Helena Blavatsky

Fantasmas embotellados, en Punto Radio Bilbao

Almudena Cacho y yo hablamos el 10 de marzo en Protagonistas Bizkaia, en Punto Radio Bilbao, de la venta de fantasmas embotellados, el apoyo en la ONU a la izquierda abertzale por parte de un grupo que prepara la Segunda Venida y la demanda contra un sanador espiritual inglés por decir que cura el cáncer, en la vigésima entrega del curso 2009-2010 del espacio que la emisora de Vocento dedica semanalmente al pensamiento crítico.

Un grupo esotérico que capta fondos para el regreso de Jesús apoya a la izquierda abertzale en la ONU

La izquierda abertzale ya ha llegado hasta donde nadie había llegado jamás en la búsqueda de apoyos. El diario Gara informaba ayer de que “la Asociación Americana de Juristas y el Institute for Planetary Synthesis, organizaciones consultivas de la ONU, han pedido que se vuelva a instar al Gobierno español a «definir con claridad las conductas prohibidas, para la seguridad jurídica de todas las personas». Reiteran que Madrid hace una aplicación expansiva de los delitos de terrorismo y se fijan, entre otros, en los de apología y el enaltecimiento, por el que anteayer [por el martes] fue de nuevo condenado Arnaldo Otegi”. Y hoy el mismo diario refleja que la abogada Jone Goirizelaia ha destacado la importancia de la petición de esas dos asociaciones.

Ignoro si la Asociación Americana de Juristas es una organización como para alardear de su apoyo, pero lo que tengo claro es que el Instituto para la Síntesis Planetaria (IPS) no lo es. ¿Por qué? Porque el IPS es un nido de chiflados, como explica hoy en El Correo el periodista Óscar Beltrán de Otálora, gracias a quien ayer me enteré de este episodio digno de Monty Phyton. Resulta que uno de los principales objetivos del IPS es captar fondos para propiciar la Segunda Venida, dentro del denominado Proyecto Maitreya. “Se necesitan billones para realizar la reconstrucción de los valores humanos y así purificar y embellecer nuestro mundo moderno hasta el nivel en el cual el Cristo pueda reaparecer entre los hombres”, dicen.

Los objetivos del IPS, cuya sede está en Ginebra, son “redespertar una conciencia de los valores esprituales en la vida diaria”; “promocionar la conciencia planetaria, que conduce a la ciudadanía planetaria. Esto incluye una conciencia de la subyacente estructura de energía de nuestra sociedad, de los reinos de la naturaleza, del planeta y del Sistema Solar”; y “analizar y ayudar a resolver problemas mundiales sobre la base de los valores espirituales y la conciencia planetaria, y así satisfacer las verdaderas necesidades presentes”. La entidad tiene entre sus maestros a la médium Helena P. Blavatsky, fundadora de la teosofía moderna, y presuntos lamas tibetanos. Y quiere crear una universidad que difunda las ideas de Blavatsky y otros maestros, y en la que se enseñe la historia de la Humanidad según el Antiguo Testamento y las sagradas escrituras indias; el simbolismo astrológico; la psicología de la Nueva Era; la homeopatía; el principio de Ayurveda; la curación mediante fuerzas más sutiles… Internamente, cuenta con diez grupos de trabajo que promueven todo tipo de cosas disparatadas, desde el uso de la telepatía hasta el desarrollo de “nuevas hipótesis que vayan más allá de los estrechos límites de la ciencia materialista”.

Con esta trayectoria y objetivos, que el IPS apoye a la izquiera abertzale no me parece nada inquietante; lo que me parece preocupante es que esté considerada una organización consultiva ante el Consejo Económico y Social de la ONU. Demuestra que en la institución supranacional escuchan los consejos de cualquiera, aunque esté loco de atar.

Un grupo esotérico que capta fondos para el regreso de Jesús apoya a la izquierda abertzale en la ONU.

El santuario del Himalaya

Ilustración: Iker Ayestarán.El punto más inaccesible de la Tierra está en la meseta tibetana, a 34,7º N y 85,7º E, según un estudio del Banco Mundial y el Centro de Investigaciones de la Comisión Europea. Se encuentra a 5.200 metros de altitud y a tres semanas de viaje de Lhasa -la capital de Tíbet-, un día de coche y veinte a pie. Es el lugar ideal para el valle de la Luna Azul, el “paraíso de asombrosa fertilidad” donde el novelista británico James Hilton ubicó el monasterio de Shangri-La en Horizontes perdidos (1933).

Cualquiera que haya leído la novela o visto la película homónima de Frank Capra sentirá una mezcla de envidia y desasosiego por la vida que llevan los monjes del padre Perrault en el recóndito paraje del Himalaya al que sólo accidentalmente llega alguien. Envidia porque tienen una esperanza de vida que se mide en siglos; desasosiego porque su razón de existir es la de ser los depositarios del saber humano ante la gran catástrofe que se avecina.

“No habrá salvación por las armas, ni socorros por las autoridades, ni cobijo en el silencio. Arrasará hasta las más diminutas florecillas de la civilización en su rabia loca y el mundo se convertirá en un caos espantoso”, según las visiones de Perrault, el Gran Lama. Pero Shangri-La, aislado e ignorado por el resto del mundo, sobrevivirá “conservando las delicadas fragancias de una edad que muere y persiguiendo la sabiduría que necesitarán los hombres cuando agoten sus pasiones”. Cuando llegue el momento, los monjes facilitarán a los hombres los conocimientos necesarios para el renacimiento.

Shambhala

El Shangri-La de Horizontes perdidos fue un invento de Hilton basado posiblemente en la Shambhala budista. Shambhala -en sánscrito, lugar de paz– es un reino del Himalaya mencionado en textos como el Kalachakra Tantra. Se trata de un territorio de bosques de sándalo y lagos con flores de loto en cuya capital, Kalapa, se levantan palacios de oro, plata y piedras preciosas, y cuyos habitantes no conocen la necesidad ni la enfermedad. Será el lugar desde el que partirá el ejército que en 2425 derrotará a los enemigos del budismo en una batalla que marcará el comienzo de una nueva era de paz y prosperidad mundial.

Helena Blavatsky, fundadora de la teosofía, menciona Shambhala en su obra La doctrina secreta (1888). Dice que, cuando el continente de Lemuria se hundió en el Pacífico, algunos supervivientes emigraron a la Atlántida y otros a Shambhala, que localiza en el desierto de Gobi. Algunos de los seguidores de Blavatsky creían que los maestros tibetanos que le dictaron telepáticamente sus enseñanzas vivían en esa Shambhala, aunque ella los situó en el Himalaya. El paraíso de Hilton obsesiona a los ocultistas y, en el mundo real, varios enclaves del Himalaya han reclamado ser el Shangri-La del padre Perrault por el gancho turístico del nombre. A 12.000 kilómetros de distancia, Franklin Delano Roosevelt llamó en 1942 Shangri-La a la residencia de descanso del presidente de Estados Unidos ahora conocida como Camp David.

Publicado originalmente en el diario El Correo.