Coronavirus

La imparable propagación del conspiravirus

Ilustración: Christopher Dombres.

“Virólogos muy reputados aseguran que no es un virus que se haya escapado de un laboratorio, pero tampoco te aseguran lo contrario”, dijo el psiquiatra José Miguel Gaona en Cuarto milenio el 1 de marzo. El nuevo coronavirus SARS-CoV-2 se creó en un laboratorio chino con fines militares y se transmitió a humanos “accidentalmente”, aseguró Uri Geller en Instagram nueve días después. Y, según el periodista Daniel Felipe Arranz, “estamos ante un virus agresivísimo fabricado”, aunque dice que no sabe “con qué intenciones”. El psiquiatra que fue en 2010 a grabar psicofonías al campo de exterminio de Dachau para Iker Jiménez, el doblacucharas israelí, que se comprometió en su día a parar con sus superpoderes el Brexit y a encontrar el desaparecido vuelo 370 de Malaysia Airlines, y el colaborador de Distrito TV son sólo tres de los muchos emisores de bulos alrededor de la enfermedad Covid-19…

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Uri Geller difunde el conspiravirus: dice que China creó el coronavirus como arma bacteriológica

No podía faltar. En cuanto hay una crisis, Uri Geller, siempre ávido de publicidad, sale a la palestra con una tontería de las suyas. Hace seis años, aseguró en Twitter que le habían pedido ayuda para que localizara mediante visión remota el Boeing 777 de Malaysia Airlines que desapareció el 8 de marzo de 2014 cuando volaba entre Kuala Lumpur y Pekín. Ahora, ha dicho en Instagram que ha escrito a científicos estadounidenses para advertirles de que, según “información interna”, el Covid-19 “fue creado y fabricado por el Ministerio de Seguridad del Estado (MSS) de China”.

Geller, que se hizo famoso en los años 70 por doblar cucharas con trucos que hacía pasar por poderes sobrenaturales, afirma que, cuando el MSS, responsable de la contrainteligencia china, iba a entregar el virus a Irán como arma de guerra bacteriológica, éste “fue transmitido accidentalmente a un humano”. “Ésta es la verdadera historia de la pandemia”, sentencia el ilusionista, que añade que “todavía existe controversia entre los científicos estadounidenses, sobre si el virus procede de murciélagos, serpientes o se ha creado en laboratorio”. Acaba su delirante mensaje recomendando a la gente que se lave las manos, no salude a nadie con ellas y “evite reuniones grandes”, y animando a sus seguidores a que recen “para que desaparezca (el virus) y se encuentre una vacuna para destruirlo”.

Con la difusión del conspiravirus, Geller demuestra lo que es: un charlatán sin escrúpulos.