Igualdad de sexos en el escaparate político: un ataque a la razón

Vivo es un país extraño. El presidente del Gobierno central decide, como principio, que en su Gabinete haya el mismo número de mujeres que de hombres y recibe aplausos; el jefe del Ejecutivo vasco anuncia que quiere sacar adelante una ley para que ambos sexos estén representados por igual en las listas electorales y le jalean. Palabra de Dios. España se ha convertido en el paraíso de lo políticamente correcto. Lo demuestran esos discursos llenos de «ciudadanas y ciudadanos», «mujeres y hombres», «vascos y vascas»… que tan bien vienen para decir menos cosas. Ahora nos quieren vender que la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres pasa por la igualdad numérica en los gobiernos y las listas electorales. ¿A costa de qué? ¿Por qué no puede haber en las instituciones más hombres que mujeres, o al revés? ¿Es que los ciudadanos no tenemos derecho a que la gestión de la cosa pública esté en manos de los más capacitados, independientemente de su sexo, altura, peso, color de piel, belleza…?
Si las listas electorales han de incluir el mismo número de hombres y mujeres, ¿no deberían de hacerlo también las de docentes, conductores de taxi, miembros de los cuerpos de seguridad, abogados y jueces, soldados, bomberos, personal sanitario, pilotos de líneas aéreas…? Lo decisivo tendría que ser siempre la capacitación del candidato, no el sexo. Sin embargo, ahora, si un hombre está mejor preparado que una mujer, pero con su inclusión se supera la meridiana partición sexual, deberían olvidarse de él y escoger a una mujer, aunque esté peor cualificada. Y viceversa. Porque lo sagrado es el 50%. ¡Por favor! ¿Es que soy el único que no entiende nada, incluido el silencio, ante estos disparates de nuestros gobernantes, de quienes abogamos en España por el pensamiento crítico? Me da igual el sexo del médico que me trata cuando me pongo enfermo; sólo quiero que sea un buen profesional. Y me da igual el de los miembros del Gobierno -central, autonómico o local- siempre que sean los más aptos.
Ya puestos, José Luis Rodríguez Zapatero, Juan José Ibarretxe y Mariano Rajoy -la recién estrenada ejecutiva del Partido Popular vulnera la igualdad de sexos: hay más mujeres que hombres- deberían establecer cuotas para los calvos, los melenudos, los feos, los guapos, los gordos, los flacos, los bajos, los altos… de ambos sexos. Todo en aras de una igualdad mal entendida, cuya primera víctima parece que está siendo la inteligencia y el sentido crítico.