Aquí no hay dragones

La leyenda 'Hic sunt dracones' en el globo de Hunt-Lenox. Foto: Universidad de Rochester.
La leyenda ‘Hic sunt dracones’ en el globo de Hunt-Lenox. Foto: Universidad de Rochester.

En agosto de 2016 me compré un micrófono. Había decidido, por fin, que iba a hacer un podcast. Una insensatez más en mi larga carrera de despropósitos y más teniendo en cuenta mi torpeza tecnológica. Pero estaba decidido. 

Compré un micrófono que me recomendó Eduardo Arcos, director de Hipertextual, pensé en un nombre para el podcast, diseñé un logotipo y hasta grabé la entrada y la salida de cada episodio. Se iba a llamar Aquí hay dragones, en honor a la sentencia que, según creía yo, aparece en muchos mapas antiguos para marcar el territorio inexplorado. Donde puede haber monstruos. Coincidirán conmigo en que es un buen nombre para un podcast dedicado a los misterios paranormales.

Lógicamente, en la primera entrega iba a explicar el porqué del nombre, como hice con este blog, Magonia, en junio de 2003. Así que me puse a buscar material para documentar una anécdota que conocía desde mis inicios en el escepticismo, allá por los años 80 del siglo pasado. De los orígenes del movimiento escéptico español, por cierto, espero hablar otro día.

'Dragón rojo', obra del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849).
‘Dragón rojo’, obra del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849).

Como tantas veces pasa en el periodismo, una profesión en la que cada día aprendes algo nuevo, buscando una cosa me encontré con otra. Porque no es verdad que en los antiguos mapas se marcara la terra incognita con la leyenda Aquí hay dragones. O, mejor dicho, Hic sunt dracones. En latín. Así que, entre el chasco y que mi decisión de lanzar un podcast no era tan firme como yo creía -a ver si esta vez lo es-, cogí el micrófono, lo volví a meter en su caja y lo guardé en un armario.

Hasta ayer, que lo saqué y, después de pensarlo, me propuse retomar la idea. Así que aquí tienen la primera entrega de Aquí no hay dragones, que tampoco es tan mal título y que encima hace honor a la verdad. Les cuento…

Según la Wikipedia, ese pozo de sabiduría del que todos bebemos más de lo que deberíamos, “Aquí hay dragones es una frase que se utiliza para referirse a territorios inexplorados o peligrosos, de acuerdo con la práctica medieval de poner serpientes marinas y otras criaturas mitológicas en los mapas de zonas desconocidas”. Añade la enciclopedia libre que esta expresión se encuentra en el llamado globo de Hunt-Lenox, que data de entre 1503 y 1507, y que, leo literalmente, “mapas anteriores contienen una gran variedad de referencias a criaturas míticas y reales, pero el mapamundi de Lenox es especialmente conocido por contener esta indicación”. 

Vale, bien, hasta aquí no había problemas. Además hay un montón de sitios en internet que repiten, con ligeras variaciones, que la frase se utiliza en mapas medievales para marcar los límites de la tierra conocida. No está mal. Podría haberme reafirmado en mi creencia y haberme animado a tirar para adelante. Es decir, a poner en marcha este podcast.

El problema es que rara vez me conformo con el primer resultado del buscador de Google o con lo que dice la Wikipedia. Si el tema realmente me interesa o tengo que escribir sobre él, me gusta ir a las fuentes originales, o lo más cerca posible de ellas, no porque sea un erudito ni un purista, sino porque, si te quedas con lo primero que sale en una búsqueda en Internet, hay muchas probabilidades de que des por cierta información que no lo es. Y también, para qué negarlo, porque me divierte la búsqueda. Algunas de las historias sobre lo paranormal más sorprendentes con las que me he topado -espero contarlas aquí- las he descubierto tirando del hilo a partir de frases aisladas publicadas en revistas y libros viejos en búsquedas que a veces me han llevado hasta meses.

No fue este el caso. En lo que se refiere a los dragones y los mapas, todo fue mucho más sencillo. En cuestión de minutos, saltando de un sitio a otro, encontré varias anotaciones, incluida alguna entrada de la Wikipedia, en las que se desmonta el mito de que la expresión Aquí hay dragones se usara habitualmente en mapas antiguos.

Aquí no hay dragones.
Aquí no hay dragones.

Porque resulta que no hay constancia de que ningún mapa contenga la leyenda Hic sunt dracones. Ni uno. Seguro que usted ya lo ha adivinado: solo aparece en el globo de Hunt-Lenox, que forma parte de la colección de la Biblioteca Pública de Nueva York y es una de las primeras esferas terrestres conocidas. Y, encima, la frase de marras no se encuentra en un lugar cualquiera del globo. Podían haberla puesto en donde tendrían que estar Norteamérica, Australia o la Antártida, territorios entonces desconocidos. Pero no, está en el sudeste asiático, cerca de donde está la isla indonesia de Komodo. Así que es posible que ese Aquí hay dragones se refiera al llamado dragón de Komodo, un lagarto que puede alcanzar los 3 metros de longitud. 

Más allá del de Komodo, dragones, lo que se dice dragones, no se conocen en el mundo real, aunque sean animales omnipresentes en mitologías muy distantes en el espacio y en el tiempo… 

Pero esa es otra historia…

Episodio 1 y único de Aquí no hay dragones, un podcast de Luis Alfonso Gámez:

Posdata: esta vez tampoco ha podido ser y esta prueba se queda en eso, en una prueba -hecha hace muchos meses con la mejor intención de continuidad-; pero la quería compartir con ustedes, audio incluido.

¿De dónde vienen los dragones?

'San Jorge y el Dragón', de Vittore Carpaccio (1466-1525).
«¡Nunca te rías de dragones vivos, Bilbo imbécil!», se dice a sí mismo el protagonista de El hobbit (1937) tras un accidentado encuentro con Smaug. Grande, con apariencia de reptil y el cuerpo cubierto de escamas, con garras, volador y escupidor de fuego, la de Smaug es la imagen más frecuentemente asociada en Occidente a esas bestias. Sin embargo, no todos los dragones encajan en ella. «En el mundo de los animales fantásticos, el dragón es único. Ninguna otra criatura imaginaria ha aparecido en una variedad tan rica de formas», apunta el zoólogo Desmond Morris en el prólogo de Dragones. Una historia ilustrada (1995), obra de su colega Karl Shuker.
Amuleto de dragón de jade de la cultura Hongshan. Foto: Wheielapn.Desde Alaska hasta Etiopía. Desde Europa central hasta India. Desde Polinesia hasta Norteamérica. Desde Japón hasta Mesopotamia. Desde los amuletos de jade chinos del Neolítico hasta las bestias de Daenerys Targaryen, la Madre de Dragones de la saga literaria Canción de hielo y fuego y la serie de televisión Juego de tronos. El dragón es universal. «Es el más gigantesco y también el más temible de los monstruos míticos. Al mismo tiempo, es también el más complejo. La razón es sencilla, el dragón es, por decirlo así, una criatura sintética», afirma el paleontólogo Willy Ley en El pez pulmonado, el dodo y el unicornio (1941).
Unicornios y gigantes nacen de interpretaciones fantásticas del rinoceronte y de fósiles de elefante, respectivamente, pero los dragones no tienen un único origen. Son hijos de muchas bestias. Pueden tener cabeza de lagarto o de serpiente, pero también de león o de ave rapaz; escamas de cocodrilo; patas de lagarto; alas de murciélago… Hay dos grandes tradiciones que se han influido mutuamente: la europea -con criaturas de cuatro patas y dos alas, malévolas, que expulsan fuego por la boca- y la china, con forma de serpiente con cuatro patas, controladora del agua y símbolo de poder, fuerza y buena suerte.
Las representaciones más antiguas de dragones son unos amuletos de jade de la cultura Hongshan, que se desarrolló en China entre hace 6.700 y 4.900 años. Serpentiformes, se parecen a los primigenios mediterráneos. En estas longitudes, las primeras menciones datan de la Grecia clásica. El drákon es una serpiente gigante -eso significa la palabra- como la Pitón de Delfos, guardiana del famoso oráculo a la que debemos pitonisa como sinonimo de adivina. Matt Kaplan, autor de The science of monsters. The origins of the creatures we love to fear (La ciencia de los monstruos. Los orígenes de las criaturas a las que nos encanta temer. 2012) y otros estudiosos creen que el mito del drákon y otros similares de la región mediterránea se basan en grandes serpientes como las que Plinio el Viejo (23-79) describe en su Historia natural. «En realidad, cuando hablaron de dracones, los autores clásicos quisieron decir culebras gigantes de la clase de la pitón. Plinio afirmó que vivieron en India y que caían desde los árboles sobre sus víctimas, a las que mataban enroscándose en ellas», ilustra Ley.
Los esqueletos de plesiosaurio -en primer plano, uno de ellos- pueden estar en el origen de las leyendas de dragones de Europa central. :: Foto: Ghedoghedo.Fósiles de dragones
El dragón clásico europeo se modela en la Edad Media. Adquiere las capacidades de volar y de echar fuego por la boca en el siglo V, y se convierte en cuadrúpedo con alas de murciélago en el siglo XIII. A pesar de que por su aspecto tendemos a emparentarlo con los dinosaurios -y en particular con el tiranosaurio- esa idea carece de pruebas que la sustenten. Hasta el momento, no se conoce de ninguna historia de dragones que esté relacionada con fósiles de dinosaurios ni en Oriente ni en Occidente.
«En Europa la mayoría de las leyendas draconianas que pueden relacionarse con la paleontología están basadas en restos fósiles de mamíferos cuaternarios. Algo semejante ocurre en China, en este caso con huesos de mamíferos de edad cenozoica», explica José Luis Sanz en Mitología de los dinosaurios (1999). El paleontólogo español recuerda que muchas cuevas de Centroeuropa llevan «el nombre de caverna o guarida del dragón o de los dragones». Cuenta, por ejemplo, cómo en el siglo XVII dos médicos, el alemán Petersonius Hayn y el rumano Johann Georg Vette, hallaron en grutas de Moravia y de Transilvania huesos de dragones que, centurias después, se identificaron como de osos de las cavernas.
‘Dragón rojo’, del artista japonés Katsushika Hokusai (1760-1849).A principios del siglo XX, el paleontólogo austriaco Othenio Abel investigó la leyenda del dragón de Klagenfurt y descubrió que el cráneo hasta entonces considerado de la bestia era de un rinoceronte lanudo. En el otro extremo del mundo pasa lo mismo. «Los chinos llamaron huesos de dragón a cualquier fósil, a menos que fuera un diente de dragón«, ironiza Ley. Sanz destaca, no obstante, cómo algunos paleontólogos alemanes creen que el origen de ciertos dragones locales pudieron ser hallazgos de esqueletos completos de plesiosaurios, reptiles marinos -no dinosaurios- del Jurásico a los que también se relaciona con una criatura contemporánea no menos mítica, el monstruo del lago Ness.
Hijo de alimañas extintas y reales -como el cocodrilo y las grandes serpientes-, el inexistente dragón es omnipresente en nuestro mundo. ¿Por qué? Quizá porque un mamífero frágil, sin garras ni dientes, acostumbrado durante la mayor parte de su historia evolutiva a ser más presa que cazador, proyectó en un momento dado sus miedos en una criatura excepcional, poderosa y aterradora con las características de aquellas a las que más temía.
 

El ardiente aliento de la bestia

Aunque no hay ni ha habido un animal como el dragón, es posible encontrar sus diferentes rasgos repartidos entre bestias reales. Todos, menos uno. No hay ninguna criatura que expulse o haya expulsado fuego por la boca. ¿De dónde sale entonces la idea de que el dragón lo hace?
Imágenes de dragones –como la de la foto–, leones y toros decoraban la Puerta de Ishtar, en la Babilonia de mediados del primer milenio antes de nuestra era.Una de las primeras referencias a dragones que escupen fuego aparece en la Historia regum Britanniae (Historia de los reyes de Britania), escrita por el clérigo Godofredo de Monmouth entre 1130 y 1136. En la Britania del siglo V, el rey Vortigern quería construir una fortaleza en una colina galesa, pero no lo conseguía. Cada vez que los muros tomaban altura, la tierra temblaba y se venían abajo. El rey consultó a su consejo de sabios, que le dijo que todo se solucionaría derramando sobre el terreno la sangre de un niño sin padre. El monarca lo encontró, pero, antes del sacrificio, el niño le dijo que matarle no iba a servir de nada porque la razón última de sus problemas era que en el subsuelo había dragones que protegían la tierra. Los hombres de Vortigern excavaron y se encontraron con dragones que echaban fuego por la boca. Y el niño salvó el pellejo.
En The science of monsters. The origins of the creatures we love to fear, Matt Kaplan recuerda esa leyenda y plantea que el ardiente aliento del dragón bien pudo nacer en las minas de carbón de Gales y otros lugares cuando hombres con sus antorchas dieron con bolsas de grisú y provocaron explosiones. Al ignorar la causa, aquellos mineros atribuyeron las mortales llamaradas a una bestia. Y así el dragón empezó a vivir bajo tierra y a expulsar fuego.

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‘Nature’ alerta del regreso de los dragones y se convoca en Chequia un curso de piloto de ‘chemtrails’

El 1 de abril siempre da juego. La Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) ha anunciado hoy que experimentos hechos en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC)  «han confirmado la existencia de La Fuerza». La explicación que da uno de sus expertos, Ben Kenobi, de la Universidad de Mos Eisley (Tatooine), es la siguiente: «La Fuerza es lo que da a un físico de partículas sus poderes. Es un campo de energía creado por todas las cosas vivas. Nos rodea y nos penetra, mantiene unida la galaxia». Por si alguien tiene dudas, en la web del organismo europeo, pueden verse imágenes del bibliotecario Tullio Basaglia y el físico teórico Valerio Rossetti demostrando sus poderes.
Anuncio del curso de operador de 'chemtrails' publicado en la web del CATC con motivo del 1 de abril.Los conspiranoicos están de enhorabuena. El Centro Checo de Adiestramiento para la Aviación (CATC) ha anunciado la celebración de un Curso de Operador de Chemtrails, financiado por el Nuevo Orden Mundial y para el que sólo se exige haber superado la Educación Secundaria. Dirigido a quien «le guste manipular a la gente y el clima», incluye en su apartado teórico la preparación para hacer frente al interés del público y para mantener secretos, y en el práctico 30 horas de difusión de sustancias químicas en el simulador y otras 200 en el mundo real bajo supervisión. El curso es gratis, el empleo está garantizado y el nuevo piloto tendrá la oportunidad de «trabajar en un entorno multicultural (extraterrestres, klingons, etc.)», además de que disfrutará de «frecuentes viajes de negocios a través de la Puerta Estelar«.
Por su parte, la revista Nature advierte en un artículo de la vuelta de los dragones. Andrew J. Hamilton, de la Universidad de Melbourne, Robert M. May, de la de Oxford, y Edward K. Waters, de la de Notre Dame Australia, aseguran que las pruebas demuestran que «los dragones ya no pueden ser tratados como criaturas de leyenda y fantasía, y que los efectos antropogénicos sobre el clima mundial allanan, inadvertidamente, el camino para el resurgimiento de estas bestias». Según estos investigadores, hubo un tiempo en que «la Humanidad en su conjunto era plenamente consciente de la existencia de dragones y todos los demás seres mágicos», y los echadores de fuego presentes en todas las culturas -achacan sus pequeñas diferencias a la especiación- volverán a levantar el vuelo en cuanto la Tierra se caliente lo suficiente.
Por favor, que alguien avise a Enrique de Vicente de que tanto el hallazgo del CERN como el curso de piloto de chemtrails y el artículo de Nature sobre los dragones son inocentadas propias de la fecha. No sean malos, que luego va diciendo por ahí que Bill Gates, George Soros y el Ejército de Estados Unidos están detrás de la epidemia de ébola, que el accidente de tren de Santiago de Compostela del 24 de julio de 2013, en el que murieron 79 personas, lo causó “el incremento de la radiación cósmica que llega a la Tierra” y que “la Tierra podrá participar en uno o dos siglos en la confederación cósmica”. Tengan en cuenta que el 1 de abril de 1848, dos niñas estadounidenses gastaron una broma a su crédula madre y nació el espiritismo moderno.

Los dragones existieron porque la Biblia habla de ellos, dice un creacionista

Los dragones no son seres mitológicos. Existieron. Es lo que sostiene Darek Isaacs, autor de Dragons or dinosaurs? Creation or evolution? (¿Dragones o dinosaurios? ¿Creación o evolución? 2010), libro que defiende que humanos y dinosaurios coexistieron, así como que la narración bíblica de la Creación es un relato histórico. «Todo lo que hacemos lo tenemos que medir por la palabra de Dios. Es lo que creo. Por lo tanto, tenemos que ir a la Biblia, y la Biblia habla de dragones», ha dicho en una entrevista para el programa de televisión Creation Today (La Creación hoy), del ministerio fundamentalista del mismo nombre.
Isaacs es un creacionista de la Tierra joven -cree que nuestro planeta tiene unos 6.000 años- y preside Watchmen 33, una organización que considera que el libro sagrado del cristianismo es la fuente de todo conocimiento. Así que, como en el Antiguo y Nuevo Testamento se habla de dragones, estos seres existieron. Según él, Dios compara en el Libro del Apocalipsis a Satán con un dragón porque «los humanos de hace 2.000 años sabían lo peligrosos que eran los dragones», sus «mayores enemigos», y así iban a entender lo peligroso que es el Diablo.

Una gigantesca cabeza de dragón en una playa, para celebrar la emisión de ‘Juego de tronos’

Una cabeza de dragón, del tamaño de un autobús, apareció el lunes por la mañana en la playa inglesa de Charmouth, en Dorset, para sorpresa de los paseantes. Fue así como Blinkbox, un servicio de televisión y cine por streaming, anunció que ese mismo día empezaba a emitir la tercera temporada de Juego de tronos, la serie de la HBO basada en la saga Canción de hielo y fuego de George R.R. Martin. Tres escultores trabajaron durante más de un mes en el diseño y montaje del cráneo de la fantastica bestia, de 12 metros de largo (con parte de la columna vertebral incluida), 2,5 de ancho y más de 2,7 de alto. La costa jurásica de Dorset, al suroeste de Inglaterra, es famosa por sus fósiles de dinosaurio, y yo me he enterado de la aparición de la falsa, pero preciosa y espectacular, cabeza de dragón gracias al artista digital Xabier Ramírez .