Simeone confía los fichajes del Atlético de Madrid a los astros y parece orgulloso de su analfabetismo

Diego Pablo Simeone. Foto: Carlos Delgado.Diego Pablo Simeone confía a la astrología los fichajes del Atlético de Madrid. «¿En serio se fija usted en los horóscopos de los jugadores que quiere fichar?», le pregunta Gemma Herrero en una entrevista que publica Jot Down. Y el entrenador colchonero responde: «Sí. Porque las características, las personalidades, son parecidas». Pregunta entonces a la periodista cuál es su signo del Zodiaco y, cuando ésta le indica que Géminis, el exfutbolista replica: «Se te ve, así… Agresiva. Cambiante. Intensa». Y corona el desproposíto diciendo: «Las características de la gente según su horóscopo son similares y prestamos atención para ver cómo le podemos sacar lo mejor».
No es el del Atlético de Madrid el primer entrenador de fútbol que cree en la astrología; ni será el último. Cuando era seleccionador de Francia (2004-2010), Raymond Domenech hacía las alineaciones guiado por el horóscopo. Evitaba a los Libra y Escorpio en general, y en la defensa a los Leo. “Cuando tengo un Leo en la defensa, siempre tengo mi arma lista, porque sé que va a querer lucirse en un momento u otro y nos va a costar caro”, decía. Creía que tenía que considerar todas las variables y que la astrología era una más.
Simeone -de cuya fe astrológica a través de Pruden Rodríguez- y Domenech sabrán mucho de fútbol, pero son unos analfabetos. Sólo así puede calificarse a quien en el siglo XXI cree en el influjo de los astros sobre la personalidad, algo propio de sociedades primitivas. Marginar a alguien por su signo del Zodiaco es como hacerlo por el color de piel, por sus gustos musicales o por sus creencias políticas o religiosas: una estupidez y una violación de la ley.

Cuatro y ‘As’ confían en la grafología para descifrar la personalidad de Mourinho

«Su letra es muy pequeñita, casi no se ve, pero, si nos damos cuenta, todo el trazo es muy vibrante. Esto significa que él va analizando a una velocidad muy rápida y a veces lo que intenta es pasar a la siguiente acción», decía la grafóloga Irene López de Mourinho ayer en Cuatro y hoy en As. Me alertó de ello ayer Enric Boix, quien indicaba que, aunque la grafología es un tema recurrente en algunos medios, no hay que dejar pasar por alto el disparate. Tiene razón, aunque resulte repetitivo, hay que volver a decir que la grafología tiene el mismo fundamento científico que la quiromancia, que quienes la practican aciertan tanto como los adivinos y que los empresarios que, por ejemplo, confían en ella a la hora de seleccionar personal están tirando su dinero a la basura.
Da igual que se use para atacar a José Luis Rodríguez Zapatero, como hizo en su momento César Vidal, para ensalzar a Fernando Alonso o al entrenador del Real Madrid, para decir lo obvio de tiranos como Franco y Stalin: la grafología, como la morfopsicología, es un timo. Y lo que decía ayer Irene López de Mourinho en Cuatro -«Llaman muchísimo la atención las barras de las t que son altas, excesivamente altas. Esto significa que es una persona con una capacidad de liderazgo abismal»- no se basaba en los rasgos de la escritura del entrenador, sino en su conocimiento del personaje. Los grafólogos nunca han podido probar que son capaces de deducir, en condiciones científicamente controladas, la personalidad de alguien a partir de su escritura. Son como los videntes y los médiums, le cuentan a la gente lo que quiere oír o cosas obvias de famosos camuflándolas en rasgos de la escritura.

El balón del Mundial prueba que el modelo de la mecánica clásica es erróneo, según un físico español

'Jabulani', el balçón del Mundial de Sudáfrica.Ya hay una explicación a los sorprendentes efectos del balón oficial del Mundial de Sudáfrica. Resulta que el modelo de la mecánica clásica es erróneo. No lo digo yo. Lo dice el ingeniero y físico español Gabriel Barceló, quien sostiene que el comportamiento del Jabulani es «fácilmente» explicable a partir de un nuevo marco teórico no newtoniano propuesto por él, que ha llamado Teoría de las Interacciones Dinámicas (TID). Este nuevo Galileo asegura, en una nota de prensa emitida ayer, que otro ingeniero español, Arturo Rodríguez, ha confirmado que los extraños que hace el balón de Adidas no pueden explicarse por el efecto Magnus, según el cual -copio de la Wikipedia– «la rotación de un objeto afecta a la trayectoria del mismo a través de un fluido, en particular, el aire».
Rodríguez dice que la atribución del comportamiento del Jabulani a ese efecto físico se ha hecho «sin cuantificación ni suficiente rigor» porque lo que realmente hace a este balón diferente de otros es su estructura interna, algo, indica, que no tiene en cuenta la «Física ortodoxa» al estudiar sus trayectorias, ya que se centra en «los efectos aerodinámicos que se producen entre la superficie del balón y el medio (aire)». «Esta contradicción evidente es una prueba de que el modelo físico-matemático comúnmente aceptado hasta el momento no sería correcto. He estado pensando sobre este tema y he llegado a la conclusión de que este fenómeno es una confirmación de que la Teoría de Interacciones Dinámicas es correcta», sentencia Rodríguez.
Por supuesto, después de más de veinte años de estudios, Barceló no ha publicado ningún artículo sobre la TID en ninguna revista con revisión por pares. Eso sí, ha escrito un libro, Un mundo en rotación, en el que expone sus ideas y que presentó hace dos años en la Escuela de Ingenieros industriales de Madrid. ¿Demuestra la TID que todos los físicos del mundo -menos Barceló y sus colegas- están confundidos, son unos inútiles y, encima, unos cerrados de mente incapaces de admitir lo obvio, que el extraño comportamiento del Jabulani es como de otro planeta? No. Cuando alguien sostiene lo que sostiene Barceló -que los fundamentos de una disciplina son erróneos- y como él lo hace -sin aportar pruebas ni someterse a la revisión por pares, y hablando de una supuesta ciencia oficial-, es que estamos ante un típico ejemplo de pseudocientífico de ésos que tan bien caracterizó Martin Gardner.

¿Elegirán los socios del Barça a su nuevo presidente por la cara?

Sandro Rosell, Jaume Ferrer, Marc Ingla Agustí Benedito, los cuatro candidatos a la presidencia del Barça.

La morfopsicología está de moda. Ya no cabe duda. Después de haber recurrido a ella El Correo para desvelar la personalidad de algunos famosos, El País Semanal para retratar a líderes mundiales y La Sexta para conocer al auténtico de Fernando Alonso, ahora el diario Sport lo hace para explorar la personalidad de los candidatos a la presidencia del FC Barcelona porque «la cara de un individuo ofrece toda la información sobre su personalidad». Sin duda, la unión de la morfopsicología y el cargo más importante del Barça, el club que es más que un club, consagra la primera en un país que se paraliza cada vez que se echa un balón a rodar.
El reportaje de Sport, de cuya existencia me he enterado gracias a Albert Reverter, incurre en las habituales falsedades sobre cualquier pseudociencia. Para empezar, la autora habla de la morfopsicología, se basa en la idea de que la cara es el espejo del alma y es posible deducir la personalidad de alguien por los rasgos de su rostro, como de una práctica «hoy en día elevada al rango de ciencia», algo que podía haber dicho con la misma autoridad de la lectura de vísceras y la imposición de manos. Y, antes de ceder la palabra al experto, Julián Gabarre, nos informa de que está «considerado la máxima autoridad mundial en la especialidad». Como a Gabarre, grafólogo y morfopsicólogo, no se le conoce artículo científico alguno sobre su especialidad, cabe suponer que es la máxima autoridad mundial en leer la cara porque él lo dice.
«Gracias al análisis de la morfología de un rostro se pueden identificar las aptitudes de una persona para determinados puestos de trabajo y responsabilidades, e incluso la tendencia natural a la demencia senil», escribe la periodista. ¿Y la credulidad? ¿No se refleja en el rostro la tendencia a creer cualquier tontería? Porque mira que hay que ser ingenuo para creerse, como dice Gabarre, que «la parte de entre los ojos y la frente informa del potencial intelectual; entre los ojos, la nariz y los pómulos se ve el potencial emocional; entre mandíbula, boca y mentón está la fuerza y la voluntad». La morfopsicología, inventada en 1937 por el psiquiatra francés Louis Corman (1901-1995), es pariente de la craneometría, usada por los nazis para diferenciar por las medidas del cráneo a arios de quienes no lo son; la frenología, que clasifica las personalidades por la forma del cráneo y las facciones; la fisiognomía, que juzga a la gente por sus rasgos faciales; y la metospocopia, que determina el carácter por las arrugas, en especial las de la frente. Todas estas pseudociencias defienden que la genética, la que moldea nuestros cráneos y rostros, nos condena a ser como somos; así que, si usted es un indeseable, no tiene la culpa y, si es admirable como persona, es porque estaba predestinado a ello.
Pues, aunque parezca mentira, basándose en esa visión determinista del ser humano, Gabarre se pronuncia sobre las elecciones del Barça del domingo y se permite el lujo de dictaminar en Sport qué candidatos son potencialmente más inteligentes (Agustí Benedito y Sandro Rosell), cuál tiene mayor «avidez por el dinero» (Jaume Ferrer), cuáles tienen «mayor sentido del ahorro» (Marc Ingla y Sandro Rosell), cuál es más propenso al cabreo (Agustí Benedito)… Y todo eso por la cara, y nunca mejor dicho. Prepárense porque, a buen seguro, la morfopsicología se abrirá unas hueco en unas próximas elecciones municipales, autonómicas o generales como ya lo hizo en su momento la astrología.

El seleccionador francés de fútbol confecciona sus alineaciones según la astrología

Raymond Domenech. Foto: AFP.«Hay que tener en cuenta todos los parámetros y he añadido uno que es la astrología«, admitió una vez Raymond Domenech, el seleccionador francés de fútbol. Hoy recuerda Abc que Domenech usa la astrología para confeccionar las alineaciones del equipo galo desde que lo empezó a dirigir en 2004. Es algo sabido desde hace tiempo. La BBC inflormaba en 2005 de cómo Domenech evitó elegir al portero de su equipo, entre los dos posibles, un día antes de un partido contra Costa Rica: «Consulté las estrellas; no era el día apropiado». Al entrenador no le gusta alinear a aquéllos cuyo signo es Escorpio o Libra, en general, y no puede ver a los Leo en la retaguardia: «Cuando tengo un Leo en la defensa, siempre tengo mi arma lista, porque sé que va a querer lucirse en un momento u otro y nos va a costar caro».
Según el diario madrileño, Robert Pires (Escorpio) y David Trezeguet (Libra) achacan a los astros no entrar en los planes de su seleccionador. «Y lo que es más desconcertante: de los 24 jugadores que han sido citados para disputar el amistoso de esta noche [contra España], ninguno es Libra o Escorpio», escribe J. Ávila. Los ingleses alababan en marzo de 2008 la devoción astrológica de Domenech porque dejaba fuera del equipo a jugadores de valía en un partido contra su selección. Los seguidores de La Roja tendríamos que estarle también agradecidos; pero que el chiste no oculte la amenaza. Nada impide que los criterios que sigue el supersticioso entrenador también sean los de algunos empresarios a la hora de contratar personal. Si ya lo hacen con la grafología, ¿por qué no van a hacerlo con el signo del Zodiaco? ¿A ustedes les hace gracia? A mí, ninguna.