El peligro del síndrome del fin del mundo, según John Maddox

'El síndrome del fin del mundo', de John Maddox.«Los profetas del desastre se han multiplicado notablemente en los últimos años. Solía haber individuos que desfilaban por las calles de la ciudad con carteles en que se proclamaba: ¡El fin del mundo está próximo! Ahora han sido reemplazados por una legión de personas serias, de científicos, filósofos y políticos, que proclaman que hay calamidades más sutiles esperándonos a la vuelta de la esquina. La Humanidad, dicen, está en peligro de estrangularse a sí misma con el aumento de la población, de envenenarse con la contaminación, de socavar su naturaleza humana esencial manipulando la herencia genética y de destruir las bases mismas de la sociedad por el exceso de prosperidad», dejó escrito John Maddox (1925-2009) en su libro El síndrome del fin del mundo(1972). A pesar de que admitía que esas profecías se fundaban en la ciencia, añadía que eran «a lo más pseudocientíficas. Su error más común es suponer que va a suceder siempre lo peor».
¡Parece mentira que Maddox escribiera estas líneas hace casi cuarenta años! Que suenen tan actuales no demuestra sino la validez de su pensamiento. El fallecido divulgador científico destaca en ese mismo libro, entre otras cosas, que «uno de los aspectos más inquietantes de la polémica actual en torno al medio ambiente es la forma en que se plantea como un enfrentamiento entre unos individuos que miran con visión amplia hacia el futuro en pro de los interesas de la Humanidad y otros que no se preocupan en absoluto de este futuro. Se considera que los que no defienden ardientemente una política de preservación del medio están a favor de su destrucción». A Maddox le molestaba ya entonces el perverso uso de la palabra ecología por parte de quienes profesan la ecolatría y, sobre todo, el alarmismo. «Los interrogantes que estos modernos profetas del fin del mundo han planteado son sutiles e interesantes; el tono en que se plantean contiene demasiados prejuicios para la tranquilidad intelectual», decía. Y añadía que, por su simplificación de la realidad, las ideas de los catastrofistas, «en vez de atraer la atención hacia problemas importantes, pueden socavar gravemente la capacidad del género humano para luchar por su superviviencia. El síndrome de la destrucción del mundo puede constituir por sí sólo una amenaza mucho más grave que cualquiera de los problemas que la sopciedad se ha creado».
John Maddox [1972]: El síndrome del fin del mundo [The doomsday syndrome]. Traducción de J.M. Alvarez Flórez. Barral Editores (Col. «Breve Biblioteca de Respuesta», Nº 111). Barcelona 1974. 285 páginas.

Muere a los 83 años John Maddox, ex director de la revista ‘Nature’ y humanista comprometido

John  Maddox. Foto: Efe.John Maddox, ex director de la revista Nature en dos etapas (1966-1973 y 1980-1995) y uno de los periodistas científicos más influyentes, murió el domingo a los 83 años por complicaciones pulmonares y cardiacas. Miembro del Comité para la Investigación Escéptica (CSI), era un humanista comprometido y llevó la lucha contra la pseudociencia hasta las páginas de la prestigiosa revista científica que dirigió.
Cuando en junio de 1988 el biólogo francés Jacques Benveniste propuso que el agua es capaz de recordar la presencia de una sustancia disuelta en ella después de que no exista ni una molécula de esa sustancia -lo que daría fundamento científico a la homeopatía-, publicó en Nature el supuesto avance acompañado de una advertencia en la que lo ponía en cuestión. Después, un equipo de expertos -formado por él, el investigador de fraudes científicos Walter Stewart y el ilusionisa James Randi– viajó hasta el laboratorio del científico, en el Instituto Nacional de la Salud y la Investigación Médica (Inserm) francés, y detectó graves fallos metodológicos en las pruebas, que invalidaban los resultados y los hacían irrepetibles. Además, descubrieron que varios miembros del equipo estaban pagados por los Laboratorios Boiron, la multinacional francesa de la farmacopea homeopática.
En español se han publicado dos de sus obras: El síndrome del fin del mundo (1972) y Lo que queda por descubrir: una incursión en los problemas aún no resueltos por la ciencia, desde el origen de la vida hasta el futuro de la humanidad (1999).