reportaje sobre Manu Chao publicado por Diego Manrique en El País Semanal y compruebo cómo la modernez del protagonista casa mal con la racionalidad. Dice el autor que el cantante se ve a sí mismo, «en el fondo», como «un racionalista, aunque abierto a lo improbable. En sus estancias en América comprobó la fuerza de la santería y, especialmente, la macumba y el candomblé brasileños». Y, entonces, Chao -«el acaudalado turista alternativo», como le llama acertadamente el periodista e historiador Julio Arrieta-, nos golpea con el disparate superlativo: «Llegará el momento en que sea aceptado científicamente [se refiere a la santería, la macumba y el candomblé], cuando tengamos instrumentos que cuantifiquen las energías positiva y negativa. Yo he recurrido a un brujo cuando alguien me quería hacer mal. Me dijo que debía blindarme, para que el odio rebotara hacia quien me lo enviaba. Y resultó, te lo aseguro». Menos mal que Manrique no sigue ahondando en el racionalismo del entrevistado porque da miedo. Chao cree en la magia y está convencido de que con el tiempo la ciencia se plegará ante su fe. Tiene la mente abierta, demasiado, y ha dejado entrar en ella de todo. Los detectores de energías positiva y negativa funcionarán cuando lo haga el de la energía chiripitifláutica. Y, si no, al tiempo, colega.